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El coraje irracional depende en buena medida del saber sacudirse a tiempos, modas y conveniencias para sacar a flote la esencia de cada uno, su propio camino, su propio propósito. He visto gente que vendía su vida y su alma por la conveniencia del momento. Pero también he visto gente que apostaba toda su vida por seguir el patrón de su herencia espiritual. Ahora todo el mundo nos mira un poco más, pero el balance final dependerá de nuestras apuestas y nuestro coraje para afrontarlas.
Todo el mundo sabe de nosotros, lo que hacemos, lo que pensamos, lo que decimos. Antes eso era compartido con un grupo selecto de amigos. Y no ciertamente todo. Ahora todos pueden saber de todos. Hay muchas personas anónimas que son celosas de su privacidad, como si realmente escondieran un tesoro oculto que no desean compartir con nadie. El tema de lo privado y lo público siempre se ha debatido con fuerza. Pero todo está ya ahí fuera, en las redes sociales, en los blogs, en las revistas digitales. ¿Qué más podemos esconder? ¿Sentimientos privados? ¿Emociones secretas? ¿Lágrimas derramadas bajo la almohada en noches frías de invierno? ¿Suspiros, anhelos? ¿Amores prohibidos? ¿Y para qué guardarlos? ¿Por qué cuando compartimos nos disfrazamos con un nick y damos aquello que más nos conviene? Si el mundo está mirando, ¿qué queremos que el mundo vea? ¿Algo real o algo ficticio? ¿Y acaso lo real, lo verdadero, lo auténtico no está empañado de miserias, de atrocidades, de lados oscuros?
Hoy estoy encerrado en alguna cueva… Estas letras las escribo desde el pasado porque donde estoy no hay Internet y nadie puede mirar qué hago, qué pienso, qué siento. Pero la magia de nuestro siglo sigue siendo esta capacidad para relacionarnos con todos apretando un solo botón. Incluso cuando todo el mundo está mirando a otra parte, o incluso cuando todo el mundo cree que está viendo. Incluso cuando nadie ve lo real. ¿Qué deseamos ver este nuevo año? ¿Qué deseamos mostrar? ¿Queremos ser verdaderos, mostrarnos verdaderos?
Feliz año nuevo desde el mundo real, estéis donde estéis, miréis lo que miréis.
Ayer fue uno de esos días largos, larguísimos, pero cargados de magia y experiencias. El día estuvo lleno de trabajo y momentos extraños en los que desdibujaba los conceptos de amistad y fidelidad. La tarde fue la confirmación de que ambos pueden existir en los más pequeños e ínfimos detalles. A las cuatro llegaba nuestra Julia y nos íbamos con el Aguililla dirección Sevilla. Allí, en la increíble e histórica Carbonería, nos esperaba la presentación del libro “Poetas del 15M”. Su gerente nos explicaba más tarde la tira de poetas que habían pasado por sus mesas. Inclusive el histórico José Bergamín, dato que me emocionó por haber sido uno de los fundadores de la primera Editorial Séneca. Ese hecho demostraba que seguíamos sus pasos con nuestras cantinelas y obsequios culturales. Nuestro compromiso con la cultura se vuelve cada vez más real y dibuja un panorama hermoso y entusiasta…
Éramos poquitos, no más de una docena de poetas que disfrutaban de la bohemia del lugar, indignados que resultaron ser todas personas mayores, docentes la mayoría, muy alejados de la imagen del perroflauta a la que algunos nos tienen acostumbrados. Cuando empezaba yo mismo a presentar el libro y a recitar uno de mis poemas que en él aparecen, apareció luminoso y sonriente el increíble Manuel. Dando espectáculo, como a él le gusta, y recién llegado de Huelva. A partir de su entrada en escena, la noche no pudo ser más que mágica. Como en la Carbonería había un sarao flamenco a continuación, nos quedamos hasta las tantas disfrutando de un momento bonito y único, en amistad, y mucha risa y cachondeo. En fin, vendimos pocos libros, pero eso a estas alturas ya carece de importancia… Lo importante fue disfrutar de los amigos y de ese círculo poético y cultural al que estamos llamados.
Como llegamos tarde a casa, Julia se quedó a dormir en La Montaña, excusa que nos ha permitido esta mañana dar un repaso a nuestras respectivas tesis doctorales, motivo que me ha recordado la urgencia de este año para rematar por fin la tesis. Me tengo que poner las pilas…
Hablaba ayer con un buen amigo sobre la necesidad de conducir nuestros pasos a un mundo verdadero de pureza y lealtad. Me resultaba extraño pensar en esas cosas después de haber asistido a un sufrido camino impuro, desleal y falso en el que el pensamiento divagaba entre las contradicciones propias del alma.
Me imagino el sentimiento que debió albergar aquellos que vieron en el jardín de cualquier edén los últimos coletazos de un cisne herido. El domingo, mientras paseaba por la dehesa entre robustas e impresionantes encinas, perdidos lentiscos, matagallos, jaras, torviscos… sentía como mi alma reclamaba desde lo alto. Cada paso hacia la frondosidad mostraba los últimos momentos del cisne herido.
El fin de semana ya fue inusual e insólito. Había que poner sobre la mesa muchas cosas y fueron desplegadas una por una sin miramientos. Me resultaba extraño administrar el cúmulo de dolor y rabia con cuentagotas, ya fuera en los alaridos de Ayamonte, viendo desde sus atalayas las fronteras imaginadas por el hombre, o desde el pacífico Algarve portugués, saboreando las mieles de la buena vida desde la amistad y el consuelo. Y luego Sevilla reclamando… y luego la noche, cargada de flores que decoraban toda la casa gracias al paso angélico de esos seres divinos que de vez en cuando tienen la gracia de venir a mi casa para limpiarla por dentro y por fuera.
Mientras el domingo zigzagueaba por el monte de encinas llegando cerca de campos de ribera, por alisedas de centenarios almeces, olmos, fresnos y quejidos, abrigados por esa cohorte de arbustos, matorrales y herbáceas que parecían querer preñar este alma perdida, reflexionaba sobre la necesidad de morir. De morir a un momento, de morir de dolor, de morir para siempre a un pasado incierto con la esperanza de volver a nacer en otra realidad, en otro momento diferente, en otra forma de vida. Por supuesto, una muerte simbólica, como las que se pertrechan en los ancestrales ritos de iniciación. Pero muerte al fin y al cabo. Como la muerte del cisne… una muerte anunciada, perpetrada desde la más absoluta de las tristezas, pero también, desde la más absoluta de las esperanzas: “la única forma de ser felices es Amando, si no amas tu vida será fugaz como un destello…”
Tras poner alguna lavadora y comer algo he cogido el coche y como al final no fui a Londres, me he marchado al cine a ver una película de extraterrestres. Creo que esta es la cuarta que veo en menos de un mes sobre esta temática. Será que nos van a invadir y nos están avisando o que ya nos han invadido y nos están concienciando. Sea como sea, el pobre ET ha podido escapar sano y salvo a su planeta, no como los pobres de la semana pasada, unos grises que terminaron sucumbiendo en pleno Oeste Americano en las manos de la bella Olivia Wilde, también de las Pléyades, pero haciendo de buena, porque en las orbes cósmicas, según la imaginación humana, hay entes celestes buenos y malos. Pero para cara de marciana la que tenía hoy la taquillera, que ya me debe tener fichado como el chico raro y solitario que solo ve películas de ETs… Y es que me resulta tan interesante antropológicamente hablando como imaginamos las culturas de otros planetas… Incluso recuerdo que de adolescente hice mi propia clasificación alienígena. Siempre me he preguntado si alguna vez los selenitas descubrieron vida en la Tierra y decidieron irse echando leches cuando vieron la que aquí habíamos montado.
En eso iba pensando cuando, mientras hacía tiempo repasando las portadas de los periódicos en un Opencor cercano, recibía el mensaje de otra bella Olivia Wilde, pero ella más cercana y accesible. Me contaba su hermoso sueño que ha titulado “El Camino de la mariposa azul”. Me decía, también ella volviendo del cine, que su hija le había dicho, textualmente: “si tenemos una hermanita quiero que se llame Alexandra”.
Me he quedado de piedra con la sincronía y la explicación. Tan de piedra por muchos motivos, entre ellos, porque una de mis hijas, no sé si en el futuro real o literaria se llama así, Alexandra. También le hablaba de las otras mariposas azules, las que aparecen en mi último libro en ese lugar que describo como la Tierra Pura, y el nombre que le dimos a nuestro cuarto sello editorial que nunca vio la luz: Phylira, representado por una bella mariposa azul en su antigua página web… En fin… cosas de la vida causal, esa que no pide permiso a lo denso, sino que siembra a su antojo las ideas en el mundo sutil, hasta que son precipitadas al mundo que llamamos real… Pura magia, puro sentido. La vida siempre es soberana. La vida siempre aflora hacia nosotros.
(Foto: El cine más cercano está a más de cincuenta kilómetros de la Montaña. A la vuelta pude contemplar un espectacular atardecer que hizo más llevadero el regreso… pero… como me gusta tanto conducir… Eso sí, menuda plaga que estamos hechos. Eso pensaba mientras volvía a mi cueva de ermitaño y observaba la de carreteras y cables horrendos que rompen la sintonia del hermoso paisaje andaluz)…
Ayer fue un día especial. Especial porque por primera vez en más de veinte años no desaparecí el día de mi cumpleaños. Contesté todos los mails, todas las llamadas y todos los mensajes. Además, invité a comer al niño C., con el cual pasé prácticamente todo el día en interminables paseos por Madrid. En el Retiro, mientras tomábamos un helado, se sentó un cubano que vivía en California y con el que estuvimos un buen rato hablando. Fue un rato agradable. Hoy viaje hasta Barcelona, donde está su madre y donde nos hemos reunido. Mañana estaré en Lérida y pasado de vuelta a Córdoba para el lunes estar al pie del cañón en la feria del libro. Luego… pues luego la providencia dirá hacia donde deberé dirigir mis pasos… Llevo ya algo más de cuatro semanas repitiendo ese hermoso mantra cristiano que dice eso de “hágase tú voluntad y no la nuestra”. Pues en esas estoy, contemplando desde cualquier estrella la luz que irradia el camino de la personalidad por este sendero tan lleno de cosas. Que el propósito nos guíe hacia le meta propuesta.
















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