Viajar es gratis


¿Cuánto pagaríamos por viajar en un maravilloso crucero alrededor del sol? ¿Y cuanto pagaríamos por ir al planetario más espectacular del universo? Esas cosas son gratis. Todos los años hacemos un viaje alrededor del sol en la nave tierra. Todas las noches podemos asomarnos y disfrutar del universo entero mirando por nuestra ventana. Y si además de tener capacidad para ver esas cosas, la tenemos para observar en lo pequeño, no dudéis en agachar vuestra vista en el próximo jardín que veáis. Hay un mundo ahí abajo lleno de miles de criaturas. Cuando paseo por mi jardín me gusta hacerlo agachado, inclinando la vista a cada uno de los rincones. Os aseguro que la visión es increíble. Es como si otro mundo viviera ahí debajo de nuestros pies y no fuéramos capaces de verlo. Pero cuando aprendemos a observar en silencio y escuchamos los conciertos de la naturaleza, sus majestuosas vistas y a todos los placeres que nos rodean, uno no puede más que estar agradecido maravillado por tan generoso espectáculo. ¿Qué más podemos hacer gratis? Solo debemos agudizar el ingenio y la visión, tener consciencia de todo cuanto se nos da a cada momento y sabernos partícipes de este maravilloso regalo que es la vida.

¿Qué más podemos pedir? Constatada dicha generosidad, ya solo nos queda participar en la misma y entregar nuestra parte. Y que dicha parte sea una constante renovación interior, un fortísimo anhelo de cambio hacia mejor, una proyección positiva sobre la vida, pero también una revisión crítica y autocrítica de aquello que pueda mejorar. Un idílico romance entre el yo y el superyo, entre la personalidad y el alma, entre el nosotros y el ellos. Una apuesta firme por sentirnos merecedores de todo cuanto nos hace vivir todos los días.

Han pasado algunos minutos desde que empezaste a leer este texto. Han sido unos minutos de intensa vida. Da gracias por ello, da gracias por sentir y estar aquí, da gracias por crear una realidad más amable.

Sobre la vida mendicante. Entre chozas y palacios


Estimado Fernando,

Gracias de corazón… todo un detalle… hermosa la reseña que has escrito en el periódico y que da más vida a tan sospechoso libro editado en Séneca (Escrito en un libro)

Agradezco también la gestión del piso en Madrid. ¿Cómo, cuanto?

Pues teniendo en cuenta que hace unos años vivía como un marqués en una granja de caballos de más de dos mil hectáreas en el norte de Alemania, que hasta hace unos meses vivía entre embajadas y embajadores en lo más selecto del barrio de Salamanca, que príncipes y princesas me ofrecen vivir en otros palacios, en fincas gigantes que tardaría días en recorrer a pie, y que no deseo regresar pro tempore a mi bonita casa cordobesa de más de cuatrocientos metros de cristal diseñada con el más puro de los números áureos y que lo que deseo, al menos hasta que pase la crisis, es vivir como lo hacía cuando dormía en el desierto del Gobi, o en la sabana etíope, o en las selvas de la India, o en la frías tierras del norte de Escocia entre pruebas iniciáticas, monasterios y vida eremítica, pues algún término medio, como el Buda, pero más tirando a choza que a palacio, por lo de la crisis.

Si no hay muebles no me importa, porque un monje-guerrero se apaña con una mesita y una cama de paja. Decir «algo que no sea muy caro» suena a perogrullada tal y como están los tiempos, que los que malvivimos de la cultura andamos como monjes mendicantes, aunque pasado mañana me marche invitado a «La Romana» con la jet de la más selecta República Dominicana, y a la vuelta sólo tenga ganas de vomitar y vivir en la calle ante tanta irracional cordura. 

En fin… ¿habrá algo para un príncipe de la luz, pero con ganas de vivir un tiempo entre las taoístas tinieblas, las puertas de todo misterio?

un abrazo sentido y gracias de corazón… 

Simplificando la vida


Hay cinco millones de personas en España que desde hace unos meses están aprendiendo a simplificar la vida.

Hasta hace poco tiempo tenían hasta cuatro televisores de plasma en la casa: uno en el salón, otro en la cocina, en las habitaciones y hasta en los lavabos.

Han simplificado tanto la vida que toda la ropa de moda que compraban cada semana la están donando a Cáritas, porque ya no la necesitan, porque ya no tienen esos inmensos armarios donde guardarla.

Y ya no tienen dos o tres coches en el núcleo familiar. Ya no pueden usarlo para ir al trabajo. Ni siquiera pueden pagar sus seguros. Así que un gasto menos, y de paso, menos contaminación para el planeta.

Están simplificando tanto la vida que ya no comen todos los días en caros restaurantes. Ahora lo hacen en familia. Comen guisos de habichuelas, de garbanzos, de lentejas, y resulta divertido, y sobre todo, familiar, compartir ese tiempo juntos.

Y ya no viven en casas grandes. Ahora, en vez de pagar mil o dos mil euros de hipoteca, pagan cuatrocientos euros de alquiler, lo que ayuda a sostener la economía.

Ahora todos parecen tener menos dependencia hacia lo superficial, hacia lo material y les permite pasar más tiempo reflexionando sobre las cosas verdaderamente esenciales, importantes. La familia, el hogar, los amigos… ¿Qué pasó con las necesidades del alma? ¿Quién las atiende ahora? ¿Quién podrá ahora comprar el amor, la compañía y la amistad con dinero? Quizás algo revolucionario esté pasando. Quizás la vida nos esté dando una nueva oportunidad para abrazar el sentido de las cosas verdaderas.

(Foto: Paseando por palacio hace unos días).

¿Dónde están los Think Tank?


Ayer leía el informe que todos los años realiza la Universidad de Pennsylvania titulado: «THE GLOBAL GO TO THINK TANKS REPORT». Veía en sus datos que existen más de 6.500 en todo el mundo. Think Tank, comités de sabios, comité de expertos, institutos de investigación, laboratorios de ideas, centros de pensamientos… Pero, ¿dónde están realmente? ¿Qué hacen? ¿A qué se dedican últimamente?

En Davos, llegados en limusinas y helicópteros reclaman una gran transformación. La refundación del capitalismo, del sistema. No es algo idílico, es algo que afecta a sus billeteras, y por eso lo reclaman. Ven como sus limusinas cada vez son más pequeñas y sus helicópteros cada vez más menudos. Y eso, para ellos, es un indicador importante.

Pero hay otros datos y otras gentes que reclaman la refundación del mundo. Los indicadores están ahí: más de cien mil empresas han cerrado en los últimos tres años y ya tenemos más de cinco millones de parados tan sólo en España. ¿Qué será lo próximo?

¿Y qué dicen los pensadores? Nada. No hay ideas, no ven salidas ni alternativas. Tienen miedo a ese oscuro espectro que recorrió Europa en siglos pasados y que parece reproducir inquietantes miedos y fantasmas.

¿Por qué no dicen nada? Porque aceptar el fracaso del capitalismo y su disimulado estado del bienestar sin una alternativa clara y definida es aceptar el fracaso como humanidad y la ciega marcha en la que nos encontramos.

¿Qué pueden hacer mientras tanto esos cinco millones de parados? Se pueden organizar y practicar el apoyo mutuo. Ayer lo hacíamos en las calles de Madrid. Un café, una libreta y un bolígrafo fueron suficientes para encarar el futuro con fuerza y voluntad. Un derrame de ideas y soluciones para seguir adelante, para apuntalar con valentía el destino que viene. Mientras todo se desmorona a nuestro alrededor, mientras el Titanic capitalista se derrumba desde sus propios cimientos por no poder aguantar más el peso de toda su carga, algunos empiezan a escarbar túneles de salida hacia el Nuevo Mundo. Y ese nuevo mundo será diferente. Será solidario. Será respetuoso. Será sencillo. Será humano… o no será… En esta Edad Oscura hace falta Luz, más Luz… ¿donde están los iluminados?