Mística

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Lo justo sería que todos viviéramos bien. Que todos pudiéramos disfrutar algunas vez de los lujos que en estos días estamos disfrutando. Que al mismo tiempo, todos pudieran tener la oportunidad de ayudar al otro, en lo que fuera. Nosotros estos días lo intentamos robando sonrisas a los niños. Pero también esperanza. Porque cuando un niño ríe, se abre una inmensa puerta de esperanza. Y esa esperanza viene de la crisis que se avecina. Porque esta crisis que estamos viviendo solo es la punta de un iceberg inmenso.

Estamos en los inicios de una gran transformación a nivel planetario. Ya hubieron otras en el pasado. La naturaleza ha sufrido grandes cambios, grandes transformaciones, grandes crisis que han terminado en producir algo mejor, una nueva consciencia, un nuevo despertar, una nueva iluminación. Lo vemos en el reino mineral, cuando desde la opaca roca, el universo de la oscuridad doy paso a los cristales que dejan pasar la luz, a las piedras preciosas, a los diamantes. También lo vimos en el reino vegetal cuando el frondoso verde quiso desplegar aún más belleza y riqueza dando nacimiento a las maravillosas e increíbles flores. Y luego, esa increíble transformación del reino animal. Tenemos el ejemplo de los reptiles, seres que se arrastran por la tierra hasta que un día decidieron volar y convertirse en pájaros de todos los tamaños y formas. ¿No es esta una iluminación increíble, un cambio de consciencia fascinante?

El humano también ha vivido diferentes transformaciones, y ahora estamos en la antesala de un increíble cambio de consciencia que nos ha de llevar desde la consciencia del ego, del egoísmo, a la consciencia del nosotros, de la generosidad, del amor incondicional. Ese es el nuevo cielo y la nueva era que muchas tradiciones pregonan. Esa será la nueva iluminación que la naturaleza perpetuará en nosotros. Por eso es necesario que nos iluminemos los unos a los otros para que la iluminación sea colectiva y el egoísmo, el poder, las guerras, la vanidad y el terror deje paso a la generosidad, el amor y la alegría.

La oscuridad del ego solo puede desaparecer con luz, más luz. No se puede vencer al ego combatiendo contra él. No podemos vencer nuestros traumas, ni nuestras miserias. Solo podemos transformar nuestras vidas con el ejemplo activo, con la llama del hacer, con los pequeños gestos del día a día. Esa es la luz del mundo, y esa es la llama y la chispa que debemos compartir.

Acostumbrados a ver la vida desde el mismo ángulo, normalmente sesgado y reducido, hoy experimentaba sobre la forma de contemplar un mismo mensaje, una misma situación, un mismo momento. Recibía estos días una carta anónima con una bonita mariposa de cartón y un breve mensaje hermoso y esperanzador: “Transformación y libertad, valentía y renacimiento. ¡A volar Javi! ¡Abrazo eléctrico!” Quería hacer una foto a la carta para dar desde aquí las gracias por tan bonito detalle, simbólico como a mi me gusta, y sentido. Y al buscar el mejor ángulo para hacerlo, me daba cuenta que la palabra no es la cosa, como tan bien nos explicó en su día Krishnamurti. Pero la palabra, que siempre es creadora, nos permite transformar y poner en movimiento la inteligencia, que no es más que un producto que el universo ha creado para pensarse a sí mismo, y de paso, recordarse.

Somos como un vaso que contiene la inteligencia, y esta, a su vez, es un recipiente algo más amplio que contiene la consciencia. La consciencia de sí mismo y la consciencia del nosotros enmarcada en una realidad mucho más amplia y compleja. Liberarse de lo conocido, vaciarse de todo aquello que generación a generación hemos heredado. La ausencia de ignorancia no es tener muchos estudios o mucha inteligencia, sino la facultad que cada uno tenemos de explorar nuestras consciencias.

Estos días experimentaba eso mismo con personas de gran consciencia de sí mismos que se mantienen alerta para poder seguir creciendo desde dentro, comprendiendo las sabias palabras del anónimo amigo o amiga: Transformación y libertad. Libertad para seguir transformándonos y transformación para ser cada día más libres de nosotros mismos, de nuestros ropajes culturales y sociales y de nuestras cadenas ancestrales. Y para ello, valentía y renacimiento constantes… De nuevo ese necesario saber, querer, osar y callar. De nuevo ese interior agradecimiento cuando esta mañana, encendiendo la chimenea y viendo como llovía ahí fuera, sentía la necesidad de dar gracias por ser como soy en esos pequeños actos. Gracias anónimo por la inspiración, y por la carta…

(Fotos: Tres perspectivas para una misma situación, en un mismo tiempo y un mismo mensaje. Sin embargo, cada foto, cada perspectiva, evoca cosas diferentes, sensaciones diferentes, pensamientos diferentes. Así captamos nosotros la realidad, de forma multidimensional. La cuestión de como sentimos, de como pensamos y actuamos tiene mucho que ver con la perspectiva que aplicamos a la realidad, de ahí que la palabra no sea la cosa, y de ahí que las cosas no sean aparentemente como las vemos, las sentimos o las experimentamos).

Querido Magos,

Tenemos sed de justicia, hambre de amor, necesidad de paz, anhelo de humor.

Pero en verdad, no deseamos nada para nosotros. Todo para ellos. Y cuando estén saciados, si sobra algo, deslizaremos nuestras manos francas para que posen en ella cualquier resquicio de amistad, de ilusión, de alegría.

Nuestra espada ya es corta. Pero entregamos nuestra lanza de luz y sus agudas flechas para que lleguen hasta ignotas lejanías. Porque de todos es sabido que cada batalla tiene su propia armadura y sus útiles armas, pero en esta, en la que estamos embarcados como raza, solo la responsabilidad ante las posesiones del espíritu podrá hacernos dignos sin vacilación alguna.

Queridos magos… Ya no queremos más cosas. Sólo alegría, paz duradera, amor sentido, esas centrífugas experiencias que han de colmar nuestras vidas antes de apartarnos al círculo eterno. ¿Simplificar o complicar? Hasta un niño sabría qué elegir, por eso hoy, como niños, solo pedimos que simplifiquéis nuestras vidas, que las hagáis plenas de logros y conquistas, pero no para nosotros mismos, sino para dar gloria a los otros, para que nuestro estado triunfante sea repartido en bien de los demás.

Queridos magos, os deseo el mejor de los viajes de Oriente a Occidente, del Mediodía al Septentrión, y cuando reparéis en cada casa, en cada hogar, en cada ser que demanda, no olvidéis satisfacer sus ansias con hilos de felicidad…

Os invoco, queridos magos, para que la magia continúe…

En Vos confío…

La vida está basada en el intercambio de energías. La energía lo cubre todo y se manifiesta de múltiples formas. Como alimento, como amor, como sonrisas, como abrazos, como conocimiento, como luz, como fuerza… Cuando nos levantamos agradecidos todos los días, estamos compartiendo energía. Cuando nos acostamos de forma humilde y miramos en nuestro interior para valorar las acciones de la jornada, estamos amasando energía. En ese conocimiento directo que tenemos con la experiencia diaria, desarrollamos un tipo de energía, con su calidad, con su pureza, con su poder. A veces olvidamos la impersonalidad de esas acciones y olvidamos que cada palabra dicha, cada acto fingido, cada pensamiento nacido en el jardín de nuestra memoria provoca reacciones, evidencian síntomas y siembra semillas que darán sus frutos.

Hay cierta victoria en nuestras consciencias cuando la calidad de esa energía compromete a la belleza, a la alegría y a la enseñanza. De ahí la importancia de despertar vibrando en buena sintonía con el ambiente y dormir en buena sintonía con nosotros mismos. Si somos un buen acorde, si somos un trozo de cuerda que intercambia provechosamente la energía en el inmenso e infinito ciclo vital, seremos una hermosa esperanza para el mundo. Sintamos esa necesidad y estemos siempre alertas. La vida es compartir, la vida es relación.

Unos días de aislamiento voluntario en una especie de “cueva” fría y desconectada del mundo me han venido bien para ver la vida de forma diferente, pausada, con un ritmo más acorde con los tiempos que se aproximan. Cuatro días sin Internet, sin teléfono, en silencio, en ayuno, en meditación u oración según la hora del día y según el momento, solitario, ausente, inmóvil. La ausencia de estímulos externos hace que la mente se calme y los pensamientos se desaceleren. Las emociones se recolocan y se apaciguan, la energía vital se recompone, el cuerpo descansa, los canales se alinean ante la pureza del momento y el alma, aliviada, entra con fuerza y habla desde el silencio y la senectud.
Se crea una chispa de luz, pequeña pero suficiente para alumbrar en la noche oscura. Aparecen los “tejedores” y la luz se expande poco a poco como una malla sedienta. La mente se desarrolla acorde al nuevo estímulo y su poder se acrecienta.
La autoiniciación, de obligado cumplimiento para aquellos que no comen carne ni tienen televisión y practican el celibato y se abstienen de beber alcohol y de fumar, no pretende ningún tipo de perfección, únicamente pretende cierta luz, cierta visión de las cosas. Y esos pequeños secretos que se desvelan tras el velo no son sino cosas sencillas que pretenden conferir a la vida un sentido diferente.
No se encuentra ningún tipo de pureza en esos actos, ni se pretende porque lo que es puro no puede de momento pertenecernos. Pero sí se pretende cierta ligereza de equipaje que nos ayude a ir aún más lejos, cierto balón de oxigeno que nos impulse a caminar con la mirada recta y el corazón abierto. Estar limpios por fuera ayuda a que la contaminación interior no nos nuble en exceso. Por eso el espíritu, cuando tiene la posibilidad de impactar a los vehículos de la personalidad, siempre dice con voz alta y clara: “ganaremos esas alturas para seguir adelante”.
Y cuando he salido de la “cueva”, mi barba había crecido, y también mis ganas de seguir descubriendo luminarias y el placer y la sabiduría de las cosas que contienen todos esos mundos que nos esperan. Ganas de seguir compartiendo, de seguir en contacto con lo sutil, con absoluto valor, con fe perfecta. Ganas de ser más eficaz y tener una vida más enfocada hacia lo verdaderamente importante. Ganas de seguir hollando el sendero sin temor, con alegría y confianza en la luz de nuestra alma.

Estoy haciendo una tesis doctoral sobre el apoyo mutuo. Pensaba que ese es el principio que debe regir en las sociedades, en las culturas, en los humanos, en las relaciones… apoyarse mutuamente en los momentos buenos y en los menos buenos para seguir adelante…
Me gustaba escucharlos… me gustaba estar ahí cuando los más pequeños pasaban el mal trago de sus crisis, de sus sacudidas interiores… Me sentía bien a sabiendas que de alguna forma podía darles cierta seguridad o apoyo o lo que hiciera falta… No me aburría el que siempre estuvieran hablando de si mismos, de sus problemas, de sus crisis, de su ombligo, de sus trabajos, siempre sus trabajos… Intentaba conocerlos escuchando y estando ahí era la mejor forma de hacerlo…
Cuando tocó estar en la encrucijada la respuesta fue diferente. Primero fue el reproche, luego la espalda y luego el ánimo de abrir un conflicto que ya estaba resuelto, o al menos un conflicto que no tocaba en ese momento. Pensé que me abrazarían y que todo terminaría ahí. Pero sus respuestas me sorprendió. Ya me lo habían advertido antes: “que cada uno resuelva su conflicto”… Me pareció contradictoria esa respuesta para la cosmovisión que me habíais enseñado, para esa peculiar forma de ver las cosas. Simplemente veíamos el mundo de forma diferente. Ellos preferían no intervenir para que cada uno se gestionara sus crisis y sus problemas… Cosa paradójica, sin embargo, con sus trabajos. Pero son pequeños… tan pequeños que les cuesta aún mirar un poco hacia delante…

Siempre me he regido por el mágico principio que me enseñasteis: “solo no puedes, con amigos sí”… Por eso me enfurecí en cierta manera y por eso quería marcharme lejos de esos pequeños desagradecidos. Si ellos estaban pasando por una crisis y nos habíamos encontrado y cruzado los caminos quizás sería para aprender precisamente que con generosidad y apoyo se puede salir adelante. Pero eso solo fue una interpretación mía. Una visión equivocada y sesgada por mi parte.
Lo que ocurrió aquel día no tiene perdón. Me comporté como un auténtico hombre débil. Hicisteis bien cuando os pusisteis delante de la puerta y no me dejasteis marchar. Admiré ese gesto valiente y decidido, enérgico y arriesgado. Pensé que aquel día debería haber sido igual. No fui capaz de ver que no estaba preparado para esa prueba, que seguía débil, que seguía frágil y que cualquier cosa podría desmoronarlo todo. Es cierto que no había ninguna base porque solo nos habíamos visto tres veces, es cierto que me enfrentaba a algo que había removido toda mi vida, es cierto que aquel día no era el más propicio para salir ahí fuera. Pero las pruebas siempre están ahí para hacernos grandes. Eso me enseñasteis con vuestro silencio y sabiduría, con vuestra decisión.
Pero de nuevo la misma sensación. De nuevo la sombra de mi propia ignorancia… De nuevo mirar a otro lado… De nuevo solo…

No penséis que estoy intentando hacer un análisis para culpabilizar a esos pequeños o cargaros con todo lo que ha pasado y así quitarme esta culpa mía. Solo expreso esto en voz alta porque deseo compartirlo con vosotros. Porque os aprecio y deseo lo mejor, y a veces lo mejor es compartir las cosas, lo que se piensa, lo que se siente, sea bueno o malo.

Sé que no tengo derecho a decir todas estas cosas, pero me habéis pedido que no os halagara, que fuera honesto y sincero y claro… Antes lo había sido, y no tengo palabras para describir lo que ha supuesto el conoceros de forma tan intensa y hermosa. Me habéis aceptado en tan solo tres encuentros, he recibido vuestro bautismo en fuego y liberado por vuestra gracia de las aguas que turbian… En tan solo tres momentos se ha abierto ante mí todo un universo increíble… No son halagos queridos Hermanos del Espíritu Libre… es lo que siento… Habéis sido para mí algo muy, muy, muy especial… No puedo describirlo con palabras físicas… Quizás deba recurrir a las energías, a la metafísica, a la mística o a lo que sea para entender que lo que nos ha unido ha sido algo muy especial que solo con el tiempo lograré entender…

Aún así intuíais que había algo que no estaba resuelto… incluso me pautasteis aquellos remedios para que salieran todos los conflictos, todos los fantasmas… Pero luego me dejasteis frágil, me dejasteis absolutamente sin advertirme de lo que podría ocurrir… Me disteis la espada protegiéndome con ello, quizás porque como bien me habéis dicho, la prueba consiste en vencer en el desierto al dragón… No me hubiera importado ayudar a esos pequeños, abrazarlos fuerte, muy fuerte para no dejarlos caer… Pero ahora descubro con cierto horror que no estaba preparado para enfrentarme a esos demonios, a mis dragones, a todo lo que tan solo hacía pocos meses me había enterrado en los abismos… No estaba preparado y no era el momento para ir por ese camino… Debía recuperarme… y con vosotros lo estaba haciendo… con vosotros me empezaba a sentir mejor… la alegría empezaba a asomar de nuevo… Por eso os llaman “los magos”… Habéis obrado cierto milagro en mí… Y no penséis que os quería por eso… No penséis que había nacido en mí ningún tipo de agradecimiento bondadoso y lastimoso… Hay algo mucho más poderoso que todo eso… Hay algo mayor que aún no logro entender… No se trata de ilusionarme o no con esta historia… No se trata de que empecemos a pensar en ese propósito mayor que conocéis y servís en silencio… es algo diferente… muy diferente para lo que aún no estoy preparado.

Sé que después de lo que ocurrió aquel día ya no tengo derecho a nada… no tengo réplica ni derecho a decir nada porque todo carece de sentido… Todo lo que os decía no eran promesas… Pero comprendo que no queráis luchar por esos pequeños, que no queráis estar ahí… Comprendo que no puedo pediros absolutamente nada… Comprendo que he sido un ignorante navegando entre sombras… o quizás tan solo un pobre hombre débil incapaz de alejarme del peligro en cuanto lo veía… No podemos pedirle a esos pequeños que se enfrenten a sus demonios si están frágiles, si están débiles, si están recuperándose de un año duro, muy duro. Primero deben recuperar la confianza, deben madurar, deben hacerse hombres… Y cuando estén fuertes, deben enfrentarse a sus demonios. No antes… Jamás antes… Vosotros lo intuíais, pero no supe verlo… Solo la vida nos lo mostró porque era necesario enfrentarnos a eso para… ¿para qué? Aún no lo sé… aún no lo sabemos… El tiempo lo dirá…

Sed compasivos, porque en el fondo, solo somos humanos… humanos tan cargados de errores y fallos… humanamente nacidos con defectos de fabricación, pequeños humanos cargados de grandeza anónima… Cuando veáis a esos pequeños no mostréis sus corazas… Quizás solo necesiten un abrazo… Llevadles galletas para compartir… les ayudará más el amor que el aprendizaje… Sois sus hermanos… Quizás solo necesiten un abrazo… Ese que nadie nos da cuando estamos en peligro… Ese abrazo que nos ilumina y nos arranca de aquellos abismos… Ese abrazo que tanto reclamamos… Como el abrazo que me disteis en la puerta de vuestro templo y que jamás olvidaré… Abrazad a vuestro pequeño hermano y decidle que le queréis… No deseamos repetir los patrones de nuestros antepasados… Rompamos con ellos ahora, en este instante feliz… Ofreced amor y compasión… llevadle galletas a esos pequeños…

Siento estas palabras… Siento de veras todo lo que ha pasado… Esos pequeños están débiles, están frágiles, están mal, muy mal… No pueden ofrecer nada estando así… No se ven con fuerzas de hacer nada y ahora sé que el apoyo mutuo es más que nunca necesario…

Tengo conciencia de que con las últimas acciones se ha abierto la caja de Pandora y deseo con grito solitario llegar hasta el final… No me importa lo que ocurra ni en cuanto tiempo ocurra… Lo voy a hacer… Y cuando salga de esta, os buscaré de nuevo… Mientras, os pido, como último deseo, que cuidéis de esos pequeños inocentes…

El año pasado fue en la fría sierra de la Sagra, en el norte de Granada. Años anteriores había sido en lugares igual de inhóspitos que ya ni recuerdo. Al igual que en las revoluciones solares de mi propio cumpleaños, los días de Navidad suelo desaparecer a algún lugar tranquilo, solitario, donde poder hacer en silencio alguna breve meditación u oración. Este año ha tocado en el desierto de los Monegros, en Aragón. El lugar era perfecto. Estaba sentado sobre un manto de cuarzo blanco o cristal blanco, no sabría decir qué tipo de mineral. Pero me ha parecido increíble ver ese hermoso mineral cubrirlo todo. Solo en el desierto del Gobi, en la cueva que había cerca del lago Blanco, pude ver algo parecido. Así que cuando saqué el bocadillo de tortilla francesa con tomate me sentí en un pequeño paraíso de cristal. Comí en silencio, luego di un pequeño paseo por las inhóspitas llanuras viendo los rastros de conejos por todas partes y recordando cuando era adolescente. En aquel tiempo de continua rebeldía ante todo mi forma de protestar en esas fechas era comiendo un plátano como cena de Noche Buena y un trozo de pan con aceite en la comida de Navidad para disgusto de mi familia. Llevaba el pelo largo y una gran barba que avergonzaba a mis padres hasta el punto de tener discusiones casi diarias por mi indumentaria. Eran otros tiempos, pero esa rebeldía interna aún me persigue. Eso sí, hoy me he dado el lujo de acompañar al bocadillo de mi especial comida de Navidad con una bonita y merecida botella de agua mineral de Solán de Cabras. Sí… hoy era otro día de revolución solar, esta vez el nacimiento del amor en la Tierra, en la expresión simbólica de un niño que llegó hace más de dos mil años. Hoy era un día de celebración respetuosa para recordar en silencio la importancia de ese arquetipo encarnado en esa gran alma que aún podemos recordar. Algo elevó nuestras consciencias en ese tiempo pretérito. Ahora es tiempo de recordar con sinceridad cuan grande fue su mensaje.

Hoy, en el desierto de cristal, había fragancias celestes que quisieron acompañar el ritual de bienvenida a la encarnación del Amor. Hoy el Maestro Jesús estaba esperando de nuevo la manifestación crística y el nacimiento en Belén, como indicativo de esa primera iniciación humana y solar, estaba a punto de recrearse de nuevo en los anales de nuestra historia humana. Con sincerara devoción, que Cristo retorne a la Tierra y que todos los años sea el preludio del nuevo amor.

El universo se rige por una cósmica ley que en los astros es atracción y en lo humano amor. Lo extravagante de esta norma universal es aquel soberbio incapaz de amar. Por eso, por amor, empecé el camino buscando desde el principio los renglones torcidos e interrogándome sobre los confundidos egoístas y los incrédulos incapaces de entender la ley universal. Día gris, era cierto, tan lleno de niebla y con doce grados que se notaban al salir. Bajé la cuesta hasta bordear el bosque por el lateral, siguiendo los frutos de la luz, los ásperos senderos, las larvas del mundo angélico, la matriz cristalina persuadida por los siete rayos y sus siete manifestaciones de goce en las Divinas Ideas.

De repente, al otro lado, escuché un ruido que me llamó la atención. Se encendió la llama taciturna de la aventura, de la llamada a la expresión congénita con el mundo. Recordé el conejo que dirigió a Alicia hacia el país maravilloso y sentí la necesidad de encontrarme con él. Pronto me vi dentro de un lugar que no reconocía, distinto a los demás, pero surcado por centros gravitatorios que desdeñaban ternura y compasión. Nunca había paseado por allí y fue todo un cúmulo de sorpresas y sensaciones. Resultaba tan difícil creer que tan solo a un minuto de la chimenea hubiera tanto universo inexplorado. Solo había que bajar por el camino y bordear el bosque por su lateral y dejarse guiar por los sonidos que de él surgían. La tela infinita de la esfera, el centro del universo, el Aleph insondable se hallaba allí, en el contorno suave del leve giro.

Y eso hacía con la siempre fiel compañía de los dos perritos que me siguen y defienden de cualquier peligro. No podía creer lo felices que estaban corriendo como locos de un lugar a otro buscando recovecos para explorar, expresiones geométricas inmutables en las que derramar su granito de orina. La llamada de la selva había surgido efecto en ellos y parecían dos auténticos lobos corriendo audaces por el bosque. Había tanto por explorar que lo que parecía un pequeño paseo de media hora se convirtió en un largo paseo de más de tres horas. Pero qué importaba cuando se podía amar en plenitud ese momento, como hacen los astros, como hacen los organismos conscientes. Recordaba la frase aquella: “el corazón que pudiese amar todas las cosas sería un universo”. Y así me sentía, junto a los perros y el bosque. Un universo.

Era impresionante ver esa media luz de la tarde apagada por la niebla y el frío. Un frío cálido, porque no asustaba ni entorpecía la marcha.
En ese bosque verde y frondoso no había rastro de las chimeneas del progreso. Durban quedaba lejos, muy lejos porque ahí no había rastro de cambio climático. También quedaba lejos la cumbre de UE y sus problemas con la deuda soberana. Solo el vuelo rasante de los pájaros huidizos recordaba el contacto con la tierra. Todo era alegoría sensible. Los árboles creaban círculos y gnósticas triadas. Los pájaros simbolizaban la sagrada simiente del centro. Había Demiurgos en la universalidad de las formas que las rocas más antiguas formaban en la tierra. Había una cópula eucarística en los aledaños del sendero. Había orden y amor en todo lo que contemplaba.

En el paseo reflexioné sobre muchas cosas. También recordé muchas otras. Los paseos helados por Copenhague, las salidas por el bosque del norte europeo con el perro Nikodemos, la búsqueda de leña por tierras conquenses o aquella vez que me tumbé en la hierba de la campiña inglesa esperando a que el cielo se uniera de alguna forma con la tierra. Recordaba mientras exploraba atrevido por el bosque y los senderos, amando todos los bosques y todos los senderos. Qué hermoso era todo mientras sentía estar vivo y mientras recordaba la frase del día: “es mía la sombra que empaña este mundo de luz”.

 

Dicen los expertos que el Diablo no tiene naturaleza estable. Es un imitador, un vampiro que necesita emular. Carece absolutamente de ser, y por ello, para darse una apariencia de ser necesita parasitar las criaturas de Dios. En todo es mimético, lo que es tanto como decir que es inexistente. El nombre hebreo Satán, que significa el acusador, utilizado por los evangelistas sinópticos, es sustituido por Juan por el término griego Diablo, ese ángel caído que se convierte en calumniador y en un resplandeciente imitador.

Más allá de la mitología, la reflexión me conducía esta tarde ante el inevitable paseo otoñal entre quejidos y encinas a pensar sobre los que imitan, sobre aquellos que están alejados del poder creador. Llevaba días pensando en el concepto de “energía libre”, sobre la pesadilla del mundo occidental sobre la “deuda” soberana, y las deudas individuales, sobre los disfraces que el mundo requiere para no crear, para limitarse a imitar aquellos patrones que hemos heredado de nuestros ancestros. Cientos de genios han sido callados. Miles de creadores tomados por locos. Millones de soñadores retirados al ostracismo más absoluto, al olvido, a la triste e irremediable sumisión del plagio.

Pero el Diablo está perdiendo la batalla. Los signos de los tiempos indican que una nueva fuerza, una nueva forma de ver la vida se está aproximando a nosotros. Nuestras virtudes, según todas las tradiciones, son aquellos aspectos que nos aproximan al mundo celeste, divino según qué tradición. Y estamos viendo cada día más y más a seres virtuosos, llenos de valores que trabajan constantemente para recrear un mundo nuevo, una vida nueva. Los espíritus bienaventurados están llegando en legión para cumplir su parte, su propósito. Los seres ardientes, los seres de fuego que han viajado durante eones para llenar de gracia este momento enigmático y único. Para aquellos cuyo cielo se abre ante ellos, los serafines danzan y cantan la gloria, la música de las esferas, el ritmo que ha de guiar el nuevo orden.

El Diablo ha perdido la batalla porque será de nuevo desterrado de sus confines. El odio, la amargura, la tristeza, la avaricia, el egoísmo, la sinrazón no pueden seguir gobernando nuestras vidas. Es un sinsentido que será reemplazado por la alegría y la sumisión total a una paz verdadera. Queremos, reclamamos que los virtuosos, los soñadores, los poetas, los creadores y creativos sean la raza que nos gobierne. Reclamamos a esos serafines y querubines para que endulcen nuestras vidas con sus mensajes, con sus anhelos, con sus visiones. Ya no creemos al Diablo, ni a sus disfraces. Ha sido, por fin, desenmascarado.

Veo que ahí fuera el mundo sigue su curso. Mayoría absoluta del PP, nuevo reparto de poderes, de favores, de reino de taifas, el pueblo que habla y los mercados que reclaman… En fin… De nuevo la vida. Leía mientras miraba ahí fuera un bonito texto sobre la confusión y el liderazgo de Jiddu Krishnamurti. Sin duda muy a cuento de lo que ocurre ahora, de la gran confusión global en la que estamos, de la necesidad, ante la ceguera y confusión, de buscar líderes que nos guíen, que hagan el trabajo por nosotros, que nos lleven, con su también confusión y ceguera hacia el abismo inevitable o la salvación perpetua.

Todo liderazgo es indicio de deterioro social. El líder es un elemento destructivo en la sociedad, reclamaba Krishnamurti. No queremos ver las causas de nuestra confusión, no queremos afrontar nuestros errores, nuestros conflictos. Preferimos ofrecer esa responsabilidad a otros. Preferimos con ello alejarnos de nosotros mismos, de nuestra libertad, de nuestro necesario compromiso con el mundo simple y llanamente porque no somos capaces de liderar nuestras vidas. Es mejor, más cómodo y más útil dejarnos guiar por la voluntad suprema de la corriente. Si te dejas arrastrar será más fácil llegar al final. Las fricciones que supondría liderar nuestras vidas, vivir de instante en instante con suprema libertad requiere de riesgos y luchas que no somos capaces de afrontar.

Ayer hablábamos entre Toledo y Madrid sobre dichas luchas. Parece cierto que hay tres tipos de consciencias o niveles de conciencia. La primera es la fase inconsciente, primaria del ser. la que vive en la confusión y requiere de liderazgo exterior. La que se deja arrastrar por la voluntad de un líder, de la masa, de un guía, de la corriente, del devenir diario sin pensar en exceso sobre las cosas de la vida y sus misterios. Es el duermevela que nos arrastra inevitablemente a la sala común, sin grandes agitaciones y sin mayores desvelos que los del sobrevivir a lo cotidiano.

La segunda tiene que ver con el despertar a la consciencia alerta, la que toma luz de sus adentros y es capaz de dirigir sus pasos, cueste lo que cueste, hacia los principios activos de la vida, hacia el propósito individual, hacia nuestra propia misión existencial. Es la reafirmación del yo espiritual, del supremo despertar del alma como lo acuñan desde la mística. Es lo que en el libro “Creando Utopías” llamé vagamente “la sacudida”. En esa fase hay una lucha inevitable porque hay que deshacerse de los viejos estímulos de la masa y de la inconciencia. Una lucha diaria y constante para superar las barreras de lo añejo, de lo caduco, y afrontar con cierta rebeldía lo nuevo, la aventura y el camino iniciático hacia la nueva vida, hacia el segundo nacimiento.

El tercer nivel tiene que ver con la supraconsciencia. Ahí la lucha interior cesa y llega a nuestras vidas la visión del propósito universal más allá de nuestro propio propósito individual. Nace una cierta paz interior que nos recuerda quiénes somos y qué somos en este teatro circunstancial. Es cuando el ser clama, como dirían los cristianos, ese “hágase Tu Voluntad y no la mía”. Ahí de nuevo nos dejamos arrastrar por la corriente, pero esta vez por una corriente superior, una energía que nace de los niveles más sutiles de la vida, aquellos que se encargan de construir lo que el Gran Arquitecto ha diseñado para nosotros. En ese estadio de realidad nos afiliamos a los ejércitos celestiales para contribuir a la Obra, a la próspera y diversa construcción de la existencia. Somos, en nuestros grados y condiciones, constructores del Adytum, del templo sagrado de la vida. Somos aspirantes a ejercer de soldados del mundo angélico.

Sea como sea, la vida sigue, sin importar demasiado en qué nivel de consciencia deseemos estar. Aquello que alimentemos estará bien, porque esa y no otra será nuestra función en la vida. Y la vida, que siempre es Una, ejercerá una profunda influencia en nuestro espíritu, así como nosotros en Ella.

(Foto: paseando en la otoñada por el norte de Madrid).

La luz tenue. La chimenea alimentada. El tacto suave de las cuerdas. La música, algo de música. La atención perruna al máximo. Buen público, educado, respetuoso, entusiasmado por sonidos que nunca antes habían escuchado. Todo el jardín verde por las lluvias otoñales ahí fuera. Y rebosante de flores blancas y amarillas. El olor a tierra mojada mezclado con los humos que salen por encima de los tejados andaluces. El silencio, indicativo de que todos están recogidos alrededor de los braseros. Los peces deambulando de un lado para otro en su fugaz océano.

Un buen momento para invocar a los espíritus de la naturaleza. Para ver como los duendes del jardín van de un lado para otro, afanados por perseguir el orden estacional. Para responder a la llamada de los adentros con sigilosa melancolía, despejando los remordimientos, atentando a la conciencia para que dirija el alma, suplicando que todo lo que ocurre y ocurra sea para el mejor de los proyectos. Las almas sagradas, los senderos sagrados, los arroyos cristalinos en las mesetas y los ocasos donde las ramas gimen y las aves de grandes alas salpican el cielo y sus celestes entrañas.

Ya llega la noche, anhelando paz, suplicando auroras en los valles arados por la emoción mística de la suma. Ya llega el alma, despojada de errores y martirios, ataviada con su entraña blanca y pura. Ya llega gozada en quietud, arrebatada, en torno a las hogueras del fuego extático. Ya llega la dama blanca, suplicando obertura por la alineación celeste…

 

Dixit Dominus

Suena el Dixit Dominus del barroco Vivaldi. La música, como el baile, es una buena forma de descubrirse a uno mismo, a nuestros sentimientos, es una manera de alabar la grandeza de Dios. Como esta mañana mientras meditaba frente a frente con Joaquin en su maravilloso y particular jardín del Morya. Había un coro de ángeles que anunciaban el ritmo del océano, el esbozo de la luz, la música suave de la verdad que caía sobre nosotros en ese manto otoñal. Dejábamos atrás los ríos moribundos de esas cosechas estériles para abrirnos paso, estrecho paso, hacia los matices del corolario átmico. Frente a frente, con los ojos cerrados para que pudieran abrirse los ojos del alma mientras recitábamos de memoria la Gran Invocación rematada con tres acertados ommmmmmssssss…
Desde allí contemplábamos la grandeza de todo cuanto existe, y veíamos con claridad esas palabras contundentes que dicen: “He aquí Señor, toda mi vida consagrada a tu servicio”. No sonaban extrañas en ese jardín pues así resuenan en cada ápice de átomo, en cada árbol, en cada rosal, en cada caña de bambú consagrada. Y esas semillas me acompañaron en todo el camino de regreso a casa. Comprendía en la vuelta fulminante que al final, cuando la claridad se instala en nuestra mente, solo cabe seguir un camino: el camino del corazón.

El razonamiento es fácil. La mente analítica solo desea comprender, y en el análisis, comete errores y desvía el rumbo de nuestras vidas pensando que quizás este o aquel camino serían los más indicados y certeros. Escucha a uno y otro consejo, escucha a una y mil voces que claman a la vez una dirección. Y en ese ruido olvida el camino.

Pero cuando la mente es calmada con la píldora somnífera del silencio, de la meditación profunda, entonces el camino se ve claro, y uno termina siguiendo las huellas del corazón, la gloria que proviene de lo más alto de nuestro ser.
Por eso ahora suena el Dixit Dominus: el Señor dice, la palabra del Señor, entendiendo Señor como aquello más elevado de nosotros, aquello que llena nuestras vidas de verdad y honestidad, de alabanza y agradecimiento por la luz.

A veces hay caminos que resultan incomprensibles vistos desde nuestra perspectiva presente y limitada. Solo una realidad amplia puede dar explicaciones a esas decisiones que provienen del alma. Por eso gloria in excelsis al Dixit Dominus. Porque la morada de los dioses puede estar en jardines, miradas y meditaciones, y pueden conducirnos inevitablemente hacia el correcto camino, ese que nos acerca a ser capaces y atrevidos con aquello que es la vida en amor, que es la mayor riqueza para aprender a mostrarnos exhaustivamente generosos.

(Foto: Desayuno angélico en casa de Joaquin).

Estamos desconectados de nosotros mismos. Nuestras antenas están plagadas de polvo, de suciedad. Y nos quejamos cuando la vida nos va mal, cuando la tormentosa carga de las desgracias penetra en nuestra existencia. Y es porque estamos sucios. Porque tenemos la mente llena de polvo, de suciedad. Y nuestras emociones, y en general, vibramos a una densidad espesa, cargada, oscura.

Somos seres multidimensionales, atrapados en esta caja que llamamos cuerpo. Pero también somos seres perdidos porque nos identificamos con esta caja de zapatos. Pensamos que somos ese cartón arrugado, ese trozo de papel, olvidando todo lo demás. Y como pensamos que somos eso, tratamos a la caja dándole patadas, ensuciándola, maltratándola constantemente.

¿Y cómo conectar con nosotros mismos? Primero, quitando esa visión errónea de nosotros. Olvidando que somos una caja de cartón. Expulsando todo aquello que nos sobra y nos limita. Echando el sucio polvo de nuestras antenas, de nuestros radares, de nuestra visión humana. Debemos sacudirnos con fuerza para echar el polvo de nuestras vidas.

Debemos comenzar a limpiarnos por dentro para poder empezar a escucharnos, a saber cual es nuestro propósito en la vida, nuestra tarea para esta oportunidad existencial. Debemos empezar a caminar en nuestra senda, en nuestro camino. O ser lo suficientemente poderosos para navegar, para volar por encima de todas ellas y esculpir nuestra vida desde el más amplio de los horizontes. Pero para eso hay que estar limpios y ligeros, muy ligeros de equipaje… Empecemos por lo tanto echando el polvo de nuestra vida.

Einstein y el poeta bengalí Rabindranath Tagore se encontraron en 1930
y hablaron de música, arte y pensamiento.

 

“La emoción más hermosa que podemos experimentar es lo misterioso. Es la emoción fundamental que está en la cuna de todo verdadero arte y ciencia. Aquel a quien esta emoción le es ajena, que ya no puede maravillarse y extasiarse en reverencia, es como si estuviera muerto, un candil apagado. Sentir que detrás de lo que puede experimentarse hay algo que nuestras mentes no pueden asir, cuya belleza y sublimidad nos alcanza sólo indirectamente: esto es la religiosidad. En esto sentido, y sólo en este, soy un hombre devotamente religioso.”

Hoy, cuando te levantes, abre la ventana, sonríe y dirige un guiño al padre sol, al hermano viento, a los pájaros que posan cerca de tu ventana en la selva mística de lo diario. Deja la ventana abierta un buen rato mientras te diriges a tomar un buen desayuno cargado de maravillosas frutas y déjate llevar por el río de la vida.

Sal a la calle para ir al trabajo con buen humor. Que esa sea tu puerta dorada y toda tu sabiduría. Sonríe al abuelo de la esquina, guiña al niño que va por primera vez a la guardería, posa tu mirada en el vagabundo que pide algo. Sé cómplice de todo cuanto acontece, sin juzgar sobre el bien o el mal de cada experiencia.

Y cuando llegues al lugar donde el sustento se gana, toma la palabra sólo cuando te la pidan, y en silencio, en profundo silencio y respeto, has tu trabajo de la mejor forma que sepas. Intenta aprender, porque cada día es una enseñanza y un misterio que hacen que la estrella que llevas en la frente y en el corazón se fortalezcan siempre.

Y cuando regreses da gracias, por el día, por el trabajo, por los colegas, por la comida, a la cual te has entregado respetuosamente, por todas las cumbres escaladas y los valles atravesados. Sé peregrino del instante y amante del momento. Y sal de nuevo a la calle contemplando todos sus detalles, toda su gente, todo su hilo de vida, todo su entramado, todos sus lazos unidos unos entre otros. Sigue sonriendo al fuerte y al débil, al alto y al bajo, al rico y al pobre, sin distinción de credos o ideas. Y cuando llegues a casa, abraza a tu hermano y a tu padre, a tu hijo y a tu pareja, y no olvides, jamás, dar gracias por todo lo que has recibido de ellos. Y por la noche, recogido en la recapitulación vespertina, cuidadosamente, siente la grandeza de estar un día más vivo, sintiendo, pensando, haciendo y formando parte de este gran misterio que es la vida. Estos serán los mayores ejercicios espirituales para la vida cotidiana, para la felicidad real. Sacraliza cada acto y has de cada acción un acontecer sagrado, una comunión única y bella.

 

Ayer escuchaba el video de SP que trata sobre el karma y presté atención a ese momento en el que habla de las pruebas del camino, de los obstáculos que se nos presentan en la vida para distraernos de nuestro propio propósito, de nuestras metas y proyectos. Pruebas, propósito, camino… Parecen proyectos universales que demandan atención y cierta fe a la hora de pensar y razonar que todo cuanto nos rodea no es simplemente un corto lapsos entre el nacimiento y la muerte, sino que entraña algo más profundo y con mayor significado.

Hay expresiones que superan el entendimiento de todo cuanto parece natural en la naturaleza. El amor, el arte, la música, la belleza, la armonía, la sabiduría, la fe, incluso la razón y la inteligencia parecen expresiones de algo superior a aquello que debería ser la norma. Hay una ilusión masiva que nos aleja de la atención de tener presentes estas cosas maravillosas. Y una distracción en nuestras mentes y en nuestras vidas que nos desconectan de principios que para las percepciones estrechas son tratados de mágicos o ilusos. Pero existe una autoridad, un estímulo dentro de nosotros que nos aproxima a esas cosas que nos parecen increíbles.

El otro día, una amiga me decía seria y contundente que llevaba tiempo alejada del “camino”, y que desde entonces su vida había sido algo caótica. Al final terminó la frase con un rotundo “una vez has conocido el camino, no puedes alejarte del mismo”. El camino, como nos recuerda el Tao, no puede ser expresado. Desde el no-ser comprendemos su esencia, desde el ser sólo vemos su apariencia. Pero en cierta forma sabemos que existe un Camino, un trecho de vida que debemos recorrer inevitablemente para hacer aquello que de alguna forma debe darle sentido a nuestra existencia. Son cuentas pendientes, deberes, trabajos, misiones y proyectos ineludibles, con cierto margen para el error y la improvisación, pero con retos que debemos afrontar necesariamente. Y ante esos retos se nos presenta cientos de obstáculos que desviarán nuestra atención y nuestra ruta. Precisamente esos obstáculos forman parte del aprendizaje, porque en el fondo, la mayor de las enseñanzas es estar despiertos y atentos a los mismos para saber cada día con mayor claridad y mediante el correcto discernimiento, cual es nuestra senda en la vida. Y hollar sus parajes no es más que el viaje de retorno a nosotros mismos, a nuestra memoria y nuestra condición de ser. Es retomar la consciencia de que lo único verdadero es compartir con generosidad todo cuanto somos, todo cuanto tenemos. Generosidad en los pequeños gestos diarios, con nosotros mismos, con los nuestros, con el otro, con el mundo. Pero generosidad consciente, disciplinada, con sabiduría. Generosidad no es dar a ciegas, sino dar de corazón con equidad y justicia.

La amiga Ana nos envía este texto para que demos gracias a la vida, que nos ha dado tanto. Lo comparto con vosotros para que nos unamos a ella en esta meditación colectiva. ¿Por qué? Porque somos energía que produce más energía, y allí donde enfocamos la energía, enfocamos nuestras vidas, y sus cambios, y proyectamos el futuro… Meditar es enfocar, meditar es desarrollar esa capacidad de ser co-partícipes con la creación. Este puede ser un buen comienzo, una buena disciplina para aprender a ser dioses creadores.

 

“LA COSECHA ES COPIOSA AUNQUE ESCASOS LOS LABRADORES.” (Evangelio Q)

COSECHANDO LA PAZ !!!

Durante siglos, profetas y sabios han sugerido que si una décima parte del 1% de la humanidad colaboraran en un esfuerzo unificado, se podría cambiar la conciencia del mundo entero. Estudios y practicas recientes han demostrado que ese número puede ser menor : La raiz cuadrada del 1% de la Población.

Fte.”El efecto Isaías”. Gregg Branden

ES DECIR 8.000 ALMAS.

HAGAMOS UN 8000!!!

PROPUESTA DE MEDITACIÓN UNIVERSAL.

Crea un sentimiento de Amor y desde el mismo di GRACIAS !!

LUGAR: En tu casa, en tu ciudad, donde te encuentres, donde quieras, cómo quieras !!! Sólo siente y di GRACIAS !!!
HORA: A las 12 a.m de tu ciudad.

DÍAS: 3-4-5 DE SEPTIEMBRE.

DÍAS: 11-12-13 DE SEPTIEMBRE

DÍAS 11-12-13 DE OCTUBRE

DÍAS 11-12-13 DE NOVIEMBRE

DÍAS 11-12-13 DE DICIEMBRE.

El principio de incertidumbre de Heisenberg nos habla de las posibilidades, acontecimientos pasados o futuros, son el resultado de una secuencia de condiciones que quizá hayan empezado hace días o años, si lo pasamos a una ecuación actual, si elegimos un curso específico de acontecimientos, entonces podemos preveer la manifestación de un resultado.

En los escritos antiguos, profecías…se nos muestra un camino angosto, de miedo y horror, así como otro de ESPERANZA, oculto hasta la recuperación de los Escritos del Mar Muerto, donde se nos invita a crear nuestra realidad. El Código de la Bilbila, al evocar las creencias de los antiguos esenios conservadas para nosotros, sugiere que desempeñamos un papel significativo en el curso de los acontecimientos…después de cada profecía con resultados catastróficos se repiten constantemente dos palabras:¿¿ LO CAMBIARÉIS??

AHORA PODEMOS DECIR: SÍ, LO CAMBIAMOS !!!!
CÓMO?? : CON EL PODER DE LA ORACIÓN, DE LA GRATITUD.

HAGAMOS UN 8000, GRACIAS!!!

CONOCE ESTA PAZ CON TU MENTE, DESEA ESTA PAZ CON TU CORAZÓN, REALIZA ESTA PAZ CON TU CUERPO”
Evangelio de Marcos.

 

http://www.la-casa-del-silencio.es

La Tierra Pura

El místico que ha observado la templanza y horadado el sendero que conduce hacia la puerta estrecha tiene capacidad para elevarse hacia la montaña cósmica, hacia las tierras puras que son descritas desde el budismo como ese lugar simbólico donde todo está nivelado, es homogéneo, sagrado, inusual. Es capaz de visualizar las cuatro fuentes de la vida, los árboles floridos del edén, meditar junto al lago azul atravesado por juncos que crecen libres hacia el cielo. A menudo, en las noches calurosas de verano, se acuesta desnudo en ese manto sublime, escuchando el murmullo de las cosas pequeñas, el rumor de cuanto existe, la grandeza de la noche elocuente que clama ante el sueño. Como una planta, sin dolor, sin sueños, sin deseos, elevado a la tierra pura donde el valle reclama rodeado por peñas infranqueables y corazones que laten su pureza. Cubierto por remolinos de flores y hierbas altas, aromáticas, que crecen como manto de vida. Hay en esa tierra abejorros vestidos de terciopelo y mariposas azules. Y bosquecillos plagados de colmenas que tejen la miel del espíritu, compartida con generosidad entre aquellos que atraviesan sublimes los ásperos contornos de la dualidad. El río, siempre fresco, transporta la arena de oro, las esmeraldas que el espíritu recoge para ser compartidas en los palacios de mármol, como esas ricas islas con grandes jardines de laurel que esparcen su riqueza hacia el mundo. El místico que se eleva a esa tierra pura solo desea volver para compartir esas riquezas…

Porque esa tierra pura es como la isla de los Bienaventurados. Los iniciados lo saben, y por eso, cuando son capaces de elevarse hasta sus alturas, anulan la realidad que está debajo de ellos, produciendo un efecto placentero, de vida heterogénea, más allá de lo diverso y lo incompleto. En ese plano paradisíaco son capaces de percibir la superación de la condición humana como requisito imprescindible para comprender la pluralidad dentro de la unidad, la acción dentro de la quietud. La realización lo rescata de la vida, lo mantiene firmemente anclado al propósito de todo cuanto cubre las esencias de las cosas. Intuye el próximo nivel de realidad sin aniquilarla, por eso fluye manso hacia las esferas de la creatividad abstracta. La tierra pura es un lugar hermoso donde se puede reposar tras la batalla del ego, tras las adormideras de la ilusión, tras comprobar que la vida finita donde nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser no deja de ser un espejismo mental que creamos según las derivadas y obstinaciones de nuestra finitud. El iniciado, al igual que el místico, regresa generoso, honrado, útil, y emprende la laboriosa obra de ser silencioso y a la vez grande en el tejido cósmico de la amplitud.

El adepto, más allá del místico y el iniciado, asume la obra y esparce su vida por la tierra pura…

Pensaba en la vida como en un reguero de ocasiones. Algo intemporal, eterno, que puede tocarse con tan solo cerrar los ojos y ver el paraíso que se haya ante la cúpula del reino interior. Allí todo parece plácido. Un buen refugio para desprendernos de las diez mil cosas que nos atan día y noche a las esencias de la vida. Por toda la calle Serrano se podía escuchar los ruidos de la gran ciudad. Puedes pasear hacia los adentros al mismo tiempo que escuchas los afueras. Resulta un juego divertido. Respiras y todo lo de fuera entra en ti. Inspiras y ocurre a la inversa, todo el universo interior se comparte con el mundo. Había una amiga que lo llamaba conspiración con la respiración. Resulta maravilloso conectar ambos mundos, el finito y el infinito, con tan sólo mostrar atención a la respiración. Y ese tipo de consciencia te lleva más allá, pues ocurre que cuando se tiende el puente del antakarana, ese hilito dorado que transporta todo cuanto ocurre en la memoria de la naturaleza, eres capaz de fusionar cierta consciencia con todo el mundo subatómico que te rodea. Entonces formas parte de lo que en la India llaman el Manas, ese Ser Supremo que a diferencia de Occidente carece de barba blanca y bastón. Lo increíble es que ese Manas forma parte de nosotros, en esa especie de panteísmo donde Dios lo cubre todo, y además, tiene consciencia de cuanto existe. Por eso, en la maravillosa transformación que ocurre cuando conspiramos con la respiración, es posible atravesar en un solo instante la consciencia de todas las cosas que nos rodean, y por lo tanto, del absoluto. Podemos, con el triple hilo del Absoluto, absorber desde el espíritu a través del corazón el hilo de vida. Desde el alma al cerebro el hilo de la consciencia y desde la personalidad hasta la garganta, el hilo de la creatividad. Resulta emocionante pensar en todas estas cosas mientras se pasea por la calle Serrano y se dibuja en sus suelos, ruidos y asfaltos todo un cúmulo de maravillas ocultas…

Habla simplemente cuando sea necesario.

Piensa lo que vas a decir, antes de abrir la boca.

Sé breve y preciso, ya que cada vez que dejes salir una palabra, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu energía. De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.

Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.

No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas, porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de negativismo.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.

Aprende a ser como un espejo. Escucha y refleja la energía. El Universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones, y nos envía de vuelta el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se representan en nuestra vida.

Si te identificas con el éxito tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracaso. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna.

Aprende a ser como el Universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, porque siendo como un espejo sin emociones, aprendemos a hablar de otra manera, con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permitiendo una comunicación sincera y fluida.

No te des mucha importancia y sé humilde, pues cuanto más te muestres superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de las opiniones de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible, insondable.

No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre, que nos da lo que necesitamos. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente.

Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, a percibir sus virtudes, a brillar. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

No te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin tomar consciencia profunda de la situación, te vas a crear complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que muy fácilmente dicen (sí), porque saben que ese (sí) no es sólido y le falta valor.

Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría. Si realmente hay algo que no sabes o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para el ego, porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace creer que sabe.

Evita el hecho de juzgar y criticar, sé imparcial. Cada vez que juzgas a alguien, lo único que haces es expresar tu opinión muy personal. Juzgar es una manera de esconder las propias debilidades.

El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra. Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resuelto en ti mismo. Deja que cada quién resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida.

Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte, en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el no defenderte estás demostrando que las palabras de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.

Tu silencio interno te vuelve impasible. Practica el arte de no hablar. Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder, el mismo poder se convertirá en un veneno y todo tu ser se envenenará rápidamente, perdiendo la paz.

Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.

No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser.

Autor Desconocido

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