Poesía

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Serenidad

“Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar…
Valor para cambiar las cosas que puedo…
Y sabiduría para saber la diferencia…”

Ese es el sonido que me acompaña estos días… Cada hora reclamando su segundo, cada instante una eternidad de despropósitos… Un anhelo inmemorial, agotado, con su profundo regreso a la oscuridad errante. Ahora entiendo todo lo que se desplegó ante mí… Entiendo como el universo es capaz de ofrecernos los mayores regalos jamás imaginados y como nosotros nos encargamos de mancillarlos, de aborrecerlos, de enterrarlos en nuestros dolores y partos. Sobre lo verdadero y lo falso no sabemos nada. Hoy terminará un nuevo día y no sabremos nada sobre el mundo y sus sueños.

Por suerte la esencia está intacta, por lo que de nuevo se abre el vasto dominio de la experiencia. Por eso no abandono las ansias de que cada día sea extraordinario. La poderosa obra continua. Emitiré los alaridos por el techo de este mundo porque deseo seguir soñando. Alejado de la mediocridad, del ruido infernal del no hacer nada, de no pensar nada, de no sentir nada. La vida por delante grita con su clamor para que estemos alertas, atentos a todos los regalos que han de llegar.

Los náufragos esperan su norte mientras el océano, tan misterioso, los acoge dócilmente. Me he atrevido a abrir la boca aunque el eco solo salpique la inmensidad que mece los tableros o un puñado de arena. Mi yo real está de pie, inmerso en su profunda meditación, contemplando el horizonte a la búsqueda de la sabiduría del mañana. Impasible, ileso, apartado de todo decoro. Plantado en su vertical perfecta, vigilante y expectante ante el imperio de la calma.

Serenidad, valor y sabiduría. La triada perfecta para contemplar el mañana y seguir adelante… ¿Quién anda por ahí anhelante?

Poetas del 15M

La amiga Julia ha creado un blog (http://poetasdel15demayo.blogspot.com/) donde poetas de mil batallas participan activamente como forma artística de estar ahí, apoyando el movimiento y el espíritu que lo mueve. Le he propuesto recopilarlas para un poemario senequista, y a la vez, he participado con una modesta aportación del alma:

 

Solidarios del Crisol

 

Serena marcha,

Serena y mansa.

Doliente, indignada.

Propensa, enjaguada.

 

Dolor y rabia.

Hartazgo ardiente,

en una plaza yerma,

ahora radiante y plena,

dicen, que de gente.

 

Un grito y una llama,

Una voz y esperanza.

Acampada la sed,

Hambrientas las ganas.

 

Lucha, primavera y alma.

Espíritu rebelde, firme.

Solidarios del crisol,

Del crisol del 15M,

Que arremeten, y empujan,

Que esperan y actúan,

Que cansados y asqueados,

Exigen, reclaman, no sólo un cambio,

Sino muchos.

 

Unidos, desolados, respetados,

Ansiosos, impacientes, justicieros.

 

Renovado el espíritu,

De nuevo se grita,

El alma surge,

Renace la brisa,

Hambrientas las ganas,

Doliente, indignada,

La gente clama,

En todas las plazas.

 

La pasada ha sido una semana dura… Quizás por la Luna, tan cerca de la Tierra… he impregnando tan poderosamente en las emociones que fluyen en sus mareas como agua de mar… Culpemos a la Luna de las emociones buenas y de las menos buenas, sobre todo, de las explosiones que ha ocasionado en ese plano astral tan movible y que tan humanos nos hace. Culpémosla a ella y salvemos nuestra alma… A fin de cuentas, la humanidad actual se desliza suavemente entre el arbitrio de la virtud y la emoción, intentando conjugar todo cuanto puede para seguir adelante. Y seguir adelante cada día resulta más difícil porque cada día arrastramos más pasado quedando menos crédito de futuro.

Semana dura en lo interior y en lo exterior, pero eso también nos sirve para tomar consciencia de nuestra fragilidad, especialmente cuando nuestros defectos y debilidades empañan a nuestro prójimo. Por eso esta mañana, entre arrebatos de tristeza pero aún tan lleno de esperanza, he querido regalar un poema de Benedetti, aprovechando que hoy es el día mundial de la poesía. Y la tristeza no ha sido mala, sino un alivio, porque a veces necesitamos el roce suave de algo que nos tranquilice el alma. Y la tristeza es como ese bálsamo penetrante que suaviza el dolor y el sufrimiento mediante el consuelo y el desahogo. A veces va bien estar tristes o melancólicos para soportar el peso leve de nuestra existencia. Y a veces está bien que acompañemos esa tristeza con cierto llanto. Eso no es símbolo de debilidad, como piensan algunos. Todo lo contrario. Sólo los valientes son capaces de hacerlo. El débil prefiere esconderse y disimular todo cuanto siente. Lloremos pues como los valientes, lloremos como lo hizo el Cid, “los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando”, decía su Cantar… Pero mejor os dejo el poema de Benedetti, que está cargado de ternura y esperanza:

 

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

 

Ítaca

Cuando partas hacia Itaca…

pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.

Konstantinos Kavafis (1863-1933), poeta griego

Ayer escribía algunos capítulos de mi pequeña novela Alexandra. Me imaginaba en algún balneario suizo, como aquellos que frecuentaba Herman Hesse para escribir sus increíbles cuentos. Quería estar allí, alejado de este asfixiante calor, junto algún lago rodeado de verde y frescor mañanero, escribiendo sin parar todo cuanto se me ocurría. Pero el lago no pudo ser otro que la manguera del jardín y el verde el rostro seco de algunas plantas que aún sobreviven a este infierno. Aún así pudo servir para imaginar los viajes del joven Atis y los miedos infecundos de la bella Alexandra. Ambos personajes parecían tomar vida en ese hermoso arte creador de la palabra. Y mientras narraba el octavo capítulo, se me ocurrió, de forma paralela, escribirle a ella, a mi otra Alexandra, a mi otra princesa, un par de versos: “al final del día besaré tu piel y tu corazón. Tus labios sobre los míos harán calma la espera. La luz de tus ojos serán mi lámpara esta noche. Hoy serás mi sur...”

No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

NO TE SALVES,
de Mario Benedetti

Expiración

Tierna lira, arremete cuando el espantoso viaje concluya.

La música que no llegue en ese instante será porque el silencio arrasó su tierna rozadura.

Por ello los pórticos salivarán cuando la madera cruja y el aire traspase su último aliento.

Junto a la luz amarillenta que perfume la oscuridad doliente, esa que promueve la ilusión de todo cuanto hubo pasado y ya no existe.

Y allá, en el más allá, el estruendo, increíble insensato que desnuda el añil del árbol, que provoca la retirada sutil de la esfera taciturna.

Agua, sálvate, agua, tiembla, corre, penetra.

Fuego, brillante aliado, no me dejes alejado, murmulla en el baladro final.

Tierra, húndeme.

Aire, que expiras y conspiras, llévame.

“Sola Maga, despierta.
Despierta escondida entre la niebla,
parte sedienta a librar la promesa.
Conjura connmigo, conjuro con ella.
Ante mí tu rostro y a mis espaldas tu fuerza,
encima tus alas y debajo regresas…
No pierdo de mí tu memoria.
Canta Maga, canta promesas…
Despierta escondida.
Despierta…”
(Ilustración: Mujer en Ventana – Rafael Ramírez. Pintura al óleo, 2009)