Política

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Quiero expresar en primer lugar que recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936”.

Juan Carlos I de Borbón.

Estamos a 8 de enero y solo tengo 30 euros en el bolsillo”.

Abdul Rahim, de 50 años, desahuciado.

Hoy he soñado con el duque de Palma. Ha sido un sueño extraño donde Urdangarin parecía triste y desolado, envuelto en una situación incómoda donde tenía que callar por no liar más la madeja y donde al parecer, le iban a desahuciar por no poder pagar la hipoteca. Pobre, me ha dado un poco de pena. Hace poco la Casa Real le calificó de “persona no ejemplar”. Así de rápida y contundente, para demostrar la fuerza de la ley moral que impera en esa sacra institución. Pero el calificativo parecía una broma de mal gusto. ¿Persona no ejemplar? ¿Nuestro Iñaki? ¿El “paga(In)fantas”? ¿El descendiente de San Valentín de Berriochoa, patrón de Vizcaya?

Su referente más inmediato es el propio Rey de España. Su “ejemplo” ha consistido en aceptar ser heredero del régimen dictatorial franquista. En preparar a hurtadillas un golpe de Estado para encauzar la nación hacia la solución final y, al ver la reacción del pueblo, cambiar de bando y con ello traicionar a los implicados en el mismo.

En su vida privada también ha sido “ejemplar”. No hablaremos de sus negocios, de su tráfico de influencias, de como una familia pobre, se ha enriquecido misteriosamente siendo una de las mayores fortunas de Europa. Tampoco hablaremos de las ciento de amantes que ha tenido en estos años. Hasta el punto de que su mujer, la Reina, se ha tenido que marchar a vivir a Londres por pura vergüenza vaquera.

Dicen que su último desliz es una alemana que casi vive en Palacio para disgusto de su hijo al que al parecer, una vez le increpó diciéndole también ese “y tú te callas”. Y qué decir de esa historia oscura que nuestro misterioso Tom Farrell describe detalladamente en “Escrito en un libro”, lectura que recomiendo para que entendamos un poco la historia “ejemplar” de nuestros últimos reyes.

Lo asombroso de toda esta ejemplaridad es el silencio oscuro de todo lo que rodea a este personaje que “manda” en España por la Gracia de Dios y de Franco. Una persona que firmaba decretos en Suiza, en supuesto secreto porque allí estaba con la amante de turno. Una persona que desvía fondos y amasa fortunas en otros países porque en España, nunca se sabe. Y la Reina, lista como nadie, utilizando a hijos, yernos y a quien haga falta para sacar todo lo que pueda de Madrid y hacer acopio de lo mismo en Londres o donde quieran que estén sus cuentas secretas. En España, el que no corre vuela. Por eso el nombrar oficialmente a Urdangarin, nuestro descendiente de santos patrones, como persona “no ejemplar” desde la Casa Real me parece una broma macabra.

Y todo esto choca frontalmente con la simpatía que media España tiene a este paradójico personaje real, cercano y socarrón, campechano y guasón. Sería bueno, a pesar de esa simpatía nacional, que en España nos dejáramos de coñas reales, que rescatáramos esa institución como un realengo antropológico y lo pusiéramos en alguna especie de museo etnográfico, porque la cosa tiene su interés, pero nada más. Y que España fuera de nuevo una república, como lo son esos países avanzados como Francia, Estados Unidos, Suiza o cualquier otro con cierto sentido de realidad política.

Pero en España nos gustan las tradiciones, por eso de la identidad y el carácter. Así somos los españoles y por eso se ve difícil que el Título II de la Constitución que trata de “La Corona” en sus artículos 56 a 65 sean a corto plazo sacados de la Ley. Hay mucha fortuna en juego, mucho poder, porque en el fondo de eso se trata, de seguir ahí, instalados en el poder, para seguir aprovechando las prebendas del puesto hasta la muerte. ¿Quién en su sano juicio estaría dispuesto a renunciar a todo eso?

Y mientras eso ocurre, tendremos el deber de mirar hacia el futuro político con cierta responsabilidad histórica. Al menos mientras personas como Abdul sean continuamente desahuciados en nuestro país y más de cinco millones de parados no sepan qué hacer con su futuro. Menos guasa y más seriedad queridos españoles.

Todos los mitos acaban cayendo. Especialmente los mitos que se han levantado desde la ficción y el lado oscuro del corazón. Mitos que crecen en un mundo que implora pureza y que necesita pureza. Integridad, decoro, honestidad, decencia, moralidad, honradez, dignidad, bondad, y sobre todo, buen hacer, aunque eso último parezca lo más difícil.

Hoy una hermosa política de mirada dulce y amable iba repartiendo uno de esos panfletos que pretenden describir la realidad política actual. Resulta que la familia que gobierna en nuestro pueblo, todos de “izquierdas” y en coalición por una apabullante derrota que acabó en misteriosa victoria, ha decidido subirse el sueldo. Curiosamente, en el primer pleno que hicieron, lo único que se explicó fue este punto: la subida salarial. Pero al parecer no fue suficiente y el teniente de alcalde, de la izquierdísima Izquierda Unida, ha decidido subirse aún más el sueldo. Según los datos del panfleto: más de cien mil euros por los cuatro sueldos de la familia que gobierna.

En tiempos de crisis, hubiera sido todo un detalle que se hubieran rebajado, digamos, el cincuenta por ciento los sueldos de los políticos. O que trabajaran a media jornada para llegar a esa rebaja. Pero es evidente porqué los políticos están en política. Si preguntáramos uno por uno qué clase de actividad social han tenido en los últimos cuarenta años la respuesta sería ninguna. ¿Qué tipo de interés por la sociedad de su pueblo, por sus actividades culturales y cívicas, por sus problemas, qué tipo de acción voluntaria han hecho en los últimos años? La respuesta sería la misma: ninguna. Si no hay dinero, si no hay sueldo, que parece el último fin, nada de nada. Luego me preguntan qué porqué he dejado de participar en política. Básicamente porque lo que veo diariamente me da asco y repugnancia.

Por suerte, todos los mitos, los falsos mitos, acaban cayendo. Uno a uno. Desde lo más grandes a los más pequeños… Todo lo falso termina por sucumbir en las brasas de lo real.

La propuesta es clara y simple: reducción del Estado a partir del exceso de cargos públicos y políticos. Reducción, por tanto, de organismos que duplican competencias, como por el ejemplo las Diputaciones y el Senado.

¿Por qué? Porque estamos en crisis y hay que recortar. ¿Dónde? ¿En educación y sanidad? No, en cargos públicos y políticos, en embajadas, en diputaciones, en senados, en estructuras políticas, en ese exceso de instituciones que durante años de bonanza hemos creado y mantenido y que ahora resultan ser innecesarias.

La casta política se está convirtiendo en un estamento social con un exceso de privilegios insostenibles. Esos excesos los pagamos todos con nuestros impuestos. Es hora de recortar esos privilegios y es hora de que los políticos se conviertan en servidores de lo público. Y si no, si desean seguir en sus posturas absolutistas, pues habrá que montarles otra revolución francesa, como se les hizo a los absolutistas del antiguo régimen.

Fueron las elecciones municipales de 1931 las que expulsaron de España a Alfonso XIII, que perfectamente podría haber sido apodado “el Mujeriego”, y no “el Africano”, como se le conoció finalmente según las crónicas de la época. Su moral y su vida privada estaban por encima del bien y del mal, ya que entre otras proezas tuvo cinco hijos extramatrimoniales de los cuales se tengan constancia… de los otros, aún no tenemos noticias…

Nuestros políticos, que moralmente y en su vida privada no distan mucho de nuestros monarcas más recientes, seguramente terminarán siendo expulsados de sus puestos ya que empiezan a vivir fuera de la realidad política y social de nuestro país. Quién sabe si en algunas elecciones municipales, o en alguna toma de la Bastilla… Eso lo escribirá la historia…

Mientras se cuece ese caldo de cultivo, nuestros políticos, que viven en el planeta Marte desde hace unas décadas, siguen la estela de los pornostar de la época, más preocupados en rodar películas eróticas en el Barrio Chino de Barcelona como hacía nuestro ilustre “el Africano” allá por los años 20.

Camps es un claro ejemplo de miopía política. De no querer enterarse de lo que está pasando. Parece que no les basta todo lo que está ocurriendo para aferrarse aún más a los pasillos, a los estrados de palacio, a los bancos de los parlamentos dorados y pulidos cada mañana para engrandecer las bonanzas de la Democracia. ¿No será que eso que llaman democracia significa otra cosa? ¿O no será que en nombre de la democracia nos estamos volviendo locos?

Vayamos por partes. Un movimiento social, lo llamaremos así para no poner nombres ni etiquetas, se manifiesta el día 15 de junio en las puertas del Parlament de Cataluña. Los parlamentarios tienen que entrar a “palacio” en helicóptero y blindados de la policía.
Al día siguiente, otro grupo de dicho movimiento social se apodera pacíficamente de las calles valencianas para protestar en la investidura del presidente de la Generalitat Valenciana, el Señor Camps. Señor y Caballero de palacio, príncipe de la democracia, no se le ocurre decir otra cosa ya instalado en su trono de Salomón que la democracia es conseguir más votos y escaños. Como le dijo Alfonso XIII al general Francisco Franco ante la negativa de éste de abandonar África: “olé sus huevos”.

Resulta que un señor que está imputado en un turbio caso de corrupción, que es votado por el electorado (¿¿??) para que maneje los designios de los mismos, dice, a capa y espada que “esto es Señorías la democracia: los votos y los escaños”. Ancha es Castilla y a galopar, que así es España y así somos los españoles: mujeriegos, corruptos y, eso sí, valientes, como el señor Camps. Que para algo conquistamos América con un botijo y subidos a un burro.

Y como si la crónica de estos apasionantes días no fuera suficiente perla para este mar desazonado, aparece la noticia de que la familia Botín tenía guardaditos la nada despreciable cantidad de 6.000 millones en la filial suiza del banco HSBC, el HSBC Private Bank. Y eso es lo que tienen en la filial suiza… ¿qué no tendrán en otras partes fiscalmente paradisíacas? Recordemos el dato demagógico del artículo anterior: “esta inyección de liquidez supuso unas 31 veces lo que la Administración General del Estado se gastó ese año en vivienda (1.607 millones)”. Recordemos también otro dato: “esto supone más de 200 mil familias desahuciadas desde que empezó la crisis, y digo 200 mil familias”. Señor Botín, qué bonito hubiera sido que en vez de pasar a la historia como un usurero más que guarda en Suiza esos 6.000 millones de euros los hubiera dedicado a reflotar a esas 200 mil familias abandonadas a su suerte. Qué extraña es la historia… y sus recuerdos…

Como anécdota divertida, y para no acabar este artículo tristes y deprimidos, mientras ocurrían todos estos hechos, y sirva esto de crónica histórica, la noticia política importante del día era que se aprobada la ley que limita la venta de refrescos y bollería en colegios. Pues eso, “olé sus huevos”… señores políticos…

No puedo evitar remitirme a la historia para describir con hechos pasados, hechos presentes. Berenguer Ramón II fue apodado el Fratricida por supuestamente haber sido el instigador de la muerte de su hermano gemelo, con el cual se disputaba constantemente tierras, palacios y condados. Como si nada hubiera cambiado, ¿verdad? Al morir su hermano asesinado en un bosque mientras cazaba, quedó como amo y señor del condado de Barcelona, y por lo tanto, de su bonito palacio y sus bonitos honores. Todo esto no le duró mucho. Siendo preso dos veces por su enemigo el Cid Campeador, el cual trabajaba a sueldo por esa época para las taifas moras, fue considerado culpable del asesinato de su hermano Según las costumbres de la época, decidió partir a las cruzadas donde murió exiliado.

Parece que los tiempos cambian, pero las formas se repiten. Pensaba en esta historia de los condes de Barcelona cuando recordé las palabras, orgullosas y señoriales, del ilustre Felip Puig con respecto a los desalojos del 27M en la plaza de Cataluña. Un titular periodístico lo señala de la siguiente manera: “El conseller de Interior de la Generalitat saca pecho de la actuación policial contra los ‘indignados’ del pasado 27 de mayo en Plaza Catalunya”.

Me niego a creer que un político honrado como el señor Puig se sienta orgulloso de lo que ocurrió el 27 de mayo. Más bien se sentirá decepcionado y avergonzado por no entender lo que realmente estaba pasando. Y cuando dijo la ya su frase célebre de “fui el único que entendió lo del 27, ¿no?“, se estaba refiriendo seguramente a otra cosa.

En todo caso, y sin duda, ha actuado como un auténtico fratricida al estilo de Berenguer Ramón II, condesito de Barcelona. Cualquier estadista con dos dedos de frente se habría dado cuenta de lo que está pasando realmente, a no ser que fuera un Cid que campeara alegremente a la búsqueda del mejor postor. Y ahora no importa si el mejor postor es Adigsa y su famoso 3%, que según sus pobres promotores de 3% nada, sino 20% a repartir entre la mafia catalana. O el mejor postor sea la Generalitat, de la que viene viviendo sin que se le conozca más oficio y beneficio que ese casi toda su vida.

Señor Puig, con todos mis respetos, que el único que no entendió lo que pasaba el 27M fue usted. Que de aquellos lodos vinieron estos barros, y que cuando usted llegó al Parlament en helicóptero estaba ya siendo juzgado por la corte de Alfonso VI de León, la misma que juzgó mediante una “justa” al mismísimo Berenguer Ramón II, conde de Barcelona, el cual murió en las cruzadas. Y políticamente hablando, señor Puig, usted acaba de morir en esta otra cruzada. Así que vaya buscando un nuevo taifa moro, porque aquí ya no se le quiere, ni a usted ni a los políticos como usted que carga hermanos contra hermanos, policías contra paisanos.  Que eso se hacía antes, con Paquito Franco, para mantener a ralla a rojos y masones. O vuelva en todo caso a su “FPG Enginyeria, Estrategies, Gestió i Desenvolupament, SL”, empresa que según las malas lenguas… En fin, no sigamos porque no hay por donde cogerlo…

 

Hace unas horas estábamos mirando desde una hermosa ventana de madera un espectacular paisaje de montañas y valles escarpados. La imagen, anestesiante, inmovilizaba a cualquiera en una meditación profunda sobre las cosas, especialmente sobre las cosas importantes y las prescindibles.

 

Ha sido un fin de semana maravilloso, rodeado de esas cosas esenciales que nos hacen mantener vivos. Subimos, por motivos varios, a la Val D’Aran. Allí estábamos fuera de la realidad, pero… Al final la realidad se impuso…

 

El PP ha arrasado.

El movimiento 15-M ha fracasado.

La sociedad civil ha fracasado.

El Sistema se impone.

¿Qué hacer ahora?

Temas serios para mañana…

 


Estos días la plataforma “Democracia Real Ya” ha conseguido congregar a cierto número de personas que bajo el lema de “No somos mercancía de políticos y banqueros. No les votes“, han salido indignados a la calle para demostrar el hartazgo que soportan. Los que llevamos tiempo observando la evolución de la crisis, miramos con asombro como la paz social no se quebranta, aún a pesar de que los datos alarmantes de paro, morosidad, quiebra de empresas y familias y desahucio de hogares enteros están al orden del día, aumentan cada vez más. Mientras que los países árabes reaccionan ante situaciones inaguantables, aquí parece que andamos tan atónitos que esa perplejidad nos inmoviliza y nos aquieta, intentando ver en la esperanza y el futuro cheques de cambio con valor real. Aquí preferimos dejar nuestros coches en casa porque no podemos asumir el coste elevado de la subida del petróleo, dejando de viajar porque además el transporte público, especialmente el tren, se ha vuelto elitista e inaccesible con precios imposibles, antes que protestar por la incontrolada subida. No nos quejamos. Seguimos aguantando los envites a pesar de todo.

Para muchos antropólogos, el ser humano carece de instintos. Más bien disponemos de reflejos de los mismos que se interpolan en nuestra materia psíquica. O como dicen las teorías freudianas, no tenemos instintos, pero sí pulsiones. Pero en esta crisis, el ciudadano medio español ha demostrado carecer incluso de reflejos y pulsiones. Su pasividad, tanto en la vida pública como en la privada, ha sido manejada con cierto alivio por las capas de poder, administrando cada noticia negativa de forma prudente para no despertar ningún tipo de entusiasmo anómalo.

Es evidente que existe, sin estar del todo desencantados de la Política en mayúsculas, esa que pretende organizar y trabajar de forma armónica por el ciudadano y la sociedad, sí cierto asqueo por la política en minúsculas, esa que da rienda suelta a los más bajos instintos primarios, o en su defecto, a sus reflejos y pulsiones. El beneficio de la sociedad ha sido obviado en demasiadas ocasiones. Lo que ha primado, y esta crisis ha evidenciado, es que el político medio se ha apoderado del instinto gregario, acuñando territorios, o del instinto de supremacía, apelando al estatus que la casta política asume para sí. Su único interés ha sido llegar a lo más alto para luego mantenerse el más tiempo posible. Ese ha sido el interés político de los últimos treinta años.

Desde que en la época de la transición cruzáramos de una a otra orilla en pro de la democracia y la libertad, en el camino se han quedado ideales que han encasquillado un proceso hasta el punto de anquilosar y mancillar todo lo conquistado. Hemos creado un auténtico Leviatán al que cada día le nacen más cabezas. Un exceso de estructuras que se multiplican entre diputaciones, gobiernos autonómicos, senados inútiles y demás organismos que alimentan una y otra vez los favores, la endogamia política y los excesos de poder. Tenemos un problema político de primer orden, no por la ineficacia a la hora de gestionar verdaderas crisis, que también, sino porque esta crisis ha puesto al descubierto todo lo que se cuece en el caldero de nuestra política nacional.

Y mientras que unos y otros luchan hasta la saciedad por mantener el sillón, mangoneando las ideologías, apoderándose de sus principios y premisas y permitiendo atrocidades en nombre de cualquier sistema, los demás, los sufrientes ciudadanos, o en nuestro caso más concreto, los sufrientes súbditos de este virreinato arcaico y caduco, asumimos el coste de todo lo que ocurre.

La crisis económica ha evidenciado que el Sistema, tal y como está construido, es deficitario, está caduco y necesita una revisión profunda. La clase política está sobredimensionada, las estructuras y el Estado han engordado en exceso. Hay excesivas instituciones multiplicadas, exceso de puestos de confianza que no aportan nada, exceso de gobiernos múltiples, de delegados múltiples, de personas cuya profesión no es otra que la política, desproporción de privilegios insoportables para cualquier moral social.

Esta crisis ha puesto en tela de juicio a nuestra economía, nuestros valores y nuestros modelos de desarrollo y convivencia, pero sobre todo, a nuestra clase política. ¿Qué hacer? ¿Cómo demostrar a lo político que el verdadero poder recae en los ciudadanos? Quizás, y tal y como se escuchaba estos días en la calle, deberíamos ejercer nuestro poder de forma clara y concisa. ¿Y si en las próximas elecciones no fuéramos a votar? ¿Y si nos quedáramos todos en casa y obligáramos a la casta política a revisar todo el modelo? ¿Y si esa pasividad demostrada en estos años también la ejercemos el día 22? Sea como sea, la paz social, que también podría traducirse como madurez social si fuera realmente eso lo que corre por nuestras venas, debe empezar a demostrar que las riendas de su destino se ejercita aplicando todo aquello que sea necesario para ejercer el cambio. Y ese cambio, en nuestro interior, se está pidiendo a gritos.

 

Artículo aparecido en el foro de la Fundación Civil: http://www.fundacioncivil.org/2011/05/y-si-no-fueramos-a-votar/

Zapatero

 

Hablaba la semana pasada sobre la soledad del poder en un entorno de personas que en alguna etapa de su vida han podido ejercer algo de poder. Esa soledad a veces es palpable por la dificultad y la responsabilidad de tomar decisiones difíciles y que, de alguna u otra forma, influyen a personas que dependen directamente de esas decisiones. Zapatero ha debido de pasarlo mal, muy mal. Ha sido en estos años de crisis el muñeco de vudú que ayudaba a la psique social española a desahogar su frustración. Todas las culpas de lo que ha pasado y pasa siempre recaían, en los bares, en las calles, en los taxis, en los metros y en el trabajo al presidente Zapatero. ¿Cómo se soporta ese peso? ¿De qué substancias se crea ese tipo de resistencia? No debe ser fácil soportar ese peso, así que no me parece un cobarde el que haya tomado la decisión de no presentarse a la reelección. Me parece un acto valiente, porque lo hace con la responsabilidad de tener por delante un año muy difícil, en el que, esperemos, no bajará la guardia.

¿Estrategia política de la izquierda? ¿Presidente en funciones, como lo llama la derecha? Bueno, ahora vendrán más linchamientos… Y en eso le doy la razón a Zapatero. La rancia derecha que pretende gobernarnos basa sus programas en la crítica feroz a su contrario. Patético… Espero que la rancia izquierda no caiga ahora en la misma tragedia o tentación. Zapatero es joven. Hoy decía en voz alta que quizás a Zapatero le pase como a Jimmy Carter. No tuvo mucho éxito como presidente de su nación, pero sí como expresidentes y estadista nacional o internacional. Sea como sea, le agradezco su trabajo y le deseo el mejor de los futuros. ¿A quién culparemos ahora de nuestras desgracias?

 

Lo de Libia me ha dejado de nuevo estupefacto. No sé cuantos conflictos habrá hoy día en el mundo, lo que sí es cierto que dichos conflictos tienen siempre que ver con los recursos naturales que esos países poseen y los intereses de unos y otros por hacerse con los mismos. La geopolítica realmente se puede entender por la administración y control de dichos recursos, atentando contra las soberanías nacionales si dichos recursos caen en manos equivocadas. Libia tiene mucho petróleo, y además, ha sido un gran comprador de armas en todo occidente, también un negocio lucrativo para economías que arrastran crisis y que necesitan vender lo que haga falta. Productores de armas de Francia, Gran Bretaña, Italia y Rusia, con apoyo de sus respectivos gobiernos, han mantenido un intenso intercambio comercial con Libia en los últimos años. Además, existen intereses entre libios e italianos en la fábrica de armamento italiana Finmeccanica. España, el sexto exportador de armamento del mundo (de vergüenza)  vendió armas a Libia por un valor de más de dos mil millones de euros.

¿Y a quién vendiamos armas tan alegremente? Véase la irresponsabilidad Occidental a la hora de jugar a la geopolítica. He aquí un breve curriculum de Gadafi:

 

Durante décadas ha sido acusado de patrocinar el terrorismo y la insurgencia armada en terceros países dando financiamiento a organizaciones terroristas de orientación anticapitalista revolucionaria como las FARC en Colombia, el IRA en Irlanda, y ETA en España, así como dio especial apoyo a las organizaciones terroristas palestinas contra Israel.5 6 Entre los atentados terroristas en los que Gadafi es acusado de estar involucrado se encuentran la Masacre de Múnich en 1972, la bomba en la discoteca berlinesa La Belle en 1986, el derribo del Vuelo 103 de Pan Am en 1988 y del Vuelo 772 de UTA en 1989.5 Su propósito, desestabilizar las naciones y derrocar los gobiernos afines a Occidente.5 6 Así mismo desarrolló dentro de Libia armas de destrucción masiva6 7 como las que tiene Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China, Israel, Pakistán, India, o como las que durante los años 80 vendió la OTAN a Irak.

 

Claro que sí, dicen algunos. Pero si negociamos con ETA, también habría que hacerlo con violadores, asesinos, delincuentes, ladrones y demás presos que se encuentran en la cárcel. ¿Por qué negociar con unos y no con otros? ¿Qué diferencia hay? Yo no la veo… Así que si negociamos con un asesino de ETA también tenemos que negociar con un asesino común, y con un ladrón de coches y con un violador de menores. ¿Acaso la sangre de unos es más negociable que la de otros? Me parece increíble el debate… Lo que ETA y sus “muchachos” tienen que hacer es dejar las armas, pedir perdón, cumplir sus penas y empezar de nuevo sus vidas. Si quieren independencia que se metan a políticos profesionales y luchen por sus ideales con la palabra, y no con las armas. En pleno siglo XXI, creo que la era del cromañón pasó hace mucho tiempo, y ni la gente vive en las cavernas ni se matan por la calle por pensar de forma diferente… Al menos, ese es el siglo XXI que todos deseamos… Y no es esto un discurso radical –el no negociar con asesinos de una banda terrorista-, lo radical es vivir asustado toda tu vida porque no sabes si te van a matar o no. O peor aún, lo radical es tener que llorar un muerto porque algún día decidió meterse a político, guardia civil o juez. Eso sí que es radical, y aquí no valen medias tintas… No se puede justificar a ETA, ni rendirle ningún tipo de homenaje o tregua o negociación. Los héroes de la patria pasaron a mejor vida. Ahora queremos héroes de la sociedad, no héroes de ninguna patria, ya sea vieja o de nuevo cuño… Lo que vale son las personas, y no los territorios, y un patriota que mata por una patria es un gorila, un cromañón de las cavernas, y no una persona de carne y hueso…

La paz no se puede negociar… es un estado del ser, es un derecho de la sociedad. Se está en paz o se está en guerra… Y la guerra ya no se lleva, no está de moda, no mola, no interesa, escuece y hace subir el petróleo o el precio de los seguros de vida. No queremos más tripas en la calle, ni más miedo, ni más complicidad con los “muchachos”… La bajada del monte significa pagar las deudas pendientes y volver al redil… al menos al redil humano…

 

2011 se va a recordar por muchos motivos.  Ni siquiera llevamos dos meses y ya han ocurrido cosas importantes que están cambiando el aspecto geopolítico del planeta. La revolución árabe en sin duda un acontecimiento importante que puede cambiar el sentido de muchas cosas. Los países democráticos esperan que el proceso revolucionario termine con la conquista de libertades y derechos inexistentes hoy día en muchos regímenes dictatoriales. Pero existe el temor de que dichas revoluciones terminen como pasó en Irán, es decir, pasar de regímenes autocráticos a otros teocráticos. En ese caso, las dictaduras llamadas blandas serían añoradas por muchas democracias que veían con cierta simpatía este juego de delicados equilibrios. Pero los pueblos, los verdaderos portadores de la antorcha de la libertad, sabrán articular con sabiduría este proceso irreversible. El mundo árabe necesita un cambio radical, y ese cambio radical y camino hacia la libertad y los derechos acaban de comenzar.

Dublín ha vivido una convulsa protesta contra la Unión Europea en particular pero también contra los estamentos que pretenden orientar la crisis que asola como un nuevo fantasma a todo el continente. Grecia, pero también, no lo olvidemos, Letonia e Islandia y ahora Irlanda y posiblemente otros caerán en un juego de dominó cuyo final no se puede predecir.  La inquietud y la incertidumbre crece y ya se habla de que esta crisis puede llegar a tambalear o destruir definitivamente el proyecto ideal de la Unión Europea. Los euroescépticos afilan los cuchillos y proyectan la idea de que el error del euro, la eurozona y la Unión Europea en general era evidente. A pesar de que la economía de la Unión Europea es la más grande del mundo superando a la de Estados Unidos en mil millones de euros, muchos ven en los recientes problemas estructurales un momento ideal para reivindicar el nacionalismo estatal y la soberanía nacional de sus estados miembros.

La crisis financiera ha evidenciado la fragilidad de todo el sistema y como madre de todos los males se apunta al experimento europeo y al euro. Pero este no ha sido un problema europeo exclusivamente, sino del sistema financiero en general y del excesivo endeudamiento de Estados y ciudadanos en particular. Los inversores recogen los beneficios cuando todo va bien, pero han sido los Estados, y por lo tanto, sus ciudadanos, quienes se han ocupado de las pérdidas cuando todo ha ido mal. ¿Es la solución nacionalizar la banca para que el dinero esté en manos de los ciudadanos y no de gestores privados que aprovechan la coyuntura para apuntalar ese popular dicho de que “la banca siempre gana”? Estas preguntas no entran al fondo de la cuestión del diseño de la política financiera pasada, presente y futura.

Por eso el problema va más allá de un simple hecho financiero. Algo se cuece en las entrañas del Sistema, pero sobre todo, algo se cuece en el espíritu humano por encima de los efectos colaterales del calentamiento global y la crisis financiera. Europa está luchando cara a cara con su destino. Y también el modelo ideal, nacido quizás de la Ilustración, de una Europa unida, y por lo tanto, extensamente, de un mundo unido, al menos, un mundo unido quizás más en las tesis altermundialistas que en las exclusivas posturas neoliberales. El proyecto europeo ha sido el experimento en cubeta para un proyecto más ambicioso que engloba a la que será la tercera unión de todos los pueblos tras el fracaso de la Sociedad de Naciones (SDN) y las Naciones Unidas (ONU). Un proyecto que ya se está gestando en los estamentos del Espíritu Libre y el ADN psíquico de la humanidad.

Pero la tensión crece a medida que la crisis repunta y se endurece. La burbuja inmobiliaria ahogó a los bancos y estos ahogan, mediante la carencia de créditos, a las empresas. La asfixia se generaliza y pronto serán los estados los que se verán afectados por la misma, si es que ya no lo están notando a la vista de las drásticas e impopulares medidas adoptadas por la mayoría de los países.

Hay miedo y el descontrol puede provocar el caos y el caos la destrucción. La moneda única, proyecto que nació del alto ideal de la unión de los pueblos tambalea y sufre los envites de la crisis. Trichet advierte que su futuro se jugará en 2011. Algunos analistas esperan lo peor.

Es por eso que el ideal de la Unión sufre los envites de la crisis con fuerza, una fuerza que de ser mal regulada podría ser desperdicia en el vacío. Por ello prima la necesidad de regular con serenidad esta situación. Todo lo que no está regulado por la inteligencia termina en un retroceso perjudicial para la humanidad. La destrucción y la ruina es el resultado de la falta de rectitud y aplomo en tiempos difíciles. Por eso sólo podemos avanzar, no hacia la destrucción de Europa (¿otra vez?), sino a reforzar su unión política, social y financiera.

El miedo siempre ha provocado guerras y las guerras siempre han provocado dolor y sufrimiento innecesario. Y ahora las guerras nacen del fracaso, de la pérdida de rumbo, de la falta de coraje y decisión. La ignorancia y la miseria podrían apoderarse definitivamente del alto ideal y hacer desplomar un imperio que persigue el bienestar de los pueblos y la unión de sus naciones. El apetito animal podría imponerse a la saciedad humana. La tiranía de la ignorancia y el miedo podrían apoderarse de la razón y la armonía, de la belleza y el progreso humano.

Los legisladores han procurado siempre, ante el temor de que la turba humana acabara descontrolada y sin control, administrar y gobernar buscando el bien común mediante la aplicación del intelecto. La inteligencia ha sido para el pueblo como la aguja de la brújula es para el barco: el alma que nos guía y nos dirige. Pero, ¿qué ocurre cuando el pueblo es guiado por mediocres y el alma está orientada hacia un mar de confusión? ¿Cómo retomar la esencia de los sabios? ¿Cómo hacer que las autoridades públicas vuelvan a la limpieza de corazón y al alto ideal del progreso humano? Los corazones se han venido abajo, las consciencias están encogidas, perturbadas, perdidas, las almas han abandonado el espíritu de la consciencia. ¿Cómo recuperar el valor humano? ¿Cómo endurecer el camino para crear y recordar nuestras propias esencias? ¿No es acaso el ideal de la Unión Europea mucho mayor que el sufrimiento de su pérdida?

Nuestra crisis, la crisis del Sistema, no es más que una pérdida de orientación basada en la superstición, el despotismo y el prejuicio que asola a toda la humanidad en su conjunto. Los políticos se han alejado del pensamiento, de la profundidad del pensamiento que es una energía noble y ostenta la soberanía de guiarnos y gobernarnos con sabiduría. Los motores que siempre nos han guiado, la verdad y el amor, han sido sustituidos por la falsa y el egoísmo. El derecho y la justicia, mecanismos que creamos para el progreso de nuestra humanidad, ha caído en manos del mediocre sentimiento y la disciplina de lo vulgar.

Las revoluciones han fracasado. El hombre ha fracasado. Por eso es necesaria la reconstrucción del hombre y de la humanidad. El progreso del género humano exige que los altos ideales brillen con nobles y perdurables lecciones de coraje. Necesitamos de ese coraje para encarar el futuro y el presente. Por eso necesitamos fijar de nuevo la atención en el alto ideal. Por eso debemos realizar un doble esfuerzo por reconducir la idea de una Unión Europea como ejemplo de convivencia, paz y progreso.

Lo que ocurre solo es una prueba para fortalecer el ideal, para afianzarlo y protegerlo, para inyectarle una dosis de vacuna que permita fortalecerlo para futuros envites. Más allá de la crisis hay un bien común al que servir, y los ideales están ahí para ayudarnos.

Paseaba hoy por el bosque colindante a mi casa. El sol otoñal, el sonido de los pájaros, el verde que todo lo cubre y las florecillas que nacen por todas partes hacían del paseo algo agradable a la vista y el alma. A la vuelta regresé por el sendero del Águila y de repente observé de nuevo como la vocación humana seguía su curso destructor. Había unas bonitas vistas del bosque de encinar, de la vega del Guadalquivir al fondo, de la sierra y el valle y de las montañas de Granada y Málaga a lo lejos cubiertas por la neblina. El cielo andaluz está radiante en estas fechas. También la nueva residencia de la tercera edad, casi acabada -y abandonada a su suerte- y reluciente bajo el sol. Ante el sol y los escombros de los vecinos, de la plaga humana que acumula y amontona bajo el beneplácito del poder establecido todo tipo de basuras. La imagen dantesca. Todo el pueblo en obras para poder decir en las próximas elecciones todo cuanto se ha hecho en ladrillo, pero ni un ápice de conciencia a la hora de limpiar eso que los propios vecinos, en su cínica inconsciencia, en ensuciado día tras día. Sí, bonita la estampa otoñal, pero majadera la reflexión que sacas al final del camino… absorto por las contradicciones de la naturaleza humana y el sinsabor de la dejadez y la ignorancia. Así se rebela la masa, a base de estupidez, incivismo e inopia.

El sábado pasamos por casualidad por la manifestación que se había organizado en la Plaza del Sol de Madrid con motivo de las reivindicaciones sobre el Sahara Occidental. La postura de España no puede ser más que ambigua. Reconocer la soberanía del pueblo saharaui crearía un conflicto con Marruecos, la cual aprovecharía para reivindicar su soberanía sobre Ceuta y Melilla y quién sabe si algún día también, puestos a pedir, sobre las Islas Canarias. El tema de las colonizaciones es un tema no zanjado aún para ese territorio. Tampoco los problemas de la independencia, la autodeterminación y demás cuestiones nacionales. Resulta difícil valorar qué territorios tienen derecho a la autodeterminación. A mi parecer, todos los que libremente así lo decidan. El problema es cuando una minoría política impone cuestiones de ese tipo: véase lo que ocurre en Euskadi y Cataluña. Pero es que además Marruecos mantiene buenas relaciones comerciales con España, incluidas, valga la paradoja, las que tienen que ver con armamento. Así que el problema del Sahara puede ser comercialmente rentable para España en cuanto que Marruecos nos compra armamento precisamente para defenderse o atacar al Frente Polisario del Sahara. Más surrealista no puede ser la situación. Ni tampoco más cínica y embustera.

“Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. Antes de la caída de Bidart, en 1992, querían estropear los Juegos Olímpicos, tener una proyección universal… No sé cuánto tiempo antes, quizá en 1990 ó 1989, llegó hasta mí una información, que tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía. No se trataba de unas operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo: nuestra gente había detectado -no digo quiénes- el lugar y el día de una reunión de la cúpula de ETA en el sur de Francia. De toda la dirección. Operación que llevaban siguiendo mucho tiempo. Se localiza lugar y día, pero la posibilidad que teníamos de detenerlos era cero, estaban fuera de nuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. Ahora habría sido más fácil. Aunque lo hubieran detectado nuestros servicios, si se reúne la cúpula de ETA en una localidad francesa, Francia les cae encima y los detiene a todos. En aquel momento no. En aquel momento solo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. Ni te cuento las implicaciones que tenía actuar en territorio francés, no te explico toda la literatura, pero el hecho descarnado era: existe la posibilidad de volarlos a todos y descabezarlos. La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto. No te estoy planteando el problema de que yo nunca lo haría por razones morales. No, no es verdad. Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años. Esa es la literatura. El resultado es que dije que no”. Diario El País, 7-XI-10

Al salir de la fiesta política de nuestro particular Tea Party, algunos decían que era incomprensible que personas que ni siquiera tenían el bachiller pudieran gobernar un pueblo. Un panadero, una camarera y un guarda de seguridad han sido sus tres últimos dirigentes. Por supuesto, no estoy en nada de acuerdo en esa afirmación, a pesar de que cierta formación no viene nunca mal para organizar un presupuesto que supera más del millón de euros y para administrar una entidad que gestiona cientos de puestos de trabajo, nóminas, negociaciones a todos los niveles y el bienestar de más de cuatro mil personas. Y no estoy nada de acuerdo porque una de las conquistas de la democracia es precisamente dotar de los mecanismos necesarios para que cualquiera que lo valga pueda llegar a ser alcalde o presidente de un gobierno, ya sea éste jardinero o ingeniero. Otra cosa es cuando el jardinero o el ingeniero o quién sea se comporta de forma bochornosa, tal y como presenciamos en el circo de ayer. La verdad es que cualquier observador ajeno a la realidad peculiar de este pueblo podría haber aprovechado la ocasión para, cámara en mano, grabar una película digna de Almodóvar. Una cosa es segura, en Hornachuelos no necesitamos cine o circo, ya lo tenemos los jueves de pleno.  Cuando se pierde la compostura, las formas, se ataca en lo personal y se pierden los papeles de uno y otro bando el mal gusto se apodera de la política y la seriedad desaparece. ¿Qué decir de la confianza? Realmente, a los que mirábamos el espectáculo desde las gradas solo nos faltaban las palomitas y los kikos, porque aquello fue de película. Así que os recomiendo que vengáis a los plenos de mi pueblo porque no tienen desperdicio. La fiesta está siempre garantizada, y el bochorno, a los más sensibles, también. Supongo que de todo esto surgirá un movimiento al que llamaremos “Cortao’ Party” para emular al americano, eso sí, con nuestra peculiar gracia.

Los filósofos siempre han sido amigos de la verdad, o al menos amigos de sus verdades. Los políticos utilizan la verdad o las verdades, pero también la mentira y las mentiras para transformar la realidad según la conveniencia del momento. A veces resulta de mal gusto el hacer las cosas para quedar bien con el resto del mundo. Podría ocurrir que el resto del mundo estuviera equivocado y solo la apuesta por hacer lo que uno piensa que es coherente para el momento pueda darle fuerzas para continuar. Si lo que es bueno para uno resulta ser veneno para otro, ¿cómo buscar el ansiado bien común? Para muchos, lo que puede ser disfrutado en bien común carece de valor. Es por eso que Nietzsche, que desconfiaba del ser humano nos advirtiera de que las grandes cosas son para los espíritus elevados, los abismos para los espíritus profundos, las delicadezas y los estremecimientos para los delicados y las rarezas, para los raros. Obama, que no parece de este mundo, seguramente tendrá que refugiarse pronto en alguna montaña, en algún abismo, en algún estremecimiento o, si la cosa va bien, en alguna rareza.

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