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Estimado Loco,
Sabes que mi hermana también está muy involucrada en política… y ella al igual que tú es una rebelde y aún con todos los desengaños sigue luchando…
A mí me resulta sorprendente ese desgaste personal, se puede reconducir esa energía de rebeldía y amor por otros mares de entrega al bien común…creo que sois imprescindibles para que haya pequeñas mutaciones dentro del sistema, pero yo no puedo desprenderme de la sensación de injusticia que eso provoca en los que yo amo… saber que personas como vosotros, líderes silenciosos, sois la esperanza que sigue encendida, la utopía es el camino…
Estimada C.,
Qué bonitas palabras escribes… ¿sabes cual es el mayor problema al que nos enfrentamos? A la soledad más absoluta… si al menos encontráramos a uno o dos utópicos más en el camino capaces de acompañarnos en esta travesía en el desierto, quizás las fuerzas requeridas serían menos y el sacrificio compartido nos daría alas para seguir volando con mayor eficacia y fuerza… así que anímate al club de los poetas y que el amor se expanda dulce y amable…
Un padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo llevó para que pasara un par de días en el monte con una familia campesina.
Pasaron tres días y dos noches en su vivienda del campo.
En el carro, retornando a la ciudad, el padre preguntó a su hijo:
¿qué te pareció la experiencia?
Buena, contestó el hijo con la mirada puesta en la distancia.
Y…¿qué aprendiste?, insistió el padre…
El hijo contestó:
Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín…
Y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos , berro y otras bellezas.
Que nosotros importamos linternas del oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna.
Nuestro patio llega hasta la cerca… y el de ellos llega al horizonte.
Que nosotros compramos nuestra comida…ellos, siembran y cosechan la suya.
Nosotros oímos Cd´s… ellos escuchan una perpetua sinfonía de pájaros libres, pericos, ranas, sapos y otros animales.
Todo esto a veces dominado por la sonora saloma de un vecino que trabaja su monte.
Nosotros cocinamos en estufa a gas…ellos todo lo que comen tiene ese glorioso sabor a fogón de leña.
Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro y alarmas…ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad del vecino.
Nosotros vivimos conectados al móvil, al pc, al televisor…ellos en cambio , están conectados a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia.
El padre quedó impactado por la profundidad de su hijo y entonces el hijo terminó:
Gracias papá , por haberme enseñado lo pobres que somos.
Cada día estamos más pobres de espíritu y más ricos en cosas que no nos dan, sólo absorben de nosotros…
Se han escrito muchos tratados sobre lo que debería ser el Buen Gobierno de una nación. Utopía fue de los mejores, por su afán de buscar la felicidad de sus súbditos por encima de cualquier otra cosa. Y al parecer, surgen ejemplos utópicos en nuestro mundo de vez en cuando. Fue el El 2 de junio de 1974, en Bután, el pequeño reino del Himalaya cuando Jigme Singye Wangchuck dijo en su discurso de coronación: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto”. Tenía 18 años y se convertía, tras la repentina muerte de su padre, en el monarca más joven del mundo. Tener la Felicidad Interior Bruta (FIB) como modelo de desarrollo me parece algo revolucionario. El concepto butanés de la felicidad interior bruta se sostiene sobre cuatro pilares que deben inspirar cada política del Gobierno: 1. Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo. 2. La preservación y promoción de la cultura. 3. La conservación del medio ambiente. 4. El buen gobierno. Aquí en España tenemos que tomar buena nota de muchas cosas. Espero que nosotros, como individuos, empecemos a valorarnos no por la cantidad de coche, propiedades o dinero que tengamos, sino por nuestra Felicidad Interior Bruta… Que así sea…
El amigo Luis Paniagua nos recomienda este documental. Y como se trata de crear utopías… no podíamos ser menos…
BREVE SINOPSIS DE UTOPÍA: A lo largo de la historia, el ser humano nos ha sorprendido con ingeniosas soluciones para superar conflictos, fomentar la solidaridad y orientarnos en medio del caos.
UTOPÍA es una película documental que se centra en esas aportaciones, que han sido herramientas insustituibles para superar las crisis ambientales, sociales y espirituales. Periodistas, agricultores, empresarios, jubilados, banqueros, científicos, abogados, médicas, amas de casa, educadores y muchos otros, nos mostrarán en esta película documental, fórmulas para alcanzar esa utopía, que nuevamente se nos antoja inalcanzable. Cada testimonio nos mostrará un ejemplo de que vivir en armonía con el entorno no solo es posible, sino que es creativo, divertido y potencia nuestra capacidad de conectar con la vida y con nuestros congéneres. Al trabajar por la vida, la vida trabaja por nosotros.
Durante algunos años, primero desde la cárcel y más tarde desde el ámbito de la libertad, hemos discutido hasta la saciedad cuan necesaria es una revolución a todos los niveles. El Sistema del que habla Mario y la Estructura que esbocé en mi segundo ensayo necesitan de una revisión profunda y particularmente urgente para poder mirar al futuro con cierto optimismo. Pero haciendo una revisión seria del pasado nos damos de bruces con una realidad sorprendente: esta necesidad de cambio hacia una posición mejor siempre la hemos perseguido. La imaginación utópica resurgió con fuerza en momentos de la humanidad que requerían una particular trascendencia hacia un estadio superior, entendiendo esta superioridad como algo mejor a lo conocido hasta ese momento. Desde los monacatos primitivos hasta las ideas platónicas o pitagóricas, el socialismo utópico, las comunas o las comunidades intencionales de nuestros días, son muchos, a lo largo de los siglos, los que han sentido y proyectado en la realidad experimentos encaminados a una mejora de la convivencia y la vida humana.
Pero todos esos experimentos no han solucionado la gran paradoja en la que vivimos y nos movemos especialmente desde hace unos cien años y se muestran ante la historia como fracasos incipientes y continuados. La técnica y la tecnología han mejorado en muchos aspectos la producción en masa y la convivencia entre las naciones, pero ha creado, a su vez, peligros reales de destrucción y auto extinción. En muchos aspectos hemos mejorado sin duda, pero en otros hemos retrocedido quizás por una falta de control o una inevitable pérdida de sentido de quienes somos y cual es nuestro lugar en el universo conocido. La desconexión entre el campo emocional y el campo mental ha sido tal que resulta difícil reconciliar dos aspectos imprescindibles para reencontrarnos con el equilibrio necesario.
Cada especie administra sus propias fuerzas para sucumbir irremediablemente al equilibrio natural necesario. Eso no ha ocurrido con lo humano, rescatando de la arbitrariedad y el orgullo una necesidad de conquista y expansión que no conoce límites. Su falta de control y desconexión con el mundo natural ha hecho de nosotros una plaga peligrosa capaz de destruir todo cuanto alcanza.
Pero no todo tiene porqué percibirse desde un arrojadizo pensamiento catastrófico. Dicen que las mejores ideas nacen de las peores crisis. También las revoluciones y los cambios profundos que han de procurar una vida mejor para la raza humana. Y esta crisis vivida en nuestros días debería servir a los teóricos y pensadores sociales para tejer la visión de un mundo nuevo basado en unos valores profundos y unos cambios revolucionarios a la hora de entender y conjugar nuestra existencia y convivencia entre nosotros y el medio. La imaginación especulativa resuelve la carencia de ideas, el miedo y la aversión hacia todo lo que resulte nuevo y novedoso.
Los ingenieros de la nueva sociedad no deben cometer el error que utópicos del pasado como Fourier cometieron. Durante más de diez largos años, este socialista utópico esperó todos los días de doce a una de la mañana a que algún rico acudiese a la cita que venía anunciando públicamente desde 1826 para iniciar la comunidad perfecta. Esta larga y estéril espera no es viable en un mundo de continuos cambios y avances, y sería más lógico pensar que la revolución puede hacerse desde abajo hacia arriba, desde lo más pequeño y singular hasta lo más grande y complejo, que es desde el individuo a la sociedad y su estructura. Ese hombre rico que esperaba Fourier para hacer realidad su proyecto utópico nunca apareció, dándonos un ejemplo histórico de que la consciencia no necesariamente va emparejada con la riqueza y de que en muchas ocasiones, la una necesita de la otra para construir el nuevo modelo.
Sin embargo, en los nuevos tiempos el paradigma profesa con fuerza lo que Mario llama constantemente el Camino del Medio, filosofía budista que pretende conjugar el mundo de la materia con el mundo del espíritu. Detractores existen en contra y a favor de esta tesis, pero parece que la realidad futura promueve este acierto caminar en el que las Cosas del Camino pueden y deben servir para un Propósito mayor y verdadero.
La moral contemporánea y las costumbres son los mayores obstáculos para un progreso mayor. La moral condiciona nuestras ideas y la costumbre moldea de forma rígida toda nuestra capacidad de movimiento y cambio. Nuestra sociedad sufre de estreñimiento precisamente por esa anquilosada estructura difícil de modificar, y es ahí donde el camino del medio pretende penetrar para purificar con sus aguas los residuos del pasado.
Las discusiones de estos últimos años han ido encaminadas a buscar soluciones que pasaran inevitablemente por encima de El Sistema pero a su vez, utilizando sus cosas buenas para mejorarlo o transformarlo. La base filosófica profunda que Mario promulga tiene que ver con El Silencio, al que añadiría con su permiso lo de Absoluto, en el que hombres y mujeres libres trabajan sigilosamente para mejorar y transformar el mundo. El sueño de La Montaña tenía que despejar esa duda y proveer de Silencios un mundo excesivamente ruidoso. De ahí la necesidad de un ejército de personas invisibles, anónimas, que trabajen y sirvan para transformar desde sus pequeñas parcelas una realidad que requiere la urgencia de actuar.
Los utópicos pasados hablaban de la crisis de nuestra sociedad y suponían que el siguiente estadio en la evolución humana sería entrar en la sociedad armónica. Nuestra sociedad actual, llamada ya por entonces como sociedad civilizada, corrompida por innumerables vicios económicos, políticos y de toda índole, supone un obstáculo para el avance hacia el nuevo mundo. La abundancia universal y la paz social, sin dejar atrás un justo equilibrio entre los miembros humanos y el medio circundante serían requisitos imprescindibles para ingresar en ese nuevo estadio. Para que esto fuera posible, Fourier avanzó en su día que harían falta 2.985.984 falansterios, ni uno más ni uno menos, conquistando con ellos el sueño utópico de una vida mejor. En nuestros días, quizás haga falta esa suma de personas capaces de influir en la sociedad y hacerla libre: libre de sí misma, libre de su pasado, su presente y su futuro, libre para decidir qué camino es el más indicado para disfrutar de una vida plena. No es necesario, por lo tanto, la organización de la vida social, si no la transformación radical de la misma. Y esa transformación revolucionaria será conocida por la Revolución Silenciosa.
Ahora toca proyectar el futuro, imaginarlo, mejorarlo, y a continuación, como arquitectos de una gran obra inacabada, ponernos a trabajar con la dureza que haga falta para que la nueva visión sea materializada cuanto antes. Ese es nuestro destino irremediable antes de que la raza humana acabe en un recuerdo cósmico sin importancia.
Me llena de cierta satisfacción poder ver en los diarios noticias positivas sobre otras formas de vida. Sobre todo cuando llevo cerca de cuatro años tras la pista de las mismas con motivo de mi tesis doctoral. Las comunidades utópicas se multiplican y lo que antes eran proyectos muchas de las veces improvisados, ahora surgen de forma planificada y con un sentido claro y directo.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/bonito/duro/ser/hippy/elpepusoc/20090215elpepisoc_1/Tes
La experiencia con la eurozona ha sido razonablemente buena y nos hace pensar que la tendencia futura debería ser, precisamente, poder internacionalizar una moneda que diera estabilidad a los países más pobres y facilitara el intercambio en un mundo globalizado. Esta crisis podría ayudar a promover la idea y trabajar sobre la misma, a sabiendas de lo difícil, tal y como están los egos nacionales, de que se pueda implantar a corto plazo. El catedrático Jesús Lizcano, entre otros, argumenta las ventajas infinitas de la moneda única, pero antes ya lo hicieron otros como Keynes en 1944, por lo que no estamos ante una idea nueva, a pesar de ser utópica y revolucionaria. Está claro, por los movimientos que se perciben ante la crisis, que la misma no fijará una ruta clara hacia ese propósito. Tendremos que esperar seguramente a una crisis mayor a la que estamos viviendo para que los países reaccionen y busquen políticas revolucionarias que cambien la codicia nacional y personal de los más ricos hacia una tendencia cada vez más generosa, pues el futuro, o será generoso o no será.
Namaste es un saludo que aprendí en India y que significa “me inclino ante ti”. Recibo desde Alemania el link de dos páginas muy interesantes con noticias positivas y utópicas… vamos, de las que a mí me gustan y de las que poco se destilan estos días… Así que las comparto por si queréis disfrutarlas… y por su puesto, me inclino ante las mismas… Namaste amigos…
Mijail Gorbachov
“El movimiento de creación de ecoaldeas es quizás el antídoto más completo para la dependencia de la economía global. En todo el mundo, la gente está construyendo comunidades que pretenden escapar de los residuos, polución, competición y violencia de la vida contemporánea. La Red Global de Ecoaldeas conecta a muchas de estas comunidades por todo el mundo”.
Helena Norberg-Hodge. Directora de la Sociedad Internacional para la Ecología y la Cultura (ISEC)














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