Cosas del día a día

You are currently browsing the archive for the Cosas del día a día category.

Cuando abro el tragaluz de esta ventana el aire es templado, pero refrescante. Se escucha el murmullo de los mensajes que llegan sin parar, con sus avisos, con sus palabras llenas de cariño, con sus desnudos de alma. Me gusta acariciar la multitud de promesas que se destilan en unos y otros con optimismo y alegría y me escondo en su anonimato para imaginar hermosas historias llenas de sentido.

Si miro un poco más afuera hasta llegar al jardín, veo como la hierba, con las lluvias de estos días, empieza a magullar el entramado de tundra. Detrás, los árboles que suspiran aliviados y las primeras florecillas esmaltadas de mil colores. Las nubes, ahí fuera, dibujan contornos increíbles. Poco antes he quemado algunos maderos y hojarastra y mi ropa aún huele a chimenea.

Echo de menos la Tormenta, pero sigo en el silencio tragando saliva ante la soledad de volverme a reencontrar con mi plenitud dorada, con mi mesa que es mi palacio, con mi silla que es mi trono, con mi jardín cargado de duendes y elfos que son mi reino y mi gente.

Es domingo, son más de las siete y acaricia el espacio unos agradables veintitrés grados. El bosque está tranquilo y el horizonte bulle de hermosura. Mientras trabajo en mi mesa, en mi templo, miro por la ventana las nubes… Me gusta imaginarme colgado a ellas, balanceándome de una a otra mientras a base de saltitos viajo por todo el mundo. Desde arriba veo como los rayos de sol acarician los cortinajes de las ventanas, los tapices de terciopelo, los sillones con sus gentes, los átomos de polvo y los peldaños de las escaleras que separan estancias unas de otras.

A veces me dejo caer por uno de esos rayos y me cuelo en la vida de esas personas. Me siento invisible a su lado, contemplando sus angustias, sus alegrías. Desconozco los paisajes que me rodean, pero al verlos tan vivos me siento como en casa y les hago compañía. Y abrazo a unos y a otros hasta que el rayo me sujeta y me estira hacia arriba, atravesando el tragaluz o las ventanas y volando hacia otra parte. Hay tantos lugares, hay tanta gente a la que abrazar, hay tantos besos inocentes y desnudos que compartir. Y cuando llega la noche, entonces me imagino las estrellas erguidas en su cielo. Enciendo mi luz y viajo hasta ellas intentando vencer la gravedad con esa levedad que la fantasía nos ofrece. Y en el ensueño, empieza una nueva jornada, un nuevo viaje, un nuevo abrazo… Y todo comienza de nuevo, en esa lisa y luminosa otra vida, observando en la oscuridad cuantas almas solitarias existen y cuan necesaria es la compañía que desde las estrellas o los rayos de luz se puede dar de forma generosa, invisible, silenciosa…

Nuestros mejores éxitos siempre son esos demonios que hemos conseguido domar. Y cuando has dominado unos pocos te das cuenta de que lo único que vale en la vida es poner todo el corazón y la consciencia entera en eso que llamamos amor universal. Es cuando ese estado de fe se reconcilia con la razón y surgen cosas maravillosas a cada paso, a cada instante. Maravillosas y milagrosas, porque cada día es un milagro y cada día es una oportunidad única de atravesar con nuestra alma toda esta vida.

Ayer, gracias a la fuerza de una gran amiga, recibimos más de mil trescientas visitas en este humilde blog. No son muchas quizás, pero son mil más de lo habitual, cuando la media roza entre trescientas y cuatrocientas diarias. Así que fue bonito cerrar agosto con ese regalo de amigos venidos de todo el mundo que pasaron por esta humilde casa para dejar su aliento, su poso virtual, su belleza y enigma. Silenciosos y sigilosos.

Y hoy septiembre. Un gran día y un gran mes que determinará las nuevas maravillas para el que se presenta como un año increíble, de crecimiento, de profundas experiencias y vivencias. Un año de seguir compartiendo los misterios de la naturaleza y seguir insistiendo en la urgencia del vivir. Un año para seguir creyendo, con rabia y dolor si hace falta, en el amor incondicional.

Tengo la sensación de estar sumergiéndome en los abismos de este océano, pero ya no como un náufrago, sino como un buceador que explora todo cuanto hay. Septiembre será un mes de grandes prodigios… Y los avatares de la vida estarán ahí para seguir cumpliendo con la promesa de orden dentro del caos. Y en lo invisible, en lo humilde, en lo secreto, seguiremos trabajando por esas pequeñas-grandes cosas que nos hacen humanos. Bienvenidos a septiembre… bienvenidos a un mundo y un tiempo de oportunidad…

Ayer terminé por fin el libro sobre el amor. Ayer por primera vez en casi un mes no me senté a esperar al lado del árbol que sobrevivió a la obra, junto al fósil. Ayer por primera vez sentía que los corazones habían hablado y había que seguir sus designios. Ayer me dejé fluir y de nuevo entró la actividad en mi vida. No caí en la cuenta pero la visita de veinte personas de repente en mi casa me recordó que antes mi vida era así, un reguero de visitas continuas, de gente extraordinaria y maravillosa que venía hasta la Montaña para ver a su loco, a su raro. Y cuando caí en esa cuenta, de repente el teléfono empezó a sonar y los mails empezaron a diluviar. Había terminado el encierro, había terminado el duelo, había terminado el dolor.

Y hoy vendrá desde Sevilla ese gran hombre, J., a pasar un buen rato de compartir. Y mañana vendrán de retiro unas treinta personas a mi casa para espiritualizar aún más este lugar. Meditarán y hablarán de pureza y paz, y eso será bueno para limpiar estas energías y purificar el ambiente. Y el sábado ya he quedado con la hermosa M. en Málaga para que me cuente sus andanzas por Hungría, y con la buena de D. y con Y. a falta de que me confirme por donde andará. De nuevo salgo de la cueva y de nuevo los milagros, como la llamada de C. de esta mañana ofreciéndome energía y valor para seguir luchando. Gracias C… la criatura, tú criatura ya está en camino…

El libro-terapia me ha salvado una vez más del abismo, y ahora toca disfrutar de nuevo del camino… Por eso, ayer, cuando lo subí a la imprenta, fue como cerrar una gran puerta y ver como se abrían cientos, miles de ventanas… Ya no hay pasado, ya no hay futuro, solo presente, solo ese eterno ahora, ese increíble gerundio… Y aquí estaré, de nuevo con ganas de abrazar a la vida…


Esta mañana ha venido a casa una bella adolescente acompañada de unas veinte personas de su misma edad. Tímidamente, me han pedido agua. Les he dado agua y magdalenas. Ella, con sus profundos ojos verdes, me ha preguntado: “¿Esto qué es?” Le he contestado: “una casa”. Ella ha dicho: “Pero es muy rara”. Y sonriendo, le he dicho: “Es que yo soy muy raro”. Se ha sonrojado quizás porque no esperaba esa respuesta. Tampoco yo esperaba esas preguntas. Me hubiera gustado invitarlos a todos a una charla divertida, como en los viejos tiempos, pero me he dado cuenta de que aún sigo enclaustrado en mí mismo, sin pocas ganas de salir al exterior. Momentos antes había estado R. un rato junto a A. Hacía cinco minutos que había terminado por fin el libro “Ama hasta que te duela” y cinco minutos que ya estaba en la imprenta. Realmente un título raro para un libro raro de una persona rara. Rara, raro, raro, como dijo MC en una presentación de un libro delante de un amable y paciente público. Sí, el niño nos ha salido rarito, decían mis padres. Sí, rarito cuando en vez de ir a las discotecas me encerraba en bibliotecas buscando en los libros esa sabiduría que el conocimiento nunca nos da. Me perdí la experiencia de estar ahí fuera, en la discoteca, leyendo del libro de la vida, creciendo en sabiduría vital. A cambio, un cúmulo de teorías sobre la vida y la muerte que nunca me sirvieron excepto para eso, para ser raro, como mi casa, como mi vida, como ese coche que no hace ruido y ese jardín plagado de duendes que esperan el regreso del niño que los creó. Sí, es que soy muy raro… Y ella bella, muy bella, con sus profundos ojos verdes.

Llueve en La Montañay eso me hace feliz. El día gris, ese fresquito que con gusto repele el calor de estos días… Llueve, me revuelvo entre las gotas que caen partidas por el diccionario de la naturaleza. Ese olor a tierra mojada que entra por el ventanal abierto… Esas nubes preñadas de agua…

Y me recuerda la parodia de la vida, donde se abre el telón, se nos arroja a la escena de la vida y tenemos que actuar, que ser sin un guión previo. De repente descubrimos en la seriedad del drama que todo es ficción. Entonces viene la diversión y nos tomamos un descanso existencial, un descanso de nosotros mismos, de la seriedad de la vida, de su dureza y tensión. Eso ocurría hoy mientras la Tormenta volvía, mientras leía entre sus mensajes un aliento fuerte de esperanza…

Esta mañana tenía preparada la mochila cargada de buenos deseos para estar dos semanas merodeando por el Camino… Pero cuando me levanté me di cuenta de que ese viaje iba a ser una huida hacia delante, y que todo lo que soy y siento me iban a acompañar. Así que desistí, con el deseo de terminar pronto los libros que estoy preparando.  Y ahora sigue la parodia, con deseo bello y sublime, a la espera, de nuevo, a que la vida se llene de milagros… Como la lluvia de hoy en La Montaña, como la Tormenta que arrecia todo cuanto soy…

Foto: gotas de lluvia hoy en La Montaña…

Tras unas horas dedicadas al jardín, he subido a una de las terrazas para contemplar de frente la luna llena y la lluvia de estrellas. Tras una pequeña meditación y algunos ejercicios de respiración, me he quedado inmóvil contemplando el increíble paisaje… Ahora estoy escribiendo, medio anestesiado, desde este lugar privilegiado… Es increíble lo que cambia la perspectiva de las cosas cuando, acostumbrados a la visión miope de la vida, de repente tenemos ante nosotros un vasto dominio de paisajes, naturaleza y vida en su máximo esplendor… La luna, pronto las estrellas, los bosques, los ríos, la campiña, las montañas al fondo, los cortijos andaluces blancos y opulentos, los tejados de las casas, la torre de la iglesia albergando las puertas sagradas al universo, el castillo con su historia olvidada… el silencio… Puedo ver con cierto orgullo como el árbol que sobrevivió a la obra ha sobrepasado ya las vistas de la primera terraza, apareciendo, algo tímidas, las primeras ramas sobre el tejado. Y siguiendo la vista hacia el sur puedo imaginar detrás de las montañas el inmenso mar, apenas a doscientos kilómetros de donde me encuentro… Hay tanta vida ahí fuera…

Cuarenta grados a la sombra pero de vez en cuando una agradable brisa acompañan los movimientos de mi mano derecha en el vasto campo de la actividad. En la India lo llaman el karma-kshetra, al cual se llega mediante el kshetra-gñá, es decir, el conocedor del campo, el alma espiritual.

Arriba, abajo, arriba, abajo. Mientras todos duermen su tradicional y necesaria siesta, mi mano prefiere pintar la casa, arreglar grietas, cuidar el jardín. Practicar sin descanso el karma yoga… Resulta ser una buena terapia. Compensa un poco el exceso de actividad mental con el ejercicio físico. Es una forma de que toda esa energía acumulada en la cabeza baje un poco al cuerpo y así se armonicen todos los centros.

Arriba, abajo, arriba, abajo. Hoy habré quitado unas cuantas grietas y habré pintado unas pocas paredes. Así la casa parece más joven. Rejuvenece al mismo tiempo que mi alma también lo hace. Pinto sonrisas en las paredes con la brocha mientras que en el lienzo del alma aparecen sin cesar. Ahora está todo más ordenado, más limpio, más hermoso. Como en las tres columnas de la tradición: Sabiduría, Fuerza y Belleza, las columnas Jónica, Dórica y Corintia.

Antes de empezar me he cortado el pelo casi al cero. Así el sudor del trabajo no se acumula en el cuero cabelludo y chorrea libre de entre los poros. Qué sensación más liberadora. Unión a través de la acción, o como dice el Bhagavad Gita: «Renuncia en Mí todas tus acciones y empeña la batalla libre de esperanza y egoísmo, posada la mente en el Supremo Ser»…

Pues eso… arriba, abajo, arriba, abajo… Mientras pinto, de reojo, con cierta desconfianza, miro lo que ocurre en Inglaterra, y en el mundo y reflexiono sobre ello. Porque como es arriba, es abajo, al igual que cuando la brocha sube y baja en un incesante bailoteo profundo y consciente…

Acaba de marcharse R. tras una hermosa charla aquí en La Montaña… Hoy el día amaneció hermoso, lleno de luz, con música sacra de Mozart que me acompañó de buena mañana. A las siete estaba ya meditando sobre la grandeza del mundo, sobre lo maravilloso de la vida. Hoy tenía ganas de terminar con el auto sabotaje y deseaba volcar mi parte positiva en todo cuanto pasara. Nada más bajar de la tercera planta, ahí donde he instalado el nido para dormir, bajé alegre porque había recibido un mensaje de T. Me sentí tranquilo. Sabía, intuía, que hoy iba a ser un buen día. Los pensamientos negativos hacía días que empezaban a desaparecer. También la rabia acumulada por no entender los procesos de la vida. Hoy me sentía limpio, diferente, me sentía más cerca de mí mismo, más reconciliado conmigo mismo. Más tarde, una bellísima persona me invitaba a viajar por medio mundo con ella. México, Honduras, la India… Me parecía increíble… tentador… especialmente para un antropólogo con ganas de seguir explorando mundos…

R. decía en su conversación que somos seres de luz… Nos alimentamos de plantas que además se alimentan de la luz del sol… ¿Acaso no nos damos cuenta de que hay vida antes de la muerte? Me gustó su racionamiento, tranquilo, maduro, sereno… Venía muy apropiado al estado de ánimo con el que me levanté. Quizás todo tenía que ver con el dulce sueño que tuve esta noche con T. Y luego, cosas de la vida, con su mensaje mañanero. El dolor había hecho su efecto y sabía que era cuestión de tiempo el volver de nuevo al ser, al sentir, al estar preparado para seguir disfrutando de la vida con corazón abierto, con coraje y valentía, con propósito, con generosidad. Me siento fuerte, dispuesto a retomar el trabajo de la vida, su gozo, su alegría…  Tengo ganas de seguir compartiendo todo cuanto tengo, todo cuanto soy… Esa es la mejor forma de sentirnos humanos… Ese será siempre nuestro mayor aprendizaje…

Estaba paseando por los cuatrocientos metros de casa. Subiendo de una planta a otra. Buscando formas de cambiar muebles y analizando cual sería un buen rincón para resituar mi escritorio y emprender desde ahí nuevos sueños, nuevos futuros. Una casa tan grande y sin encontrar aún el lugar idóneo. Buscaba entre los ventanales para tener al menos hermosas vistas mientras escribía y atendía llamadas. Miraba los planos originales del arquitecto para cerciorarme de los metros exactos. Palmo a palmo intentaba buscar el lugar idóneo mientras revisaba las ampliaciones que la casa había sufrido en estos difíciles años. El Aguililla me informaba que una amiga suya quiere abandonar su casa y que si la podía acoger en la mía. Le dije que sin ningún problema siempre que ayudara en las tareas del jardín… Cuatrocientos metros dan para acoger a mucha gente, pensé. Podría tener un jardín magnífico. La amiga X. vendrá a pasar unos días esta semana y M. me invitaba a ir a Galicia de nuevo. Le dije que estaba chungo pero que iría en un par de semanas, cuando recuperara el ánimo. SP me invita a pasear por las volcánicas playas de las Islas Afortunadas… qué tentador si no fuera porque prefiero seguir sus sabios consejos… Luego toqué algo la guitarra y mientras sonaban algunos acordes de repente el cielo se oscureció y apareció un viento huracanado que daba miedo. Subí a las terrazas de la tercera planta y el espectáculo era apocalíptico. Toda la campiña estaba oscurecida, tapiada por un manto de polvareda provocada por el viento. Hacía fotos mientras me daba la sensación de que las casas se movían. No recordaba algo igual por estos lares. Era como si una auténtica tormenta hubiera penetrado este lugar. Y de repente sonó el pitido del móvil. Era un hermoso mensaje conciliador. Me alegró el corazón y sentí que la tormenta estaba aquí, presente, rozando cada palmo de este mundo. Me sentí tranquilo y en paz mientras miraba por la ventana. La vida sigue, la vida es magia.

Hace un mes el amigo J. me puso en la pista de S., un ser excepcional. Hace dos días, sin saber porqué, de forma intuitiva, le escribí un corto correo para saludarla. Esa misma noche, soñé con ella en un bonito paisaje onírico. Por la mañana, tenía un mensaje suyo en la bandeja de entrada. Volví a responder. Me acosté, y el sueño se repitió, esta vez con más realismo e intensidad. Era un sueño amable, de encuentros, o casi diría, por el sentimiento que albergaba en él, de reencuentros. Es como cuando miras los ojos a alguien y sabes a ciencia cierta que la conoces, o la reconoces como a alguien familiar.

Cuando me he despertado, de nuevo había un mensaje suyo. Sin saber porqué, ni como se tejen este tipo de cosas, tras varios mensajes hemos acordado una visita a la Montaña de los Ángeles donde vendrá con su hija para descansar unos días. Este tipo de sincronías me resultan maravillosas. Uno sabe a ciencia cierta que cuando ocurren este tipo de historias acaban tejiéndose grandes relatos vitales.  El caso es que al cuarto mensaje ya estábamos hablando de grandes proyectos, de grandes sueños, incluso de editar un libro con su increíble vida. Pues así será, porque así tiene que ser… -Que sigan los sueños, y que el mundo onírico ilumine nuestras vidas…

Una joven e inexperta golondrina me despertó esta mañana temprano. Se había colado por una de las ventanas abiertas y luego no era capaz de salir. Me levanté y la liberé de su confusión debido a la inmensidad de cristales que hay por toda la casa y que ellas no son capaces de ver o identificar excepto cuando se estrellan una y otra vez contra los mismos. Luego me pasé la mañana preparando paquetes para enviar por correos. Cuando el pensamiento parece llenarse de neblina lo mejor es ponerse a hacer cosas de esas del día a día. Se lo decía ayer a una amiga en los siguientes términos:

 

“Cuando estoy como tú, es decir, como tu estás ahora y como yo estoy ahora, lo que hago es regodearme de todo… ya sabes que las emociones son duales y hoy estamos arriba y mañana abajo, así que hay que disfrutar de alguna forma también de nuestras propias miserias… Es cierto que ahora lo veo/vemos todo gris… pero no importa, porque solo son percepciones que nada tienen que ver con la Vida…

 

Aparte de viajar, cuando he llegado a casa y he visto todo el caos que había, he decidido poner cierto orden tirando toda mi ropa vieja a tomar por saco… hoy ha tocado la ropa, mañana a ver por lo que me da, pero lo importante, aparte de renovar el vestuario exterior y el interior, es no pensar mucho… más bien dejarse fluir por las cosas pasajeras, por el día a día, por la preocupación básica de qué voy a comer hoy o a qué hora me voy a duchar… Todo lo demás, lo trascendental, no tiene mucho sentido cuando estamos ahí abajo”…

 

Y esa ha sido la reflexión que me ha venido cuando la golondrina se coló. Había dormido muy bien por la noche. Sabía que tenía que desayunar y enviar algunos paquetes. Pero luego me he dejado fluir por los acontecimientos. Tanto ha sido así que de repente me he visto con un amigo en Almodóvar del Río, luego comiendo en Córdoba y luego en la casa de unos buenos amigos muy cerca de Medina Azahara hablando sobre lo difícil de estos tiempos y sobre lo fácil que resulta soñar con mundos mejores. Así que no ha habido nada de trascendental excepto el reencuentro con viejos amigos muy queridos desde hace años. Sólo un dejarse fluir y un dejarse iluminar por lo pasajero de la circunstancia… Mañana volveré a desayunar, envolveré algún otro paquete y…

 

 

Ayer me despertaba en Barcelona. Pasé casi todo el día en Lérida hasta que llegué a eso de la una a Madrid. Esta mañana acompañé a A. al aeropuerto y hace no más de una hora que he llegado a Córdoba, donde una brisa fresquita acompaña a estos inusuales veinticinco grados.

Ayer fue un día de despedidas. Después de un día intenso dejaba mi puesto de venerable. Lo cierto es que esa palabra aplicada a un joven de treinta y ocho años suena casi extraña. Pero ha sido un año en el que he tenido que ejercer un bonito rol que me ha llenado de satisfacción en un momento donde parece que el cambio va a ser inevitable.

Eso pensaba cuando de repente me he visto mirando fijamente el letrero de “se vende” que hay colgado en una de las fachadas de mi casa. Me ha entrado cierto escalofrío porque si bien el desapego lo tengo más que asumido, la construcción de esta casa y su conservación han sido más que un reto, más que una prueba. Mi madre me decía ayer eso de que “bastante has hecho tú solo en estos años hijo mío”. Una forma de alabar el esfuerzo pero también de consolar cierta pena. Cuando rozas los cuarenta, estás completamente solo, no tienes familia y ves como todo lo que has construido en estos años se derrumba como una baraja de naipes te da cierto vértigo.

Y vértigo no significa pesimismo. Cuando una puerta se cierra se abre una ventana. Sin duda, este ha sido un año sin desperdicio y muchas cosas están destinadas a pasar en los próximos meses. Estoy muy alerta porque sé que cuando empiezan los cambios ya no paran hasta que la rueda ha girado sus trescientos sesenta grados. Incluso A. se ha cambiado de coche y el mes que viene de casa. Y es que los cambios nunca vienen solos. Y como nunca me canso de repetir: lo único que permanece es el cambio.

 

Esta mañana me fui temprano dirección Sabadell. Me equivoqué de autopista y acabé en mi antiguo pueblo, muy cerca de Montserrat. Atravesé por una carretera casi abandonada las montañas que separan el Baix Llobregat del Vallés Occidental. Fue bonita la pérdida porque pude contemplar entre valles cerrados y montañas escarpadas los restos de viejas masías que aún pervivían al tiempo. En Sabadell localicé más de dos mil quinientos libros que andaban perdidos desde que la distribuidora catalana nos había quebrado hace un par de años dejándonos la friolera de cien mil euros en libros y facturas pendientes. Estos libros localizados tienen un PVP de casi cincuenta mil euros. Y me he pasado toda la mañana negociando para ver como podía recuperarlos… Veremos a ver como termina la cosa, pero seguramente, tras el pago de alguna cantidad, pasaran de sus almacenes a los nuestros a la espera de tiempos mejores…

Luego he ido a dar un paseo por el barrio, recordando cuando, donde ahora hay tan sólo bloques de pisos, centros comerciales y asfalto antes solo había bosques y campos de cultivo, masías donde íbamos a comprar huevos frescos y leche recién ordeñada todos los sábados. Recuerdo que de niño jugábamos por esos campos que ya no existen para cazar ranitas de San Antonio, o hacíamos excursiones para enterrar la sardina en las fiestas de primavera. Los olores a establo ya no existen, ni tampoco las vacas que deambulaban por las calles y los prados cerca del río. La generación de mis padres se ha hecho mayor, rondando ya los sesenta o setenta años. Algunos han desaparecido y otros perviven en sus paseos, en esa decadencia que la edad no perdona. Saludaba a unos y a otros mientras veía sus pelos blancos y sus arrugas. Mi generación, engordada y vacía, ya con sus hijos algunos, también paseaban cabizbajos, sin ningún tipo de prisa en este primer día de vacaciones que se presenta caluroso ante las brisas del mar cercano.

Sí, ya estamos en julio. Muchos se marchan de vacaciones a descansar. Otros seguirán trabajando un poco más. Cataluña sigue su ritmo vertiginoso. Aún no ha llegado aquí la posmodernidad. Pero quizás esta crisis ayude a ello y las fábricas se conviertan en centros culturales y el asfalto se detenga para dar paso de nuevo al verde de antaño. No volverán las ranitas de San Antonio, pero quizás en alguna parte cerca del río las siguientes generaciones puedan seguir celebrando el día de la tortilla y el entierro de la sardina.

(Foto: Aquí, justamente donde ahora hay un centro comercial, en la loma de un pequeño cerro había una hermosa masía propiedad de los padres de Teresa, una alumna de mi clase, donde íbamos a comprar huevos. La masía ya no existe, y tampoco los caminos llenos de ranitas).

Viajaba desde Madrid a Barcelona. No puse música. El coche estaba en silencio mientras deslizaba mi mente por el asfalto. Necesitaba pensar, necesitaba comprender. Aproveché para hacer una parada en Lleida y dejar allí doscientos libros que esperaban de nuestra última novedad en Nous. Al poco de salir de allí, vi en la carretera dos siluetas que pedían autostop hacia Barcelona. Como iba en mi dirección, paré como siempre hago. Subieron dos simpáticas y hermosas adolescentes con las que enseguida empezamos a hablar de la vida y sus cosas. Me contaban, cosas de la vida, que son de Vilnus, de Lituania. Llevaban diez días viajando sin dinero, haciendo autostop por toda Europa con destino a Barcelona, donde desean estudiar arte dramático. Jóvenes, alegres, excesivamente despreocupadas, vivían en una especie de fluir que me explicaron con una sabiduría que me dejó de piedra. “Meditamos dos veces al día. Practicamos el raja yoga. No queremos pensar en exceso, solo fluir. Cuando tenemos algún problema, meditamos y todo se resuelve, porque escuchamos la Voz Interior que siempre nos guía”. Su felicidad desproporcionada e inspiradora me llenó de calma. Sus palabras sabias me han acompañado el resto del viaje. Realmente estas niñas tienen razón. No hay que preocuparse de las cosas del día a día. Sólo parar de vez en cuando, respirar profundamente y escuchar… escuchar cordialmente esa voz sabia que siempre tiene una respuesta que ofrecernos… Hablaban también mucho de los caprichos del destino, y de sus misterios… “Déjate fluir”, repetían una y otra vez mientras explicaban anécdotas de su intrépido viaje… Espero que algún día lleguen a ser grandes artistas… Su fortaleza y su seguridad interior les ayudarán en su camino… Me quedo con sus últimas frases: “hay que amarlo todo, Dios está en todas partes”. Increíbles este par de angelitos que hoy me han acompañado durante un rato para llenarme de luz y esperanza…

 

 

Ayer fui con el niño a jugar al Retiro… Tuvimos intensas conversaciones que me asombraron cuando ves que parten de una persona de ocho años. Es capaz de desarrollar discursos sobre cualquier tema, ya sea físico o metafísico, pero lo más asombroso es su percepción de la realidad, y la consciencia y empatía que tiene sobre la misma. Es capaz de sentir y comprender sistemas anímicos y complejas emociones ajenas como si fueran suyas, pero además, y esto es lo sorprendente, los racionaliza y les encuentra lógica solución. Sin duda, ahora comprendo más cuando algunos padres dicen encantados de sus hijos que son verdaderos maestros para ellos. Sin duda.

Y hoy, intentando racionalizar los consejos del niño, pasaba unas gratas horas con J. en su maravilloso jardín, hablando de temas igual de complejos, pero tratados desde eso que llamamos la experiencia. Experiencia pasada y también futura, porque con la serenidad de haber cerrado puertas, se encuentra el vasto universo de la experiencia, pero sobre todo, de la incertidumbre futura.

Con ese discurso me fui de un lado a otro de Madrid, hasta el templo de Debod, donde esperaba C. con más historias, con más argumentos para esta película que es nuestra vida… Sin duda, se presentan dos meses difíciles en muchos aspectos, pero los contemplo con cierta esperanza y optimismo. Hay que seguir luchando, y sobre todo, hay que seguir creando…

 

El rito de encender una hoguera en la mágica noche de San Juan tiene que ver con aquellos que antaño se hacían para celebrar la entrada del solsticio de verano en el hemisferio norte. Es tiempo de convertir el simbolismo de dotar de más fuerza al sol, el cual, a partir de hoy, se irá haciendo más débil, siendo los días cada vez más cortos.

Para los que nos hemos criado en Cataluña, esta noche siempre ha estado llena de magia. Aún recuerdo con cierta añoranza el afán de los días previos por reunir en algún campo antiguos muebles, viejas maderas, antiguas cartas o apuntes del instituto o la universidad que ya no haríamos servir para quemarlos todos en la hoguera de la verbena de San Juan. Y luego la locura de los petardos. Era una noche para sacar ese diablillo que todos tenemos dentro y buscar la manera de que esas energías se quemaran y se purificaran en el fuego ardiente.

Espero que, los que podáis disfrutar de esta noche maravillosa lo hagáis, y podáis quemar en vuestra hoguera interna todo ese pasado, para renacer de nuevo limpios y purificados a la nueva vida…

 

 

El jueves pasado pasé mi prueba ante el tribunal académico para obtener la Suficiencia Investigadora. Era un trámite imprescindible para una segunda prueba, que desconocía, y que sufrí ayer en  un día de vértigo. Un segundo examen ante un nuevo tribunal académico, donde no sólo iban a valorar mi tesina, sino también mi currículo académico. Hubo una doble satisfacción por mi trayectoria bastante definida desde el principio, según el tribunal, y otra vez, para mi regocijo, un reconocimiento al trabajo con otro sobresaliente. Así que, ahora sí, por fin obtuve el ansiado Diploma de Estudios Avanzados.

En cuanto terminé en Sevilla me fui corriendo por la ruta extremeña de la Plata hacia Madrid porque el niño tenía que representar la obra de fin de curso. En fin, un día de vértigo que terminó feliz, a pesar del saco de nervios que se me había metido en el estómago y que me duró hasta hoy.

Y hoy por la mañana de nuevo nuevas experiencias. A las nueve estaba en el hotel Ritz, en los desayunos que el Foro de Nueva Economía organiza en Madrid. Presentaba Federico Mayor Zaragoza a José Antonio Bastos, presidente de Médicos sin Fronteras en España, el cual nos dibujó un panorama bastante terrible sobre las guerras y conflictos olvidados que aún ocurren en todas partes del mundo. La exposición no ha tenido desperdicio y ha sido útil para la reflexión y, de nuevo, para la rabia y la impotencia.

Dos horas más tarde estaba en otro hotel con la fundación, dibujando el panorama político y social de nuestra sociedad y viendo como enfocar los próximos meses desde la acción más directa.

En fin… ahora, desde la calma de haber hecho los deberes, al menos esos que me propuse hace la friolera de cinco años, toca momentos de reflexión e intensidad para ver cuales son los cauces más adecuados para que las aguas que han de correr lo hagan por su camino…

 

 

Acabo de llegar de Sevilla, he abierto una lata de Alubias a la Jardinera de la marca blanca Hacendado. Calculo que hoy me habré gastado en el menú menos de dos euros. Si contamos el tradicional desayuno de leche desnatada con su colacao, miel de la sierra de los Ángeles y las indispensables galletas TostaRica más los cereales de esta noche, quizás no haya gastado más de tres euros en alimentar mi cuerpo físico. Eso supone un máximo de 90 euros en comida al mes en condiciones cuasi eremíticas. Y eso sin contar que tengo la huerta abandonada y por lo tanto no me ofrece frutos ni nada comestible excepto algún espárrago triguero que de vez en cuando sale por algún rincón. Hacía estos cálculos porque hoy me ha escrito mi viejo amigo E. hablándome sobre ese cosquilleo que tanto nos reclama cuando estamos cerca de buscar un cambio. E intuyo que el cambio que el busca, dados los tiempos que corren, pasan por dejar trabajo y algunas otras cosas más y dedicarse a otro tipo de tareas que tengan más que ver con la riqueza interior. Como tiene una bonita casa en mitad de la sierra de Castellón, no deberá preocuparse de pagar hipoteca, así que eso y la falta de cargas familiares le da una ventaja en cuanto a ese tipo de decisiones. Como sabe algo de artesanía y además tiene una pequeña huerta y gallinas, quizás no resulte difícil conseguir esos cien euros para subsistir desde una perspectiva eremítica, sin excesos, sin despilfarros. En una gran ciudad como Madrid o Barcelona, donde los alquileres pueden llegar hasta los tres mil euros al mes esta idea sería imposible de imaginar. Así que desde aquí le animo a que siga los dictámenes de su corazón si ese es su deseo. No tiene porqué andar buscando tal y como está el patio grandes riquezas materiales, pero seguro que encontrará una brizna de riqueza interior. Al menos esa luz que nos acoge y calienta cuando hacemos justamente eso que deseamos. Envidio esa libertad suya y la hago mía mientras aún saboreo placenteramente los restos de las alubias a la jardinera. Ánimo amigo… está todo por hacer…

 

Perdonad los mails que no respondo, las llamadas que no atiendo, las visitas que no recibo y los despistes a la hora de contestar esas cartas que a veces llegan. Ando encerrado pues en quince días defiendo por fin el DEA y estoy ultimando los últimos detalles de esta emocionante aventura. Hace calor aquí en el sur y el agotamiento ya empieza a hacer mella. Me he pasado todo el día haciendo copias de la tesina para los miembros del tribunal. Mañana iré corriendo a Sevilla para entregarlas en mano.

Pronto llegará el verano y se presentan meses duros. Veremos como hacemos frente a los retos del mañana. De momento, concentrado en un campo abonado por la esperanza y el devenir. Cada día futuro traerá consigo la carga de su acontecer. Mañana más…

 

 

 

La semana pasada fue un día de paradojas. De mucho trabajo, de muchos proyectos. El jueves por la mañana con L., y por la tarde con C. y J.T. paseando por Sol y su particular revolución. El viernes en Lleida y el sábado, aún cansado por el viaje del viernes, fue un día lleno de experiencias. Estuve en dos acontecimientos que me impresionaron. Uno de ellos me entusiasmó al ver reunidos en la amplia sala de ese gran hotel madrileño a tantas representaciones mundiales. Había incluso de países tan exóticos como Togo. Cientos de personas de todo el mundo unidos en la celebración del 200 aniversario de la institución. Fue un acto discreto pero emocionante. El segundo acontecimiento necesita un post para él solo y un tiempo prudencial para poder redactarlo.

Ayer domingo fuimos a pasear de nuevo a Sol, para ver como estaba el ambiente. El niño me cogía de la mano mientras me hacía preguntas. Le decía, con cierta emoción, que estaba presenciando una pequeña revolución. El niño me preguntaba con cierto temor si habría armas y sangre mientras le tranquilizaba intentando explicarle que algunas revoluciones podían ser, como esta, pacíficas.

En una semana, el escenario ha cambiado mucho. Sol se ha convertido en un pequeño poblado activista, diría que casi en una pequeña ciudad, con huerta incluida. Me sorprendió pasear por sus “calles”, por sus “avenidas” plagadas de propuestas y personas con el ánimo aún fuerte. Incluso hay un rincón para la espiritualidad que pretende armonizar las vibraciones del lugar a base de meditaciones y cánticos. El volumen de gente a media tarde había disminuido, pero después de más de dos horas de incursiones por el lugar, podíamos ver como el número de personas crecía. Y había una consigna clara de los visitantes: si los tocan, si los desalojan, toda Madrid vendrá a la plaza a apoyarlos, tal y como ocurrió en Barcelona.

Tras el paseo por Sol, ocurrió una anécdota muy bonita. A., un niño de dos años que nos acompañó en el paseo, tras salir de Sol y frente a una iglesia, me cogió de la mano, y separándonos del grupo, escaleras arriba, me introdujo en la iglesia. Me llevó hasta uno de sus asientos y nos sentamos a rezar. El niño, de tan solo dos años, estaba completamente emocionado, señalándome constantemente el altar mientras que, en su peculiar idioma, intentaba decirme algo. Rezamos a nuestra manera y sin dejar de apretar fuertemente la mano, me llevó de nuevo fuera del templo. No daba crédito a lo que había pasado. Pero fue tan lindo y emocionante que pensé que sería bonito compartirlo. Ese pequeño gesto me pareció también una pequeña revolución…

 

« Older entries § Newer entries »