Amigos

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Día con Luis

Hoy teníamos el día libre, quizás nuestro único día de vacaciones en el Caribe. El chófer de nuestro amigo italiano me ha llevado hasta casa de Luis a medio camino hacia Santo Domingo, en un resort donde hemos coincidido con el hijo de Vargas Llosa y otros amigos. Nos ha pasado de todo, pero sobre todo, y como siempre, hemos dado espectáculo a lo grande.

Me ha emocionado que Luis tuviera aquí, en este apartado lugar del mundo, el librito de Ama hasta que te duela. Lo tenía junto a su Ingeniería de los Sueños y Juan Salvador Gaviota, todo un honor que hemos compartido con cierta gracia por lo surrealista de reencontrarnos en este alejado lugar del mundo.

Muy interesante las charlas que he tenido con S. Dicen que sus padres son los dueños de toda la isla, de muchas televisiones, periódicos, revistas y otras empresas. Pero era interesante hablar de espiritualidad mientras me daba mi primer baño en el Caribe. Sobre todo cuando la espiritualidad a la que ella se refería tenía que ver con el activismo y la defensa del medio ambiente, consciencia y valores. ¿Valores? ¿Dije valores? Resultó ser un día lleno de paradojas con respecto a los valores… Se dieron situaciones donde a veces esa palabra carece de sentido simplemente porque a veces, para algunos, lo importante no es dejarse manejar por el coraje de la virtud y los valores, sino por esa especie de diversión que nace del juego de la inconsciencia y el vicio por los placeres del ego.

Hoy me quedaré a dormir en su casa y mañana de nuevo manos a la obra en un tour de una semana por toda la isla. Seguiremos robando sonrisas, no porque eso tenga más valor que cualquier otra actividad humana, pero al menos, quizás nos acerque algo más a la virtud y nos aleje del caos peregrino de la sinrazón

Gracias

Gracias a todos por vuestras palabras de ánimo, por vuestros mensajes y llamadas. Estoy bien, de verdad. Nunca me había sentido mejor. Los días de retiro en la “cueva” fue una especie de muerte y resurrección. Una forma de romper con el pasado y empezar de nuevo. Y al hacerlo, encontré cosas hermosas en lo interior y en lo exterior. Pero sobre todo claridad y luz para seguir la senda oscura del futuro. Cuando estamos ciegos y de golpe cae algún velo, alguna de esas telas de araña que no nos dejan ver con claridad, lo que más deseas es seguir descubriendo. Basta que tires de una fina hebra para que todo empiece a verse con profundidad. El alma suspira aliviada por ese destello de lucidez. Y hay que aprovechar ese momento para hacer movimientos y recolocar cosas. Y cuando lo haces, cuando caminas decidido por la senda de nuestro propio propósito, entonces todo confabula para que así sea. Es como si el universo entero conspirara para que sigas sin miedo por el tramo trazado. Y cuando empiezas a caminar decidido, valiente, sin miedo, hay que desprenderse de muchas cosas. Y bueno, eso estoy haciendo en estos días antes de la primavera. Mudar de piel, mutarme, transformándome. Habrá muchos frutos que recoger tras la siembra, así que os espero en el banquete.

También he recibido muchas muestras de solidaridad y apoyo mutuo. Pero ahora mismo, la única forma que tenéis de ayudarme es buscando vuestra parcela de libertad interior y de amor al prójimo. Así se lo decía al buen amigo Bob:

Gracias querido Bob…
No te preocupes, esto es como cuando lo dejé todo y me fuí a Linares, como cuando estando en Linares lo dejé todo y me fui de nuevo a Barcelona, y como cuando estando en Barcelona lo dejé todo y me fui a Córdoba, y como cuando estando en Córdoba lo dejé todo y me marché primero a Escocia y luego a Alemania… y como cuando estaba en Alemania lo dejé todo y me fui de nuevo a Córdoba, y luego a Madrid, y luego otra vez en Cordoba… y ahora me apetece norte, más norte… 
No dejes de leer y de informarte querido amigo… nos están engañando por todas partes… esa es la mejor forma de ayudarme… 

un abrazo sentido…

 

Pd.- Recogiendo naranjas en la huerta de un amigo… Pedid y se os dará, llamad a las puertas y se abrirán, dad y recibiréis.

Ayer pasé la noche en palacio. Llegué y cenamos en familia. Me gustó recorrer entre olivares y bosques los kilómetros que separan las puertas del pequeño reino del centro neurálgico donde se refugian príncipes y princesas. La casa seguía espectacular, inmensa, exagerada. Jamás un hombre solo podría abarcarla en una sola vida. Y esa es solo una de las casas, quizás no la más grande. A veces tanta riqueza me abruma. Especialmente estos días que ando escribiendo el prólogo sobre una de las obras del príncipe ruso Kropotkin. A veces tanta exageración me resulta extraña.
Pero ayer había cierto aire acogedor, festivo, familiar. Nos reunimos alrededor de la inmensa mesa redonda, como los caballeros de la tabla. Hablamos hasta altas horas de lo humano y lo divino. Mientras hablaba con su hijo sobre la vida eremita que ambos llevamos últimamente, me gustó el recuerdo de la sobrina, cuando con risas cómplices recordábamos aquel tiempo en que dormía en la casa de Madrid y nos levantábamos lagañosos para desayunar juntos. “Desde que te fuiste a vivir a la embajada ya no te vemos por allí”, decía. “Ya no vivo en Madrid, he vuelto a La Montaña”, le contesté casi susurrando. La vida en palacio… en los palacios… Eran otros tiempos…
Las explicaciones siempre inteligentes y geniales de “el jefe”, como cariñosamente le llaman, nos hacían reír sin parar sobre asuntos que no hacían nada de gracia por su relevante importancia. Los nietos pronto fueron a la cama porque esa era la gran noche. Al acostarme recordé la última vez que estuve allí. Miraba los grandes cuadros de la habitación. Miré mis venas y se veían azules al trasluz. Sangre azul, pensarían en otra época… Una costumbre muy española para diferenciar a los nobles blancos y pálidos que tenían origen visigodo de los que, de piel más oscura, provenían de origen moro. El palacio, los palacios…
Por la mañana, temprano, el gran árbol de la vida estaba esperando. En sus ramas colgaban esos destellos de luz que representan las almas individualizadas, pero unidas todas por la sabiduría natural, por los hilos de la vida. En su copa, una gran estrella que iluminaba todo el espectro, representando la fuente de luz, el principio y el fin de todas las cosas, el alfa y el omega. Debajo, cerca de las raíces, allá donde termina el tronco visible, los regalos. En la simbología mística, representan los bienes espirituales, los valores, los propósitos, los anhelos del alma.
Los niños vieron asombrados como los magos se habían cenado los bizcochos y sus camellos habían bebido el agua dejada la noche anterior. Empezaron a desenvolver los regalos uno a uno, con la emoción contenida. Mientras lo hacían, cientos de recuerdos se amontonaron de repente dentro.
Hoy regresaba por montañas y valles a casa, al refugio, a la cueva, mientras me despedía de palacio. Precipité la salida porque al mediodía tenía invitados para comer. Y llegaron puntuales cuatro bellas almas con las que, paradojas de la vida, compartimos las enseñanzas del árbol. Primero comiendo en el jardín, algunos en manga corta del calor que hacía en pleno enero. Luego paseando por el bosque, adentrándonos en sus secretos y visitando lugares perdidos. De regreso, empezamos a leer algunas enseñanzas del maestro Tibetano DK, las cuales iluminaron una interesante charla sobre el árbol de la vida que terminó en una meditación profunda y una comunión muy especial entre todos. Nos miramos a los ojos. Reconocimos en ellos la chispa radiante que ilumina cada rostro. Nos abrazamos y se fueron felices, muy felices. La magia actuó, y los intervalos produjeron su efecto.
Y ahora aquí estoy, de nuevo solo, en este silencio casi sepulcral. En mi escritorio, que es ahora mi palacio. Desde aquí dibujo nuevos reinos, imagino princesas y caballeros de la triste figura. Aquí tengo mi lápiz, mi papel, mis libros. La luz de la lamparilla ilumina solo el espectro más inmediato. Es suficiente. No necesito más. Aquí está todo.

Estar vivos

En este viaje me he dejado fluir todo lo que he podido y he quedado con aquellos que me han llamado para tomar un café, compartir una cena o dar un paseo. Entre el jueves y el viernes concentré la mayoría de encuentros, uno tras de otro para intentar compartir un trozo de vida con viejos amigos. El viernes tocó el turno con un amigo responsable del departamento de ingeniería de Applus. Está buscando nuevos contactos en empresas con las cuales puedan colaborar ofreciendo servicios de ingeniería mecánica, y lo pongo en voz alta aquí por si conocéis a alguien que pueda estar interesado en sus servicios, ya que, de no ser así, todo un departamento se iría literalmente a la calle. Estuvimos parte del tiempo tirando de contactos para ver si podíamos conseguir algo, sembrando para ver si de alguna forma podía ayudarle. La crisis sigue galopando, pero la esperanza sigue sembrando en los surcos de la vida. Es tiempo de coraje y trabajo, mucho trabajo, pero sobre todo, de actitud, especialmente de actitud positiva para optimizar todo cuanto somos y tenemos.

Tras compartir una buena tarde con él fuimos a visitar juntos a otro viejo amigo de la juventud que hacía muchos años que no veía. Justamente le habían echado de su antiguo trabajo tras más de seis años de servicio. Por suerte, había podido ahorrar lo suficiente para pasar ahora la incertidumbre del futuro. La disciplina del ahorro es importante en estos tiempos, pero sobre todo, saber gastar lo que tenemos de forma solidaria con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Al día siguiente quedé para cenar con dos amigas de profesión doctoras. Me hablaron de la terrible crisis que el sector de la salud está sufriendo en Cataluña, con recortes insostenibles. Una de ellas, amiga de la familia real, contaba con detalles todo lo relacionado a los últimos acontecimientos sobre la monarquía y la verdad es que es para mirar a otro lado y no querer saber nada de todo este asunto.

Al día siguiente fui a comprar con la familia y pude fotografiar a ese animal que parecía satisfecho por haber sido sacrificado en nombre dela Navidad.Bueno, esos rituales humanos a los que estamos tan acostumbrados.

Hoy, una hermosa comida vegetariana con la otra familia, la espiritual, en el centro de Madrid, donde hemos compartido una deliciosa comida con amigos del alma, con meditación incluida.

Y la vida sigue, y la vida continua, y lo digo con dolor en el cuello porque ayer estuve a punto de tener un gran accidente en coche del que me libré por los pelos y por segundos. Me di cuenta de que pendemos de un fino hilo que puede ser quebrado en cualquier instante. Y ayer vi ese instante muy, muy, muy cerca. Una rápida maniobra me libró de un accidente múltiple. Una rápida maniobra donde la suerte o la providencia jugó un papel importante. Hoy seguimos vivos… Es todo un regalo…


Compartimos lo muy poco que vamos comprendiendo, la exigua luz que nos alcanza no la retenemos… No sentamos cátedra, contagiamos corazón e intuición, lejanos atisbos de superior sabiduría. Nunca la última palabra, sí la que nos llega y nos llena hasta el punto de querer derramarla… El tiempo de las canciones, de la danza y la palabra sagradas llega cuando el humano se levanta y se pone en marcha para remontar el camino que lo conduce a su Origen…


CONVIVENCIA DE NAVIDADES EN ARTE-GOXO
Del 29 de Diciembre al 1 de Enero en Artaza (Navarra)

Al calor de la chimenea hilaremos historias, lecturas, sabiduría sagrada… Largas tardes para compartir a la luz de las llamas en medio del bosque inmenso, en medio de una geografía privilegiada. El hilo conductor de los círculos de palabra serán las enseñanzas que constituyen el eje de todas nuestras convivencias, a saber el conocimiento que han compartido para nuestra era el Maestro Tibetano, el Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov, así como Vicente Beltrán Anglada…

En esta ocasión será una convivencia más espontánea y libre de horarios rígidos, en la que abordaremos las cuestiones en función de la voluntad de los/as asistentes. Trataremos de profundizar en la experiencia de vida fraterna.Compaginaremos estos círculos con silencios meditativos, con meditaciones andantes, con excursiones por los bosques… Habrá también visionado de películas y canto. Todo ello en un ambiente de  colaboración en las labores. Nos acompañarán también Selene Paredes con Danzas del mundo y algún día Victoria Etxenike con Danzas de Paz Universal.

Alternaremos por lo tanto recogimiento y fiesta.  Dedicaremos especial espacio al silencio recapitulatorio en tan importantes momentos, así como al placer de cocinar juntos.

Año nuevo:
En la mañana del día 1 de Enero atravesaremos el bosque para llegarnos hasta la cascada del Nacimiento del Urederra. Allí realizaremos una sencilla ceremonia para arrancar el año con los más elevados propósitos. La cita será a las 11 de la mañana en el frontón de Bakedano. Se pueden sumar a esta marcha todas las personas que lo deseen.

La convivencia comienza con la cena del 29 y finaliza con la comida del 1 de Enero, ambos inclusive.

Son bienvenidos los postres, bebidas y demás para realzar las celebraciones.


Más info:
http://www.portaldorado.com/in.php?doc=8174


Inscripciones
Las enseñanzas son gratuitas. Sólo se abonan las comidas y el alojamiento quien desee quedarse en Arte-Goxo.  El precio de la comida es de 25 euros cada día. Se puede venir los días que cada quien desee, si bien se recomienda la estancia de la convivencia entera. Las comidas comprenden desayuno, almuerzo y cena. Notificáis por favor vuestra inscripción mediante un e-mail a koldo@portaldorado.com o llamando a los tfnos. 948 / 54 00 20 ó 606 69 54 52.

Día de domingo

Un día diferente y agradable. Por la mañana me levanté perezoso pero con ganas de seguir con el karma yoga. Esta vez tocaba pintar la entrada y algunos lugares que se habían quedado sin ese blanquecino propio de esta tierra. Así que me puse a pintar toda la mañana hasta que a la hora de comer llegaron Sara, Isabel y su hija Maribel para pasar un bonito día en La Montaña. Enseguida se pusieron a cocinar un montón de comida para que pase la semana bien alimentado. Comimos de lujo auténticos manjares vegetarianos. A Maribel, futura antropóloga, le llené las arcas de libros para que pudiera degustar el espíritu del lugar. Hacía tan buen día que comimos en la terraza, viendo el verde intenso del jardín y sus florecillas blancas y amarillas. Da gusto compartir estos momentos improvisados y sentirte, a pesar de la soledad, tan acompañado.

Luego Sara cogió al perro Rastra, le terminamos de quitar las rastras que aún le quedaban y lo bañó, dejándolo como nuevo. Creo que voy a tener que cambiarle de nombre porque ahora parece otro. Pusimos la chimenea y aquí se ha quedado limpito, peladito y hermoso. Parece otro. Ahora duerme a mi lado, quizás sorprendido por ver como un simple baño ha podido tanto cambiar su estatus. Mañana lo llevaré al veterinario y bueno… creo que vamos a ser buenos amigos…

Así pasa el tiempo y la vida, con buenos amigos que te recuerdan y te visitan de forma inesperada para compartir momentos hermosos… Me preguntaban si no me sentía solo y si no tenía miedo de vivir aquí perdido en una casa tan grande y sin compañía. Ciertamente no tengo miedo, pero sí me encantaría poder compartir la vida, poder levantarme todas las mañanas y tener a alguien a quién abrazar. Cosas de la soledad… Los que tengáis ese supremo bien, aprovecharlo y estrujarlo hasta la saciedad, porque en el fondo la vida se puede resumir en eso, en compartir, un abrazo, una mirada, un instante. Más allá de eso, todo es ficción…

Estimados todos y todas…

Como vemos que al final nos hemos animado a tener un encuentro y charlar sobre lo humano y lo divino, estamos organizando el mismo para los días del 2 al 4 de diciembre aquí en La Montañade los Ángeles.

El viernes 2 será la recepción y acomodación en nuestra/vuestra casita. Una cena ligera a base de dieta galletariana, algo de chimenea, risas, charlas y todo lo que surja en la magia de la noche. Todos los que vengáis de lejos os iremos a recoger a aeropuertos, estación de trenes y donde haga falta para hacer cómoda la recepción. No tengáis problema en la llegada y la vuelta.

El sábado 3, si hace buen tiempo, lo dedicaremos a pasear por la Montaña… Conoceréis de primera mano todos los secretos que este lugar de fuerza encierra y podremos compartir historias y travesuras. Comeremos algo y seguiremos todo el sábado compartiendo.

El domingo 4 habrá sorpresas y regalos para todos y por la tarde vuelta a nuestros destinos.

Espero que os podáis apuntar y podamos disfrutar de unos días inolvidables. El encuentro no tendrá coste ninguno, pero se os dejará la opción de que podáis participar con los gastos de comida, etc…

En fin… que esperamos que pasemos un grato agradable y podamos participar de un encuentro único…

Para poder apuntaros y saber cuanta gente seremos para organizar camas y habitaciones, por favor, enviadme un mail a legosum@gmail.com con vuestro nombre y el número de personas que seréis…

 

Nos vemos todos pronto…

Esta mañana he salido muy temprano a pasear por el bosque cuestionándome cosas que me planteo estos días con cierta seriedad. ¿Qué es la lealtad? ¿Es lealtad decir a la persona que quieres lo que quiere escuchar? ¿Es lealtad la adulación y el agasajo barato con tal de que esa persona se sienta confortable, aunque esté a punto de estrellarse contra un abismo? ¿Es lealtad estar ahí para lo bueno, pero desaparecer cuando las cosas van mal? ¿Es leal aquel que imprime en nuestras vidas mentiras con tal de seguir un rato más a nuestro lado? ¿Es leal aquel que se deja arrastrar por lo epidérmico, por encima de todo y de todos, sin tener en consideración lo profundo de una relación? ¿Es leal aquel que te coge de la mano para luego dejarte caer desde lo más alto? ¿Qué es lo verdaderamente leal en los tiempos que corren? Llevo semanas planteándome la importancia o no de la lealtad en las relaciones humanas, quizás porque en los últimos meses he sentido de nuevo cierta decepción con algunos hechos que imprimen desconfianza y cierta desidia.

Es cierto que siempre debemos salir al encuentro de los demás con las manos llenas de amor y cariño sin esperar nada a cambio. Pero a veces es inevitable sentir cierta pena cuando en vez de recoger los frutos que se ofrecen en dichas manos estas son arrancadas o mancilladas con desagradable intención. Aún así, la responsabilidad moral, la verdadera lealtad, está en permanecer impasibles ante el desconcierto aparente. El amor hacia los demás debe manifestarse inclusive en aquellos momentos donde la rabia y el desconcierto parecen apoderarse de nosotros. La ceguera propia de esos momentos no debe impedir que el afecto y el cariño continúen… La lealtad se medirá por estar siempre ahí, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe…

Tras la comida de Ananta pasé a la habitación del hotel a reflexionar un rato. Sentía la necesidad, al menos la necesidad interna, de mirar al cielo apretado de luminarias. Por la tarde se presentó una hermosa estrella con luz propia, de profunda mirada e intensa vida que hipnotizó con su belleza y sus experiencias al menda que ahora escribe. Dimos un agradable paseo que terminó en cena y no tuvo desperdicio todo lo que aprendí en esas horas de intensa charla. Era la primera vez que nos veíamos pero hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Me sentí como en casa a su lado, porque todo me pareció familiar y sincero. Y. me abrió campos que desconocía y me llevó por senderos que para mí eran completamente nuevos. Así que agradezco sus sabías palabras y esos dulces momentos imborrables. Da gusto pasear por el mundo y dejarte llevar por las alas de esas luces celestes…

Hoy sin embargo el día empezó duro. Me desperté temprano y estuve una hora en silencio, contemplando cualquier punto fijo del universo e intentando comprender porqué aún seguía sintiendo ese remolino de emociones. Intenté respirar durante todo el día pero solo el bello paseo otoñal por las calles de Madrid con C. pudo aliviar un poco la tensión acumulada. Me llevó, como siempre hace, a las alturas, y desde allí pude contemplar Madrid desde otra perspectiva. “Verás como ahora lo verás diferente”, me decía amable y paciente mientras subíamos a la séptima planta del Círculo de Bellas Artes. Fue allí donde presentamos el libro “La Palabray el Tao” hace ya algunos años, y quién me iba a decir que iba a subir a ese monte para intentar elevarme hacia otra dimensión dentro de la taoísta frase de “tinieblas dentro de tinieblas, la puerta de todo misterio”. Así me encontraba, entre tinieblas, pero gracias a la estimable compañía de C. pude atravesar el portal hacia una nueva luz y una nueva enseñanza. Así que gracias mi niña por tu amistad y por tu amor incondicional. Nunca sabrás a ciencia cierta todo lo que has hecho en mí…

Y luego, para rematar el lienzo del amor y la amistad, la receta mágica de dormir en casas angélicas. Esta vez con la compañía amorosa de Joaquin y su familia, la cual es capaz de levantar el ánimo a cualquiera que se deje llevar por la sinfonía que desde las otras dimensiones orquestan la vida de estas luminarias. Hoy, antes del alba, habré subido a las colinas y montañas… Gracias a todos por vuestra luz…

Le llamaban Manuel

No importa que el tiempo pase si lo que hacemos se queda aquí”. Eso es lo que reza en la hermosa página web de este empresario llamado Manuel que explota varias fincas en el sur de Andalucía. Hoy he recibido su grata visita. Le he puesto a pelar patatas para invitarle a unas papas con huevo. Me parecía atrevido y al mismo tiempo gratificante compartir ese rato en la cocina, desde la humildad más exquisita, compartiendo una comida sencilla pero placentera.

Hemos hablado durante todo el día de lo humano y lo divino, de la crisis, de lo difícil y de lo fácil, del amor y el desamor, de los “pagafantas”, dícese de esos hombres que por buenos o tontos terminamos dando media vida en el amor para luego quedarnos completamente vacíos y desnudos en todos los aspectos, incluidos el material.

Me he sentido aliviado hablando con él. Sus consejos e ideas han iluminado un trozo de vida estancada en sentimientos pasados y rabia contenida. Han sido milagrosas sus recetas y su experiencia como empresario y emprendedor. La gestión de explotaciones agrícolas en plena crisis es parecida a la gestión de empresas culturales: retos difíciles. Pero como él muy bien decía, sus fincas dan de comer a las personas al igual que nuestra cultura da de comer al alma, cosa que jamás podrán hacer los futuros financieros y especulativos de la banca.

Sentados en el porche del jardín mecíamos con calma pensamientos e ideas, nuevas formas de negocio, nuevas luces para emprender proyectos que puedan acercarnos a dos ideas que nos pueden sacar de la crisis: la economía del don y el apoyo mutuo. Hablábamos sobre el final de este momento crítico para la sociedad mundial, y le exponía los ejemplos de mis pequeñas comunidades utópicas desarrolladas en mi tesis doctoral. Con cierta timidez hablaba de esas grandes ideas que allí se desarrollan como núcleo principal de sus existencias. La ayuda mutua, la economía del don. Le decía que estamos ante el nacimiento de la consciencia global. Internet ha posibilitado el parto de esa consciencia universal. Y de ahí que esta crisis sea para encajar esa nueva consciencia en un nuevo paradigma de convivencia universal. Estamos ante el nacimiento de una nueva forma de entender la vida, y ese exponencial cambio ya se ha dado en esas pequeñas comunidades. Por eso, ahora, unos ayudarán a otros, y se desarrollará la generosidad como método alternativo al lucro y el egoísmo individual. Ya no será el Estado el que dirija nuestros destinos, sino la sociedad civil, organizada y desarrollada en un vínculo universal, la que prospere de forma independiente. Ya no será un trato ni un pacto social entre estados e individuos, sino entre ciudadanos de todo el mundo. Por fin, está naciendo el ciudadano global, aquel que mira de igual a igual al otro y gestiona sus necesidades y sus crisis como si fueran propias. Por eso, la utopía de las pequeñas comunidades se está plasmando en la consciencia global pasando de ser individuos egoístas y aislados por estados-naciones a ser partícipes de un gran gesto mundial por la convivencia universal.

Hermoso día con ese hombre al que llaman Manuel… Gracias de corazón por su grata visita y por todo lo que ha inspirado.

 

(Foto: la foto me la acaba de enviar, precisamente, Dolores desde Huelva… Gracias por la bonita puesta de sol)…

Al llegar algo retrasado me permitió sentarme en los pocos huecos que quedaban en la platea de arriba. Había un silencio expectante a pesar de que la sala estaba repleta de almas con sed y esperanza. Más de mil personas atendiendo a ese ser generoso que derrama amor allá donde va.

Estuve atento y reía como un descosido cuando las bromas destensaban la charla seria y profunda. Cosas tan importantes como la respiración o la meditación centraban, de forma muy sencilla y amena, todo el melodrama de ese momento de existencia.

Había toda clase de personas. Ricos y pobres, personas buscadoras y personas normales y corrientes que quizás nunca habían respirado en consciencia o habían oído hablar de la meditación. Me resultó chocante ver como todos atendían en escrupuloso respeto y con una atención absoluta.

Y ella desplegaba con paciencia y amor toda su artillería dialéctica, afinando cada párrafo del guión para captar no solo la atención de aquellos seres, sino también para aproximar sus almas a una nueva dimensión.

Cuando todo terminó tras dos horas intensas, antes de salir del plató por la puerta de atrás me guiñó el ojo para que la siguiera. Fui corriendo y atravesamos túneles y pasillos inmensos por todo el hotel hasta que, gracias a la inestimable guía de su secretaria llegamos a la habitación del hotel. Allí, los tres, mientras el bebecito de su compañera de viajes y aventuras dormía profundamente, hablamos durante dos largas horas sobre chimeneas, sobre lo que allí había ocurrido, sobre amor y esperanza, sobre la generosidad del universo por permitir tanto milagro, sobre anécdotas que ilustran una vida llena de experiencias únicas.

A media noche en punto me fui corriendo a La Montaña, a la Montaña de los Ángeles, al hogar de todos ellos, meditando sobre lo que había pasado. Recordaba a ese ángel celestial, generosa, entregada, dándolo todo sin esperar nada a cambio. Y a la entrega de sus compañeros de viaje, de sus voluntarios que le ayudaban a cambio de amor infinito en toda esa labor… Y me preguntaba a mi vuelta: ¿quién cuida a esos ángeles?

Antes de marcharme la agarré con fuerza y le di un sentido abrazo. Sentí el roce de sus alas y me apresuré a susurrarle al oído, en el idioma angélico, un inescrutable… gracias…

Ahora queda en la consciencia estar atento, a cual arcángel cuidador de esos tesoros y maravillas… Cualquier otra palabra quedaría hueca para describir todo lo ocurrido, así que dejemos que el eco y la resonancia de la imaginación retomen el hilo de lo milagroso.

Ángeles en todos vuestros grados y condiciones: aquí tenéis vuestro hogar. Y además, ahora, con una nueva chimenea de amor.

 

Tras unos días muy intensos en Barcelona, de encuentros y reencuentros con viejos amigos y viejas almas del camino, esta noche termina mi viaje por tierras catalanas. Hoy a las siete de la tarde, en el Fnac de L’Illa Diagonal de Barcelona presentaremos el libro de Gloria Martín “Nos recibirá la tierra”. Me marcho feliz por todo lo vivido, con un sabor hermoso. Y regreso con un deseo ardiente de volver al “hogar”, con una necesidad urgente de abrazar a los míos.
El sábado lo pasé muy bien con los viejos amigos de la infancia. Fuimos a cenar a nuestro querido “Potato” y disfrutamos de una noche hermosa recordando viejos tiempos y hablando de todo lo que había cambiado nuestras vidas en estos años. Ellos, que me conocen mucho, me notaron ese día algo triste, porque sentía cierta melancolía cuando me hablaban de sus familias ya hechas y yo no hacía más que recordar a la mía propia, que haberla hayla, al menos dentro de mí, en mi corazón.

El domingo tocó un bonito paseo con M., una buena amiga que conocí en el desierto del Gobi, en Mongolia. Tocó por la mágica montaña de Montserrat. Llegamos hasta una de las cumbres más altas y allí nos sentamos a meditar y abrir nuestros corazones al destino. Le hablaba de todo lo que sentía por dentro, de esa inquietud que tengo en el corazón por lo que siento y por lo que necesito. Expresé en voz alta la necesidad de volver a la vida sencilla de un abrazo, de un beso a los seres queridos, de un paseo por cualquier retiro…

Ayer también fue un día muy especial. Mientras comía en un restaurante vegetariano con la excepcional SP, apareció mágico y veloz el también excepcional Joaquinet… Por un momento nos sentamos los tres en un círculo mágico y hermoso y me gustó que pudiéramos coincidir, aunque fuera por un instante en mi Barcelona natal. Luego el círculo se completó con la también excepcional hija de SP, J., con la cual pasamos un buen rato en su casa haciendo fotos divertidas y jugando como niños chicos. Es agradable reencontrarte con amigos del alma y disfrutar de momentos únicos.

Horas antes había paseado por el barrio donde me crié con la hermosa M. Seguía igual de increíble a pesar de los años que hacía que no nos veíamos. Hablamos de nuestras cosas, de nuestros miedos, de nuestras esperanzas. Le contaba las ganas que tenía y sentía por recuperar el amor, la vida en familia, las cosas sencillas de la existencia que nos toca vivir. Fue hermoso el paseo y el reencuentro. Fue increíble comprobar como los sentimientos quedan intactos a pesar de que hacía más de veinte años que no nos veíamos.
Ayer fue un día especial… Un día mágico, bonito, para recordar. Un día de reencuentros, un día que ya no nos pertenece, porque quedó anclado en algún tiempo.

(Foto: ayer en el epicentro de la plaza Cataluña esperando a SP).

Recuerdos

Siempre que vengo a Barcelona se me hace todo muy extraño. Más especialmente en este viaje que parece ser que está cargado de reencuentros con amigos de la infancia que han hecho ya sus vidas, tienen familia y viven en esa felicidad que marca la normalidad de sus años. Ayer sentí una especie de angustia al ver que muchos de ellos, al menos la mitad, habían podido organizar su existencia alrededor de un hogar, de una familia.

Cuando un lobo estepario hace incursiones a la manada, siente inevitablemente la llamada de la selva. Recuerdo que hace justamente hoy una semana una mujer mayor me hablaba angustiosamente de la soledad. “No es buena, la soledad no es buena”. Repetía una y otra vez con una tristeza profunda. Ayer, en términos parecidos me escribía una buena amiga que vive en el norte y me decía lo mismo: “no, no estoy bien, tengo una soledad tan desolada”…

Es cierto que la convivencia a veces resulta difícil, pero su recompensa merece la pena. Ayer, mientras mis amigos me hablaban de sus hijos y de su familia con plena satisfacción me sentía extraño y ajeno. Me preguntaba porqué esta moda de estar solos y ser individualistas pesa tanto, se vuelve tan corrosiva para el alma. Me preguntaba cuanto puede durar una soledad bien consumida, y qué ocurre cuando la misma atraviesa la barrera de la madurez.

Me preguntaba todo esto mientras cenábamos en el “Potato” y reíamos recordando viejos tiempos. Lo hacía inevitablemente con cierto halo de tristeza a pesar de la felicidad del reencuentro. Recordábamos cuando íbamos con las misioneras y queríamos marcharnos a las misiones… Ninguno de nosotros lo hizo, a pesar de que yo estuve a punto. Recordábamos las travesuras de aquellos tiempos que quince años después se volcaron en la mesa con entusiasmo y alegría. Recordábamos…

(Foto: el Castillo del pueblo viejo donde me crié, ahora convertido en ciudad desorbitada… )

 

Mis amigos saben que soy poco dado al teléfono. Dolores lo experimenta estas semanas en las que intenta comunicarse conmigo y siempre ando con el teléfono abandonado. Recuerdo la anécdota que me contaba Luis sobre su tío, el cual, lo primero que hacía por las mañanas desde su oficina de la presidencia del banco era llamar a todos sus amigos y conocidos durante una hora para mantener cierto vínculo. Supongo que ahora con las tecnologías y los mails el vínculo se trata de otra manera, en todo caso, Luis aprendió bien la lección y siempre tiene tiempo para llamar a unos y a otros.

En La Montaña además hay poca cobertura, así que es un suplicio hablar con el móvil. Me pasó ayer cuando un alto grado de la masonería, un venerable anciano que había sido amigo de los reyes de Marruecos me llamó para conocerme. Un amigo suyo le había regalado mi libro “Entrevista a un masón” y quiso invitarme a su casa para charlar. Su vida, plagada de aventuras y desventuras merecen la edición de un libro propio porque era fascinante escuchar sus relatos de más de ochenta años de vida intensa.

Y sobre libros he hablado hoy con otro ser que ha vivido la vida con intensidad. Fernando Sánchez Dragó es conocido por todos y ha sido emocionante escucharle desde La Montaña. También por teléfono me contaba proyectos y vida, ilusionado por sus próximas andanzas. En Séneca le vamos a editar algún librito como ya hicimos con su amigo Fernando Arrabal y hemos hablado largo y tendido sobre varias opciones. A ver si hay suerte y el proyecto cuaja porque me hace ilusión poder editar a este singular y apreciado autor. Uno de sus temas preferidos, la muerte, la hemos dejado para hablarlo en persona en otro momento.

Así que han sido dos días de suerte telefónica, porque incluso Dolores ha podido hablar hoy conmigo, siempre con su cariño y su buen hacer, con esas ganas de ayudar a este Loco que anda en mil historias y le roba horas a la vida para intentar estar en todas partes. Mi querida Dolores, aunque la cobertura del móvil o de mis teléfonos sea escasa, el radar de mi corazón está bien despierto y capta las ondas de vuestra generosidad y amor. Seguimos avanzando… despacito… suavecito… seguimos creyendo en la esperanza…

Pd.- Me acaba de escribir Fernando para invitarme a su programa de televisión y poder presentar allí mis libros… ¡qué honor más grande! Al final ganaré la apuesta y venderemos el millón…

Colgado en la nevera

Hoy he probado mi primera ciruela. El amigo F. me las ha traído recién cogidas y estaban deliciosas. Milagroso verme comer fruta. Pero esta parecía traída del mismísimo paraíso. Y habían muchas más… Hoy ha sido un día de recogida de frutos, de cosecha de palabras hermosas y profundas, sentidas. El cariño se muestra y manifiesta de tantas maneras que resulta difícil ordenarlo por momentos y promesas. Justamente en este peculiar caminar en silencio, con cierta y prudente ilusión, sin alejarnos del camino trazado para no desviar la atención en los excesos, en las imprudencias, en lo improvisado.

Era un día para caminar sobre el aire, como decía la canción, para mirar sin protección, para abrazar con cuidado merecido aquellas cosas que amamos. Y siempre esos pequeños gestos, como la carta de L. diciéndome que me tiene colgado en su nevera… “y te puedo asegurar, que sólo se ponen las cosas absolutamente importantes”, me decía rotunda. Realmente ha conseguido emocionarme. Quizás porque nunca nadie me había colgado en su nevera, clavando mi escrito junto a los dibujos de sus hijos. Me ha hecho ilusión y me ha creado una sonrisa agradable que aún me dura. Siempre es bonito recibir halagos, especialmente si nacen del corazón, de forma sentida, humilde y sincera. Como ese abrazo que recibía hoy desde esa habitación con adornos de color dorado. “Ven”, me decía… Y sentía ese gusanillo interior que clama la aventura, el dejarlo todo y lanzarme al vacío abismal de lo desconocido. “Ven”… Como si fuera un mantra que salía de la dulce y sabrosa ciruela, de esa nevera cargada de cosas importantes, de esa habitación con adornos dorados… Pero luego venía la otra voz, la que sonaba en la banda sonora de hoy, esa que surgió tras una noche, de nuevo, complicada en los planos emocionales… y decía eso de: “no te alejes del camino”… Así que aquí estoy, de nuevo, enfrentándome a la noche oscura, a la espera de que mañana, cuando me levante, un nuevo día milagroso llene cada rincón y cada instante. Gracias a L. por la inspiración y gracias a la vida, que nos da tanto…

 

(Foto: mi templo, mi palacio, mi nuevo lugar de trabajo e inspiración…)

Treinta grados en mi casa y treinta y seis grados ahí fuera. Acabo de llegar de comer en casa de mi tía unos deliciosos macarrones aprovechando que otra tía acaba de llegar de Barcelona a pasar unos días en este mágico lugar. Hice antes un viajecito de tres minutos al mundo exterior para visitar a mi prima A., la cual ha abierto un bazar en el pueblo. He comprado un bonito cubo de fregar de color azul, un recogedor de color azul, algunos víveres como pasta y cereales para apoyar la causa y que se sienta acompañada en los primeros pasos… Quería ayudar con lo que he podido y ambos hemos quedado felices.

Por la mañana recibía la llamada de L. Íbamos juntos a la escuela cuando debíamos tener diez años. Desde entonces no hablaba con ella, pero las tecnologías y las redes sociales hacen que todo parezca mágico. Quería comprar el librito “Ama hasta que te duela” y se sorprendió cuando fui yo el que le atendió directamente al otro lado de la línea. Le explicaba que la crisis hizo que nos quedáramos sin secretaria, sin maquetadores, sin ilustradores… Así que ahora era yo el que atendía llamadas, facturas, barría la oficina, enviaba los libros por Correo, maquetaba, ilustraba y hasta me quedaba tiempo para escribir algún libro y mantener al día la web… Toda una cura de humildad para apreciar en tiempos de crisis las cosas buenas de la vida y el esfuerzo del trabajo. Pero feliz, ahora feliz porque el aprendizaje no tiene desperdicio. Así que cuando la lección esté aprendida, podré valorar mucho mejor todo cuanto tengo. Le explicaba todo esto con la naturalidad de siempre, como si aún estuviéramos riendo en el colegio de nuestras travesuras, como si hubiera sido ayer la última vez que quedamos para jugar. Estas experiencias me parecen increíbles. Gracias L. por trasladarme de golpe al patio del colegio… ufffff…

Me alegra mucho saber que el librito recién editado me esté dando tan hermosas sorpresas. De repente es como si todo el mundo recordara la urgencia del vivir y del amar y comprendiera la importancia de los pequeños gestos. Estoy disfrutando mucho con las cartas que me están llegando, con los SMS, con las llamadas, con los mails… En fin… me alegra que el librito os esté gustando. El último mensaje lo comparto porque me ha hecho especial ilusión por venir de una persona que marcó mi vida de forma significativa hace más de catorce años: “Me llegó el libro ayer y no he podido parar de leer. Gracias por esta obra de Amor, por enamorarte, por querernos, por amarnos, por Gema, por Juan Salvador Gaviota… Gracias a Dios por Crearte”…

Bueno, como un amigo muy querido dice que tengo que venderme, pues ahí dejo pequeños detalles y gustaciones para abrir el apetito. Gracias L. por tu llamada, gracias P. por tus palabras, gracias M. por tus ánimos recién llegada de Europa, gracias J. por tu carta que acabo de recibir, gracias S. porque estás ahí a todas horas dándome ánimos y apoyo, por tus mensajes diarios de buenos días y buenas noches y por tus palabras-caricia. Gracias a todos por vuestro amor incondicional que me llega cada vez de forma más hermosa e increíble. Os abrazo, sentidamente, a todos…

Ayer, una amiga del alma, en una conferencia que dio en Córdoba dijo una frase que me impactó: ama lo que siempre existe… Me recordó una frase que me repetían mucho cuando estaba en política: “para estar vivo en política tienes que estar ahí”… Conjugo ambas experiencias y llego a la conclusión de que se puede amar con mayor intensidad a los que están ahí, todos los días, apoyándote, pero también se puede amar a los que alguna vez estuvieron…

El lazo que nos une

Todos los días son milagrosos… todos los días ocurren pequeñas cosas que hacen única la existencia… Ayer, mientras daba de comer a las hormigas que se han instalado en mi cocina y observaba su comportamiento a la hora de organizarse de forma asombrosa para rescatar ese trozo de magdalena gigante que de repente había caído como maná del cielo, pensaba en como la naturaleza se organiza a todos los niveles de forma asombrosa, increíble. Cualquiera que me viera tumbado en el suelo, viendo a cientos de hormigas correr de un lado para otro de forma organizada, pensaría que estoy como una cabra con cencerro incluido… Como últimamente me tomo muy en serio eso de la práctica de la ahimsa, iba recogiendo las hormiguitas y dejándolas en algún lugar del jardín con la esperanza de que abandonaran la cocina, a pesar del buen servicio de limpieza que me hacen al recoger todo tipo de migas (principalmente migas de galletas y magdalenas, que es en lo que se basa mi dieta principalmente)… Pues lo milagroso resultaba de la observación hacia esa unidad en la que vivían, todos a una, como un conglomerado armónico y para nada fragmentado que en unidad se disponían a arrancar hasta el último trozo de maná-magdalena.

Y en esa unidad estaba pensando cuando de repente esta mañana sonó el teléfono. Era una mujer que deseaba comprar un libro… Me dijo su nombre y el corazón me dio un vuelco. No dije nada hasta que no me dio el nombre del libro que deseaba comprar a lo que yo contesté, para su sorpresa y arriesgándome a equivocarme: “el libro de tu amigo Javier León”… A pesar de que habían pasado más de veinte años, pude reconocerla. La última vez que nos vimos le prometí que siempre le escribiría una carta, al menos una carta al año. Y eso hice durante casi veinte años por Navidad, hasta que en 2008, mientras vivía en Alemania y escribía la última tradicional postal de Navidad a los viejos amigos, sin saber porqué, las cogí todas y las lancé al fuego de la chimenea sin volver a recuperar esa hermosa tradición. Y cuando hoy M. me lo ha recordado diciendo que todos los años esperaba con alegría esa carta, esa postal, me he emocionado, y he visto que la unidad no se ha perdido. Pueden pasar años, eternidades, pero hay algo que nos une, un lazo misterioso que nunca muere y que, como ocurre en el increíble mundo de las hormigas, nos mantiene cohesionados y vivos. Quizás este año vuelva a retomar mi promesa, y siga alimentando el lazo místico del amor humano. Gracias M. por tu llamada… Nunca imaginamos hasta donde puede llegar la verdadera amistad…

Hoy me escribía bellas palabras con M., diplomática catalana que ha vivido cuatro años en Madrid y que contaba lo complicado que es pensar en esa ciudad cuando internamente hacía relaciones con ella. La verdad es que a ambos nos ha servido de terapia porque tengo una sensación parecida que intento gestionar como puedo.

Joven, hermosa, madura, entregada a las causas que merecen la pena, se perfila en la ambición de conseguir la felicidad en todos los sentidos. En el amor, en lo profesional, en la vida. Hablábamos de lo difícil que resulta encontrar el justo equilibrio en las relaciones de pareja. Compleja esa delgada línea que separa la entrega total de la exigencia, el amor incondicional del recelo, las angustias y los miedos. Ella se siente traicionada, pero aún así, ama terriblemente a ese hombre. Me ha parecido loable que a pesar de todo lo vivido aún posea ese sentimiento noble y sincero. Todo un ejemplo de renuncia y amor. Y cuando ese amor es puro y nace del corazón, ya nunca puede ser olvidado, ni por un lado ni por otro. Y al final, cuando pase el tiempo, siempre lo recordaremos como un regalo del cielo, como un don que nos fue dado, como una práctica silenciosa que nos llevó por el camino bueno.

Ahora toca luchar y resolver con prudencia y fortaleza estos momentos. Reconstruirnos como personas, cerca o lejos de Madrid, fuera o dentro de nosotros mismos. Cada día nos vamos reconquistando un poco más querida M., así que me quedo con tu bella frase de despedida: “nos vemos pronto, soit ici soit à la fin du monde”,y que así sea…

(Foto: mientras esta tarde comía croquetas vegetarianas congeladas y hechas por mi madre este agosto y escuchaba las noticias del telediario intentaba poner orden en el sistema de facturación que por algún motivo estaba enfadado conmigo. Será la crisis…)

Creo que eres la persona mas querida, por todo el mundo, de todas las que conozco”. Esto es lo que decía un post de una amiga en una de las redes sociales. Al leerlo esta mañana temprano me ha conmovido y me ha sacado estas palabras. Porque lo normal es que te digan estas cosas en forma de homenaje cuando ya no estás, cuando te fuiste al otro lado, pero cuando te lo dicen en vida, es porque esa persona es muy grande, es un gran alma. Y así es Joaquin, o Joaquinet, como a mí me gusta llamarlo cariñosamente. Un alma grande que se pasea por el mundo regalando sonrisas y amor, generosidad y bienestar, que ayuda a todo el que puede de corazón con su maravillosa Fundación Ananta ( www.fundacionananta.org ) ofreciendo al pobre y al rico, sin distinción de clase, todo cuanto esté en sus manos. En India pude colaborar con su proyecto “Colores de Calcuta” y es allí donde se puede palpar de primera mano lo que el amor en acción es capaz de materializar.

Me lo presentó MC hace ya más de seis años y desde entonces siempre ha estado ahí, en lo bueno y en lo malo, para reír o para llorar. Hicimos algunos viajes juntos a Mongolia, buscando la ciudad perdida de Shambhala o a la India para meditar en Mount Abu, un lugar increíble. Su sentido del humor, siempre alerta y alegre, su mirada intensa hacia los problemas del mundo, su riqueza interior y su generosidad infinita han sido siempre una particular llama de alivio. Hay una frase suya que siempre me acompaña: “tenemos que hacer bien las cosas”. Porque así es él, un hombre al que le gusta que las cosas salgan bien, que derrama esfuerzo y trabajo en perfeccionar el sentido de todo cuanto hacemos. Así que aprovechando que ahora está lejos, porque sé que no le gustan este tipo de atenciones, me sumo al pequeño homenaje cibernético para arroparlo con nuestro calor. Gracias Joaquinet por ser como eres y por estar siempre ahí, alerta, porque hay que hacer bien las cosas, en lo humano y lo divino, y sé de buena tinta que tú lo haces, desde la humildad, el coraje y la ilusión por hacer de este mundo bueno, un mundo mejor…

(Foto: ¿Ángeles? Yo conozco ángeles en vida que se encarnan para transmitir ese periplo de paz y amor tan necesarios hoy día en la tierra… Aquí Joaquin en Mount Abu, meditando por la paz mundial. India, 2008).

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