Amor

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En la trémula noche

He trabajado algo y he paseado mucho. Y te he pensado más. Y te he sentido como aquella vez que viajamos a aquella galaxia lejana y atravesamos universos buscando la llama original. Te he llamado pero no estabas, así que he fingido que subíamos a la llanura del alma para galopar libres entre el frondoso amanecer. Y te he echado de menos. Como cuando gritas un llanto a expensas de que al otro lado del valle se encuentre el susurro acogedor.

Me he duchado y he puesto leña en el fuego. Vivo, ardiente, compartiendo momentos con el espíritu de la noche. He escuchado música irlandesa mientras imaginaba el verde de sus colinas y valles, con esas gaitas y violines y flautas que retumban en mi memoria colectiva como si se tratara de mi tierra virgen. No todo se puede atrapar en un momento, pero sí el suspiro que nos une cuando respiro y conspiro, conspiro y respiro.

Había un silbido susurrante. Había una espera. Había una antigua pintura rodeada de niebla. Un ser cautivo. Y un viaje, y un éxtasis en el goce. Y un círculo de emoción pura, y un rayo cosmicamente nativo, y una aspiración a ser eterno y un sentir de alma desprendida.  Quedo cautivo, sellando los ojos en el valle hondísimo, con llovizna y trémula calma.

Ya cae la noche. Ahora toca volar al otro lado… allí te espero… allí te abrazo… seas quien seas…

Del miedo al Amor…

Es el título del libro que estoy leyendo, regalo de dos buenas almas que con sus caricias están recreando en este nuevo tiempo una esperanza nueva. No deja de ser curioso como las historias pasadas, incluso las más remotas, influyen continuamente en nuestros actos presentes. Miedos, temores, dudas, recelos, aprensiones… Hay tanto que pulir ahí dentro. El libro parece ser una guía para despertar en nosotros ese interés en pulir nuestras relaciones amorosas.

Hoy venían Isabel y Antonio para traer unas cosas desde Sevilla. Ayer estuve a punto de comprar una gran maceta para decorar con vida vegetal el salón. Pero al final no lo hice. Y hoy Isabel y Antonio se presentaban con una gran planta gigantesca preciosa y toda vestida de verde como regalo para la casa. Me he quedado algo de piedra por la sincronía hermosa. Han estado en casa compartiendo una rica merienda con chimenea, algunos acordes de guitarra y una rica meditación para completar el encuentro. Hablaban de la sonrisa… “Lo que más nos gusta de venir a tu casa es tu sonrisa”… Me he sentido ciertamente halagado y coqueto. Especialmente ahora que mi sonrisa es pura, alegre y feliz. Traspasaría a cualquiera porque la armonía ha vuelto de nuevo a mi vida, y eso, de alguna u otra forma se nota.

Y mientras meditábamos y escuchábamos la guitarra que tocaba uno y otro y merendábamos y sonriamos, me daba cuenta de que ya no deseo temer al amor. Sólo deseo hacer lo que he hecho hoy desde el corazón: sonreírle. Todo lo que puedo hacer es abrirme a él, con exceso, con locura, con arrebato y desesperación… como decía Julie de Lespinasse a su enamorado. Es lo único que deseo… sin miedos, sin forcejeos, sin manipulación… Sonreír al amor desde la complicidad y el compartir, desde la generosidad y lo amable… El alegrarme infinitamente cuando sabes que hay alguien que está ahí, pendiente, y toma la increíble iniciativa de cuidar hasta el más mínimo detalle para que todo esté bien… Y todo está bien, en armonía, en total y plena armonía…

(Foto enviada desde Mount Abu, India, por Joaquin)

La chimenea del amor

Vuestros deseos son órdenes. Pero permitid primero que os cuente como llegó esta chimenea al hogar, a vuestro hogar… Realmente uno nunca saber porqué ocurren las cosas. De alguna forma, están relacionadas, todo está conectado. Existe un proceso creativo donde todo es relación, aunque a veces se nos escapen los resortes por los que ocurren las cosas.

Este verano ha sido duro en lo interno. Mi deseo de familia, mis ganas de comprender el verdadero sentido de la entrega se truncaron de forma radical. Al principio no lo entendía, porque sentía unas ganas terribles de formar un hogar y de sentir el calor de los míos. Pero todo tiene un significado profundo y todo ocurre siempre para bien.

Y en ese proceso de ruptura aparecieron ángeles verdaderos que quisieron demostrarme con gratitud, generosidad y entrega que hay otra familia más allá de lo aparente. Una especie de familia espiritual que te protege y te cuida, que te alza y realza todo lo positivo que hay en nosotros. Realmente me he sentido muy cuidado estos meses, como si estuviera en frente de una chimenea rodeado de los seres queridos.

Y la manifestación física de lo que digo vino cuando un ser muy especial me dio un sobre en el que, de forma muy pulida y bien decorada, había una frase hermosa: “De parte de S. y J. para la chimenea del amor”. Nunca nadie me había regalado una chimenea. Pero lo asombroso era que ese alguien solo me había visto dos veces en mi vida. Y eso no le importaba. Su amor incondicional hizo que mi sueño de tener una familia, un hogar, una chimenea, se hiciera realidad. Y ahí está esa chimenea del amor, del amor espiritual que brota desde lo más profundo del alma… desde lo más auténtico de las almas.

Esta mañana me despertaba a las seis. Era muy temprano pero empezaba a recordar todas estas muestras de amor incondicional. Recordaba la caja de naranjas que hace unos días me trajo Manolo. Y recordaba la leña que Franc me había dispensado para que la chimenea empezara a funcionar. Y los huevos de corral que de forma espontánea había traído el Aguililla para rematar la magia. Y de repente, ahí estaban todos los ingredientes para formar un bonito decorado lleno de magia y ternura.

Y como nunca estamos solos y como la vida es relación, apareció ella, la maga, majestuosa, increíblemente hermosa, deslumbrante. Nos abrazamos intensamente mientras comíamos naranjas, mientras disfrutábamos de una excelente tortilla de patatas con cebolla, mientras echábamos leños en la chimenea del amor y nos dejábamos llevar por lo excepcional de la vida. Ella se había colado tímidamente en mi vida y supo desplegar de repente todo un maravilloso universo. Llegó de la nada para completar ese decorado, ese sueño que alguna vez se tejió en lo sustancial. Joven, hermosa, valiente, despierta pero sobre todo, preñada de alma, de generosidad, de riqueza.

Sí queridos, así fue el primer fuego, así obró la magia. Así vemos como está todo relacionado, conectado. Todo se dibuja de forma maravillosa cuando estamos abiertos al mundo… Así que aquí tenéis vuestra chimenea… Espero que podamos seguir disfrutando de su fuego interior…

“Todas las cosas se mueven por estar quietas, y el vértigo del torbellino es el último tránsito para su quietud. Atracción es amor, y amor es gracia extática”.  Valle-Inclán

Sobre los fondos de las veredas transitadas aún queda el olor a esas riberas donde posábamos los ecos del tiempo kairos, un tiempo sin tiempo en un espacio sin espacio. El dinámico pincel que tiñe el destino de posos y trazos se manifestó irremediablemente en ese círculo cabalístico en el que el arquetipo resurgía sacado de la tierra con nuestras manos, en forma de concha vestida de nácar, arrancada al tiempo, completa, dándonos la pista sobre aquello que evocaba la significación profunda.
Los siete principios del hermetismo nos guiaban por la senda del Kybalion. Las horas parecían días y los días años. Las miradas nos recordaban a otros tiempos donde las indias resonancias revolvían el cúmulo de aprendizajes sobre la ciencia del chamán. Las esencias conducían los revoltosos caprichos de las palabras. Las flores y sus elementos descifraban el contorno del brillo y el crujir del fuego nocturno.
Otra vez el círculo del caprichoso destino. Abriendo y cerrando, cerrando y abriendo el encanto del hechizo, la frescura de esa linterna mágica capaz de iluminarnos cuando la luz se apaga. Y el baile obligado del alma ante el gozo de una música que por celeste acompañaba el pase mágico del momento único. El yoga eterno que se manifiesta en consonancia con la alquimia encerrada en la bella imagen del círculo prodigioso.
La visión cíclica, la imperecedera unidad de la conciencia, la ciencia de los preparados altamente diluidos con la única misión de mejorar el espíritu vital que nos rodea.
Nada más se puede pedir al universo excepto la perpetua visión del bien y la valentía suficiente para permanecer vivos en el mismo epicentro de la bondad. La felicidad acompaña al peregrino. Es tiempo de gozo.

Hoy todo el mundo habla de la muerte de Steve Jobs… Supongo que porque de alguna manera ha representado una revolución para todos nosotros, al menos para todos aquellos que aún nos dejamos seducir por las sorpresas tecnológicas. Pero yo quiero pensar en la poderosa flama de la vida que le acompañó… Creo que de alguna forma el sentía desde dentro la intensa llama de poder estar consciente y presente en este infinito ahora… ¿Sois conscientes? Parad un instante, respirar profundamente tres veces y sentir como la vida fluye por vuestro cuerpo… ¿os dais cuenta? ¿Verdad que es una enérgica y poderosa sensación? Jobs sentía así, por eso prendía de ilusión todas nuestras expectativas. Por eso tenía esa poderosa fuerza a la hora de llenar nuestras vidas con algo diferente, algo espectacular y nuevo. Él tenía el poder y la visión de saber conectar los puntos de la vida, de saber comprenderlos y aceptarlos, tenía la capacidad de creer en algo, lo que fuera. Cuando amas lo que haces, nada puede impedir que suceda.

Eso fue lo que ayer aprendí como una gran lección: no hay que luchar ante nuestras exigencias a la vida, sino rendirse con plena y absoluta humildad ante lo que ésta nos ofrece, porque todo de alguna forma está conectado con un hecho mayor. Respirar profundamente tres veces y dar gracias por todo aquello que recibimos, aunque en ese momento nos duela, aunque en ese instante no lo entendamos.

Sin saberlo, mientras ayer desayunaba con un amigo en Olesa de Montserrat por la mañana y viajaba por tierras sorianas por el día, atravesando aldeas perdidas por esos increíbles paisajes castellano leoneses y luego seguía por dos horas en Madrid para atravesar con llanto todo el sur de España hasta La Montaña, de alguna forma, todo ese viaje estaba conectado. Desde algún remoto futuro, todo tendrá sentido cuando se vea con perspectiva y sabiduría.

Hay una luz en nosotros, un brillo mayor, algo que cuando podemos abrazarlo, alcanzarlo, comprendemos que todo está enlazado en esa red invisible que nos une. Y cuando respiras conscientemente puedes sentir la fuerza y el poder, el carácter de la vida que se imprime en cada una de nuestras moléculas. Lo he sentido hoy cuando hablaba con A. por teléfono, cuando tocaba la guitarra en el jardín con fuerza y sentimiento, cuando intercambiaba ilusiones con unos y con otros. He sentido como estamos aquí de paso y debemos aprovechar cada segundo, cada instante como si fuera único e irrepetible. He sentido y comprendido que todos moriremos, como Jobs lo decía claramente en su discurso. Y al sentirlo, respiraba profundamente, sintiendo la vida recorrer mis venas. Por eso la nostalgia de estar vivos, de poder abrazar a los nuestros, de estar agradecidos a todos y a todo cuanto tenemos. No importa lo difícil de cada momento, no importa lo impactante de algunas decisiones o palabras erróneas. Lo que importa es lo que late dentro de nosotros, lo que sentimos con fuerza y anhelo. Lo que importa, y de esto ya no hay duda, es poder encontrar lo que verdaderamente amamos…

Feliz, muy feliz

En la despedida nos abrazamos los tres. Esa imagen se me quedó grabada, muy adentro. Para mí fue impactante. La retina quería cincelar ese momento y alargarlo hasta el infinito. Durante todo el viaje no paraba de pensar en ese instante único. Al despertar esta mañana pensé que lo había soñado todo, que había tenido uno de esos hermosos y oníricos momentos que tanto se han repetido este verano. Pero cuando fui al coche y vi el espejo retrovisor roto recordé que había sido real. Que había estado en Madrid, que los había visto, que los había abrazado con amor y cariño. Ya no podía pedir más a la vida porque una gran paz interior se apoderó de mí. Una sensación de alivio, de bienestar, de plenitud.

Por la mañana fue hermoso estar en “Contigo somos más paz”. Qué curioso que fuera precisamente paz lo que tanto necesitaba y lo que encontré estos días. Estoy muy agradecido a Koldi y Carlitos que arrimaron el hombro con todo de forma incondicional, como siempre. A Joaquin y José Luis que me cuidan como si fuera ese hermanito pequeño que necesita cierta guía y apoyo. También a Rosa y Mari Paz que de forma espontánea estuvieron en la cita ayudándome a “venderme”. Me emocionaba ver como “Ama hasta que te duela” se lo llevaban con entusiasmo y alegría unos y otros. Firmé muchos ejemplares y fue emotivo cuando venía esa gente bonita a abrazarme y animarme a que siguiera escribiendo. Disfrutaba mucho cuando alguien compraba el librito, lo hojeaba o leía un poco y venía a comprar dos o tres más para regalar. Esa fue una sensación hermosa, no la propia de un autor que se confiesa vanidoso ante el pequeño éxito de su obrita, sino hermosa en cuanto agradecimiento infinito por todos los momentos increíbles y únicos que este librito está ofreciendo.

Y la predicción del primer párrafo de la página 221 se cumplió. Terminé el libro y hablamos, claro que hablamos, pero sobre todo, hablaron los corazones. Más allá de toda circunstancia, más allá de las barreras críticas y propias de nuestro tiempo, más allá de crisis, de fracasos, de miedos, de dificultades, los corazones pudieron expresarse en el silencio, en la mirada, en los abrazos, en las caricias perdidas que caían como bálsamo entre momentos y espacios.

Fueron momentos increíbles. De esos que ya no puedes olvidar por la magia de todo lo que lo rodea. Quizás, ahora que estamos en el día después ande totalmente entusiasmado y engrandeciendo todo momento. Quiero ser cauto y precavido, y lo seré además de paciente, muy paciente. Pero no quiero borrar de aquí dentro esa llama de esperanza. Porque ella ha sido la que ha mantenido con vida todo el deseo ardiente. Ahora solo queda esperar a que la Fuerza del Destino haga todo lo demás… Estoy feliz, muy feliz, símbolo inequívoco de que todo está bien y de que lo que ha pasado es lo que inevitablemente debía suceder.

Feliz

Ayer fue uno de los días más felices de mi vida. Es como si hubiera ido al mismísimo infierno o volviera de una terrible guerra y de repente me reencontrara con la familia, sintiendo sus abrazos, su amor, su calor, su presencia. Me sentí liberado de ese infierno por el que he atravesado por las circunstancias de la vida y me sentí totalmente libre para seguir el camino en paz, sea cual sea.

Mientras volvía al hotel inmensamente feliz por haber podido abrazar a la mujer a la que amo, me di cuenta de lo hermoso y profundo que es el amar en silencio, el amar incondicionalmente a sabiendas de que ese amor no conoce de más fronteras que las que nos imponemos en nuestras pequeñeces. Y el descubrir de que serías capaz de cualquier cosa con tal de alargarlo un segundo más.

Ahora de nuevo toca afrontar el reto del vivir. Con ilusión, con desapego, con amor incondicional. Y feliz por haber expulsado mi propio infierno y mentira de mis adentros para afrontar lo verdadero. El triunfo del amor siempre podrá con todo…

La dama del lago azul

La dama estaba sentada en un jardín encantado, más allá de las tierras del norte… Tuvo la valentía de escribir estas letras que ahora acompaño, y tuvo la valentía de compartirlas… Así que con su permiso, y para que no caigan en el olvido, tomo la iniciativa de volcarlas al infinito… Es hermoso compartir la belleza compulsiva de un momento realmente emotivo…

 

El avatar se despierta en el ahora, el presente… lleva guardando su espada en silencio, es su secreto de hace vidas… Es para defender a los seres de luz…

La dama del lago resurge bajo su disfraz siendo realmente Alexandra, cuyo color de siempre es el azul como sus ojos… Siempre viste de azul, así realza los portales de su alma para que quien la mire, pueda navegar por ella.

La sincronicidad unirá a los dos después de tanto tiempo ansiando ese encuentro mágico. Lugar del encuentro…La Montañade los Ángeles. Otro no sería adecuado para ese gran momento de magia cósmica.

Como mariposa azul lleva un tiempo visitando el lugar para rozar cariñosamente con sus alas el aura del avatar y dejarse notar sutilmente… Así, preparando el terreno para ese momento que pronto será señalado en el calendario para nunca ser olvidado.

El vuelo se tomará para alcanzar las más elevadas aspiraciones jamás imaginadas y estando ya libre la autopista de amor, el jumbo ya podrá tomar tierra para no despegarse nunca jamás de su dama del lago azul… El amor ha dejado de doler… Y sólo puede vivirse con el más increíble deleite que provoca lágrimas de placer, gozo, felicidad, y AMOR… infinito. Dos almas gemelas en sincronía… en armonía, encantados.

Texto inspirado de este otro, un original canalizado para seguir inspirando a Alexandra…

Y todo un avatar se despierta en el ahora…. y una espada es defendida en silencio y socorre en la luz que la contiene… Y un santo grial lleva por estandarte en su empuñadura… la dama del lago vuelve a resurgir… Alexandra en la azul llamarada se hace presente… En la santidad del santo ermitaño… el amor no duele… El amor contiene mariposas azules en el aire… silencios eternos en la Montaña…Caminos que ahora son reales porque dejaron de ser una utopía… La sincronicidad es el milagro de lo que se siente imposible… El amor dejó de doler al ser uno mismo en todos y todos en uno mismo y así nacen los hijos de Alexndra, la dama del lago, que abraza el santo grial en su propia alma… Y aquel que la vea la verá como una mariposa azul volando libre con el viento… Y su soledad será calmada porque verá a su gemela alma…

 

Hace un mes

Hoy hace justamente un mes que abandoné Madrid después de casi un año de periplos por esa ciudad. Me he exorcizado de mis demonios en treinta días que han parecido un infierno interminable. Me he quedado con la embriaguez del corazón, con la lentitud espantosa de la limpieza del alma. Rabia sí, mucha rabia, porque cuando pierdes un tesoro en alta mar y ves como se te escapa de entre las manos sientes una rabia inmensa. Pero con el paso del navegar empiezas a aceptar las cosas e intentas comprenderlas. Y entonces nace el orgullo, un interminable orgullo que pretende mirar hacia delante de forma arrogante, como si el pasado no existiera, como si la brevedad de la que gozamos ante la felicidad inmediata tuviera irremediablemente que vérselas con nosotros.

Mi escenario no era posible en la vida real… Hoy me lo han recordado. Si hay un ápice de entrega incondicional no hay tonos grises, no hay indecisión, no hay espera, ni orgullo. Y si el orgullo es mayor que el amor entonces no había amor, había otra cosa, quizás capricho, instinto de cacería, asqueo. No puedes volver atrás si te domina el cansancio y prefieres una vida tranquila. Por muchas veces que nos busquemos a nosotros mismos muchos escenarios no son posibles en la vida real a no ser que la magia reine en nuestras vidas, o lo milagroso.

Ahora toca gozar de esa dulzura discreta a la hora de ahogar la tristeza con desprendimiento, con serenidad, delicadeza y rectitud. La felicidad es un reloj que marca las horas despacio, escuchando cerca el tintineo que viene de sus anclajes. Hay personas que sufren por no saber querer, otras que sufren porque no las quieren y otras que lo hacen porque cuando las quieren, se molestan. Y el reloj pasa, y marca el mediodía mientras se encamina irremediable hasta el septentrión. Pasan las horas que hoy, como hace justamente un mes, contaba una a una. Y al parecer, mi escenario mágico, milagroso, no será posible en la vida real… Es una lástima, porque era hermoso, profundamente hermoso. Pero quizás, como pensaba Benjamín Constant: “en el fondo, mi vida sólo está en mí mismo”… y no en el mundo real…

Sueños cumplidos

Me he pasado todo el día repasando las fotografías que desde enero de 2007 tenía sobre las Comunidades Utópicas visitadas en estos años. Las quiero incluir en el libro ya terminado sobre la tesis doctoral. Y la nostalgia y el recuerdo han perseguido las horas de este final de agosto. Un agosto extraño, diferente, lleno de descanso, muy tranquilo aquí en esta casa que cada vez aprecio más por su luz, por sus espacios, por su silencio y calma.

Me daba cuenta que había conseguido por fin aquello a lo que años atrás siempre había aspirado. Una casa luminosa y tranquila para dedicar mis horas a escribir. Precisamente es eso lo que he hecho en este peculiar agosto: escribir. ¿Y no era eso lo que siempre había querido hacer?

Pero a pesar de eso aún me persigue esa terrible aptitud para sufrir, quizás derivada de esa necesidad tan humana de amar y ser amado. Son aullidos que me acompañan por la noche, una especie de purgatorio que comprende esos deseos enormes de abrazar y ser abrazado. El otro día lo decía una amiga con cierto tono amargo: estoy cansada de mi soledad, estoy cansada de no poder abrazar. Es el vacío desgarrador que se abre en el tragaluz de nuestros días. Todos tenemos nuestro carácter y todos padecemos de nuestros errores, pero luego, cuando lo tienes todo excepto el amor, te das cuenta de que ese murmullo sordo y continuo no puede abandonarnos.

Cuando hoy repasaba las fotografías para el libro, tenía la lacerante impresión de no haber comprendido a los seres con quienes me he cruzado, personas hermosas y profundas que me amaron y que ya no veré nunca más. Ha sido una sensación terrible porque de repente quería abrazarlos a todos. Intentaba inútilmente aferrarme a los recuerdos, a las fotografías. Recordaba todos los momentos como en una rápida película cuya heroica exposición quedaba agazapada en la inquietud que provocaba.

Me acordaba de esas parejas longevas que felices paseaban por las calles y me sentía feliz por ellas. Mis tíos me visitaban hoy después de décadas juntos y él, de forma muy espontánea y natural me decía: “la única verdad es el matrimonio”. Lo ha dicho de corazón, mirando a su compañera de toda la vida ya en su cenit existencial. Sus palabras sinceras me han conmovido. Los miraba y veía lo perdida que nuestra generación se encuentra.

Sí… he conseguido aquellos viejos sueños. Un agosto preñado de aquella substancia que provocó esta realidad. Escritor en una luminosa y gran casa. Pero faltaba algo… Faltaba ese crujir que se siente cuando alguien se abalanza hacia ti con urgencia, abrazándote como si el mundo terminara en ese instante, como si el amor cósmico pudiera derramarse en ese segundo de ternura. Sí, este mes ha sido heroico. He terminado dos libros y he sobrevivido a muchas cosas. Pero faltó la grandeza del amor, los hoyuelos de esa caricia capaz de tranquilizar el alma inquieta que me posee… Hoy hacía treinta grados en La Montaña. Había mucha luz aquí en el sur… y quería escribir…

 

( Foto: mi madre, mi tío y mi padre al fondo en el momento en que hablaban sobre el mundo de las parejas… hace unas horas…)

Hoy, obediente, despierto, vivo, creciendo en el dolor me he encerrado en mi palacio. He cogido primero el texto de Alexandra y he profundizado en los misterios de esa historia más allá de la historia. He sufrido viendo sufrir a Alexandra, he revivido en mis carnes ese rayo mortal que casi la mata en esa travesía por el desierto junto a su amor, Atis. Luego, obediente, despierto, vivo, creciendo en el dolor he continuado repasando las notas que ella había escrito en la corrección de mi texto ya casi terminado. “Ama hasta que te duela” es el título de este segundo libro. Qué paradójico. Porque obediente, despierto, vivo, creciendo con el dolor puedo amar, aún cuando todo aquello en lo que había creído ya no exista. Así es la esperanza humana, así es su dolor, así es la forma en la que crecemos. Cuando algo está vivo crece, y todo lo que crece duele, porque se mueve, porque se expande, porque roba espacio al universo para preñarse de más vida. Por eso el amor es obediente a ese dolor, y vive creciendo constantemente… Duele, claro que duele, ya lo dijo el poeta, mejor vivo y dolido que dormido como hasta ahora… Ahora sigo escribiendo, corrigiendo, bajo la atenta mirada de Virgilio, de Dante, de Homero, de Nietzsche, que son los que me acompañan estos días, buscando en sus relatos inspiración para los míos… ¡ay el viejo viaje a Itaca!

Amor Incondicional

Hoy he recibido una triste pero maravillosa historia de amor. Se trata de la historia de Katie Kirkpatrick y su novio Nick. Katie tenía un cáncer terminal de pulmón. Ambos deciden casarse y cinco días después, ella muere.

En un mundo donde el amor ha quedado en un segundo plano, reducido a algo anecdótico, donde lo importante es la seguridad, el dinero y los valores que acompañan al materialismo en el que vivimos constantemente, esta historia me ha conmovido profundamente.

Al mismo tiempo, una amiga me escribía estas hermosas palabras de amor esta misma mañana:

Aprendí hace unos años una gran lección sobre el amor incondicional….Pude amar a un hombre que era absolutamente todo lo contrario a lo que yo hubiera pedido jamás (muy feo, barbudo, 60 años, impotente, muy pobre de bolsillo, pero muy rico en el amor). Duró 4 meses, él murió, pero me enseñó tanto sobre la incondicionalidad del amor…


He conocido el amor verdadero en dos personas (ambos maravillosos y tan diferentes/tan opuestos) y he aprendido que nunca hay que juzgar a nadie, y menos aún por las apariencias…. un amor puede ser una persona disfrazada de vagabundo que está en tu camino para enseñarte la verdad…

Para los románticos que aún creen en este tipo de cosas, estas historias llenan la vida de esperanza e ilusión…

Dolor

Ya no tengo rabia, he depurado la misma con el dolor, con el dolor intenso que todo lo purifica, que todo lo limpia volviendo las cosas a su lugar ,a su justo equilibrio. A muchos les cuesta entender lo maravilloso del dolor, lo balsámico del sufrimiento. Son agentes limpiadores. Te limpian por dentro, restituyen el equilibrio y amansa para siempre todo lo malo que hemos acumulado durante mucho tiempo. Por eso, cuando siento dolor, sé que es algo bueno. Sé que es necesario para elevar el alma y nuestra inteligencia a lugares más elevados. Por eso es bueno tomar consciencia del dolor y dejarlo trabajar. Sólo está haciendo su trabajo. Sólo nos está fortificando, haciendo más duros, más humanos, más fuertes. Cuando el dolor se marche, habrá depurado todo nuestro ser y veremos la vida con mayor resolución, con mayor amplitud. Por eso ya no hay rabia, ni rencor, ni cólera, ni furia, ni ira. El dolor me devolvió a la vida y despojó de mi ser todo aquello irracional que me ofuscaba. Ahora toca volver a empezar desde la enseñanza y el aprendizaje. Toca compartir lo maravilloso que llevamos dentro. Toca abrazar con amor y sabiduría todo cuanto el universo nos regale…

Desde mi ventana

Sigo mirando por la ventana con la esperanza abierta. Estos meses he aprendido la importancia de esa palabra que ya había desterrado hacía tiempo de mi vocabulario. Por eso, por esperanza aprendí a esperar a que las cosas cambiaran, aprendí a soportar los malos momentos con la fe en que el mañana sería distinto. La esperanza me mantenía cerca y unido, a pesar de que las circunstancias no eran precisamente halagüeñas. Y ahora noto que ese aprendizaje sigue vivo, por eso, cada vez que un coche entra en mi jardín y escucho el rumor de su motor se me erizan los cabellos. Salgo corriendo a la ventana y… y sigo soñando de nuevo… Y en ese sueño hay dolor porque a veces nos cuesta aceptar la realidad, nos cuesta comprender que los silencios son señales que nos indican cosas. Pero incluso en el silencio de la noche, al menos en las noches de esta última semana, me despertaba a cada instante pensando, creyendo que todo era ilusorio y que nada había cambiado. Que todo estaba bien, que podría girar mi cuerpo y abrazar su cuerpo, que podría extender mi mano y apretar la suya. Pero resulta que su cuerpo es mi almohada empapada de sudor, de lágrimas, de pena. Resulta que cuando giro mi mano para buscar la suya solo hallo un reguero de vacíos, de amables ausencias que asisten y me asisten. Un silencio inquebrantable, un venero de empeño por creer en esa fuerza superior que mueve todas las cosas, incluidos los corazones humanos… Ayer, tras regar el jardín mientras miraba esa entrada sin puerta, me senté un rato, contemplando el vacío que separa el umbral de la calle y mi mundo. Rozaba con mi dedo un fósil que tenía a mi izquierda bordeando el árbol que sobrevivió a la obra. Mientras lo hacía… recordaba de nuevo las sabias palabras… “Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar”…

Anoche ocurrió algo milagroso. Parecía irreal, parecía un sueño. Estaba regando el seco jardín cuando de repente vi una silueta que subía por la rampa del coche. Era ella, sonriente, feliz, con los brazos abiertos, cargados de emoción y cierto nerviosismo… Lo había dejado todo y había venido al encuentro, a la reconciliación, al poder de estar por encima de las cosas infusas. Dejé la manguera y salí corriendo a su encuentro. Pude ver como sus hermosos e increíbles ojos azules temblaban de alegría. Nos abrazamos fuerte, muy fuerte, como si hubieran pasado cien años desde la última vez. Se abrazaron nuestros cuerpos, pero también nuestras almas y nuestros espíritus. El amor lo había sanado todo y no hizo falta ninguna otra palabra. Solo nuestras miradas profundas y felices, agradecidas por la experiencia y la enseñanza. Nos dimos la mano, subimos un poco hacia arriba y nos volvimos a abrazar… Sí, habíamos superado todas las pruebas, habíamos conquistado todos los castillos y habíamos expulsado a todos los guardianes del umbral que tanto esfuerzo habían puesto para que ese abrazo nunca se diera… Habíamos vencido todos los obstáculos y ahora, por fin, de nuevo, nos volvíamos a abrazar… Llegamos al lugar donde todo empezó. Pusimos “La Forza del Destino”, de Verdi, y nos sentamos en el mismo sillón donde aquel maravilloso día nuestros labios se sellaron por primera vez… A veces la vida es tan mágica y maravillosa que parece un sueño… a veces todo es tan increíble que parece un auténtico cuento de hadas… Que así sea por siempre…

Esperanza

Cuando salí por la puerta miré hacia atrás. La esperanza siempre golpea fuerte los corazones. También miraba hacia atrás cuando encendí el coche. Estuve esperando un rato, imaginando su silueta cruzando la calle hasta mí. Nunca apareció. Arranqué y seguía mirando por todas partes. Me imaginaba que en un arrebato de última hora habría cogido su coche y me habría seguido por todas las calles de la gran ciudad. Cuando entré en la autopista las lágrimas ya no me dejaban ver. Pero seguía mirando, por si acaso. Me la imaginaba pitando en mitad de la carretera, haciéndome señales con esa sonrisa suya, con esa mirada suya.

A media noche paré el coche. No podía seguir conduciendo en ese estado. Intenté dormir en algún sitio, intenté conciliar el sueño entre sollozos que no veían su fin. Al despertar pensé que todo había sido una pesadilla. Que la encontraría tumbada a mi lado, como todas las mañanas. Palpé con la mano pero sólo pude tocar las cajas con mis cosas. No había más que ásperas cajas de cartón. Creí morirme en ese instante.

Volví a encender el coche, mirando una y otra vez por todas partes. Sentí que la única terapia era seguir adelante, hasta el final. Llegué por fin al destino. Un destino desierto, abandonado, sin sentido. Las lágrimas seguían empañando todo cuanto tocaba. No deseaba escuchar nada, no deseaba cruzarme con nadie, evitando durante días llamadas y contactos. Solo tuve fuerzas para poner unas fotos suyas en mi nuevo rincón. Me siento acompañado con ellas, como si nada hubiera cambiado, como si todo hubiera sido un mal sueño y solo hubiera que esperar el grito solitario…

A pesar de los ánimos de uno y otro lado, resultaba difícil reponerse. Aún sigo mirando por la ventana… Aún sigo creyendo que aparecerá de un momento a otro… mientras las cosas que toco siguen empañándose… Sigo mirando por mi ventana… creyendo que la esperanza y su mano aún están por llegar…

Mientras espero… el dolor… ese dolor de alma…

A un hombre bueno

Ayer, a dos luces, paseaba con la bicicleta por los montes y los bosques cercanos. Los riachuelos, normalmente secos en estas fechas, portaban abundante agua. A esas horas, un agradable fresquito recorría los caminos. Cuando me dejaba caer por las veredas me sentía libre. Deseaba que las sendas no acabaran nunca y que la caída fuera infinita.

Horas antes había llamado LV y mantuvimos una larga charla donde tratamos temas profundos, trascendentes para nuestro presente y futuro inmediato. También empezamos a hablar de mujeres. Por ser quién es, él ha tenido experiencias y me dijo muy contundente: “las mujeres inteligentes no buscan a un hombre rico, sino a un hombre bueno”. Su afirmación me hizo gracia viniendo de quién venía. Pero lo dijo con mucha seriedad y cierta tristeza en sus palabras. Los hombres buenos son constantes, fieles y firmes. Si además de bueno es rico, entonces el círculo es más perfecto. Pero medir el amor por la pobreza o la riqueza es una entelequia estúpida. O hay amor o no hay, nada más. Todo lo demás es hipocresía e interés. La conversación venía a cuento por alguna experiencia pasada que él mismo había sufrido. Con el tiempo y cierta madurez interior te das cuenta de que lo que vale en el amor son las cosas sencillas. Lo demás es pasajero, provisional. Y nadie ni nada puede sujetarlo. SP, quizás para darme algo de ánimos, me escribía desde las Islas Afortunadas: “eres el hombre perfecto”. Si lo fuera, le contestaba, no habría tenido tantos fracasos con las mujeres. Quizás sea porque soy demasiado exigente, como le decía, y entre otras cosas, no les permito, bajo ningún pretexto, que no sepan volar… Ya lo dijo el poeta… Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo… Sea como sea, haré caso a SP, y voy a estar seis meses de vacaciones emocionales… Estoy cansado, triste y aturdido… Así que me dejaré llevar por el eco dormido, esa recopilación de emociones que se intuyen acurrucadas en un rincón, como esperando una mano que las lleve hacia un mundo inofensivo…

Suspiro en las orillas contemplando el aletear del colibrí que cubre el resplandor de su plumaje con la vida que le recorre. Suspiro creyendo que lo de ayer fue un mal sueño, una confusión del cansancio, y que pronto todo volverá a la rutina hermosa, a la complicidad y la creencia. Suspiro junto a la orilla, porque al otro lado espera siempre al barquero. Suspiro mientras miro hacia atrás, creyendo que el roce volverá, que la espaldita requerirá sus caricias y ese beso venerable de buenas noches volverá a su lugar. Suspiro porque el cielo atraviesa todas las orillas de los ríos de Babilonia, aquellas donde nos sentábamos cogidos de la mano, llorando recordando a Sión.  Y cuando lo perverso nos arrastró hacia esta tierra extraña, nos llevó a la cautividad y la separación. Y mientras la noche cae, las meditaciones de nuestro corazón nos abrazan con la fortaleza de ser inseparables a las asperezas de la vida. Oscuras lágrimas caen en las orillas. Todos necesitamos nuestro Dios, por eso ten el poder de seguir mirando hacia delante. Todos necesitamos la complicidad y la creencia de que el cielo nos une junto a los ríos de Babilonia… Thank you for hearing me…

Hace unos meses prometí a una persona muy especial que cuando despertáramos del sueño en que vivíamos lo haríamos cogidos de la mano… La preciosa idea fue suya, pero la promesa fue mutua y me entusiasmó por su alto valor cargado de esperanza. El despertar ocurrió pronto, quizás demasiado pronto, porque ambos queríamos toparnos con la realidad, queríamos saborear como éramos realmente, como sentíamos y pensábamos realmente…

Un día ella soltó mi mano… Fue un acto simbólico pero quizás premonitor… La dejó caer primero una vez, y luego algunas más hasta que dejó de cogerla, rehuyendo cada vez que yo intentaba rozar sus dedos, abrazar sus palmas con la esperanza de que recordara la promesa. Un día dejó de mirarme, de abrazarme, de besarme… Un día dejó que mi alma cayera en la profunda convicción de que la esperanza se había marchado para siempre… Un día dejó de llamarme y de escribirme… hasta que el olvido del sueño y las promesas se derramaron por el suelo y fueron pisoteados por el tiempo… La última vez que la vi me dio dos besos en la mejilla, como si fuéramos dos desconocidos. Me dio las gracias por acompañarla… y se marchó…

En las relaciones de cualquier tipo, el desapego forma parte esencial del amor. Siempre pensamos en el otro en términos de propiedad, olvidando que son seres humanos libres y deseosos de experimentar la vida en libertad. Por eso, si alguien te suelta la mano, lo mejor es dejarla ir… sin querer apretarla, sin querer poseerla, sin querer amarrarla… Ese es el mejor acto de amor, y sin duda, es lo mejor que puede ocurrir.

Estos días SP me ayudaba a entender todo esto. Hoy mismo me escribía en los siguientes términos: “ya sabes que cuando se cierra una ventana (estilo windows de microsoft) se abren muchas más y más grandes….la pantalla se ve diferente….clickea en el buscador de tu sistema operativo y mira por dónde quieres navegar y explorar….es fácil…..refresh your browser y busca por dónde puedes brillar más!!!”

Sin duda, así actúa el universo… Basta que cierres una puerta para que se abran mil ventanas… En todo caso, soy un hombre de palabra, y mi mano franca sigue extendida hasta el infinito…

Soñando amores

 

                                                                                                                            Escuchaba conquistado la hermosa letra de la increíble canción de Pablo Milanés mientras pensaba sobre el amor, el amor humano. Ese que necesita expresarse de alguna manera, aunque sea como una declaración de amor romántica que no repara en formalidades. Amar con dolor, con rabia, con orgullo, con miseria, con desprecio… pero también con complicidad, con comedia, con chispa, con gracia, con ternura y roce. ¿Y qué ocurre cuando falta todo eso? ¿Inclusive la soledad acompañada de los malos momentos? Es horrible sentir la necesidad de rozar su mano, su cabello, mirar su rostro y besar su aliento y no poder hacerlo por mil razones. El pecho late deprisa ante la impaciencia, ante la prisa de golpear las derrotas y renunciar a ver el sol cada mañana con tal de estar ahí… presente… doliente… Así es el amor humano, como una cucharada llena de agrio sabor que cae eternamente sobre los posos vacíos del alma… Pero también un beso dulce, de vez en cuando, ante la mirada atenta de cien mil estrellas que derraman su luz ante la impasividad cósmica del infinito… Siempre nos queda la llama. Esa que nace de la esperanza, de la fe en retomar nuestras vidas hacia el sentido sempiterno del amor… Es algo indestructible en nosotros, porque el Creador, el Hacedor de todos los talentos ya nos imprimió en la fábrica humana ese sello inconmovible…Sigamos pues amando a la manera humana, hasta que nos convirtamos en ángeles y podamos preñarnos del sentido profundo del verdadero amor.  

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