Hoy teníamos el día libre, quizás nuestro único día de vacaciones en el Caribe. El chófer de nuestro amigo italiano me ha llevado hasta casa de Luis a medio camino hacia Santo Domingo, en un resort donde hemos coincidido con el hijo de Vargas Llosa y otros amigos. Nos ha pasado de todo, pero sobre todo, y como siempre, hemos dado espectáculo a lo grande.
Me ha emocionado que Luis tuviera aquí, en este apartado lugar del mundo, el librito de Ama hasta que te duela. Lo tenía junto a su Ingeniería de los Sueños y Juan Salvador Gaviota, todo un honor que hemos compartido con cierta gracia por lo surrealista de reencontrarnos en este alejado lugar del mundo.
Muy interesante las charlas que he tenido con S. Dicen que sus padres son los dueños de toda la isla, de muchas televisiones, periódicos, revistas y otras empresas. Pero era interesante hablar de espiritualidad mientras me daba mi primer baño en el Caribe. Sobre todo cuando la espiritualidad a la que ella se refería tenía que ver con el activismo y la defensa del medio ambiente, consciencia y valores. ¿Valores? ¿Dije valores? Resultó ser un día lleno de paradojas con respecto a los valores… Se dieron situaciones donde a veces esa palabra carece de sentido simplemente porque a veces, para algunos, lo importante no es dejarse manejar por el coraje de la virtud y los valores, sino por esa especie de diversión que nace del juego de la inconsciencia y el vicio por los placeres del ego.
Hoy me quedaré a dormir en su casa y mañana de nuevo manos a la obra en un tour de una semana por toda la isla. Seguiremos robando sonrisas, no porque eso tenga más valor que cualquier otra actividad humana, pero al menos, quizás nos acerque algo más a la virtud y nos aleje del caos peregrino de la sinrazón




























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