Mis Viajes…

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Día intenso con dos actuaciones en un hogar de niños precioso, lleno de vida y ternura, de miradas cómplices, de alegría, de sabor a entusiasmo. Miradas de alma a alma, lentas, diseñadas en algún sueño, reflejando la oportunidad única del momento. El regalo de compartir exige sudor, esfuerzo, pero sobre todo, frenesí y algo de locura. Y hoy nos hemos dejado impregnar por esa locura improvisada y manifestada en esta pequeña mota en mitad de un océano de magia.

Casi trescientos niños por la mañana y casi trescientos por la tarde. Agotador. Pero todo un regalo para el alma, que es, dicen, el lugar donde se acumulan las más hermosas riquezas. Por eso hoy nos hemos sentido afortunados, por obrar el milagro de la sonrisa y la alegría, por reencontrarnos con lo milagroso de la vida.

Hay un momento especial que recuerdo. Al final, algunos niños venían para abrazarnos. Y se quedaban un rato atrapados en la magia y el embrujo de ese abrazo sentido, nacido del corazón inocente. Y luego la emoción de la niña Selva que vio desde el otro lado el espectáculo. Me encantaba escucharla en su catalán de tres añitos relatar las aventuras de Kili y Kolo. ¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más se puede pedir? La vida solo existe en este presente, en este ahora. Todo lo de ayer ya no existe y todo lo de mañana está por llegar. Y hoy había pureza, había esas cosas que solo se pueden explicar con alguna imagen, con algún suspiro.

Hemos disfrutado después de nuestro último viaje hace dos años en India. En la segunda actuación, emocionados, incluso hemos desordenado el espectáculo para bailar encima de una mesa o para revolcar nuestros cuerpos contra los niños que se reían de nuestras payasadas. No somos payasos profesionales, pero hoy nos hemos sentido auténticos niños disfrutando de cada instante. Espero que esos niños duerman bien, recordando lo importante de dejarse llevar por cierta locura. Y parece que esa locura, en los tiempos que corren, no hacen daño a nadie, y además, tonifica las fortalezas del espíritu.

La pobreza no reside en el dinero o en el pan, ser pobre es no poder dar y recibir amor. Hoy hemos estado con niños inmensamente ricos, porque han sido reconocidos en su más increíble grandeza. Y nosotros hemos disfrutado de su riqueza, y por lo tanto, hoy hemos sido inmensamente afortunados.

El resort “Casa de Campo” dicen que es uno de los más importantes del mundo. Nuestro anfitrión, nieto de uno de los decanos de una vieja universidad italiana, nos decía que aquí no hay ricos, sino tan solo millonarios. Acostumbrados a vivir en auténticos infiernos cuando hacemos nuestros viajes solidarios, casi nos parecía un sueño extraño el estar aquí entre tanto lujo y riqueza. Las mansiones que nos rodean en el resort deLa Romanacontrastan con lo que hay unos kilómetros más allá… Pero de eso ya hablaremos con calma.

Estamos muy agradecidos por las atenciones recibidas. Nos han dado una casa-palacete con yacuzzi solo para nosotros y todo el servicio que queramos. Grandes coches, chófer y cualquier lujo imaginable. Pero hay algo que nos ha llamado la atención de nuestro anfitrión. Su extrema generosidad, su entrega hacia causas nobles, su especial sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno y su capacidad de disfrutar de las cosas vidas de la vida sin olvidar a los que quizás no lo estén pasando. Eso contrasta con la hipocresía de muchos que vienen aquí para presumir o simplemente para ostentar.

Llevamos aquí 24 horas… Han sido tan intensas y hemos vivido tantas experiencias que no puedo relatarlas todas juntas. Necesitaré muchos días y muchas horas para ordenar impresiones sobre el país, sobre sus gentes.

Solo una anécdota. Hoy hemos ido a un asilo de ancianos. Había dominicanos y haitianos que convivían pacíficamente en este hermoso país tropical. Nos hemos juntado con unos amigos del anfitrión y hemos ido con unos tambores para alegrar la fiesta de los ancianos. Tocábamos cuatro. Uno de ellos un viejo haitiano de mirada profunda. Ha sido increíble compartir el ritmo tropical con él mientras nos miraba fijamente a los ojos. Hemos sentido todos el alma de los antiguos habitantes de estas tierras, y hemos danzado y tocado los tambores hasta que ya no podíamos más.

Ahora paz y calma. Cenar un poco, ensayar un poco y mañana empieza nuestro periplo por la isla. Mil niños nos esperan. Mil aventuras nos aguardan. Un abrazo sentido desde República Dominicana, un país tropical anclado en lo más hermoso del mar Caribe.

Una semana viviendo en una de las zonas con mayor renta per capita de España. Con todos lo cuidados y atenciones de una de las personas más maravillosas que he conocido en los últimos tiempos. Bella por fuera, bellísima como pocas, pero sobre todo, bella por dentro. Con una profundidad capaz de anestesiar a cualquiera. Con un sentido común y una fortaleza admirable. Y luchadora. Esa ha sido su gran lección. Cuando luchas por algo, sea lo que sea, al final lo consigues. Ella lo ha demostrado, por eso resuelve la vida de victoria en victoria, sin miedo, sin desconfianza, con un profundo sentido de la responsabilidad hacia su camino. No le ha importado abandonar reinos y palacios. Ha sabido siempre caminar por ese sentido de la impermanencia, por ese filo de la navaja que tantos temen. Pero ella, diosa venida de no se sabe qué estrella, es capaz de transformar con su magia y presencia todo cuanto toca. Le gusta decir eso de “recolocar” las cosas en su justo lugar. Las cosas físicas, que siempre tienen un orden en todo su vasto imperio. Las cosas vitales, ejercitando cualquier disciplina con tal de lucir todo su esplendor físico. Las cosas emocionales, las cuales lleva años trabajando y eso provoca en ella y en los demás una seguridad admirable. Las cosas mentales, con ese sentido común tan característico de los sabios de viejas edades. Y con ese humor y sonrisa que la conecta directamente con los planos más sutiles. Y esa alma grande que la habita y que cuando mira con su poderosa llama violeta, a cual hierofante de mundos pletóricos, ciega al desprevenido e ilumina al sediento. Le estoy inmensamente agradecido por su generosidad, pero sobre todo, ante todo, por esa magia que ha obrado en mí en un momento especialmente delicado.
Todo esto pensaba cuando lejos de chóferes y palacios deambulaba hoy por Madrid hacia la Plaza Castilla. Allí el último ensayo, el último instante reconciliador antes de la aventura. Mañana estaré volando hacia Miami y unas horas más tarde llegamos a Santo Domingo… La aventura empieza… Ya con cierta melancolía, pero también con cierto cosquilleo por lo que ha de venir… Os espero al otro lado del charco… Nos vamos a hacer las Américas, justamente a ese primer lugar donde Cristóbal desembocó nuestras ansias de conquista, miseria y rabia al Nuevo Mundo…

Mañana, en la madrileña plaza de Castilla será nuestro último ensayo. Pasado mañana estamos viajando dirección Miami y de ahí, vuelo hacia Santo Domingo, capital de República Dominicana. Un chofer nos esperará en el aeropuerto y nos llevará hastaLa Romana, muy cerca de Punta Cana. En el viaje coincidiremos con L., el cual también viaja a la isla por otros motivos. A partir de ahí, nos esperan quince días de periplos entre orfanatos y hospitales y campos de refugiados a los que nos gustaría, en nuestros ratos libres, poder visitar. Intentaremos llegar hasta las desgracias haitianas, y como antropólogo, sería apasionante poder tener contacto directo con la cultura vudú.

El viaje, como todo viaje, será apasionante. Pero dentro de mí existe un mar de dudas y contradicciones que intento ordenar a medida que los días se acercan. No puedo ignorar el desasosiego que impera en estos días en Europa, y especialmente en España y particularmente en mi propia vida. Un desconcierto que tiene que ver con el futuro inmediato y que requiere la mayor de las concentraciones y energías para afrontar el reto de la incertidumbre. Por un lado me alegra este viaje, que de paso, servirá para coger cierta distancia necesaria sobre todo lo que en este pequeño mundo ocurre. Pero por otro, siento que quizás estos no sean tiempos para este tipo de viajes. En todo caso, los más de mil niños a los que llegaremos estoy seguro que agradecerán ese ratito de amor y alegría. Y las crónicas servirán para dar una visión del mundo que seguro nos ayudará a comprender más los estratos humanos que imperan en ese rincón del planeta. Además, con esta tercera crónica, esperamos poder terminar el libro que empezamos sobre las aventuras y desventuras de KK & KK por medio mundo. Y luego la vuelta, y sus retos, y sus desafíos, y siempre, afrontando las cosas con entusiasmo y cariño, con verdadero agradecimiento. Porque en el fondo, detrás de cada drama humano siempre hay una luz de esperanza.

Gent del Barri

El nom de ciutats dormitori té el seu sentit. Les van fer de manera que la seva funció era exclusivament per a això, per dormir. Les finestres de gairebé totes les habitacions donen a patis interiors, foscos, on amb prou feine arriba la llum. Acostumat a despertar amb la llum del sol, avui ho vaig fer una mica tard, cap a les nou, en veure que aquest no arribava. On és la llum a les ciutats?
Vaig baixar a fer una passejada pel barri i saludar la gent ja envellida, amb mirada capcota. Em van venir milers de records de sobte mentre passejava per l’església on em van batejar i vaig fer la primera comunió i on mai vaig arribar a casar-me com hagués marcat la més tradicional dels costums. Després vaig passar pel col · legi on vaig acabar els primers estudis i on després, coses de la vida, gaudia com a monitor de temps lliure. I la “caixa” on vaig tenir la meva primera feina com oficinista en una oficina de banca i la “escalereta” on mai em vaig fumar cap porro ni vaig beure cap cervesa i el “camp” on anàvem a caçar sargantanes i fer nius per a ocells i jugar a futbol i … Els records són la veritable pàtria, per això l’enyorança té a veure amb els mateixos. Les altres pàtries són només fronteres en l’imaginari humà, en la necessitat de parcel · lar les coses i donar-los nom …

Arués

Amanecí en Artaza tras unos días eremíticos en casa de Koldo con el que compartía desde la más absoluta sencillez y armonía unos momentos muy gratos de trabajo conjunto. Tras despedirnos y seguir ruta pirenaica por el norte de España, traspasé Navarra hasta llegar a Huesca, a la comarca de Ribagorza. Hace poco, cosas del destino, estuve allí mismo, en el templo budista de Panillo, cerca de Graus, durmiendo entre sus montañas y meditando sin recordar muy bien como había llegado hasta allí, de donde venía y adonde iba.
Hoy llegué al mismo lugar pero con la intención de conocer uno de los cientos de pueblos abandonados que aún sobreviven en nuestra península Ibérica.
Llegué de nuevo a Graus tras una interesante conversación con Koldo sobre las ecoaldeas, motivo ellas de mi tesis doctoral. Recordé que un buen amigo había comprado uno de esos pueblos abandonados y sentí curiosidad por visitarlo de camino a Barcelona. En Graus entré en un bar para comer un riquísimo bocadillo de tortilla de patatas con cebolla. Mientras preparaban el menú, pregunté como se llegaba a la aldea abandonada. Las indicaciones fueron precisas porque pude llegar hasta el comienzo de la pista, aparcar el coche y empezar una caminata de una hora hasta el lugar preciso. Tras subir por una pendiente prolongada a los pies del monte Calamoc, llegué por fin al lugar abandonado, previo saludo de un zorro que posaba tranquilo en el camino de acceso ya casi inexistente.
Las sensaciones eran increíbles, especialmente por pasear solitario por un lugar que antes había estado habitado por personas, por humanos de carne y hueso con sus historias y sus vidas. Abandonado desde los años setenta, esa aldea había estado habitada hasta por más de ochenta personas a principios del siglo XX.
Lo primero que busqué fue la iglesia medio derruida. La ermita de San Valero, datada en 1725 en la puerta frontal, esperaba paciente mi visita. Pude entrar a duras penas entre zarzas y derrumbes y la pude consagrar con un pequeño ritual donde reconstruí una cruz improvisada en una losa caída. De nuevo la necesidad de reconstruir, de recordar. De nuevo la intensa admiración por esa historia tangible en las piedras del lugar. De nuevo sensaciones que me trasladan a otro tiempo, a otro mundo, a otro espacio.
Cuando el sol empezó a caer sobre las montañas, regresé pausado hasta el coche algo cansado pero feliz. Me despedí de las montañas y de los pueblos abandonados y de los sueños lejanos y seguí el viaje hacia Barcelona.

Eres esperanza

Tesfaynesh, que en lengua amharico significa “Eres Esperanza”, es una niña etíope de cinco meses de edad y menos de un kilo de peso cuando llegó a la vida. Nos cuenta su evolución Nieves Crespo desde la misión donde trabaja en Zway, Etiopía.  Matemática experta en computación y en Teología de la Vida Consagrada, salesiana desde 1991, la conocimos en un loco viaje hace unos años en uno de los países más pobres de la Tierra.

Fuimos a llevar sonrisas a los más de 2500 niños y niñas que estudian en la misión africana y que como Tefaynesh, alguna vez se debatieron entre la vida y la muerte debido a las continuas hambrunas que el país padece desde hace décadas.

Estando trabajando esta mañana junto a Kolo-Kolo, maquetando libros, disfrutando de los afortunados e increíbles paisajes que aquí existen en plena armonía con el hombre, intentaba viajar con la mente y el corazón a esos lugares que de una u otra forma confrontaron nuestra propia personalidad y vida. Lugares y seres que te impresionan por el reto que afrontan todos los días a expensas de una supervivencia dura y difícil. Viajaba hacia ellos comprendiendo lo ridículos que a veces resultan nuestros problemas, nuestras angustias vitales en comparación a todo lo que el mundo, el otro mundo más allá de nuestros ombligos, está padeciendo.

Y en estas fechas donde la hipocresía y la sinrazón se apoderan como nunca de nosotros, debemos hacer un llamamiento interior para tener presente la suavidad y el tacto de los pensamientos que están más allá de nosotros y que nos susurran desde la profundidad del aire que nos envuelve. Hay algo de esplendor en todo ello. En el silencio que recorre la espina dorsal de estos grandes montes cargados de nieve. En las narices que ya nos estamos colocando para la próxima aventura. En la suave crema de calabaza que hemos comido con cierta humildad y respeto, despertando en nosotros la curiosidad por sabernos vivos y despiertos. Somos esperanza, tenemos esperanza en todo lo que inevitablemente tenga que suceder, como esa niña etíope que se aferró a la vida y encontró el apoyo incondicional de esos ángeles salvadores.

(Foto: Trabajando con Koldo en la maqueta de su nuevo libro en Artaza, Navarra).

Solstitium

Mientras hoy paseábamos por montes limítrofes entre Navarra y Euskadi, visitando una tras otra las bordas donde antiguamente se guardaba el ganado y la hierba y donde algún bertsolari improvisaría algún verso en euskera, recordaba el ritual solsticial de ayer. Como pasado representante del trono del Rey Salomón, recibí de manos del actual venerable anciano la espada grabada con mi nombre, signo de fuerza en el trabajo y de defensa de justos ideales. Recordaba el largo recorrido que durante años albergaba los secretos de la construcción del buen hacer, la nobleza de corazón y las dificultades que todo camino entraña. Las mismas que los antiguos campesinos sentirían en sus carnes a la hora de levantar esas empalizadas y construcciones de piedra pura en valles y montañas del Pirineo.

Recordamos a todos los pobres constructores que pudieran vivir en la desolación del espíritu, esparcidos por las superficies del mar, de la tierra o el aire, rogando por un rápido alivio a sus sufrimientos y el pronto regreso a sus países de origen si éste es su deseo.

Tras el ritual sagrado, la magnanimidad autorizó el comienzo del festejo profano. Aproveché para despedirme hasta otra nueva ocasión y retirarme a la habitación del hotel que gentilmente me habían ofrecido. Allí descansé algo mientras recordaba el ara donde flameaba la llama sublime, imagen de una existencia laboriosa y fecunda. Recordaba el aroma como representación del perfume que se desprende de una vida consagrada al Bien, renovando en ese momento las promesas que hemos hecho de perfeccionarnos.

La luz volvía a nosotros en el ritual, saludando paganamente al rey de la Creación y a su obra más bella. El ígneo Sol, el magnificente dispensador de mágicos colores, de aromadas flores, de sazonados frutos, de alegres ninfas, de esplendorosos cielos y vívidos rayos que lo mismo envía su luz fulgurante al indigente o al potentado, a palacio o a la más humilde choza, dando vida a todo con su calor benéfico. Símbolo grandioso de toda libertad, igualdad y fraternidad.

Y esta mañana, cuando me alejaba de las tierras catalanas, de los valles de Lleida para atravesar montañas cubiertas de nieve dirección norte, miraba en el recuerdo las nubes de la mirra sagrada que subían unidas, como nuestras aspiraciones de saber, como nuestros anhelos de virtud, de amor, de verdad. Atravesando ya los hermosos montes de Aralar, ya en tierras navarras, hacía el balance en el seno de mi consciencia sobre las obras de este tiempo.

Así recordaba la ceremonia de consagración del Fuego Sagrado en el solsticio de invierno mientras llegaba a la frontera con Guipúzcoa, atravesado por el valle de Leizarán, al bello pueblo de Leitza. Allí esperaban los viejos amigos Manu y Aitziber con la grata sorpresa de un embarazo que me llenó el alma de gozo y alegría. Compartimos unas ricas lentejas y luego los paseos por el monte rodeados de agua y fría nieve. A media tarde, de nuevo en ruta hacia Artaza donde el bueno de Koldo me esperaba con un vaso de leche y galletas y mucho, mucho trabajo para seguir rumbo al futuro.

Amanecí el día viajando. Recuerdo que en sueños estaba en algún desierto, quizás el Sahara, o el Gobi, o el Yucca Valley que son los únicos que conozco. Allí viajaba volando a un lugar perdido plagado de fósiles donde un grupo de personas se reunía para preparar algún tipo de misión. Me resultaba curioso el sueño.

Por la mañana recordaba también las ganas que hace algo más de un año tenía para recorrer el África volando. Lo había sugestionado la amiga A. desde Mozambique y lo recordaba ayer mientras le escribía a ese perdido país africano.

Y luego recordaba que en estas fechas tenía pendiente un viaje a la India para terminar de perfilar mi tesis doctoral con una visita obligada a Auroville, cerca de Madras, en el sur del país con la intención de explorar la que hasta el momento es la comunidad utópica más grande del mundo. Pero de momento no ha podido ser a pesar de que resultaba importante este viaje. Cosas de la crisis…

Lo que sí parece ser y lo que sí parece que ya está listo es el viaje que vamos a hacer junto a Kolo Kolo en febrero aLa Española, en las Antillas caribeñas, el lugar del primer asentamiento europeo en el Nuevo Mundo. Estaremos enla RepúblicaDominicanae intentaremos colarnos en la devastada Haití para arrancar sonrisas a esas almas que más lo necesiten. Iremos a los orfanatos y hospitales e intentaremos colarnos en los campos de refugiados o allá donde nos lleve el alma. Este será nuestro tercer viaje de risas y sonrisas después de Etiopía e India y esperamos que la experiencia sea única e irrepetible.

Tras un año bastante tranquilo en lo que respecta a viajes, parece ser que el que viene va a ser más movidito. Al menos empieza con fuerza… Pues eso, que la fuerza nos acompañe…

A las siete de la mañana ya estaba recortando distancias entre el silencio y la pureza del aire de la sierra de Hornachuelos y el ruido y la exagerada contaminación que sufre Madrid. El viaje fue agradable y tranquilo, con algo de música de fondo para ir perfilando con notas y momentos todo el recorrido futuro. Hoy tocaba reunión anual con los miembros de la Fundación Ananta para hacer un resumen de las actividades pasadas, su balance, y las futuras acciones a tomar. El proyecto de Colores de Calcuta vale cualquier tipo de estímulo y ayuda.
También aproveché para hablar un rato con Kolo-Kolo y preparar nuestra próxima aventura, que por invitación de un grupo de empresarios será a la República Dominicana en febrero. Así que ya he quedado con él para empezar los ensayos la semana que viene en tierras navarras y emprender con ilusión el nuevo reto.
Estaré por Madrid tres días y luego fin de semana en Bilbao, Navarra y continuar hasta Barcelona. Octubre siempre es una fecha de cambios importantes, así que supongo que este viaje servirá para endulzar esos cambios, borrar el pasado y emprender con ilusión el futuro que venga, sea cual sea.

(Foto: En el bonito y armónico despacho de José Luis, el cual tiene todos mis libros en su mesa y me hace mucha ilusión verlos allí cada vez que lo visito. Agradecido quedo además por alojarme en su hotel, desde donde escribo ahora).

Ayer a la una estaba improvisando un viaje hacia el norte. Tenía que ir a Madrid, pero al final me desvié primero hacia Linares, para compartir un delicioso cuscús de calabaza y verduras con los amigos J. y E. y hablar de arte, pintura y nuestro nuevo libro de “Poetas del 15M”.

Tras la agradable charla, viaje a Araya, en Castellón, disfrutando de uno de mis platos favoritos: papas fritas con huevo que el viejo amigo E. me ofreció a las once de la noche, cuando llegué. Quedé allí a dormir, en una perdida masía entre montes y pinos, desconectado del mundo, sin cobertura, sin red, excepto la de la propia naturaleza. El viaje fue plácido y tranquilo, alejado de autovías, preferí marchar cerca de la Sierra de Cazorla que veía de frente mientras recordaba esos pueblos que alguna vez visité en bicicleta o autobús: Canena, Rus, Torreperojil, Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo, Arroyo del Ojanco, Puente de Génave… Así por valles y montañas alejadas de los circuitos normales, disfrutando del silencio y la reflexión.

Y hoy por la mañana un largo desayuno de casi cuatro horas hablando con los viejos amigos y G., un interesante anarco-masón con el que hemos tratado todo tipo de temas sagrados y profanos.

Un viaje de dos días sin desperdicio hasta llegar esta tarde, algo cansado, a Barcelona, donde una apretada agenda y la presentación del libro de Gloria me espera hasta el miércoles. Luego… de regreso…

Acabo de llegar al hotel Princesa de Éboli, propiedad de un buen amigo que sabe que soy amante de dormir en coches y cunetas y ante la tentativa ha preferido ofrecerme una buena habitación en este hermoso espacio, medio zen, medio lugar de muchos recuerdos de estos años que han pasado desde la primera vez que pisé sus suelos. JL es un gran hombre que siempre muestra su espiritualidad práctica en este tipo de gestos. Amor en acción, que es el mayor de los amores. Un gran empresario que se levanta por las mañanas a meditar y por las tardes aún le queda tiempo en su agitada vida para dar clases de yoga. Paradójica la visión que siempre tenemos de la gente que se dedica al espíritu. Y cuando conoces a gente como JL se te rompen un poco los esquemas.

Llegué esta mañana temprano a Madrid. Llegaba feliz, alegre y lleno de fuerza, pero a medida que me adentraba por la Castellana, por Serrano, por Recoletos, por López de Hoyos… un nudo se me hacía en la garganta y el llanto no podía esconderse. Tantos y tantos recuerdos hermosos que de repente se agolparon en mi cabeza y en el corazón… Tantos y tantos momentos, lugares, rincones, miradas, secretos, abrazos, complicidad, encuentros.

Dos meses sin salir de casa y cuando lo hago me encuentro con esta montaña rusa que aún no soy capaz de gestionar con equilibrio. Quizás por la incertidumbre, por el deseo, por las ganas, por la emoción, por el qué pasará, por seguir empeñado en profundizar en ese “ama hasta que te duela”. Y como digo en el epílogo: duele, claro que duele.

Estuve comiendo con dos viejos amigos. E. y C. Había miedo en el ambiente por el panorama laboral de ambos y por la situación en general de una generación que no ve futuro por ninguna parte. Me ha estremecido las palabras de C.: “tengo miedo”. Lo ha dicho con esa profundidad que sale del alma, con ese aliento que describía no un miedo individual, sino colectivo, de un tiempo y de un país que no sabe hacia donde va. Un miedo que he hecho mío porque también sentía cierto temor hacia esas cosas que a veces no podemos controlar. Pero la vida es así, y como ayer me decía con cierto cariño MC: “estas cosas te harán fuerte”. Sin duda, todo lo que está pasando nos hace fuertes. Así que toca seguir luchando por lo que queremos y amamos hasta el final de nuestros días…

Fue la primera cena en aquel lugar, pero también la última para mí. Habían sido unos días duros y difíciles, de cansancio y agotamiento. Todo cambio requiere esfuerzo y templanza porque resulta fácil perder los nervios. Podría haber sido simplemente eso, una pérdida de nervios. Pero internamente sabía lo que estaba pasando. Podía ver los gestos y los símbolos expuestos en todas partes y a cada momento. Era evidente, era una evidencia que había intentando negar durante mucho tiempo. Pero ese día se manifestó con cierta crudeza. Realmente no me lo podía creer, pero allí estaban. Los observaba en silencio, sin decir una palabra, contemplando la escena con cierto dolor. En aquella cena, la última cena, hablamos sobre mi viaje a Mongolia. No sé como surgió el tema pero recuerdo que conté con alegría por el recuerdo la vez que toqué a un camello en el Gobi. La bella M. pudo inmortalizar el momento en una antigua cámara de fotos que meses más tarde reveló. Hoy, haciendo limpieza en toda la casa, la he encontrado mientras me regodeo una y otra vez en cada detalle de esa última cena. Supongo que así son los duelos… supongo que así tienen que ser…

 

En alguna parte escribí el relato de aquella experiencia de la siguiente forma:

 

Muy cerca de Eech Hairhan,la Montaña Madre, mientras surcábamos el desierto del Gobi y las entrañas de Altai, el niño santo aprendía a identificarse con los animales. Me seguía cogido de la mano hasta los camellos salvajes. Escurridizos y miedosos, prudentes y asustadizos ante nuestra presencia, dejaban que el niño santo se acercara a ellos guiado por mi mano. “No les hables directamente… susúrrales… sé uno con ellos”… le decía al niño santo… Al final, con paciencia y ternura, el contacto era posible y el milagro se repetía con todos los animales… Tocábamos al camello con suavidad mientras empezaba un espectáculo de llantos… Los camellos salvajes impresionan, pero verlos llorar ante el contacto, quizás único, de los humanos, era estremecedor… Luego pudimos tocar un mirlo que había posado en uno de los templos budistas… ¿como poder tocar a un pájaro libre? El niño santo estaba lleno de emoción… y yo también… Esos encuentros con los animales se repiten en ciertas ocasiones… El último, en la isla de Elephanta, a pocos kilómetros de Bombay… Me alejé de la gente y los turistas adentrándome en la montaña. Me senté en un lugar remoto intentando tomar contacto con una familia de monos que andaba robando botellas de agua a los turistas. El contacto, de nuevo, fue posible. Me rodearon, se acercaban a mí, me miraban y me tocaban con curiosidad… y yo a ellos…

 

Pd.- Esta era la foto… No era un dromedario, sino un camello… ;-) ..


Antes de marcharme de viaje debi tocar alguna tecla en el blog que durante unos dias me ha impedido escribir nada. En parte mejor porque asi he podido desconectar durante casi diez dias de los ordenadores, los mensajes, la informatica, la red, los contactos… En definitiva, del mundo. Un silencio que me ha venido bien para la reflexion y la interiorizacion de aspectos fundamentales de la vida. De la vida ordinaria, pero tambien de la vida extraordinaria, esa que esta cargada de sorpresas diarias y continuas y que muchas veces resultan indispensables para la continuidad vital.

Me encuentro bien. Tras cinco dias en un paraje paradisiaco en el mar Baltico, en un pueblecito costero llamado Nida, consumo ahora otros cinco dias en la capital de Lituania, una bella ciudad dentro de un bello pais cargado de naturaleza y paisajes hermosos. Sus lagos, sus infinitos bosques, su gente amable… Un pais que merece la pena conocer e invita a la reflexion sobre la importancia o no de que existan estados gigantes como el nuestro. Aqui, donde no hay mas de tres millones de habitantes se vive bien. No se necesitan grandes cosas porque todo es sencillo y todo resulta cercano.

El sabado volvemos a Madrid y de nuevo la incognita sobre el futuro. De nuevo la lucha con lo ordinario, con lo comun, a expensas de que el futuro no este plagado de un exceso de dificultades. Habra menos arrogancia y mas humildad. Al menos, habra menos abundancia, pero mas sencillez. Una sencillez que debera llevarnos hacia la vida buena…

 

 

La mar siempre tiene dos orillas… También lo humano. A un extremo siempre encuentras playas cálidas, desiertas, plagadas de palmeras y vistas a lugares de ensueño. Mar calma y tranquila, lugar de reposo y bienestar. En la otra orilla, siempre hay acantilados agrestes, orillas inexistentes, peligrosas aguas llenas de salientes que pueden quebrar el navegar. Tempestad y peligro, quizás naufragio. A dos mares navega el hombre, o como decían en las antiguas crónicas, allende los mares… Qué frase más épica… Me ha recordado un atardecer en las costas del Big Sur californiano… Había un gran sol que caía despacio por el precipicio celestial, inclinando en el Pacífico una gran belleza y esplendor. Me encontraba apoyado en el acantilado, sujetado con fuerza a una barandilla de madera que me protegía de un abismo hermoso, plagado de verdes bosques que observaba a mis pies. El sonido del mar, de la música que salía de alguna flauta que alguien tocaba en el Instituto Esalen, acompasaban esa tarde de julio con cierta paz y armonía… Recuerdo que se acercó aquella hermosa chica hawaiana que días antes me ayudaba con sus suaves manos en los ejercicios de yoga. Me miraba y sonreía con interés, medio desnuda, inclinando la cabeza para que la acompañara a la sauna natural que había subiendo una pequeña colina. Fue un hermoso canto de sirena que recuerdo de vez en cuando, quizás porque la semilla de Itaca siempre renace dentro de uno… y te empuja, irremediablemente, a la aventura… Cuando navegas a dos aguas… siempre evocas a ambas orillas…

 

Comimos algo en el restaurante Kikara, en la calle Iparraguirre. Muy bueno el arroz caldoso de verduras. Seguimos el paseo hasta el Guggenheim, donde pudimos ver, cortesía del hotel Ercilla, la exposición de turno. No entiendo mucho de arte abstracto, pero me gustó una exposición sobre pintura de entre guerras, donde el pintor parisino Amédée Ozenfant clamaba por el absurdo de lo que estaba ocurriendo en esa época. “¡Pobres soldados heroicos! Pero cuando caéis, ¿no sería más decente que miráramos para otro lado?” Decía el pintor… y es que ante la agonía, el civilizado corre la cortina, un poco lo que ha hecho Europa ante las revoluciones árabes que se están protagonizando en estos días. Si bien USA ha hecho una apuesta contundente por las mismas, Europa, de nuevo, ha mirado hacia otro lado… Quizás porque Europa sigue excesivamente enmarañada en su estética clásica y sigue buscando la llamada al orden, como expresó Jean Coctueau, buscando aún sus personajes arquetípicos en la antigua Grecia.

Tras el museo, tocó Ópera. Esta vez en el palacio Euskalduna. Nos llevaron al parco de honor, desde donde pudimos ver a la lituana Violeta Urmana haciendo de lady Macbeth en la ópera de Verdi. Al final del acto, nos acompañaron a los camerinos para saludar a la soprano y pudimos ver todo el entresijo que hay detrás del escenario. Una experiencia hermosa. Y hoy seguimos con la ruta. Iremos a Vitoria (ahora sí), y de ahí a Córdoba. Ella tiene reuniones y yo debo reparar un cristal que ayer nos rompieron en alguna parte de Bilbao. Cosas del camino…

Ayer acompañamos a K. hasta Estella. Un viaje agradable donde pudimos conversar de temas diversos, interesantes, necesarios. Hoy con X. en Bilbao. Hacia tiempo que no nos veiamos y hemos aprovechado un viaje de trabajo para estar con ella. Mañana a Vitoria y corriendo a Cordoba. Semana de viajes, intensa, llena de aprendizajes y compartir. Me siento bien, tranquilo. Parece que las cosas van encajando poco a poco y sedimentando aquellos fangos que se revuelven ante cada cambio… Pronto todo estara asentado y sera momento de empezar a construir un nuevo y solido edificio… Como buen arquitecto, andamos ya rastreando los planos para que la construccion sea justa y perfecta… Ahora a seguir compartiendo… hay tanto por hacer en el vasto campo de la experiencia…

Desde Barcelona

Escribo recién llegado a Barcelona con sendas paradas en Madrid y Lérida para tratar asuntos varios. No es importante el motivo por el que he venido, al menos en el plano de eso que llamamos esencial o imprescindible. Sin embargo, cuando se hacen más de mil kilómetros de una punta a otra de esta piel de toro es porque algo motivante va a pasar. Además, estoy feliz porque el domingo he quedado con A., una filósofa. Y venía hoy pensando que más allá de la metáfora, ella ha sido la única que me ha llevado a volar… Es cierto que fue en autogiro, pero eso ya es algo… En fin, supongo que lo mío serán ganas de estar distraído o al menos ganas de no pensar en experiencias pasadas… También estos días serán de reflexión y toma de decisiones con respecto a mi futuro inmediato. De momento ya he pedido a K. que no cuente conmigo, al menos durante este año, para hacer reír a los niños. Kili-Kili esta caput, cansado, y necesita recuperarse de sus heridas. Ha sido una decisión muy triste, pero me siento extrañamente con ganas de poner primero orden en mi caótica vida y enderezar las propuestas que se me ponen sobre la mesa… Veremos por donde acaban tirando los tiros…

B. está pasando unos momentos difíciles en su vida. Comprendo, acepto y respeto todo su proceso e intento estar a su lado, ya como amigo, para inspirarle confianza y valor. El viernes por la noche, tras la agitada asamblea política, sentí la necesidad de estar a su lado para darle un sentido abrazo. Creo que los amigos deben estar en lo bueno y en lo malo. Así que a eso de las once de la noche cogí el coche dirección Madrid. Llegué a las cuatro, bien de madrugada y aparqué como pude cerca de su casa para dormir un par de horas. Sólo deseaba verla, abrazarla y seguir mi viaje. Pero la cosa se complicó. A eso de las ocho, salió de su casa dirección al trabajo. Se llevó una sorpresa al verme porque no me esperaba. “Siempre apareciendo y desapareciendo”. Nos dimos un fuerte y sentido abrazo y me pidió que le acompañara a un evento en la sede de la Comisión Europea en Madrid. La acompañé y me coló al evento. Fue muy interesante y a mediodía, tras despedirme de B., salí hacia el coche. Había olvidado completamente que estaba mal aparcado y me temí lo peor. Cuando llegué, la grúa se lo había llevado. En ese momento me llamó K., que cosas de la vida, estaba dos calles más abajo. Me ayudó y acompañó para rescatar el coche mientras me contaba emocionado que Payasos sin Fronteras podrían estar interesados en fichar a Kili-Kili & Kolo-Kolo gracias a unas gestiones previas que generosamente había hecho B. preparando nuestro viaje a Palestina. La noticia pintaba muy bien. Tras estar un rato con K., me fui corriendo de nuevo cerca de Alcalá donde había quedado con L. Aparqué, esta vez algo más precavido, en un parking subterráneo. No recuerdo qué pasó que una vez aparcado el coche debí quedarme frito de sueño en el mismo parking durante al menos dos o tres horas. Así que no pude ver a L. y me fui corriendo dirección Segovia donde esa misma noche había quedado con Y. y su pareja M., una hermosa diplomática que trabaja para el Ministerio de Asuntos Exteriores y que por motivos varios tenía ganas de conocer. Tomamos como excusa para vernos el “Hay Festival” y el evento en el que el famoso arquitecto japonés Shigeru Ban nos habló de la responsabilidad social de la arquitectura. Una charla muy interesante y una cena muy interesante a la que se unió, de forma casual, un catedrático de derecho y su mujer que conocimos allí mismo y con los que pasamos un rato agradable. Como el mundo es un pañuelo, resulta que este catedrático y conferenciante es amigo de M. Qué mundo más pequeño. Así transcurrió la noche. La última vez que vi a Y. fue volando en un autogiro y perdidos en mitad de la nada. El regresa pronto a Brasil, donde tiene sus empresas, y dan ganas de acompañarle. Me despedí de la pareja con un sentido abrazo y me fui pitando ya de madrugada hacia Madrid, donde al día siguiente esperaban más y más acontecimientos…

A veces la vida te hace regalos que no sabes como valorar. Lo que antes era un palacio de principes, el Nuneham Palace, en las cercanias de Oxford, se ha convertido en un palacio de angeles que se levantan a las tres y media de la madrugada para, con el amrit vela, meditar y practicar el raja yoga. No hacen ningun mal, con este yoga te ayudan a profundizar en las peculiaridades de la existencia y ademas, como son vegetarianos, se preocupan de no aumentar el sufrimiento en el mundo. Seres pacificos y generosos que piensan en positivo y viven en positivo. Me estoy dejando contagiar del lugar y su paz. No me importa levantarme al alba y degustar las mieles del silencio. No me importa compartir estos momentos de mansa paz y calma y no me importa escaparme a la cocina para echar una mano fregando platos. En las cocinas siempre ocurren cosas hermosas, como hace tres primaveras, justamente en una cocina escocesa, mientras intentaba olvidar a la que ahora intento recordar una y otra vez. Que paradojas tiene el destino. A. me ayudo a olvidar a B. y ahora B. me esta ayudando a olvidar a A. Asi es la vida, un ciclo, dos ciclos, tres ciclos… hasta que aprendemos sus lecciones… Me voy a meditar a los jardines palaciegos… Esta nublado, es decir, hace buen dia… Los pajaros cantan sin parar y las flores iluminan los caminos… El proposito los ilumina… tambien a mi… Ommmmmm….

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