Mis Viajes…

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La mar siempre tiene dos orillas… También lo humano. A un extremo siempre encuentras playas cálidas, desiertas, plagadas de palmeras y vistas a lugares de ensueño. Mar calma y tranquila, lugar de reposo y bienestar. En la otra orilla, siempre hay acantilados agrestes, orillas inexistentes, peligrosas aguas llenas de salientes que pueden quebrar el navegar. Tempestad y peligro, quizás naufragio. A dos mares navega el hombre, o como decían en las antiguas crónicas, allende los mares… Qué frase más épica… Me ha recordado un atardecer en las costas del Big Sur californiano… Había un gran sol que caía despacio por el precipicio celestial, inclinando en el Pacífico una gran belleza y esplendor. Me encontraba apoyado en el acantilado, sujetado con fuerza a una barandilla de madera que me protegía de un abismo hermoso, plagado de verdes bosques que observaba a mis pies. El sonido del mar, de la música que salía de alguna flauta que alguien tocaba en el Instituto Esalen, acompasaban esa tarde de julio con cierta paz y armonía… Recuerdo que se acercó aquella hermosa chica hawaiana que días antes me ayudaba con sus suaves manos en los ejercicios de yoga. Me miraba y sonreía con interés, medio desnuda, inclinando la cabeza para que la acompañara a la sauna natural que había subiendo una pequeña colina. Fue un hermoso canto de sirena que recuerdo de vez en cuando, quizás porque la semilla de Itaca siempre renace dentro de uno… y te empuja, irremediablemente, a la aventura… Cuando navegas a dos aguas… siempre evocas a ambas orillas…

 

Comimos algo en el restaurante Kikara, en la calle Iparraguirre. Muy bueno el arroz caldoso de verduras. Seguimos el paseo hasta el Guggenheim, donde pudimos ver, cortesía del hotel Ercilla, la exposición de turno. No entiendo mucho de arte abstracto, pero me gustó una exposición sobre pintura de entre guerras, donde el pintor parisino Amédée Ozenfant clamaba por el absurdo de lo que estaba ocurriendo en esa época. “¡Pobres soldados heroicos! Pero cuando caéis, ¿no sería más decente que miráramos para otro lado?” Decía el pintor… y es que ante la agonía, el civilizado corre la cortina, un poco lo que ha hecho Europa ante las revoluciones árabes que se están protagonizando en estos días. Si bien USA ha hecho una apuesta contundente por las mismas, Europa, de nuevo, ha mirado hacia otro lado… Quizás porque Europa sigue excesivamente enmarañada en su estética clásica y sigue buscando la llamada al orden, como expresó Jean Coctueau, buscando aún sus personajes arquetípicos en la antigua Grecia.

Tras el museo, tocó Ópera. Esta vez en el palacio Euskalduna. Nos llevaron al parco de honor, desde donde pudimos ver a la lituana Violeta Urmana haciendo de lady Macbeth en la ópera de Verdi. Al final del acto, nos acompañaron a los camerinos para saludar a la soprano y pudimos ver todo el entresijo que hay detrás del escenario. Una experiencia hermosa. Y hoy seguimos con la ruta. Iremos a Vitoria (ahora sí), y de ahí a Córdoba. Ella tiene reuniones y yo debo reparar un cristal que ayer nos rompieron en alguna parte de Bilbao. Cosas del camino…

Ayer acompañamos a K. hasta Estella. Un viaje agradable donde pudimos conversar de temas diversos, interesantes, necesarios. Hoy con X. en Bilbao. Hacia tiempo que no nos veiamos y hemos aprovechado un viaje de trabajo para estar con ella. Mañana a Vitoria y corriendo a Cordoba. Semana de viajes, intensa, llena de aprendizajes y compartir. Me siento bien, tranquilo. Parece que las cosas van encajando poco a poco y sedimentando aquellos fangos que se revuelven ante cada cambio… Pronto todo estara asentado y sera momento de empezar a construir un nuevo y solido edificio… Como buen arquitecto, andamos ya rastreando los planos para que la construccion sea justa y perfecta… Ahora a seguir compartiendo… hay tanto por hacer en el vasto campo de la experiencia…

Desde Barcelona

Escribo recién llegado a Barcelona con sendas paradas en Madrid y Lérida para tratar asuntos varios. No es importante el motivo por el que he venido, al menos en el plano de eso que llamamos esencial o imprescindible. Sin embargo, cuando se hacen más de mil kilómetros de una punta a otra de esta piel de toro es porque algo motivante va a pasar. Además, estoy feliz porque el domingo he quedado con A., una filósofa. Y venía hoy pensando que más allá de la metáfora, ella ha sido la única que me ha llevado a volar… Es cierto que fue en autogiro, pero eso ya es algo… En fin, supongo que lo mío serán ganas de estar distraído o al menos ganas de no pensar en experiencias pasadas… También estos días serán de reflexión y toma de decisiones con respecto a mi futuro inmediato. De momento ya he pedido a K. que no cuente conmigo, al menos durante este año, para hacer reír a los niños. Kili-Kili esta caput, cansado, y necesita recuperarse de sus heridas. Ha sido una decisión muy triste, pero me siento extrañamente con ganas de poner primero orden en mi caótica vida y enderezar las propuestas que se me ponen sobre la mesa… Veremos por donde acaban tirando los tiros…

B. está pasando unos momentos difíciles en su vida. Comprendo, acepto y respeto todo su proceso e intento estar a su lado, ya como amigo, para inspirarle confianza y valor. El viernes por la noche, tras la agitada asamblea política, sentí la necesidad de estar a su lado para darle un sentido abrazo. Creo que los amigos deben estar en lo bueno y en lo malo. Así que a eso de las once de la noche cogí el coche dirección Madrid. Llegué a las cuatro, bien de madrugada y aparqué como pude cerca de su casa para dormir un par de horas. Sólo deseaba verla, abrazarla y seguir mi viaje. Pero la cosa se complicó. A eso de las ocho, salió de su casa dirección al trabajo. Se llevó una sorpresa al verme porque no me esperaba. “Siempre apareciendo y desapareciendo”. Nos dimos un fuerte y sentido abrazo y me pidió que le acompañara a un evento en la sede de la Comisión Europea en Madrid. La acompañé y me coló al evento. Fue muy interesante y a mediodía, tras despedirme de B., salí hacia el coche. Había olvidado completamente que estaba mal aparcado y me temí lo peor. Cuando llegué, la grúa se lo había llevado. En ese momento me llamó K., que cosas de la vida, estaba dos calles más abajo. Me ayudó y acompañó para rescatar el coche mientras me contaba emocionado que Payasos sin Fronteras podrían estar interesados en fichar a Kili-Kili & Kolo-Kolo gracias a unas gestiones previas que generosamente había hecho B. preparando nuestro viaje a Palestina. La noticia pintaba muy bien. Tras estar un rato con K., me fui corriendo de nuevo cerca de Alcalá donde había quedado con L. Aparqué, esta vez algo más precavido, en un parking subterráneo. No recuerdo qué pasó que una vez aparcado el coche debí quedarme frito de sueño en el mismo parking durante al menos dos o tres horas. Así que no pude ver a L. y me fui corriendo dirección Segovia donde esa misma noche había quedado con Y. y su pareja M., una hermosa diplomática que trabaja para el Ministerio de Asuntos Exteriores y que por motivos varios tenía ganas de conocer. Tomamos como excusa para vernos el “Hay Festival” y el evento en el que el famoso arquitecto japonés Shigeru Ban nos habló de la responsabilidad social de la arquitectura. Una charla muy interesante y una cena muy interesante a la que se unió, de forma casual, un catedrático de derecho y su mujer que conocimos allí mismo y con los que pasamos un rato agradable. Como el mundo es un pañuelo, resulta que este catedrático y conferenciante es amigo de M. Qué mundo más pequeño. Así transcurrió la noche. La última vez que vi a Y. fue volando en un autogiro y perdidos en mitad de la nada. El regresa pronto a Brasil, donde tiene sus empresas, y dan ganas de acompañarle. Me despedí de la pareja con un sentido abrazo y me fui pitando ya de madrugada hacia Madrid, donde al día siguiente esperaban más y más acontecimientos…

A veces la vida te hace regalos que no sabes como valorar. Lo que antes era un palacio de principes, el Nuneham Palace, en las cercanias de Oxford, se ha convertido en un palacio de angeles que se levantan a las tres y media de la madrugada para, con el amrit vela, meditar y practicar el raja yoga. No hacen ningun mal, con este yoga te ayudan a profundizar en las peculiaridades de la existencia y ademas, como son vegetarianos, se preocupan de no aumentar el sufrimiento en el mundo. Seres pacificos y generosos que piensan en positivo y viven en positivo. Me estoy dejando contagiar del lugar y su paz. No me importa levantarme al alba y degustar las mieles del silencio. No me importa compartir estos momentos de mansa paz y calma y no me importa escaparme a la cocina para echar una mano fregando platos. En las cocinas siempre ocurren cosas hermosas, como hace tres primaveras, justamente en una cocina escocesa, mientras intentaba olvidar a la que ahora intento recordar una y otra vez. Que paradojas tiene el destino. A. me ayudo a olvidar a B. y ahora B. me esta ayudando a olvidar a A. Asi es la vida, un ciclo, dos ciclos, tres ciclos… hasta que aprendemos sus lecciones… Me voy a meditar a los jardines palaciegos… Esta nublado, es decir, hace buen dia… Los pajaros cantan sin parar y las flores iluminan los caminos… El proposito los ilumina… tambien a mi… Ommmmmm….

Oxford

En cada viaje hay un conocimiento oculto, una enseñanza sublime llena de apretadas luminarias. La diosa Dafne rechazó la llamada y se convirtió en árbol de laurel. Ya lo relaté alguna vez cuando L. prefirió mirar hacia otra parte desterrando de su lado la llamada de Apolo. B. me había invitado a pasar unos días en Lanzarote. No me dejé fluir pensando que no era el momento. Ella se fue sola y yo me quedé solo, pensativo, rumiando cual es en cada momento la mejor acción. Este fin de semana me dejé llevar y seguí el impulso de la llamada y fue todo maravilloso hasta el punto de que B. me invitó de nuevo a ir a Lisboa a pasar unos días. Pero cuando llegué a casa E. me había enviado unos billetes de avión para ir a Oxford y estar allí cuatro días. Así que la llamada se convierte en llamadas continuas y mañana marcho a Inglaterra para compartir momentos, inquietudes, ideas y emociones con gente bonita. El domingo estaré de nuevo aquí, con nuevos proyectos, con nuevas iniciativas, con nuevas ideas renovadas. Es lo bueno de los viajes y los encuentros. Siempre que vuelves regresas con más fuerza. Pero lo mejor de todo es que volveré con más ganas de ver a B., de estar con ella y abrazarla y sentir que lo maravilloso también es posible. Y no miraré hacia atrás, como hizo Dafne en su huida, sino que sentiré aquí dentro la fecha dorada de Heros y fluiré con todo lo que inevitablemente tenga que suceder…

Ayer día de vértigo, para variar. Amanecí en la calle Serrano tras pasar la noche en mi hotel portátil. Tenía varias opciones para dormir en Madrid pero sentía ganas de hacer el vagabundo y así lo hice. Tras levantarme me fui en visita relámpago al Retiro donde esperaba M., con la que estuve hablando y compartiendo libros y poniéndonos al día de todo cuanto ocurría en estos días. Me encantan estos encuentros improvisados porque demuestran que la rutina no tiene porqué ser siempre aburrida. Tras estar con M., me fui corriendo a Alcalá donde esperaban K. y la bella B. Habíamos quedado los tres para empezar a programar el viaje a Palestina donde haremos de nuevo de payasos y llevaremos alegría y paz allí donde solo hay desorden y conflicto. La reunión fue muy productiva. Compartimos comida sentados en la hierba del Retiro y luego nos marchamos corriendo con K. hasta una hermosa finca en Collado Villalba donde teníamos una segunda reunión en un paraje privilegiado para empezar a engrasar un proyecto hermoso. Allí nos esperaban la hermosa A., a la que por fin conocer tras una amistad epistolar, M., J., A. y X. Antes del encuentro K. y yo nos dimos un frío baño en la inmensa piscina de la finca, en gayumbos y sin pudor. No había terminado la reunión cuando tuve que marcharme de nuevo rumbo a Madrid para recoger a B. y precioso y romántico viaje juntos hasta la Rioja, con paradas interminables para contemplar un paisaje, el de Soria, que nos hipnotizaba con su belleza. Dejé a B. en Logroño y hoy amanezco en Lérida donde haremos el ritual para las hogueras del solsticio de verano… ¿Y cómo se levantan estas hogueras? Con manos humildes que recogen de la Madre Tierra la leña necesaria para su construcción.  Que la fraternidad y la caridad reinen para siempre… El momento ha llegado… encendamos la hoguera… Y de aquí a unas horas corriendo de nuevo a Logroño, Madrid y…

Llegué de Galicia a Madrid. Allí dejé el Mercedes que me habían dejado para volver a la capital del reino, donde me esperaba el híbrido y B., a la cual le había prometido un abrazo antes de seguir el camino. Conseguí el abrazo tras un periplo por media ciudad lleno de anécdotas y aventuras. Llegué a casa a las dos de la madrugada donde esperaban A. y M. para descargar unos muebles para el encuentro que harán treinta personas en mi casa. Descargamos todo y se quedaron a dormir porque era tarde. Al día siguiente, muy temprano, llegaron L., S., M. y E. para seguir ordenando mi caótica casa y adecuar el lugar para el retiro. Me acosté a las dos de la madrugá exhausto. A las siete estaba ya de pie. Había quedado con Y. y A., la hermosa filósofa para pasar el día juntos. Fuimos hasta Fuente Obejuna ya que allí hay una fábrica de autogiros. Uno de mis sueños es cruzar el África volando y Y. necesita un aparato volador para visitar sus empresas en Brasil. Así que fuimos a probarlos y los probamos y volamos y fue, como siempre, gratificante estar lejos del mundo, en una posición elevada con respecto a las penumbras del suelo, viendo todo pequeño desde el cielo mientras sentía el aire rozando cada uno de mis  poros. La vuelta a Madrid fue increíble, llena de anécdotas, de pérdidas porcaminos inimaginados. Ella contaba cosas de su pequeño país mientras disfrutaba de sus profundos y sinceros ojos azules. Y. bromeaba por todas las anécdotas ocurridas. Dos locos y una auténtica princesa volando quién sabe hacia donde…  Mañana más reuniones, más encuentros… más…

Como todo buen solsticio hoy ha sido un día mágico, de lo más fantástico.     A. y su hija se presentaron en Os Anxeles, en Casa da Pedra Aguda, donde llevo un par de días disfrutando de la entrañable presencia de AC y aprendiendo, a cual master acelerado, de casi todo. Hacía ya unos meses que no veía a estas dos princesas y me sentí como en casa cuando me abracé a ellas con el corazón en la mano. Sentí la unidad de la que hablaba antes, sentí el amor hacia estas niñas que tanto quiero. Sentí como si fueran de mi familia, como si fuéramos carne de la misma carne. Y eso era como estar en casa. Como la hija de A. tenía que estudiar la llevamos hasta la casa de su padre. Es tan especial esta niña… Llegará muy lejos en lo humano si sigue creciendo como lo está haciendo. Luego nos fuimos a uno de los lugares más sagrados del Santiago: el Pico Sacro. Desde allí se divisan todos los valles y montañas que rodean Compostela, una ciudad que de por sí resulta una puerta inmensa hacia el infinito. Sólo así se puede explicar que tantos seres durante tantos cientos de años peregrinen una y otra vez atraídos por su potente imán. Y allí, en el monte sagrado, hicimos un pequeño ritual solsticial para recibir el día de la gran luz. Invocamos al tres veces grande, al padre de las tres filosofías, a Hermes Trismegisto y su Tabla de la Esmeralda. Leyendo el hermoso texto e invocando las fuerzas de la inspiración y la enseñanza, apareció de repente una palabra que nos llamó la atención: “thelema”. Esa fue la gran revelación solsticial, la piedra angular que llevábamos tiempo buscando para completar las esencias del templo que andábamos construyendo. Hablaré con calma de “thelema” porque hay mucho que contar sobre sus esencias y significados profundos… Mientras tanto, feliz fiesta solsticial a todos los que aún creen en los ciclos sagrados de la naturaleza.

La frase no es mía, sino sacada de una anécdota que hoy contaba AC. Y tiene que ver con la escritura, con el amor, con la belleza del pasado descrito en primera persona. Y me ha recordado cuando hace muchos años me gustaba leer sin parar en cualquier recoveco e imaginar y viajar junto al egregor narrador a esa luz que el viento acostumbra a traer consigo, a esos millones de lugares diferentes del mundo o del universo. Mis primeros libros fueron de Julio Verne, así que no es de extrañar que esas primeras lecturas incitaran y pervirtieran mi ya de por sí exagerada imaginación y mi vida se fuera forjando y convirtiendo en una especie de aventura al estilo del autor francés, con cierto deseo horizontal irreprimible. Así, entre viajes extraordinarios, empecé a soñar en la literatura y el vuelo mágico hacia otros lugares. Desde ese entonces, mi obsesión por leer y escribir –siempre en ese orden- fue creciendo y creciendo hasta convertirse en un desgaje soportable de pronósticos reservados. Por eso cuando estos días hablaba con AC y hoy me invitaba a visitar su biblioteca en Os Anxeles, muy cerca de Santiago, no he podido resistirme. Y el viaje desde A Mezquita hasta Compostela ha sido fascinante. Previa parada en el pueblo de Allariz donde AC me mostraba con entusiasmo entre cementerios gallegos, ruinas, iglesias, ríos increíbles y juderías toda su historia familiar. Y como aspirante a escritor he disfrutado de sus enseñanzas, de su experiencia, de su vida que relataba con la intensidad de un poeta, de un ser que ha vivido intensamente en la escritura y en la propia existencia. Así que todo el encuentro y el viaje hasta su casa, desde donde escribo ahora, ha sido como un master acelerado de escritura y literatura. Y ahora, en la noche gallega, tengo sobre mis manos uno de sus libros, “El Griffon”, del cual ha vendido más de un millón de copias en todo el mundo. Me sumergiré en sus pasadizas letras para seguir aprendiendo, entre acordes y baladas, siguiendo los pasos de los sueños y bailando en posición vertical para disfrutar de ese entrañable deseo horizontal que es hacer el amor sobre todas las cosas.

(Foto: En el museo etnográfico de Allariz con AC).

Escribo desde cualquier cafetería de carretera, plagada de camioneros que incluso hoy domingo trabajan a destajo dirección Europa. Ayer pasamos todo el día en Lérida. Hice una emotiva entrega de un nuevo libro que hemos editado sobre masonería, escrito por un entrañable y venerable masón al que instalaron en el trono del rey Salomón. Un día hermoso, a pesar del cansancio acumulado de viajar de arriba abajo por toda España. Como esta vez no viajo solo, intento que el comensal “Águila Roja” se alimente bien, así que tras Lérida buscamos en Zaragoza una pizzería y compramos un dos por uno que tomamos en el coche mientras veíamos el video que nos hicieron en Bombay. Salimos de Zaragoza dirección Logroño, donde vamos a recoger a mi querida B. para volver juntos a Madrid y pasar allí al menos esta noche hasta el martes que tengo un nuevo encuentro editorial. El cliente que nos debe tanto dinero ni siquiera nos quiso recibir. Así que el viaje a Barcelona fue en vano. Seguiremos intentando… Mientras, porque el viaje permite estas cosas, pensaremos como afrontar los retos que vienen…

He parado junto al “Águila Roja” en alguna parte entre Castellón y Valencia dirección a Ayora, donde tengo que presentar un libro de la editorial. Menú del día: patatas de luxe, por eso de que los vegetarianos no comemos hamburguesas. Ayer día intenso, muy intenso. De Córdoba a Toledo, en los increíbles jardines del Cigarral de las Mercedes. De allí a Madrid y en Madrid tarde loca de encuentros y experiencias. A las nueve de la noche camino hacia Barcelona donde dormimos en cualquier parte un par de horas tirados en la cuneta. Hoy, de nuevo ruta…

Hoy empiezo una de esas rutas interminables donde aprovecho para hacer un poco de todo. Esta tarde tengo que estar en Toledo y Madrid por motivos varios. Mañana viernes presentamos en Castellón el libro de Chimo de Ayora. El sábado en Lérida y quizás el domingo Barcelona para estar de nuevo el martes en Madrid y de ahí quizás a Galicia. Reuniones y encuentros, el placer del trabajo o el trabajo por placer. Aprovecharé para ver a ciertos clientes que hace ya más de un año que no pagan e intentaré repensar una y otra vez formas para que la empresa sobreviva durante los próximos seis meses. Al parecer vienen tiempos difíciles. Además, en este semestre se presentan retos importantes. Ser o no ser doctor y la posibilidad o no de empezar de nuevo en el mundo de la docencia. Ser o no ser político y la posibilidad o no de seguir dando guerra. Ser o no ser, esa es siempre la cuestión. En todo caso siempre seré persona, como dice un quillo amigo, y eso lo vale todo… Al fin y al cabo el ser empieza por ahí y extiende sus tentáculos hacia el infinito y más allá… Seamos pues… y lo demás vendrá por añadidura…


El tiempo no se detiene y pasa en exceso rápido. Uno cree, cuando es joven, que le queda toda una vida por delante. Pero esa vida pasa de forma tan vertiginosa que no somos capaces de encontrar el freno de mano para detenerla, para atraparla entre unas manos que envejecen a la velocidad de la luz. Sólo en la soledad, en la meditación del silencio, parece que algo se detiene, permitiendo con ello la contemplación desde una columna elevada que permite ver algunos rasgos del infinito universo. Entonces parece que todo está bien, que todo se mueve al ritmo necesario y que la vida no contempla paradas excepto las de la conciencia.

El jueves regreso a Barcelona si la furia del volcán islandés Eyjafjälla lo permite. Si la cosa empeora podría ser que quedara atrapado en esta isla de felicidad. No me importaría. En estas dos semanas he rendido más que en dos meses. Además, he empezado a redactar mi cuarto y quinto libro a la vez, uno sobre reflexiones antropológicas y otro sobre reflexiones filosóficas maltitulado “La Conspiración de los Iguales”. Tal vez en mayo o junio vuelva de nuevo a Alemania pues encuentro en estos lugares la paz suficiente como para concentrarme con lo que más disfruto: escribir. Además, sigue quedando pendiente el finiquitar la tesis y poder con ello pensar en otras cosas. Quizás este verano sea apropiado para todo esto. Mientras, los días pasan rápido. Por la tarde en el huerto o subido en la bicicleta, perdido entre interminables campos llenos de ciervos libres, de bosques, de prados. A veces me adentro en algún bosque, escucho el crujir de sus inmensos árboles, me tumbo en su hierba y viajo con el recuerdo a la sabana africana, a los desiertos mongoles, al pacífico mar de California, a los caminos dels bons hommes de los Pirineos, a las selvas de Bengala o los profundos valles del Rajastán, a la tierra seca mexicana o las interminables carreteras de Nevada. Reviso la lista de lugares y siento cierta ansiedad. Hay tantos lugares que esperan…

 

Hoy ha sido un día de integración en esta pequeña ciudad de algo más de ocho mil habitantes en el lejano oriente de la Baja Sajonia y a unos diez kilómetros de la granja de Anja. Alguna vez en el pasado había visitado este lugar en bicicleta para tomar un helado o ir de compras, o quizás para visitar a los diferentes artistas que comparten su arte en la famosa semana de la Kûltûrelle Landpartie (traducido es algo así como excursión o salida cultural). Por la mañana hemos ido a desayunar a la casa de Marianne, una amiga de Anja y miembro de la comunidad cristiana a la que pertenece. Como es domingo, tras el suntuoso desayuno, había sesión de estudio bíblico. Me ha resultado, como antropólogo, interesante escuchar como aquí viven con cierta devoción la reforma que llevó a cabo Lutero. Además he podido escuchar algunas palabras en el idioma de esta tierra. Hace unos años pude escuchar a Elisabeth, la madre de Anja, relatar en Navidad un cuento típico en la lengua de este lugar, el Plattdüütsch o Bajo Sajón, un idioma que se está perdiendo y que sólo hablan los más antiguos. Anja sabe algo, y de vez en cuando me sorprende con alguna frase en esta habla extraña para nosotros, especialmente porque ignoramos su existencia, pensando que el alemán se extiende uniformemente por todo este vasto país. Mientras los siete componentes de la comunidad explicaban las hazañas de Lucas 18, miraba de vez en cuando por la ventana pues me encanta ver como en este país integran a la perfección vida humana con naturaleza. Todas las casas están divididas por grandes jardines y pequeñas columnas de bosques integrados en la ciudad como algo natural. A veces, los bosques crean pasillos que se convierten en paseos o caminos que conectan unos barrios con otros. Las casas o edificios, que nunca superan la altura de tres pisos, no están separadas por grandes muros de cemento como en España, sino por pequeñas barreras de madera o vegetales a lo máximo. Eso da una sensación de amplitud y no de claustrofobia. Hay un empeño en cuidar los jardines y todo está verde y florido. Pude observar con más detalle todo esto a eso de las tres, ya que había encuentro en la comunidad cristiana. Así que hemos ido al local donde se reúnen y mientras los mayores cantaban y hablaban sobre la Biblia yo me divertía con los pequeños de la comunidad, haciendo a la vez de padre, tutor, monitor y payaso de los mismos. Lo hemos pasado bien. De nuevo comprendo como los niños, ya sean alemanes, etíopes o indios entienden el idioma universal de la sonrisa. Y así ha sido mi primer domingo en Dannenberg, una ciudad amable de gente amable y acogedora que bromeaban con frases en español con este perdido y errante vagabundo.

 

Pasamos la tarde en la granja de Anja recuperando estiércol de caballo para repartirlo en los verdes y floridos jardines de la comunidad. Pude abrazar a Elisabeth, su madre, pero también al perro Alex y a los caballos que seguían hermosos y libres en los prados. Alguna lágrima solté en diferentes momentos porque esa granja y todo lo que allí podía ver y oler tenía un fuerte componente emocional en mi vida. Allí pasé algún frío invierno, alguna primavera, algún verano y algún otoño. Y cada estación que recordaba pasaba por mis pupilas como si de una película de ensueño se tratara. Se dibujaba en mi rostro sin voz una sonrisa acompañada de una tristeza. Consonancia de un sin sabor difícil de describir. Contradicciones, aflicciones, angustias, pero también belleza, esplendor, fortaleza. Y tras recoger el estiércol fuimos a varias casas, y en la última, allí estaba el joven Jan Christoph, once años que compartía con una dolencia psíquica que esculpía en su rostro anómalo una hermosa cara angelical. De torpe andar, vestido con su jersey amarillo acompañado de una peculiar correa a juego, sonreía curioso por la novedad extranjera. Me preguntó mi nombre, y como en Alemania resulta difícil pronunciar la jota, le contesté en catalán: Xavi. Le gustó. Así que tras descargar el estiércol en esa otra hermosa granja llena de patos y ovejas que deambulaban libres por el pequeño prado, su madre Elke nos invitó a unos sabrosos huevos de granja acompañados de café, mientras que Jan repetía mi nombre con cierta complacencia. Le respondía con cierta complicidad en la mirada, recordando tiempos pasados cuando trabajaba con aquellos niños que ajenos a la realidad, vivían en un mundo lleno de estímulos y extrañas vivencias. Jan me recordaba a todos ellos, y al abrazarlo con la mirada y la sonrisa, era como si abrazara a todos los demás. Tras la merienda, Jan Christoph preguntó como era su nombre en inglés. Lo hizo en alemán pero entendí su pregunta y le respondí. Luego se acercó y cogió un palo rematado con tiras multicolores. Le preguntó a su madre Elke si en Madagascar había palmeras como esas. Cuando lo hizo, entendí su pregunta, y sus ansias de viajar a ese o cualquier país con tal de liberarse de las limitaciones que la naturaleza le había impuesto. Viajar a cualquier parte, aunque fuera inventando una palmera que jamás sería bañada por el sol de Madagascar, pero sí por el sol de su alma… Almas que se reencuentran en la sencillez de una sonrisa, o en la complicidad de un sueño imposible… Gracias Jan, Jan Christoph, por ser tan grande, y por haberme dado la oportunidad de imaginar, de soñar, de viajar contigo…

Acostumbrado a viajar en coche por Europa, se me hace extraño levantarme en Barcelona y estar en dos horas en Hamburgo. Así que aquí estoy, en un viaje, cosas de la posmodernidad, que me ha costado la friolera de veinte euros, mucho menos que el autobús que me ha llevado desde Barcelona al aeropuerto de Gerona. ¿Cómo es esto posible? Como digo, cosas de la posmodernidad. Y veo las ventajas de viajar sin ser tú el conductor. He leído la prensa, por ejemplo, y he visto con cierto asombro como se intenta procesar a un juez que ha luchado contra el terrorismo, los Gal, la corrupción y un largo etc. mientras que los políticos corruptos campan a sus anchas por el senado sin que sean procesados. Esto sólo ocurre en las repúblicas bananeras y en España, por supuesto. Así que he preferido cerrar el periódico y leer a Nietzsche, que me resulta más interesante, sobre todo cuando dice eso de que “quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”… Y quizás me gusta por eso mismo, porque al disponer de un profundo por qué, me resultan tolerables todos los cómos… En todo caso, en lo que queda de tarde, y desde este lugar maravilloso, intentaré reflexionar, para no alejarme en exceso de la realidad, de todo lo que ocurre en nuestro país con la distancia del viaje…

La primera fotografía en la que aparece una persona la realizó Louis Daguerre en 1839 en el Boulevard Du Temple, en París. Desde entonces, el mundo siempre se ha visto de forma diferente. Algo milagroso ocurrió en ese Boulevard, algo que cambió el curso de la imaginación de los hombres. Desde entonces, las imágenes han podido ser compartidas por toda la humanidad. Pero hay imágenes que son difíciles de compartir. Forman parte de lo más íntimo y no siempre se tiene una cámara para fotografiarlas. Por eso la escritura revive como testigo histórico de cualquier momento. Como cuando un día decidí marcharme a Estados Unidos, alquilé un coche y acabé una noche en Las Vegas, mirando a las hostess que por allí andaban en inmensos y lujosos casinos… Las examinaba con cierta curiosidad… sin otra cosa que hacer en la vida excepto el estar allí, contemplando… Recuerdo que días antes había tenido un hermoso encuentro con una aún más hermosa hawaiana que conocí en el Instituo Esalen, a los pies del Pacífico, en el Big Sur californiano. Era muy bella, de rasgos bien marcados, pelo largo, negro, ojos rasgados… nunca supe su nombre. Un día, con gestos, ya que por aquel entonces no hablaba nada de inglés, me invitó a ir con ella a la clase de yoga que la comunidad organizaba por la mañana… aún recuerdo la pasión que envolvía sus miradas, la forma que tenía de rozar su cuerpo con el mío, ayudándome en los ejercicios del hatha yoga… Ese mismo día, por la tarde, tras la meditación vespertina, me invitó a ir a la sauna… No había en aquel tiempo vencido mi pudor para andar desnudo por la vida, pudor, que por cierto, superé de golpe años más tarde en las frías saunas alemanas. No me atreví en ese instante, comprendiendo lo delicado que resulta vivir al extremo del delirio. ¿Por qué no fui a aquella sauna? Al día siguiente abandoné Esalen dirección San Francisco. Estuve todo el maldito viaje llorando, pensando que en cualquier rincón del Chinatown iba a encontrarme con ella. No fue así. La última vez que la vi fue en la danza tribal que hicieron en la comunidad a modo de despedida. Se acercó a mí, me miró, estuvo un rato a mi lado, sonriendo inmóvil para ver si reaccionaba, si movía un dedo, para ver si gemía alguna palabra más allá de mis observaciones empíricas que me ayudarían a completar ciertos vacíos de mi tesis antropológica. Nos miramos con esa complicidad propia de enamorados. Pero no hice nada. Me quedé parado, pasmado, helado por su presencia. Ella se marchó mirándome eternamente, intentado explicar lo inexplicable. Vi como iba hacia una amiga suya y la abrazaba con una fuerza tremenda. Empezó a llorar. Fue entonces como, de forma incomprensible, cogí mi Chevrolet Malibú y desaparecí del Big Sur californiano. Años más tarde aún la recuerdo, aquí sentado, mirando por la ventana como el viento azota los recuerdos… Y uno siempre se pregunta… qué hubiera pasado sí… Perdí las fotografías de ese viaje en un desgraciado accidente informático. Pero eso me da libertad para imaginar esa bonita escena de amor con cierta exageración y melancolía, aprovechando la lluvia que cae, la gran ventana, el cielo escarpado, la imagen del Boulevard du Temple, imagen de un barrio parisino, que por cierto, inspiró mis primeras dos novelas inéditas… Algún día las editaré, porque ellas también son una fotografía exacta de un tiempo perdido… y el tiempo perdido, con o sin imágenes, siempre pervive en alguna parte…

Decíamos ayer… Precisamente ayer, cuando parece que fue un siglo… Es lo que ocurre cuando viajas de un lado para otro y te encuentras con hombres y mujeres notables, con personas que te iluminan, que te abren la mente, que te inspiran confianza, que se expresan amablemente sobre sus inquietudes, sus miedos, sus esperanzas. Y fue ayer cuando viajé relajado por carreteras adyacentes hacia Madrid. Los paisajes impresionantes, inclusive paré en uno de ellos para hacer la foto que acompaño. Unos árboles teñidos de violeta intenso que contrastaban con el verde terreno y el gris celeste. El encuentro en Madrid era con MF y LV para tratar la incorporación de MF como socio tecnológico en Séneca. Cosas del fluir, terminamos comiendo con una interesante persona, el director corporativo de la empresa de encuestas y opinión Ipsos, el cual nos llenó la mesa de datos e información muy interesantes. Hoy reunión en Barcelona con un viejo amigo y socio editorial, CO, y encuentro matutino con una principal distribuidora a nivel nacional para aclarar ciertos puntos en nuestras relaciones comerciales. Mañana tensa y tarde distendida, con charla sin desperdicio. Y mañana día largo e intenso en Lérida. Un viaje fugaz de tres días que acumulan cansancio al traído de India pero satisfacción interior por estar lleno de experiencias enriquecedoras. Nada más se puede pedir a la vida, nada más que sentirnos vivos mientras servimos con premura a nuestro propósito: nada para nosotros, todo para ellos…

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