¿Qué sientes cada vez que alguna pérdida golpea de cerca? ¿Qué sentimos cuando perdemos el amor, cuando la persona a la que amas nos arroja de su vida? ¿O cuando muere, de repente, abandonando proyectos y sueños? ¿Qué ocurre cuando lo perdemos todo?  A ciertas edades la pérdida da miedo, diría que pánico. Cualquier dolor, cualquier síntoma extraño, nos alerta y nos pone en guardia, presagiando quizás un final irremediable. Sólo hay algo que vence ese temor.  Lo decimos muchas veces de alguna u otra forma: el amor. Dicho así, eso de “el amor” puede sonar a vacío, pero creo que la moraleja de la vida tiene que ver con eso.

Por eso gustan las parábolas de la vida que tienen que ver con el aprendizaje sobre el amor. No porque reclamen algo justo o sincero, sino porque reclaman algo que la sociedad pide a voz partida. Necesitamos reconstruir todo esto desde el susurro de lo humano, desde el temblor de sentirnos solos ante el universo, pero irremediablemente acompañados por los otros. El sentido del tacto humano es lo que aprendemos con cada pérdida. Volver a lo sencillo, volver a lo real, significa adentrarnos en nuestra fragilidad.

Hoy alguien me decía que no me preocupara, que cuando se toca fondo ya no puedes ir más abajo. Pero ese “más abajo”, en un abismo sin fondo, resulta que no existe. Es decir, que aún puedes seguir cayendo hasta no se sabe donde. Hoy lo sentía en primera persona. De repente he visto ese “más abajo” y me ha dado cierto vértigo. Especialmente porque uno nunca sabe hasta qué punto las alas podrán resistir la caída libre. Pero pensaba en aquellos que lo perdían todo en una guerra: familia, hogar, pareja, hijos, padres… Me preguntaba de donde sacaban la fuerza para seguir adelante. ¿Qué clase de instinto poderoso les hace continuar? Las crónicas de guerra nunca cuentan a todos esos que prefieren pegarse un tiro porque no encuentran otra salida a su desesperación.

Más abajo, muerte o amor. Sólo tenemos que elegir a cada instante. Recuerdo que hasta no hace mucho tiempo algunos reclamaban más y más: “debes facturar un millón, debes tener una casa más grande, una finquita más grande”. Pero resulta que el absurdo de la vida pide exactamente lo contrario: tener cada vez menos para aprender a amar desde la sencillez, a vivir desde el respeto y la comprensión.

¿Dónde está el verdadero desafío? En saber que no tenemos nada, y que todo lo que la vida nos da es un regalo provisional. La vida es provisional, los abrazos son provisionales, el amor es provisional. Mañana podemos perderlo todo, incluso a nosotros mismos. Somos interinos de la existencia, fugaces temporeros del ahora.

Hoy atravesaba montañas y valles y terminaba en el mar. Nací en el Mediterráneo, junto a su orilla, así que siempre que escucho el oleaje en alguna playa perdida, me sumerjo en los recuerdos de esa verdadera patria que es la infancia. Y allí estaba hoy, sentado en la orilla, escuchando el susurro de las olas, el temperamento de la naturaleza pausada, ensimismada en sus ciclos.

Siempre hay algo de plenitud cuando dejas arrastrar la mirada hacia los dos infinitos: el del océano fusionándose con el cielo. Ambos azules, uno espejo de otro, ambos ilusorios, porque ninguno atesora su color real. Y en esa fina línea divisoria imaginas horizontes imposibles. ¿Qué habrá detrás de esa línea? La pregunta nunca es baladí, porque es la que siempre lanzó a la imaginación de los hombres a la exploración y el conocimiento. ¿Qué habrá más allá?

Así que la excursión ha sido hermosa, transparente, sencilla. Sin ningún propósito especial más que el de disfrutar del paseo y del paisaje. Necesitaba sumergir la luz de la mirada en el trasfondo natural de la ausencia. Necesitaba coger algo de distancia para comprobar que en el fondo, a pesar de las drásticas decisiones tomadas, todo está bien.

Elegir la vida y no la muerte, y no me refiero a la muerte física sino a la del alma, es lo mejor para seguir adelante. Porque la vida siempre está de parte de aquellos que asumen el riesgo para ganar un horizonte mayor. Como ese que había allá en el mar. ¿Qué habrá más allá? Pronto lo sabremos…

¿Cuál es el camino? ¿En qué lado de sus bordes debemos descansar? ¿Somos espirituales? Ya sé que no lo somos por ser vegetarianos, o por meditar a las cinco de la mañana, o por hacer ayunos o por recitar durante horas eternos mantras. Esto forma parte del ego, por eso cuando lo hacemos nos ponemos serios y reverenciales. Para manifestar la importancia del rito, del acto. Pero la espiritualidad no es rígida. Es simple, sencilla, alegre, y se revela en los actos más sencillos de la vida cotidiana.

¿Qué más debemos entregar para ser dignos de respeto en cuanto a seres dignos? ¿Dónde reside el arte de hacerse respetar? No hay tratados sobre el honor. No hay caminos seguros. Hoy estamos vivos, mañana todo dependerá del infortunio, o de la fortuna.

¿Debemos esforzarnos por buscar la autenticidad? Dicen que eso provoca belleza. La belleza es uno de los tres pilares del Arte. Belleza, fuerza, sabiduría. Ser auténticos nos aproxima al triunfo en la vida. ¿Será ese el camino? ¿Será eso ser espiritual? Quizás ser espiritual sea tener anemia, ser efímeros. Simples. Silenciosos. Discretos. Respetando siempre el curso de la naturaleza. Sus fuerzas. Sus criterios.

¿Qué más debemos entregar? Todo.

Gracias

Gracias a todos por vuestras palabras de ánimo, por vuestros mensajes y llamadas. Estoy bien, de verdad. Nunca me había sentido mejor. Los días de retiro en la “cueva” fue una especie de muerte y resurrección. Una forma de romper con el pasado y empezar de nuevo. Y al hacerlo, encontré cosas hermosas en lo interior y en lo exterior. Pero sobre todo claridad y luz para seguir la senda oscura del futuro. Cuando estamos ciegos y de golpe cae algún velo, alguna de esas telas de araña que no nos dejan ver con claridad, lo que más deseas es seguir descubriendo. Basta que tires de una fina hebra para que todo empiece a verse con profundidad. El alma suspira aliviada por ese destello de lucidez. Y hay que aprovechar ese momento para hacer movimientos y recolocar cosas. Y cuando lo haces, cuando caminas decidido por la senda de nuestro propio propósito, entonces todo confabula para que así sea. Es como si el universo entero conspirara para que sigas sin miedo por el tramo trazado. Y cuando empiezas a caminar decidido, valiente, sin miedo, hay que desprenderse de muchas cosas. Y bueno, eso estoy haciendo en estos días antes de la primavera. Mudar de piel, mutarme, transformándome. Habrá muchos frutos que recoger tras la siembra, así que os espero en el banquete.

También he recibido muchas muestras de solidaridad y apoyo mutuo. Pero ahora mismo, la única forma que tenéis de ayudarme es buscando vuestra parcela de libertad interior y de amor al prójimo. Así se lo decía al buen amigo Bob:

Gracias querido Bob…
No te preocupes, esto es como cuando lo dejé todo y me fuí a Linares, como cuando estando en Linares lo dejé todo y me fui de nuevo a Barcelona, y como cuando estando en Barcelona lo dejé todo y me fui a Córdoba, y como cuando estando en Córdoba lo dejé todo y me marché primero a Escocia y luego a Alemania… y como cuando estaba en Alemania lo dejé todo y me fui de nuevo a Córdoba, y luego a Madrid, y luego otra vez en Cordoba… y ahora me apetece norte, más norte… 
No dejes de leer y de informarte querido amigo… nos están engañando por todas partes… esa es la mejor forma de ayudarme… 

un abrazo sentido…

 

Pd.- Recogiendo naranjas en la huerta de un amigo… Pedid y se os dará, llamad a las puertas y se abrirán, dad y recibiréis.

Leía la crónica del Financial Times sobre lo que ocurre en España con el juez Garzón y sentía cierta vergüenza ajena y propia con todo lo que se está cociendo en nuestro país. Un país en el que la corrupción política es tal y está tan bien gestada que nadie se quiere dar cuenta, quizás porque todos participan voluntaria o involuntariamente de la misma. Desde el alcalde de turno que de forma descarada enchufa a los suyos hasta el concejal que se sube el sueldo en plena crisis. Y lo hacen en nuestras caras sin que nadie diga nada, o quien lo dice lo haga con la boca pequeña porque quizás luego ellos puedan hacer lo mismo.

Hoy tenía una cédula de citación de un juzgado por una pequeña deuda contraída hace un año (por cierto con faltas, en plural, de ortografía). En enero pagué la mitad de la misma y la previsión era pagar el resto en abril. Pero el Sistema parece que tiene prisa por cobrar, no vaya a que sus políticos y amiguitos se queden sin sueldo y sin tramas Gürtel. Moralmente no deseo participar en un sistema injusto. No lo hice hace diez años, cuando estuve cuatro años en caza y captura por insumiso al servicio militar y no lo he hecho ahora.

A cambio, he cogido los trajes comprados en Hong Kong, en Ginebra, en Paris, en la Castellana madrileña, todos esos recuerdos de aquellos días cuando vivía en Palacio, más de doce trajes valorados en más de doce mil euros y los he donado a Cáritas. El párroco no entendía mucho esa donación solo en apariencia valiosa. Pero seguro que los pobres del pueblo, cuando vayan a bautizar a sus hijos a la parroquia, podrán por lo menos presumir de traje. Algo les subirá la dignidad y las ganas con ello de seguir luchando.

Esto me recordaba cuando trabajaba en uno de los barrios más pobres de Barcelona como asistente social y era el encargado de atender a unos y otros. Drogadictos, prostitutas, desahuciados, sin techo, vagabundos, delincuentes, enfermos sin recursos, familias con problemas… Había siempre mucho trabajo y procuraba que todos se llevaran algo. Ropa, dinero, bolsas de alimentos, alguna factura de la luz pagada, asesoramiento, y muchas veces, simplemente calor humano que transmitía con un sentido abrazo. Me gustaba ese trabajo, escuchar desde el alma y poder ayudar es siempre hermoso. Pronto se corrió la voz y recuerdo que a la segunda semana, para disgusto de la institución donde trabajaba, había colas y colas para hablar con el nuevo asistente social. La Cruz Roja tuvo que esforzarse en donar más toneladas de alimentos. Pensaba que en los almacenes no harían mucho y sí en los estómagos de aquellos hambrientos.

Ahora ya no alimento sus cuerpos, pero sigo con el empeño de alimentar sus almas… Y sigo con el empeño de no participar en una sociedad corrompida y amoral en la medida de lo posible. Y la medida siempre será la acción, y no la palabra fácil y la hipocresía de la que estamos rodeados…

Al regresar de Cáritas, me paré en el supermecado. Compré dos barras de pan y una botella de agua. Dicen que no solo de pan vive el hombre, así que hoy seguiré leyendo a Cioran.

Estimado Eme,
Ayer te vi en ese programa rancio y casposo donde participas… sentía curiosidad por lo que decías sobre el caso Garzón…
Ahora resulta que te has convertido en el más legal de los legales… Solo te faltó decir que el Sistema funciona y que los jueces son unos santos del copón… Parece que ya olvidamos lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará si no se habla un poquitín más claro.
La verdad es que la deriva en la que estás al menos sirve para que otros se mareen.
Pero claro, todo esto son solo visiones, como me dijiste la última vez. La visión de los ciento cincuenta pelotas que te acompañan, sin criterio ni fundamento, supongo que siempre será más conveniente… Porque supongo que se trata de eso, ¿no? Arrimarse o venderse por cuatro duros a lo más conveniente…
Te has vendio’ macho… Al Sistema, y en mayúsculas…
Patético…
Eres un eme de marica… o de mariquita, mejor… 

Presentamos el último libro del profesor de Historia Moderna de la Universidad de Cantabria, Jesús Maiso, el cual nos cuenta una visión diferente sobre el poder de la modernidad -político y eclesiástico- y el fenómeno de ETA.

Encontraréis más información en:

http://www.editorialseneca.es/JESUS-MAISO.html

 

Carpe Diem

Estimado L.,
tras pasar la noche y el día de reyes con M., su siempre inspiración me sirvió para hacer un fugaz viaje hasta Madrid y reconciliarme con la vida, la bella vida. Con ese acto renunciaba definitivamente al pasado, el cual había estado unos meses luchando hasta la muerte por volver, y renunciaba también a la vida palaciega que me ofrecía. Me sentí en cierta forma algo libre. Me reencontré con cierta esencia de libertad.
Días más tarde, reflexionaba sobre el futuro. Y el futuro se presenta como una tabla rasa en la que cada día podemos dibujar un paisaje diferente, distinto. La reflexión y la conclusión me llevó a que esta mañana diera en dación en pago mi casa al banco.
En lo espiritual no ha sido una decisión dura. Renunciar a los apegos, a las cosas materiales es algo que aprendí hace ya algún tiempo cuando, por cosas del camino, descubrí que lo más preciado que tenemos siempre es la frágil y volatil vida que respiramos cada día. Así que en cierta forma me siento de nuevo doblemente liberado, porque realmente no he perdido nada que valga la pena excepto el esfuerzo material de la mitad de esta existencia, y a cambio creo que he ganado mucho. Especialmente en valentía, dignidad, libertad y honor. Especialmente en la oportunidad de reinventarme de nuevo, ahora empezando de cero. 
Así que nuestro querido carpe diem se refleja con cierta profundidad en estos días de decisiones duras pero decididas. Un momento difícil pero que asumo con cierta tranquilidad interior, dando largos paseos por la campiña, por el monte, pero sobre todo, por las oquedades del interior. 
A partir de mi vuelta de República Dominicana empezaré a buscar un nuevo lugar. Quién sabe, quizás en el norte de España. No descarto Cantabria, Galicia, pero sobre todo, Asturias. 
M. me ofrece algún lugar en Galicia. Lo valoraré… Pero Asturias parece la más ideonea. Estoy algo cansado de este viaje por tierras del sur, o mejor dicho, de las cosas que han pasado en esta hermosa tierra a la que le estoy agradecido por todo lo que me ha dado y enseñado. Han sido cinco años llenos de experiencias increíbles. Ahora necesito viajar de nuevo hacia el septentrión y renacer en una nueva tierra, en aquella tierra prometida que los utópicos de todos los tiempos buscaban sin parar. 
Ya te contaré a la vuelta del Caribe. Mientras, seguiré paseando con la grata compañía de Cioran y Schopenhauer, los cuales me acompañan en las lecturas a media tarde. 
un abrazo sentido…
J. 
(Foto: contemplando mi casa desde la distancia. Cuando entre la muerte y nosotros ya nada se interpone, lo único que nos queda es vivir profundamente nuestras vidas).

En España, el lema sería algo así: si una cosa va bien, hagamos que vaya peor. Lo podemos ver en todos los sectores y en todos los ámbitos de la vida diaria. Pondré un ejemplo cercano, solo con la sana intención de denunciar todo aquello que por surrealista, parece imposible que esté pasando.

Cuando empezamos la andadura como editorial novel, independiente y con ganas de apostar por la cultura, decidimos asociarnos al gremio de editores. De repente nos dimos cuenta de que pagar quinientos euros al trimestre para ver como un grupúsculo de interesados se repartían el pastel de las subvenciones y otros parabienes nos pareció una tomadura de pelo. Así que dejamos de participar en el mismo.

Desde hace un año, y de forma muy discreta, la gestión del ISBN se privatizó. El ISBN es el DNI de cada libro, un numerito que sirve para facilitar el comercio del mismo. Hasta hace muy poco, este número lo gestionaba el Ministerio de Cultura de forma gratuita. Pero siempre fue una reivindicación del Gremio de Editores el hacer esta gestión.

Viendo los resultados, me pregunto, ¿para qué este empeño? Uno puede pensar que para mejorar el servicio, para ofrecer algo mejor y de mayor calidad a los editores, que somos los que deberíamos aprovechar todas las supuestas ventajas de gestionar todo esto. Pues no, no hay ventajas aparentes. Primero porque el servicio ha disminuido su calidad (qué difícil resulta, con los medios que existen, facilitar un númerito) y segundo porque ahora cuesta la friolera de diez euros por número. En España existen aproximadamente unas 3.500 editoriales, las cuales editan un mínimo de setenta mil obras anuales… Hagan números señores… Un suculento pastel para el Gremio y sus allegados. Gracias Ministerio de InCultura, por hacer de algo bueno, algo peor. Gracias Ministerio de InCultura por privatizar el ISBN. Ahora los editores tenemos más motivos para ir un poco más rápido a la quiebra. Lo asombroso de todo esto es que nadie diga nada, que todo el mundo calle y acepte. “Qué curtura vatené”.

 

Non nobis Domine, non nobis, sed Nomine Tuo da Gloriam

Construir, conservar, destruir. Así fluyen las tres principales fuerzas de la vida. Con 38 años lo he experimentado ya varias veces. Y hoy tocaba una decisión dura para el ego, para la personalidad que siempre desea crecer y conservar. Tocaba la renuncia.

En un cálculo aproximado, la renuncia consiste en perder más de 275 mil euros en recursos propios, es decir, todos los ahorros de esta vida, al menos los que había traído desde Barcelona y toda la inversión que en estos cinco años había hecho en este lugar.

Esa, más un crédito de algo más de 300 mil euros era la riqueza que había invertido en una casa que hoy he abandonado. He tardado dos años de profunda reflexión y lucha interior en tomar la decisión. Y lo he hecho con cierta dignidad, sin deber ninguna letra al banco, teniendo la hipoteca al día, alejado de las penurias y los desvelos de años pasados. Con la cabeza alta y el paso firme. Borrón y cuenta nueva. Volver a empezar, volver a nacer.

Técnicamente lo llaman dación en pago. Consiste en renunciar a la propiedad a cambio de la deuda contraída con la misma. En mi caso es renunciar a una propiedad en la que he invertido más de 575 mil euros a cambio de una deuda de 300 mil.

Pero esto tan solo son números. En estos cinco años de luchas continuas, de emociones, de lágrimas, de sueños y pesadillas, ha habido un desgaste considerable. Pero sobre todo, ha habido un aprendizaje increíble.

Por eso, ahora que las cosas iban bien, he decidido dar el paso. Ahora me siento con fuerza para volver a empezar de nuevo. ¿Dónde? ¿Con quién? El vasto océano de la experiencia se abre de nuevo ante mí. Y cierta emoción interna recorre mis adentros. He tardado dos años en desapegarme definitivamente. Lo de hoy tan sólo era un acto simbólico, un trámite necesario. Una firma en un papel con el que renunciaba a todas mis propiedades en la tierra. Ahora, libre, solo me queda conquistar el cielo.

Libres

La vida es un constante desafío. Hoy vagábamos como todas las tardes por el bosque. Veíamos el sol en lo alto entrecortado por el vagar de nubes que venían amenazadoras desde el septentrión. Hacía frío. El invierno ha llegado. Lo notábamos en nuestro rostro, en nuestra nariz, en nuestras manos. Los perros corrían por el manto verde y observábamos en el camino todo cuanto ofrece la naturaleza. Las flores, la música de los pájaros, la luz del sol, el frescor de la tierra húmeda por las lluvias de la mañana. El manto de colores en el suelo cargado de hojas. Vimos las ramas que había por todas partes y sin querer hicimos un pequeño montón. Observamos que con poco esfuerzo habíamos acumulado una pila perfecta para la chimenea de la tarde. De todas las ramas cogimos dos grandes troncos, de forma espontánea, que llevamos hasta la casa. Nos gustó ese acto de psicomagia. La familia adentrándose en el oscuro y peligroso bosque para traer sustento y leña para el hogar. Los perros parecían alegres por la adquisición pero no dejaban de mirarnos de forma extraña. Una felicidad extrema. Respiraba profundamente el momento mientras recorríamos el camino plagado de flores blancas y nubes de jilgueros que deambulaban entre nuestros pasos. Había cierta armonía en nuestros pasos, cierta provocación, cierto reto. Sentía cierta libertad interior mientras cortaba la leña recogida y recordaba el momento introduciendo los trozos menudos en la chimenea. Y luego el fuego y su magia, y el calor de las brasas, y el compartir en los abrazos sentidos. Un compartir generoso, en silencio, de mirada cómplice y suspiros bienvenidos. Había un lazo de fuerza, un lazo de vida que nos unía.
Nada más llegar, J. nos traía de otro bosque una caja llena de mandarinas y naranjas. Agradecimos el gesto con alegría, esa alegría de ver como la naturaleza responde con sus frutos. Leña, naranjas, mandarinas y alegría. Una combinación perfecta para seguir conspirando con la vida. Una forma alegre de seguir con el desafío constante. No es uno el que hace el viaje, sino el viaje el que lo hace a uno. Tiempos vendrán, me decía recordando las palabras del viejo Séneca, en los tardos años del mundo en los cuales el mar océano aflojará los atamientos de las cosas y se abrirá una gran tierra… La tierra de la vida y la esperanza…

Entrevista Joaquin Tamames from Beatriz Zorraquin on Vimeo.

A raíz de un interesante artículo enviado por J. Tamames titulado “La epidemia del miedo”, reflexionaba sobre la crisis y sus promotores más directos.

Aún hay voces anacrónicas y miopes que culpan de todos los males económicos a algo tan arquetípico como el euro. Voces que se alzan con ese “ya lo decía yo” o ese otro amenazante “ya lo advertí”. Son las voces del miedo, del rencor, de la desidia, pero sobre todo, de la falta de miras del momento histórico en el que nos hallamos. El euro no es el problema de la crisis, sino el despilfarro de estados-naciones incapaces de romper con un modelo obsoleto en el que se dilapida el dinero en mantener una casta de poderes que viven como parásitos de la clase trabajadora y que chupa, mediante impuestos y otros parabienes, toda la sangre vital de la misma. Si tuviera que eliminar de un plumazo esa sangría de chupópteros del Estado empezaría de esta manera:

 

Eliminaría el Senado (55.143.210 € )

Eliminaría las Diputaciones (23.652.930.330 €)

Eliminaría los Gobiernos Autonómicos (243.000.000 €)

Eliminaría nuestro ejército, integrándolo de forma profesional en la unión Europea (6.868.000.000 €)

Eliminaría las embajadas, integrándolas en embajadas de la Unión Europea(4.489.138.450 €)

Eliminaría la monarquía (8.434.280 €).

Eliminaría las ayudas ala Iglesia haciendo un estado totalmente laico (3.000.000.000€).

Eliminaría las ayudas a los partidos políticos, patronal y sindicatos (3.000.000.000€).

Nacionalizaría la banca, reduciendo las desorbitadas primas de sus gestores (10.542.000.000€ en beneficios).

Con la suma de toda esta plaga innecesaria, eliminaría de un plumazo y en un año todo el déficit acumulado del Estado. ¿Y qué podríamos hacer en los siguientes? Creo que vivir mejor, mucho mejor, sin angustias, sin déficit, sin personas desahuciadas por no poder pagar la hipoteca, con empresas competitivas gracias a un buen acceso al crédito común, con administraciones más competentes y ágiles que delegarían en sus ciudadanos todo el poder. Si además, todo estos beneficios los dedicáramos al bienestar de los ciudadanos, decrecería la partida de seguridad ciudadana e instituciones penitenciarias, que se llevan la friolera de 8.400 millones de euros.

Solo un dato anecdótico para darnos cuenta de donde estamos. En cultura dedicamos el año pasado 839 millones de euros. Solo el ministerio dela Presidencia, que no se sabe muy bien qué es y qué hace: 2.755 millones de euros o los Gastos variables de diversos ministerios: 2.132 millones de euros. Otro caso apabullante lo vemos en Cataluña. Se está reduciendo gastos por todas partes, especialmente en sanidad y educación, excepto el sueldo de su presidente, que es el mayor sueldo de cualquier político español. De vergüenza.

 

En Nous tenemos el honor de editar esta nueva obra del amigo Koldo, un libro lleno de promesas, pero sobre todo, de esperanza. Temas de sociedad, de política, de tierra sagrada, de humanidad, de paz, de espiritualidad, son algunas de las fórmulas elegidas para destripar un mundo necesitado de un mensaje diferente, renovador. Y Koldo, como un vehículo más de esa energía de buena voluntad, lo hace generosamente, desde la consciencia del servicio.

La actualidad es una oportunidad de siembra que no podemos despreciar. Acechamos la actualidad. Ella nos brinda las ocasiones de pregonar precisamente aquello que no tiene tiempo, ni geografía. De alguna chistera habíamos de extraer excusas para aventar las enseñanzas que se nos otorgan. El telediario de las tres es, al fin y al cabo, un conjunto de posibilidades para susurrar principios superiores. La actualidad no deja de ser gimnasio en el que se mide la humanidad y el mundo un espacio donde desplegar una promesa. Al fin y al cabo no cuentan ni títulos, ni honores, ni cargos que ocupamos en la tierra, cuenta nuestra fidelidad a aquella promesa, compromiso, como no podía ser de otra forma, de donarnos al mundo. “Un mundo, una promesa”, es un poco recordatorio de esa responsabilidad de cada quien con respecto a la comunidad. Mañana, al dejar la vestidura de la carne, responderemos por esa promesa íntima que nos hicimos a nosotros mismos.

http://www.editorialnous.com/KoldoAldai.htm

Acostumbrados a ver la vida desde el mismo ángulo, normalmente sesgado y reducido, hoy experimentaba sobre la forma de contemplar un mismo mensaje, una misma situación, un mismo momento. Recibía estos días una carta anónima con una bonita mariposa de cartón y un breve mensaje hermoso y esperanzador: “Transformación y libertad, valentía y renacimiento. ¡A volar Javi! ¡Abrazo eléctrico!” Quería hacer una foto a la carta para dar desde aquí las gracias por tan bonito detalle, simbólico como a mi me gusta, y sentido. Y al buscar el mejor ángulo para hacerlo, me daba cuenta que la palabra no es la cosa, como tan bien nos explicó en su día Krishnamurti. Pero la palabra, que siempre es creadora, nos permite transformar y poner en movimiento la inteligencia, que no es más que un producto que el universo ha creado para pensarse a sí mismo, y de paso, recordarse.

Somos como un vaso que contiene la inteligencia, y esta, a su vez, es un recipiente algo más amplio que contiene la consciencia. La consciencia de sí mismo y la consciencia del nosotros enmarcada en una realidad mucho más amplia y compleja. Liberarse de lo conocido, vaciarse de todo aquello que generación a generación hemos heredado. La ausencia de ignorancia no es tener muchos estudios o mucha inteligencia, sino la facultad que cada uno tenemos de explorar nuestras consciencias.

Estos días experimentaba eso mismo con personas de gran consciencia de sí mismos que se mantienen alerta para poder seguir creciendo desde dentro, comprendiendo las sabias palabras del anónimo amigo o amiga: Transformación y libertad. Libertad para seguir transformándonos y transformación para ser cada día más libres de nosotros mismos, de nuestros ropajes culturales y sociales y de nuestras cadenas ancestrales. Y para ello, valentía y renacimiento constantes… De nuevo ese necesario saber, querer, osar y callar. De nuevo ese interior agradecimiento cuando esta mañana, encendiendo la chimenea y viendo como llovía ahí fuera, sentía la necesidad de dar gracias por ser como soy en esos pequeños actos. Gracias anónimo por la inspiración, y por la carta…

(Fotos: Tres perspectivas para una misma situación, en un mismo tiempo y un mismo mensaje. Sin embargo, cada foto, cada perspectiva, evoca cosas diferentes, sensaciones diferentes, pensamientos diferentes. Así captamos nosotros la realidad, de forma multidimensional. La cuestión de como sentimos, de como pensamos y actuamos tiene mucho que ver con la perspectiva que aplicamos a la realidad, de ahí que la palabra no sea la cosa, y de ahí que las cosas no sean aparentemente como las vemos, las sentimos o las experimentamos).

La expresión del amor la aprendemos de nuestros padres, pero muchos quedan atrapados en esa energía sin saber transmutarla con la edad. Madres que duermen con sus hijos, hijos que viven con la madre casi toda la vida. Padres que se enlazan subconscientemente con su hija, creyendo incluso que es ella su pareja, y no su pareja real. Madres solteras y con hijos que sabotean nuevas relaciones porque han creado ya un vínculo de pareja con su descendiente. Padres incapaces de tener relaciones sexuales con parejas por miedo a defraudar a su hija. Hijos e hijas que sienten tanta fascinación por sus padres que no pueden entablar relaciones serias con personas de su edad. Mujeres que se enamoran de hombres diez o veinte años mayores, buscando con ello seguir con el lazo incestuoso de su padre. Personas que buscan parejas que no sobrepasen en nada a sus padres. Edipos intelectuales en los que los hijos repiten los patrones y valores de sus padres: todos somos de derechas o izquierdas, todos somos de tal equipo de fútbol, todos vamos a los mismos sitios, y vivimos en los mismos pueblos, y queremos y amamos a las patrias de nuestros ancestros. Personas que buscan extranjeras para que no puedan competir con sus padres. Padres que ponen a sus hijos los mismos nombres o padres que se ponen celosos de sus parejas cuando estos se llevan excesivamente bien con sus hijos. Otros que viven apegados a amores imposibles, amores platónicos, similar al amor inconsciente e imposible que sentimos de pequeños hacia nuestros mayores. Algunos van buscando que otros nos abandonen de forma subliminar. Buscamos parejas imposibles para que luego cualquier excusa sirva de detonante destructivo de la relación. Así seremos la novia o el novio eterno de nuestros ancestros, o descendientes, de tenerlos en el caso de madres o padres solteros con hijos. Personas incluso que se meten a monjes, o llevan una vida de puro celibato porque así serán los novios eternos de sus padres, o personas que confunden su sexualidad para sabotear con ello constantemente relaciones. Incluso la búsqueda de maestros y gurús que puedan ser referentes de esos padres que en algún momento nos abandonaron. O la búsqueda superficial de expresiones de poder, o de hombres o mujeres de poder, para anclarse en esa energía ancestral que pretende realzar nuestra línea sanguínea. Cientos de problemas sexuales no resueltos precisamente por estos lazos caducos.

Todo esto surge por los afectos de los que no sabemos salir cuando somos niños, reproduciendo de mayores los apegos que deberíamos haber superado. Como padres, debemos saber acompañar a los hijos en todas las etapas de la vida, siempre de forma correcta sin confundir los roles de unos y de otros. Como hijos, debemos estar alerta para no reproducir lazos que ya no tocan y que hay que sanar. He visto madres que besaban a sus hijos en la boca, que dormían con ellos, aborreciendo el sexo con sus parejas, o el simple contacto. Madres que ya tenían pareja –su hijo- y que desean parejas de mucha mayor edad, con la vida resuelta y segura –el padre-.

Vivimos muchas veces en nudos incestuosos, como los llama Jodorowsky, de los que  no somos conscientes. Vivimos anclados en relaciones que no son sanas porque no hemos resuelto del todo situaciones pasadas, traumas de la infancia o relaciones que no han superado su estadio natural. Hay muchas formas de consumar una pareja ficticia anclados aún a la energía familiar. Lo podemos ver en las parejas que no funcionan, en los maridos que necesitan estar siempre fuera de casa o que están anclados excesivamente en el entorno familiar con frecuentes visitas a los mismos descuidando su propia familia.

La verdadera entrega en el amor solo es posible cuando hemos resuelto estos laberintos del pasado, incluyendo en ellos todo tipo de traumas, conscientes, inconscientes y subconscientes. Algunos podemos verlos e identificarlos, otros, necesitamos de un profesional o terapeuta para hacerlo.

(Foto: Esta tarde cortando leña para pasar el frío invierno mientras reflexionaba sobre la fuerza del Edipo. ¿Será por la forma fálica de los troncos?).

 

Estaba escuchando una charla de Victor Brossa y en alguna parte hablaba sobre la magia blanca y la magia negra, sobre los magos blancos y los magos negros. ¿Quién es blanco y quién es negro? Según Victor, el mago negro es el que nos manipula, el que nos engaña, el que desea algo de nosotros de forma egoísta, el que nos hace adelgazar, el que exige sin dar, el que reclama sin ver al otro, el que en definitiva, de alguna forma, nos perjudica. El mago blanco es aquel que nos protege, que nos ayuda, que nos inspira, que nos da confianza, que está ahí, que da sin esperar nada a cambio.

Hay personas que se acercan a nosotros y nos destrozan la vida. Tienen esa capacidad, quizás no por ellas mismas, sino porque nosotros nos encontrábamos en un momento de debilidad, de pérdida, desorientados. Hay personas que en esas mismas condiciones son capaces de transformarnos, de elevarnos, de apoyarnos de tal forma que enseguida vemos esos cambios positivos en nuestras vidas. Personas que tienen la capacidad de exaltarnos a mundos increíbles. No hay gente buena o mala en el mundo, hay solamente personas capaces de hacer magia, magia de la buena, magia que nos ilumina, que nos alegra, que nos muestra, que nos hace felices. Magia de verdad, porque la vida es magia, y ahí fuera hay gente mágica. Magos y magas capaces de despertarnos a un mundo mejor.

La sombra

Unos días en Madrid me han servido para darme cuenta de la sombra, de nuestra sombra, de esa que a veces dirige nuestras vidas, otras la obstaculiza con miedos y pesadillas, y otras, simplemente nos posee para hacer de nosotros lo que nuestro estómago, y no nuestros elevados anhelos, desea. Me doy cuenta de cómo a veces deseamos o preferimos vivir en una cárcel, siempre segura y aclimatada para nuestras necesidades más inmediatas, antes de ser capaces de salir de nuestros espacios de seguridad para ser libres. Y ser libres no es más que seguir los designios de nuestro corazón, y no los caprichos de nuestra sombra. Lo increíble de esa sombra es que nos anula por completo. Nos aterra salir de ella, desprendernos de ella. Y cuando lo intentamos, los guardianes del umbral se encargan de recordarnos los peligros que hay ahí fuera. Pero está bien sentirnos poseedores de cierto sentido común. Hoy toca de nuevo viaje. De nuevo vuelta a La Montaña, mi espacio de seguridad. Pero lo hago con cierto poder. El poder de haber hecho lo que decía el corazón, y no la sombra.

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