Solidaridad

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AP me envía desde USA esta foto. Tuve la oportunidad de abrazar a estos niños escuálidos en India y Etiopía. No me olvido de ellos. Los tengo presentes en el recuerdo y mi rabia interna tiene que ver con la emoción de impotencia que siento cada vez que el recuerdo diario se apodera de mí. Esta mañana, cuando me despertaba a las seis, pensaba que el mundo quizás podría rodar de otra forma si al menos dedicáramos un segundo a pensar en ellos. Si al levantarnos fuéramos conscientes de esta realidad, veríamos las cosas desde otra perspectiva… Os animo a ello en este verano de placeres y desahogos…

Tras cada actuación, a veces en nombre del grupo o en nombre de algún anónimo desconocido, solíamos entregar en las ONGs donde actuábamos aquellos donativos que habíamos podido conseguir desde España. Algunos amigos pensaron que si bien no podían estar físicamente con nosotros, si podrían compartir el esfuerzo de su trabajo y su tiempo con aquellos que aguardaban nuestra presencia. Pensamos en todo momento que era un acto agradable además de llevar sonrisas, llevar algo de ayuda, aunque fuera simbólica, tal y como ya hicimos en Etiopía, donde cargamos cada uno nuestros cuarenta kilos de equipaje llenos de medicinas y cosas que podrían ser de ayuda. A pesar de esto, hubo muchos amigos que insistieron en venir. De todos tuvimos la gran suerte de contar con la extrema generosidad de dos personas que entregaron cuerpo y alma en este proyecto. Ambas dejaron familia, trabajos y responsabilidades en sus tierras para acompañar a dos desconocidos payasos cuyas únicas referencias hacían mención a cierta locura. Esa valentía prodigiosa y esa entrega incondicional en todo momento siempre fue valorada sorpresivamente por los payasos. Especialmente el buen hacer y el trabajo intenso que desarrollaron en cada momento. Es cierto, y en honor a la verdad, que cuando se viaja en grupo la intensidad del momento y la duración larga del mismo puede provocar desencuentros y conflictos grupales. Es cierto que existieron y que algunos no pudimos gestionarlos con sabiduría. Pero lo sorprendente de todo era esa capacidad de reacción, de ser conscientes que lo importante eran los niños y la alegría que pudiéramos transmitir por encima de nuestros egoicos problemas. A pesar de todo, de lo bueno y de lo malo, solo tenemos palabras de agradecimiento y amor incondicional por esas dos grandes personas con las que tuvimos el privilegio de compartir este importante viaje. Gracias Cristina. Gracias Ana. La memoria seguirá recordando aquellos buenos momentos en el Sadgurú, con el banana lassy como protagonista y las mushrroms pizzas como acompañantes. No se podía pedir más al cielo, y por eso el cielo fue justo. Así que gracias a las dos por mimarnos con vuestras galletas de chocolate, con vuestros detalles y sonrisas diarias, por pintarnos la cara de payasetes en todas las actuaciones, por estar atentas al dinero y a la agenda, por ese ingente trabajo antes del viaje, con la página web, por los contactos, por los desplazamientos, hoteles, … Fue tanto todo lo que hicisteis que jamás encontraremos tiempo ni palabras suficientes para estar agradecidos… ¿Qué hubiéramos hecho sin vosotras? Gracias, gracias sentidas y de corazón… (Kili Kili & Kolo Kolo)

Esta imagen resume a la perfección nuestro viaje a India. El abrazo de un payaso a un niño recién rescatado de una muerte segura. Desnutrido por el hambre, luchando por una vida frágil que pende del hilo de la suerte, o quizás de la providencia. El payaso, conmovido, sólo puede abrazarlo con la intensidad de un corazón sensible, un corazón minado por todo cuanto ha visto y experimentado en un mundo terriblemente injusto. Un corazón lleno de cráteres y cicatrices, capaz de aguantar lo insoportable con tal de vencer el espectro de la inconsciencia. ¿Qué nos queda por hacer tras ese abrazo? ¿De qué forma un humilde payaso puede provocar las sinergias necesarias para que el mundo gire de nuevo hacia la paz y la justicia? Hay muchos interrogantes que revolotean nuestras cabezas cada vez que pensamos en todo lo vivido. No puede haber calma en el mundo mientras sigamos permitiendo estas cosas. No podemos permanecer inmóviles al borde del camino como si nada ocurriera. Este abrazo remueve, clama esperanza, trabajo, generosidad. Este abrazo conmueve y por lo tanto nos conecta al sentir de aquellos bien nacidos que se afanan por un mundo nuevo. Este abrazo es la manifestación viva de la utopía que ha de llegar… Veintiún días condensados en este abrazo. Un abrazo de amor… un abrazo de esperanza… un abrazo tierno que reclama hechos… Gracias Kolo Kolo por este momento único… por este abrazo sentido…

En Sishu Bhavan y Daya Dan, ambas casas de la Madre Teresa, fue donde hicimos las dos ultimas actuaciones de este increible periplo por India. Sin duda, como ocurrio en Etiopia, en las casas de la caridad fue donde la dificultad se unio a la angustia. Estabamos agotados hasta que asomamos la cabeza de payasos y vimos a esas criaturas ansiosas de novedad. Trescientos hermosos niños que esperan adopcion fueron abrazados por un momento por la luz de la alegria. Por un momento, mientras visitabamos las habitaciones al final de la actuacion y los pequeños angeles corrian para abrazarnos soñabamos por un momento con poder adoptarlos a todos. Con llevarlos metidos en nuestros bolsillos, entre nuestros brazos, abrazados al cuello como hacian con desesperacion suplicando un hogar. Por un momento… Pero alli estan las hermanas de la Caridad, verdaderos angeles de grandes sonrisas que abrigan con sus amplias y eternas alas-almas a esas criaturas… Una de ellas nos acompaño en la visita. Miraba sus ojos puros, su sonrisa infinita, su pureza, su entrega. Se podia sentir su amor por todo. En la despedida sonaba musica celestial. Me pare por un instante en la penumbra de un pasillo. No pude evitar la emocion. Habiamos cumplido nuestra modesta y humilde mision, habiamos conseguido sonrisas, alegria, momentos inolvidables. Por un minuto todo el trabajo, todo el esfuerzo sucumbio en lagrimas. La felicidad es asi y merece la pena seguir sus sendas… Por eso mañana volvemos a Bombay… y de ahi a España con la esperanza de no olvidar el aprendizaje, con la ilusion de seguir caminando por estos maravillosos caminos. La felicidad es posible, incluso en los lugares mas insospechados, en las situaciones mas dificiles. La felicidad esta en las cosas simples. Y nunca habia conocido una fabrica de crear felicidad mas sencilla que una sonrisa. Por eso la emocion… De ahi la plenitud…

En el Sudder Street hay un ejercito de voluntarios. La mayoria de ellos japoneses, pero sobre todo españoles que se reparten entre el hotel Maria y la Tasca Vasca, lugar donde te sirven tortilla de patatas y gazpacho. Hay que tener cuidado con la comida o el agua ya que te pueden jugar una mala pasada tarde o temprano. Sentido comun, nos dicen siempre. Habiamos aguantado hasta el ultimo momento sin mayor incidencias aparte del cansancio y el agotamiento exhausto, pero hoy los payasos han pinchado y a punto han estado de no poder actuar en las dos escuelas que teniamos comprometidas en el barrio que se conoce como la Ciudad de la Alegria. Kolo Kolo totalmente agotado y Kili Kili andaba suelto de estomago. Cinco minutos antes de la segunda actuacion, a punto de vomitar, sacamos fuerzas de donde no las habia y dimos nuestro particular espectaculo. Kolo Kolo solo podia responder con un recurso improvisado que utiliza cuando Kili Kili se sale del guion: “Kili Kili is a little crazy“. Kili Kili, carente de memoria, suele olvidarse del guion ensayado una y otra vez y termina improvisando cualquier gracia que Kolo Kolo soporta con santa paciencia. Al final todo salio afortunadamente bien y la terapia del show y las risas sirvieron para levantar el alma. Los abrazos de los niños y el agradecimiento que ofrecen sus inocentes miradas son balsamo suficiente para levantar cualquier espiritu. Y eso, precisamente eso es lo que consigue que ese ejercito de voluntarios vuelvan una y otra vez a este increible mundo donde el cielo y el infierno se confunden con cierta facilidad. Un ejercito de soldados invisibles que no se cuestionan cuanto dejan atras, sino cuanto pueden aportar con su humilde trabajo. Los ves a todas horas y en todas partes, la mayoria exhaustos pero sonrientes. Cuentan con orgullo las veces que han vuelto a esta ciudad, lo mucho que dan y reciben. Lo mal que lo pasaron el primer dia en la casa de moribundos, las pesadillas durante dias, los llantos en las esquinas, el dia que tuvieron que ayudar a amputar un dedo o una pierna… Pero tambien los maravillosos cantos de las misioneras de Calcuta, o de las niñas que viven en ese paraiso a tres horas al sur, en la selva. Todo eso lo cuentan en la tasca vasca, o a la puerta de Casa Madre, o en las esquinas, sentados mientras hablan con mendigos o niños abandonados. Hay un espiritu que los mueve, una fortaleza que los conmueve, una energia de otro mundo que los impulsan a ayudar, a volver, a ir a sus familias y amigos con el testimonio de que hay mucho que hacer, de que hay una utopia que alcanzar, un mundo nuevo en el que creer. Respiran melancolicos cuando se sientan en su sofa de skay, alli en el primer mundo, viendo como les sobra todo, observando que nada material tiene importancia porque nada permanece y todo es provisional. Apagan la television de plasma y miran con extrañeza el microondas. Recuerdan que las misioneras de Casa Madre no poseen nada: ni siquiera lavadora, ni maleta. Tan solo tres saris (vestidos) y un par de sandalias. Y es que  la vida nos provee de la esperanza de un presente hermoso y facilon para luego arrebatarlo sin miramientos. Eso se aprende rapido en India, especialmente en Calcuta, donde todo esta por hacer, donde todo es provisional, donde todo pesa poco porque la vida y la muerte rebosan en todos sus rincones.

Si alguien puede venir a India recomiendo que lo haga. Que visite Casa Madre, que trabaje de voluntario un par de dias, un par de semanas. Las Hermanas estaran encantadas y te daran a cambio un desayuno a base de un trozo de pan y alguna banana en los dias de mejor lujo. Ademas, una sonrisa que no tiene precio, porque es profunda, sincera, desesperada. Hay mucho que hacer, la jornada empieza temprano. Y luego el premio: la vuelta a casa respirando un profundo perfume que atraviesa los poros de tu vida futura, por siempre, para siempre… Mañana sera nuestro ultimo dia en Calcuta. Mañana nuestras dos ultima actuaciones en Casa Madre. Sera dificil, como lo fue en Etiopia, pero estaremos dispuestos a arrebatar al mundo un par de sonrisas mas antes de partir… Que la vuelta sea buena… que la vuelta rebose alegria y esperanza…


Había que despertar al payaso que yacía en medio de la sala. Ella se levantó sola y resuelta. Abandonó el círculo donde se encontraba con los demás niños y empezó a reanimar a un Kili-Kili tumbado en el suelo. Una ola de ternura invadió en ese instante toda la sala del humilde colegio. El otro payaso también dejó de actuar. La niña fue por instantes la reina absoluta de la escena. Todos mayores y pequeños mirábamos con asombro a esa criatura de apenas cinco años que se había situado en mitad del círculo y cobrado protagonismo con la sola intención de devolver la vida al payaso. Intentaba una y otra vez, con suaves palmadas en la cara, resucitar al clown derrotado en el boxeo. Las lecciones de los niños nos han acompañado desde el primer día.

Con Nirmala de Aseema

Los adultos también nos han derrochado aprendizaje. He ahí el ejemplo que al rato de la escena narrada nos daría Nirmala, la directora del centro y coordinadora de Aseema, ya en una de las aulas de ese colegio del extrarradio. Creando un círculo en el suelo con los niños, se habían puesto a rezar, con una devoción que nos llegó dentro, al Dios de todos los seres humanos. Con las palmas de las manos unidas recitaban una oración universal apta para los pequeños de las diferentes religiones indias. Después nos lo confesaría en la comida que nos ha ofrecido: su religión es la del servicio. Nos compartió su generoso y vital testimonio, al tiempo que disfrutábamos del sencillo combinado de arroz y verduras, el plato de los niños. En medio de esa comida típica, siempre un poco picante para nuestro paladar occidental, nos ha manifestado también su gozo por contactar  con personas con “latido interior”.

No nos conocíamos previamente, pero habíamos contactado con otro nodo de la red de luz. Sí, bajo el asfalto de 18 millones de habitantes, bajo los atascos atronadores, también pulsa la red universal de amor y de compasión. Nirmala es parte importante de Aseema, la ONG que se encarga de cubrir en las escuelas las importantes necesidades que no asume el gobierno. Aseema lleva en autobuses a los niños de los “slums”. Todos esos pequeños de familias desestructuradas de repente visten uniforme y están delante de una pizarra. Desarrollan además su aprendizaje  con uno de los métodos más cualificados, el de las escuelas Montessori. En palabras de Nirmala “a quien no tiene nada hay que darle todo”. Hemos podido constatar su esfuerzo en proporcionar la mejor educación a los últimos de entre los últimos.

En el “Famous Studio”

Habíamos mantenido otros  contactos con otras personas y organizaciones de esa oculta red de buena voluntad. Nos habían también impresionado muy positivamente los jóvenes de Pragati. Ellos se dedican a llevar arte, expresión y alegría  a los niños hospitalizados. Freedom of  Expression Movement (www.bethekey.com) era otra organización de jóvenes con la que habíamos entrado en contacto.

Sí, en medio de ese panorama multicolor, pero que demasiado  a menudo  carga con el gris de la miseria; en medio de esas calles infinitas que tan a menudo nos golpean por dentro con la agresividad del tráfico, también hay ángeles…, gentes que viven por y para hacer la existencia  más feliz a los más pequeños. Nosotros sólo nos dejamos pasear por ellos. Ellos nos han llevado al encuentro de la fiesta. En este caso, ambas organizaciones de manera conjunta habían reservado una gran sala en las instalaciones del llamado Famous Studio en el centro de Bombay. Alrededor de 150  niños de los “slums”, es decir de los barrios más pobres, habían subido a varios autobuses. Habían viajado desde la geografía más depauperada que pudiéramos imaginar, al lejano e inaccesible centro urbano. Les habían pintado la cara y les habían dado de comer a la grande. Dentro de las instalaciones les aguardábamos los payasos. Les habíamos dicho que no éramos profesionales, que estaban ante puros aficionados, pero no debieron de acabárselo de creer, pues no sólo reservaron ese lugar bolybodiano, sino que contrataron también un equipo profesional de vídeo con tres  cámaras.

Era la segunda actuación en Bombay y la verdad es que toda aquella expectación suscitada nos puso un poco nerviosos de cara a la actuación, pero, gracias a Dios, los organizadores se manifestaron muy satisfechos después del show. Insistieron incluso en hacernos una entrevista ante las cámaras.

En realidad todos estábamos allí por lo mismo: empujar la vida, alentar la vida amenazada por la gran miseria reinante. Disfrutábamos esa mágica unidad más allá de todas las fronteras que proporciona la risa. En medio de la explosión de alegría, se esfumaban al instante todos los sinsabores pretéritos, sobre todo el infierno del tráfico, el ruido y la contaminación que es de los retos más difíciles que se nos han planteado. En medio de esta megaselva de asfalto invertimos más de una hora en cada uno de los desplazamientos. Se nos va más energía al absorber el ruido y el humo dentro de los taxis sin ventanas en medio de los embotellamientos que en  el trabajo con los chavales.

Caminando la ciudad

Bombay ya se nos ha metido un poco dentro, pese a esos inconvenientes. No es que  nos hayamos acostumbrado, no es que ya dejemos de sufrir sus monumentales atascos, simplemente es que la ciudad nos ha dado ya mucho en estos seis días… A tres de marzo hemos realizado cuatro actuaciones: dos con Pragati y Freedom of  Expression Movement y otras  dos con Aseema. Vamos ya algunos cientos de esos rostros encendidos.

A veces una vez finalizada la actuación, hemos deambulado por la ciudad  despacio, sin prisa por coger nuestro taxi “yelow-black”. Si no hay un tráfico atronador y la zona es mínimamente apacible, el paseo es siempre sorprendente allí donde nos encontramos. Salimos a descubrir esa sorpresa que nos depara cada metro cuadrado de esta  ciudad  tan intensa. La vida está volcada en la calle. A veces una simple tela inclinada y anclada entre el suelo y la pared delimita un espacio, afirma un  territorio personal o familiar, constituye el techo de un hogar… Las gentes se extrañan de vernos también adentrarnos en los lugares más inhóspitos. Si no fuera por el recelo de incomodar e invadir su intimidad, haríamos más kilómetros por los barrios humildes…

Después nos hidratamos. Nos regalamos nuestros zumos y nuestros helados. Compartimos las imágenes de las cámaras y repasamos la actuación. Vemos la forma de hacerlo mejor en la próxima actuación.

Ya no regateamos los taxis. En realidad ya no regateamos casi nada. ¿Por qué intentar llevar más para nosotros cuando ellos no tienen  apenas nada? Intentamos corresponder pues, como decíamos, somos colmados en muchos  sentidos. Javi llevó al extremo  su generosidad el día  pasado al pagar  con dos mil rupias el trayecto de un taxi que era de doscientas. Equívoco con los billetes o agradecimiento inconsciente,  igual un poco de todo.

Festividades

Además de las actuaciones hemos vivido algunas fiestas y acontecimientos. Para nuestra sorpresa al aterrizar en esta megaurbe, vimos por todas partes sembrados carteles de Amma. Era como si la “santa de los abrazos” nos estuviera aguardando en destino para velar por nuestro itinerario. Así que una noche también fuimos allí y nos fundimos con la multitud devota, devotos nosotros  también no sabemos de qué ni de quién, seguramente de la Vida que nos brindaba tan hermosas  sorpresas.

Nos ha tocado también la fiesta nacional de los colores el primero de marzo, el “holi festival”. La víspera vivimos un acontecimiento muy particular al ser invitados por una familia, a participar, siquiera como espectadores, de su fiesta musical, cerca de nuestro hotel en el distrito de Chembur. Era una familia muy amplia que  celebraba desde hace 75 años ese día su encuentro anual. Fuimos  agasajados con café aromatizado y dulces. A Cristina, Ana ya se había retirado, la trataron como a una reina. Le  llegaron a decir que no era casualidad alguna el que hubiéramos ido a parar a aquel lugar, que la entrada de un invitado, más aún en el caso de una mujer, significaba algo de la presencia de Dios en ese hogar.

En el día propiamente de la fiesta, la calle se convierte en una batalla lúdica y campal en la que unos y otros se arrojan pinturas de colores. Es una festividad religiosa que parece haber derivado en un sentido carnavalero. Como ya  vestimos  mucho color el resto de los días, esa mañana nos quedamos descansando en el hotel.

Llevamos ya casi una semana en India y era ya hora del encuentro con la pantalla, hora de intentar reportaros algo de lo vivido y observado a lo largo de estos intensos días. Han sido líneas necesariamente aceleradas. No hay mucho tiempo para el teclado. Aquí lo prioritario es la farándula, lo importante es contribuir al latido de la vida humana. En medio del Bombay inmenso ella pulsa; en sus lugares más inhóspitos, más insalubres sigue manifestándose; en medio de las basuras y las ratas, el olor insoportable brota también ella insobornable… No nos resta sino contribuir a perpetuarla y a elevarla a mejor expresión.  Intentamos contribuir a ese pulsar de la vida encendiendo el mayor número de sonrisas entre esos rostros oscuros lamidos por el sol, entre esas criaturas de tan corta, pero vapuleada edad.

Volvemos de cenar en nuestro vegetariano del barrio. Ya nos conocen de todos los días. Pese a la lata que les damos al pedir los platos, nos tratan con afecto. De vuelta al hotel ya conocemos “los bultos” que duermen en cada uno de las esquinas y portales. En el hotel también los empleados duermen en los sofás. No es momento de molestarles para que nos abran la sala con el ordenador. Lanzaremos mañana estas líneas a los vientos.

Kolkata asoma ya al final de estos días en Mombay. El programa allí se promete aún más intenso. Volaremos en avión dentro cuarenta y ocho horas. Estamos deseando poder conocer en el otro extremo del país al personal de Calcuta Ondoan, Colores de Calcuta, Udanyi, Madre Teresa… Estamos deseando poder confraternizar con tantos gentes que también  en aquel ancho asfalto, pulsan por la vida.

Intentaremos dar continuidad a la crónica.¡Seguimos juntos, con la ayuda del Cielo, sembrando sonrisas y esperanza a lo largo de este ancho solar planetario!

Cristina, Anita, El Loco y Koldo

Querida y ancha  familia:

Al menos dejemos algunas  sonrisas… ya a la puerta de casa, ya en el más extremo Oriente. Al menos sembremos alegría ya en nuestras  plazas ya en los slumdog de Bombay o Calcuta… Pantalla que se nubla, teclado que reclama reposo…,  a la postre hasta estos soberbios hayedos se pueden quedar pequeños si el alma se empeña en explorar, aprender y contagiar gozo…

Buscamos a cada instante  un  lugar más preciso en el concierto  de la Vida grande. Cuando menos lo esperábamos,
cuando la leñera está  llena de buena y seca encina y la mente de ilusionantes proyectos, cuando el teclado se hace a los dedos, y el ancho balcón a la nueva mirada extasiada , cuando la fábrica de artículos cobra buen  ritmo…, la Vida nos pone  traje de colores y nos empuja a la otra punta del mundo. La Vida nos invita a pasear por las geografías más humildes el payaso adormecido, a resucitar, como sea, dentro de nosotros el arquetipo de quien da y hace  sonreír sin aguardar nada a cambio.
 
No estaba en el itinerario la nariz  roja, hasta que aterrizamos en una perdida  aldea de la sabana de Etiopía y niños y abuelos se pusieron a cantar y saltar  al  ritmo de nuestras torpes  baladas africanas del cancionero  scout. El virus  que  empuja a contagiar alegría ya estaba inoculado. De ahí al mostrador de Viajes Eroski no había mucho tramo. Encontraréis la info de la iniciativa:
http://kilikilikolokolo.webs.com

Gracias también a “Calcuta  Ondean” por  habernos abierto  camino para este nuevo  itinerario… Gracias al  resto de  ONGs y personas: “Colores de Calcuta”, Iurre, “Udayani Social Action Forum”, Pragati Aseema… también por  ayudarnos a completar un intenso  programa de actuaciones  durante  casi  tres  semanas.  Gracias por supuesto a Joaquín Tamames (www.fundacionananta.org)  por el apoyo concedido.

Volamos, si Dios quiere, para Bombai y Calcuta el próximo día 24 de Febrero. Cristina y Ana nos  han preparado una  agenda  intensa. Nos aguardan los niños de escuelas, orfanatos y casas de acogida de estas  dos  grandes ciudades indias.  Azucena Zabaleta  entrenó a  estos  torpes aficionados. (¡Montón de  gracias  Azucena y Juan y entrañable  familia!) Sacamos los trajes de la tintorería (¡Montón de gracias por la cesión a  Alayn y Alex y los payasos de Azkona!) y desempolvamos también la sonrisa de adentro.

Reportaremos en cuanto podamos. Intentaremos editar algo en nuestras respectivas  webs y blogs. Calcuta Onodoan (www.calcutaondoan.org), retransmitirá,  vía internet, la actuación de  Ashabari. Os adjuntamos calendario de actuaciones
 
En medio de la geografía  desangelada sentiremos  vuestra energía, vuestra oración y apoyo.

Os abrazamos con profunda alegría:  Cristina, Ana, Javier y Koldo

A pocos días de nuestro viaje solidario a India, recibimos palabras de ánimo y apoyo. Siempre me encanta recibir cartas como las que escribíamos antiguamente. Hoy he recibido una muy especial. Venía cargada de corazón, de generosidad, de ánimos. Está escrita a mano y viene acompañada de una aportación solidaria para el viaje a la India. Este tipo de detalles me llenan de entusiasmo, de alegría. Alguien pensó que quería estar presente en la India y cogió un lápiz y un papel llenando, negro sobre blanco, espacios multicolores nacidos del corazón. Así que desde aquí le doy las gracias a J. por su infinita generosidad, por el detalle de acompañarnos a tan difícil viaje y por estar presente entre nosotros con su alegría y optimismo. Nunca habrá palabras suficientes para describir la importancia de estos pequeños detalles que engrandecen vuestra alma y la nuestra.  

Aprovecho estas líneas para dar las gracias también a la niña A., la cual donó todos sus ahorros para el viaje e hizo feliz con ello a su madre y a su editor. Y a H., el cual difundió el mensaje de alegría entre todos los HH. de la cámara del medio y aportó su siempre generosa semilla de amor. También a la infinita generosidad de J. Él siempre inspira buenas acciones a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que se aproximan a su gran aura. Y a I. y a C. y a K. y a C. y a A. y a todos los que de alguna forma estáis con nosotros en esta aventura. También gracias a los que critican estas acciones. Ellos fortalecen aún más nuestro propósito y hacen que todo cuanto hagamos este enfocado en una sola intención: la Alegría y la Generosidad. Gracias, de corazón, a todos…

La risa posibilita el reequilibrio psicológico colectivo de Poblaciones Refugiadas, Desplazadas, retornadas o crónicamente excluidas. Además, la risa es instrumentalizada como Mecanismo de recuperación de valores constructivos y creativos como la tolerancia, la Diversidad, la Participación Comunitaria, desde una perspectiva de género, y La Paz.

Los espectáculos que los grupos de artistas realizan en los proyectos ayudan a desbloquear psicológicamente a la población mediante la risa. Estos espectáculos se adaptan al contexto específico en el que viven los Beneficiarios, al tiempo que se localizan recursos humanos locales que puedan asumir una tarea de multiplicación de la dinámica propuesta.

(Textro extraído de Payasos Sin Fronteras)

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