La fuerza del destino
A veces la vida te premia con regalos inimaginados, con experiencias que intuyes en alguna parte del Siendo pero que desconoces en cuanto a lo inevitable de lo real. La vida siempre es soberana e impone su voluntad, ignorando y rechazando los miedos, las incertidumbres y todo aquello que siempre nos mantiene desconectados del fluido vital. La vida nos empuja y nos advierte de la urgencia del vivir, de la necesidad imperiosa de hacer de cada minuto único sesenta segundos de experiencias inolvidables.
Hoy me siento totalmente doblegado, siento la fuerza acrecentada de una emoción abierta, grande, dichosa, que mece en mi pecho los hilos subatómicos del sentir. Algo que resulta difícil describir sin pasar inevitablemente por los puentes fundamentales del espíritu. Quizás sería más fácil decir que todo ser es ese sentir, un sentir que ha vuelto a creer en la esperanza, en la multiplicidad de la simplicidad, en lo profundo de sorprenderse por el aleteo de una mariposa o por la magia de creer en mundos imaginados. Quizás sería más fácil describir este cúmulo de emociones inclasificables como en los cuentos de hadas… Esos cuentos donde todo es posible y lo maravilloso se convierte en cotidiano mientras que lo increíble forma parte de la experiencia diaria. Así que…
Érase una vez una princesa de ojos azules, de intensa mirada y mágica presencia… Érase una vez el reencuentro de dos almas en la calma del océano, en la profundidad del valle, en la esfera interminable de la bóveda celeste, en las estrellas y en los mares, en las montañas y en los pergaminos del recuerdo. Érase una vez el reencuentro con la que sabe volar… con aquella que bajó de la patria estelar para adueñarse de un trozo de alma peregrina, de un instante ya grabado en la retina de la noche, con un suave tacto perfumado por los halos del encanto nocturno. Érase una vez un abrazo tan sentido que ni siquiera el viento cuando roza suave las velas de un navío desplegado hacia el viaje podría superarlo. Érase una vez un sueño… érase una vez la magia… érase una vez la vida sentida en intensidad diez en la escala de Richter… érase una vez un mundo desplegado en las sabanas de la esperanza… érase una vez la hábil metamorfosis de una mirada preñada de sueños, de abrazos, de promesas… érase una vez la grandeza del origen, la mirada intrépida de un rey mítico y los oídos tapados de un Ulises… érase una vez un viaje lleno de propósito y significados, donde los alaridos del ocaso se mezclan con la ensoñación del nuevo día. Érase una vez, en palabras de Dante y Goethe, ese eterno femenino que nos atrae hacia arriba. Érase una vez los doce trabajos de Hércules, las idas y venidas de Prometeo y la luz inevitable del mito anclado en la verdad. Érase una vez el susurro de un aliento, de un aire expresivo y cálido, de un acelerado ritmo cardiaco, de un devenir hacia la definición más aproximada de la entrega. Érase una vez, si es que todo esto es posible en un instante jamás escrito, un rayo de luz fulminante que a los dos hizo uno y al uno, misterio. Que la esperanza los guíe y que, como todo cuento que se precie, sean felices… La forza del Destino lo quiso, y que así sea por siempre.
El Aleph
Ayer pasé una tarde maravillosa. Vinieron unos amigos y pasamos un rato agradable y divertido. Nos acostamos tarde jugando al ajedrez y escuchando música portuguesa. Jugamos al rugby, cenamos algo ligero y ya de noche fuimos al jardín a saludar a los duendes protectores. Pudimos encontrar tres gracias a la extensa imaginación que recorre nuestras cabezas. Uno era un ser con forma de Pinocho. Estaba sentado, esperando para ver si todo iba bien, suplicando una visita o un gesto humano que le dotara de vida y fuerza. A su derecha había otro de color marrón, con un dedo más grande que el resto y apuntando con su mirada a las estrellas. Melancólico, nos saludó ante el destello de luz de nuestra pequeña linterna. Y a su izquierda, allí estaba, el rey, el mago, el dueño de esos parajes, el sapo verde con boina roja que sentado en su trono de palmito meditaba sobre las próximas acciones en su reino. Luego seguimos el sendero que conduce al lago encantado. No tenía agua, pero sí unas inmensas cataratas plagadas de peligrosas aperturas. Al fondo se veía el bosque de coníferas, pero preferimos seguir por el camino de la derecha, bordeando el lago seco y sus dos grandes árboles agolpados en mitad de su cauce circular. Giramos a la derecha y de repente nos encontramos dentro de una peculiar espiral labrada en piedra en cuyo centro había un montículo desde donde nacían dos piedras blancas y una negra. Sin duda era un Aleph, un lugar desde donde poder divisar cualquier rincón del universo. Bastaba ponerse junto a ellas para viajar a cualquier confín de la galaxia. Proseguimos el camino por el jardín hasta que se cruzó ante nosotros un gran felino blanco. Realmente era un lindo gatito, pero en la imaginación exploradora podía ser cualquier cosa… Bien terminó la aventura por el jardín y el premio fue el descanso del guerrero, buena música, buena compañía y algo de comida.
Molinos de viento
Estimados C. y M.,
Uno nunca sabe si actúa sensatamente cuando se deja arrastrar por las sinrazones de la locura del otro lado o si, por el contrario, resulta ser un insensato por desafiar las leyes de lo normalmente aceptado. Sea como sea, lo importante, tal y como decía ayer C., es poder ser un mago que interactúa en cada momento sabiéndose lleno de fuerza, o al menos, sabiéndose dentro del halo de esa fuerza o corriente mayor…
Los Quijotes están destinados a vencer por el marco de la imprudencia a los terribles molinos de viento… No puede ser de otra forma para que el mundo avance, para que se transforme y la humanidad alcance su destino común. Los molinos de viento son terribles monstruos agazapados a su gigantesca figura, pasmados y anclados en el tiempo y en un espacio reducido, incapaces de mover un solo ápice de segundo. El Hidalgo avanza con su triste figura para arrebatar a la sinrazón una milésima de sensatez.
Un abrazo sentido,
Oteando las promesas del mañana
Es a nosotros a quien busca el río, suplicando al firmamento la posibilidad de arrastrarnos hasta el inmenso mar que todo lo puede. Algo así debí soñar porque hoy amanecí temprano, aún cuando la oscuridad gobernaba todo el horizonte y la luz tardaría algunas horas en llegar. Hacía frío y a las ocho ya éramos cuatro trabajando sin parar en la casa. Unos limpiando, otros pintando, otros perfilando con cemento y ladrillo esos rincones que aún quedan por apurar. Quiero terminar el año con la cara limpia, con la casa amada y cuidada, protegida y luminosa. Ya sabemos que de nada sirve lamentarse y quejarse de las desgracias de nuestro tiempo, y sin embargo, aprendemos cuanto valor tiene el cuidar esas cosas que nos molestan o incomodan, el amarlas igual que a las otras, esas que tiñen de color nuestras vidas. Quizás sea tiempo de esperanza y optimismo, de alegría condensada en el elixir de las pequeñas cosas. Nuestros corazones han padecido, pero ahora toca regarlos con el sudor de la ternura. Hay una dicha impaciente que reclama su tiempo. Está alerta y al acecho y solicita amable la llegada de las cosas buenas. Nuestras almas, desde lo alto de la torre radiante, otean el espacio infinito esperando vuestra llegada. ¡Oh, amigos del mañana, tendré el banquete preparado y las chimeneas encendidas para que el refugio y su magnitud hechicen vuestra presencia!
Lucha por lo que quieres
Desde Los Asientos
Me encuentro en los impresionantes parajes de Los Asientos de Sevilla La Vieja, nombre ficticio a veces, real las pocas, con el que gusta nombrar a MC su finca sevillana. Desde la torre de este palacete noble a mitad caballo entre un gran cortijo andaluz y un refugio de aristócrata de otro tiempo, repaso la intensa semana y me encuentro aislado en un tiempo extraño donde nada permanece y todo cambia tan rápido. He dormido como un lirón tras unos días viajando sin parar. Ayer en Madrid, tras un sábado muy intenso en tierras catalanas donde me pilló la noche, haciendo ya mención a mi novela Alexandra, «más allá de las tierras de Argón«. Estuve en el encuentro de personas de paz y buena voluntad que tan bien organiza Ananta. Pude abrazar a seres queridos y pude saludar a personas hermosas. Me hizo especialmente ilusión el abrazo sentido de Dolores, la cual, sin conocernos en el plano físico, me miró con esa cercanía tan propia de aquellos reencuentros imaginados. Ha prometido venir a la Montaña con sus nietos, así que está invitada ella y todo el que quiera venir. Y ayer se habló mucho de paz, más paz. Precisamente ayer y precisamente hoy que nos enteramos que España, muy feliz por cierto, venderá una suma importante de carros de combate a Arabia Saudí, la cual se está rearmando hasta los dientes… Algo habrá que hacer, aunque sea una denuncia mínima, simbólica… y algo haremos…
La Luciferina estatua de la Libertad
Recuerdo que mi primera novela, “Memorias de un beso”, la ambienté en el barrio parisino de Montparnasse. Alguna vez he paseado por sus calles para ver la realidad que meses antes había imaginado, y también viceversa. Allí, en su cementerio, yacen eternamente los restos de Fréderic Auguste Bartholdi, el arquitecto que dio forma y fama a la Estatua de la Libertad. Ayer hice viajes imaginarios entre Paris y Nueva York, y me quedé anclado en la isla de la Libertad. Observé detenidamente su famosa estatua y empecé a buscar analogías en la mitología y el folclore. Había en ella símbolos que me parecían sospechosos y familiares, así que indagué un poco en la vida del autor y descubrí lo que ya sospechaba. Bartholdi fue francmasón desde 1875, se adhirió a la logia Alsacia-Lorena del Gran Oriente de Francia y fue a partir de esa fecha cuando empezó a crear la estatua. Había símbolos claros que delataban a este “hijo de la luz”, o de las luces. Para empezar, la estatua es portadora de un significado propiamente masón: libertad. Mide desde los pies a la cabeza 33 metros de altura, un número importante en la simbología masónica. Porta una antorcha para iluminar al mundo, al igual que las pretensiones de dicha orden. Para algunos, la diadema de rayos que porta en la cabeza recuerda al Dios Helios, dios del Sol, sin embargo, conociendo un poco la trayectoria del autor, quizás tenga más que ver con la diosa luciferina Hécate. Digo luciferina no desde una perspectiva cristiana, la cual identifica erróneamente a Lúcifer con Satanás, sino desde la perspectiva que el autor utiliza, es decir, identificando a Luzbel como el portador del conocimiento y la sabiduría a la Tierra e iluminando en las tinieblas el deseo del hombre por llegar a Dios.
Contigo somos más paz
Hacia el Estado del Malestar
Ayer paseaba por tierras mágicas con las tres mosqueteras. Me sentía a gusto y querido, arropado por ese corto encuentro significativo en cuanto al amor que se teje en los ramales invisibles de la vida. Buscando un refugio donde tomar un rápido pero intenso café, veía como si en ese lugar tan querido por mí se hubiera detenido el tiempo. Nada había cambiado en sus calles, en sus paseos, en su aire. Inexplicablemente, todo permanecía igual, a diferencia de otros lugares que tanto y tanto han cambiado. El día anterior había visitado la ciudad de OM, lugar donde viví durante algunos años a los pies de Montserrat. A diferencia de la primera, OM había crecido aceleradamente, y descontroladamente, en los tiempos de auge inmobiliario. La crisis, sin embargo, había dejado edificios sin terminar, abandonados a la intemperie y a la espera de tiempos mejores. Gigantes fantasmas, proyecciones de un modelo caduco y resultado de un desmedido descontrol. “La culpa es de Zapatero”, dicen unos y otros. No amigos, la culpa no es de Zapatero, la culpa es nuestra por haber vivido durante años por encima de nuestras posibilidades. Y ahora nos toca pagar a todos ese descomunal derroche y nos toca apretar los cinturones porque vienen curvas. La mutilación del Estado del Bienestar es algo que se venía venir desde hace décadas. Sólo era cuestión de tiempo que los privilegios alcanzados tras siglos de luchas civiles acabaran todas en el traste. Pero… ¿es este un ajuste tan sólo económico o también psicológico? Quizás hayamos aprendido algo de todo esto. Quizás la opulencia de occidente y la visión erronea de que el bienestar es infinito pueda servirnos para retomar las riendas de la vida simple y empecemos a aceptar que el verdadero bienestar pasa siempre por la generosidad, y no por el derroche, el egoísmo y la arbitrariedad de nuestros actos. Hemos comido mucho en occidente. Hemos engordado y bebido mucho vino hasta embriagarnos de felicidad artificiosa. Toca adelgazar, hacer deporte y salir al campo para disfrutar de los placeres del aire limpio.
Aprendiendo a soltar
Ayer en el viaje dirección Barcelona ocurrió algo maravilloso. A unos cuarenta kilómetros de Calatayud, en un paraje totalmente inhóspito, una de las ruedas del coche reventó. Por suerte no hubo accidente y pude detenerme al borde de la autovía sin mayor percance. Como viajo mucho, suelo apurar la vida de las ruedas al máximo hasta que al final las pobres no aguantan más y me dan estos pequeños sustos. En septiembre ocurrió lo mismo con la delantera y ahora en octubre ha tocado las traseras. Vino la asistencia en carretera y me ayudaron a llegar, no muy lejos de allí hasta un taller perdido en la nada al borde del camino. Fue todo muy rápido, excepto el cambio de las dos ruedas traseras. Mientras ocurría, vi un camino yermo que se adentraba en un paisaje desértico. El camino, árido y agotado, me pareció sugerente y me adentré durante un rato interminable por el mismo. Mientras lo hacía, me acordaba de la conversación de la noche anterior. Daba vueltas a la misma y me centré en los detalles de eso que a veces tanto nos cuesta a los humanos: el plano emocional. Especialmente aquello que tiene que ver con el desapego hacia las cosas, las personas y los momentos. Lo difícil que resulta cerrar círculos, no volver sobre los pasos perdidos de antaño y no mirar hacia atrás. Resulta difícil entender que todo tiene su tiempo, que todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. No se puede insistir en permanecer en una etapa que ya ha terminado. Cuando esto se hace, se pierde la alegría y el sentido de la vida. No podemos retornar una y otra vez a ese momento, lugar o persona que ya no está con nosotros, que ya no nos pertenece. Hay que aprender a cerrar los círculos, los momentos, lo que nos une a las personas que ya no desean estar vinculadas con nosotros. No podemos pasarnos toda la vida preguntándonos sobre los porqués de un final o de una pérdida. Lo único que merece la pena es despedirnos con un sincero abrazo deseando lo mejor al otro, dando gracias por sus enseñanzas y los momentos compartidos y observando en la esperanza futura el despertar de un nuevo día, de un nuevo encuentro, de una nueva oportunidad. Sólo si cerramos esas puertas se pueden abrir otras. Y eso pensaba en el paseo, gracias al reventón de una rueda, gracias a la tardanza de su recambio, gracias a la oportunidad que la vida nos brinda a veces para parar en un camino errado y reflexionar sobre todas estas cosas.
De poder a poder
Ayer fue un día especial, de puesta en largo del sello Welton con un exclusivo parqué de personalidades en el también exclusivo Club Financiero Génova. Dio la nota el presidente de Cantabria, el señor Revilla, todo un personaje que nos hizo pasar un muy buen rato. El autor no tuvo desperdicio, todo un comunicador y un gran hombre. Nuestro editor estrella, Luis Valls, dio espectáculo como a él le gusta, reuniendo en la sala al doble de público del que podía. Me encantó Pilar Jericó, la cual me sorprendió gratamente con sus explicaciones, muchas de ellas de carácter antropológico, sobre el poder. El resto de la noche transcurrió con hermosos momentos que quedan grabados en mi pupila cristalina por la emoción. Todo un éxito editorial y todo un éxito de Luis al que felicito de nuevo por tan maravilloso momento. La noche y la madrugada fueron especialmente mágicas… Pero esto me lo reservo para eso que algunos llaman con cierta importancia y relevancia “la intimidad”, por eso de que a veces es bueno no revelar todos los detalles de una vida a veces en exceso intensa… Sólo un detalle: en el desayuno de esta mañana, pude dibujar con letras imantadas un “sílbame”… Pilar, no hay mayor poder que el de la imaginación…
Un año en el sur
La riqueza de una vida no se mide por el montón de dinero que tengas acumulado en el banco, ni por las propiedades, ni por los grandes coches. La semana pasada hablaba con una amiga la cual no entendía porqué prefería permanecer tan pobre, pudiendo ser muy rico. Mi defensa fue muy clara y quizás extraña para ella: ya no aspiro a acumular cosas en la tierra, sino a deshacerme poco a poco de ellas para que dejen espacio a las cosas que verdaderamente nos hace ricos. Y esas cosas son la amistad, la generosidad, el amor. Cosas como la presentación de ayer en Mesas, con ese calor humano, intenso y pasional que todos vivimos. Como la visita a mi casa de mi mentor en la Universidad de Sevilla, de ese catedrático al que tanto le debo y al cual le abracé como un hijo abraza a un padre. Como ese paseo por las calles de Madrid, hablando de geopolítica o del gran misterio de la vida: el porqué a los peces no les entra agua en los ojos. Cosas como la carne de membrillo que me ha regalado hoy J., riquísimo membrillo hecho por su madre. O como el paseo hoy con R. hasta Córdoba para asistir a la presentación del libro de Antonio Colinas “Un año en el Sur”. Son esas cosas las que me enriquecen realmente. Es ahí donde me siento afortunado y agradecido. Es ahí donde comprendo la grandeza de la vida, la esperanza en lo humano, el sueño de un mundo mejor. Y esta noche, mientras escribía todo esto, sólo deseaba abrazar a ese misterioso ser que desde hace unos días ocupa mi mente. Ese ser que deambula por los castillos de mi imaginación y que penetra poco a poco en los recovecos silenciosos del sentimiento. No encuentro ninguna explicación sobre las cosas que pasan en la vida. Pero deseo profundamente experimentar cada uno de sus misterios y sentir que la esperanza aún es posible.
En el centro del huracán
He hablado en este espacio muchas veces sobre el movimiento y la quietud. Son términos filosóficos que se han discutido hasta la saciedad en diferentes lugares y tiempos. El taoísmo sabe mucho de ello, pero también místicos como el español Miguel de Molinos indagaron en la necesidad de la contemplación para que la voluntad superior guiara los pasos de las pequeñas voluntades de los hombres. Tiene su analogía con el budismo clásico en su búsqueda del nirvana mediante la pasividad en las acciones, la quietud, la meditación y la contemplación más absoluta. El zen pretende la quietud, la atención concentrada en el fluir de las cosas. Algo así como estar parado en mitad de un huracán, inamovible, viendo desde su centro todos los aconteceres diarios. El vacío que se genera en el ojo del huracán es análogo al vacío que se genera en el ser que se muestra quieto y actúa según los preceptos de la unión mística.
Pero lo que me apasiona de toda esta discusión filosófica es su aplicación práctica a la vida. Muchas veces ocurren cosas que nos pueden llegar a desequilibrar. Normalmente porque no las entendemos o porque, de forma voluntaria o involuntaria, hemos obrado mal o nuestras acciones han hecho sufrir a otra persona. ¿Y qué clase de virtudes pueden reparar ese daño ya hecho?
La primera buena acción debería ser tomar consciencia del daño. La segunda, pedir disculpas pública o privadamente sobre el mismo. La tercera, intentar en la medida de lo posible, si es que eso es posible, repararlo. Si te enfrentas ante personas buenas de corazón, sabes a priori que los errores son motivados por ignorancia o sinrazón. Siempre he dicho que un mal día lo tiene cualquiera. Si el daño es cometido a conciencia, ahí las armas arrojadizas son otras, y la cautela siempre presume de distancia. El arte de la prudencia siempre es nuestra mejor aliada ante cualquier situación, con o sin movimiento. Y la prudencia siempre nace de esa quietud que todos los sistemas filosóficos arguyen como mejor actitud para potenciar la virtud y alejarnos del vicio, del sufrimiento y del error. Los huracanes y los ciclones siempre existirán en los viajes de la vida… Pero si estamos sumidos en su centro, podemos atravesar cualquier dificultad bajo el poder de la quietud y la calma.
Todo ser es una gota de rocío
En cada ser había condensada una lágrima, una emoción contenida, derramada, emotiva. Cuando me tocó hablar sentí un nudo en la garganta. La conmoción podía conmigo. Había venido tanta gente y era tanto lo que deseaba transmitir a cada uno de ellos. Pero allí estaba el sueño de una autora hecho realidad, un sueño que nos dotó de fuerza y confianza. El sueño de Eugenia, que gracias a su constancia y trabajo consiguió que su día fuera grande, un momento donde cabían todos y donde la cultura de la paz predominó por encima de todo lo demás.
Deseo de nuevo felicitar a la autora y a todos los que han conseguido que este acto fuera un éxito. La presentación de un libro es sólo un pequeño parto. Ahora, en la memoria de cada uno, deberá crecer la simiente de lo que se ha intentando transmitir.
Misión cumplida. El príncipe, en silencio, se retira de nuevo a la soledad de su castillo y observa atento qué otro sueño poder atrapar. El trovador de sueños se imagina galopante hacia el movimiento que conduce a la quietud. La música encriptada late fuerte en su corazón. Aún recuerda con fuerza los paseos y risas de ayer, el canto de la ópera, la sincera expresión de un ser amable y bueno.
Sí, ayer fue un sueño… hoy también… mañana…
Felicidades Eugenia.
Gracias filósofa.
Viaje a China y otros relatos
Un día intenso, lleno de encuentros hermosos y de gente bonita. Por la mañana, aburrido protocolo para inaugurar una carretera. Lo único emocionante ha sido conocer a la hija de J. y poder viajar juntos, aunque fuera por unos minutos y con la imaginación, por toda China. Me encanta conocer a gente soñadora, y ella lo es. Así que gracias por el viaje.
Por cierto, bonito coche llevan los consejeros de la Junta. Nunca entenderé como un comunista o socialista es capaz de ir como si fuera un marques. No digo que deba ir en un coche del año diez, pero podrían dar ejemplo, por ejemplo, llevando un coche ecológico, un híbrido, y no un increíble A6 de tres mil centímetros cúbicos. Alucinante camaradas, alucinante.
Sin embargo, ha servido para echar una buena charla con el alcalde de Posadas, Juan, un buen hombre que animaba la acción cultural mientras tomábamos algo, ya en petit comité junto con su padre, E. y M. Se le nota un político diferente, buena persona, sencillo, amable y amante de lo correcto. Alguna vez ha venido a las presentaciones de nuestros libros y eso resulta provocador para un político. Olé por su ejemplo.
Por la tarde presentación de un libro. Su autora, una bella, preciosa y riquísima escritora de nombre Clara Peñalver. Presentaba su primera novela de título “Sangre”. Joven promesa de las letras. Tomo nota y tomen nota los editores sagaces. Esta Peñalver promete.
Y ahora a dormir, que mañana toca viaje de ida y vuelta a Madrid y pasado nueva presentación de libros. Esta vez, en Mesas de Guadalora, a las doce… ya os contaré…
Consciencia vs conciencia. Ichein y Dasenin
“En tiempos de mentira universal, decir la verdad es revolucionario”.
George Orwell
El matiz en las palabras a veces requiere exploraciones semánticas y filológicas que nos hacen pensar en su origen y en su significado profundo. He discutido muchas veces sobre el mal uso, sobre todo en ámbitos de calado místico o espiritual, de la palabra conciencia y desearía profundizar algo más en sus ramales lingüísticos para definir acertadamente o no sobre su desambiguación.
Conciencia viene del latín conscientia, –con scientia, con conocimiento- que expresa conocimiento compartido. Pero en la riqueza de nuestro idioma hablamos además de la consciencia, que es aquello por lo cual nos hacemos conscientes de ese conocimiento, es decir, aquello que nos permite sabernos ya no separados del mismo, sino en particular interrelación con ese conocimiento desde una postura revelada. Es un conocimiento inmediato sobre uno mismo, sobre nuestros actos, emociones y pensamientos en interrelación inmediata con el mundo. Es mucho más que esa capacidad de reconocernos a nosotros mismos y de juzgarnos sobre esa visión y reconocimiento (conciencia). Es el arte de intuirnos parte de un todo mayor, gotas de un océano infinito y omniabarcante (consciencia). Abarcar lo inmanente y lo infinito. Ser dioses, porque esa parece ser la finalidad última de la naturaleza.
Los filósofos alemanes utilizan una palabra peculiar para profundizar en los designios y propósitos de la consciencia: Dasenin, cuya traducción literal significa estar ahí, existencia. Así, el matiz entre conciencia y consciencia vendría literalmente de un atributo al que podemos llamar ser. Un ser que no sólo ve la realidad envolvente y la analiza (conciencia) sino que participa de ella de forma activa, presencial, existiendo en ella y por ella (consciencia).
En el budismo y sus tradiciones se habla del ichinen, es decir, del sujeto que se fusiona con la energía cósmica, del ser que se fusiona con la mente una, “realidad última que en todo instante se manifiesta en el mortal común”. Es alcanzar la budeidad desde la cual la vida se manifiesta de forma universal.
Desde esta perspectiva amplia, podemos ver la complejidad de la naturaleza que pasa de la simple manifestación física a la vida, de la vida al movimiento con los pulsares emotivos, de ahí a la mente, a la inteligencia para más tarde desembocar en la conciencia y luego abrazar, en un respiro más profundo, a la consciencia del ser, del alma y la unidad con todas las cosas, a la existencia total y plena en un mundo vivo y dinámico.
Pero si pensamos en todo esto, el mismo significado que le damos a las cosas contrae dentro de sí una postura personal. No es lo mismo vivir la vida de forma conciente que consciente. El matiz o la “postura” diferenciadora, como expresan los budistas, permite comprobar la calidad de nuestro paso por la vida.
Existe un estado interior en todas las criaturas. Algunos despiertan a él y experimentan el significado profundo de la existencia como una experiencia que, sin la misma, todo carece de sentido. Esto es lo que decide a qué deseamos consagrar nuestra vida, cual es el propósito real de todo cuanto hacemos, pensamos y sentimos.
Lo que determina nuestra vida, y por lo tanto su calidad, es aquello donde ponemos nuestra “consciencia”, nuestro corazón, nuestra alma. Es la determinación y el compromiso más absoluto con nuestros más altos ideales, con nuestras más altas aspiraciones. Ahí reside la importancia de la decisión. ¿Qué deseamos ser? ¿Hacia donde dirigimos nuestros pasos? ¿Qué tipo de consciencia nos revela el camino a seguir? ¿Estamos lo suficientemente abiertos, despiertos y activamente empáticos con nuestros deseos más íntimos y verdaderos? ¿Somos capaces, en consciencia, de conectar con nuestra más sublime esencia? ¿Qué palpita dentro de nosotros?
Quizás sea cierto eso de que cada momento de la existencia posee tres mil estados. ¿En qué estado nos encontramos nosotros? Posiblemente en el mismo en el que se encontraban poetas y místicos, pensadores y filósofos, activistas y “despiertos”: el estado de auténtica vigilia, el estado de auténtica revolución metafísica, el estado del eterno recuerdo de nosotros mismos. Estar ahí, presentes, vivos, dinámicos, despiertos.
Más allá de las puertas
Más allá de las puertas hay amor, vida, ternura, miedos y también esperanza, mucha esperanza. Eso fue lo que contestó la autora cuando le pregunté sobre qué hay más allá de esta vida tangible y perecedera. Fue un acto único y emocionante, como todos aquellos que se hacen desde el corazón y sin ninguna otra intención que la de pasar un buen rato apoyando eso tan denigrado como es la cultura, la lectura, los libros, la escritura… Málaga estaba en el mismo sitio donde la dejamos. Al acto asistieron los amigos de siempre, los autores de ayer y del mañana. Me sentí liviano y amante de las letras,pero sobre todo un Quijote. La autora, una gran persona y una auténtica poeta que nos leyó, como hacían los antiguos, algunos cuentos de su relato. Hermosa y Dulcinea, nos conmovió. La emoción corría por la sala como si de un fantasma amable se tratara. Había una vibración hermosa, profunda, tierna diría. Expliqué lo difícil de la profesión de autor, de escritor, de poeta. Y lo difícil que resulta materializar un libro. Y el tenor nos deleitó con una presentación excepcional. Luego un buen viaje de vuelta hacia la Montaña con la grata compañía de dos incondicionales del “arte en la palabra”. Un buen día, una buena tarde y un recuerdo más para la historia senequista. Os recomiendo la lectura de “Más allá de las puertas”, de Carmen Guzmán, toda una obra de arte.
Sobre la avaricia de ser uno mismo
Estimado M.,
Lo de tener o no tener ya no es angustia. Antes sí, hemos pasado dos años de fatalismo interior por esta causa, o mejor dicho, por no entender las causas primeras de no poder tener como antes teníamos, o al menos el no tener lo suficiente para hacer frente a una situación crítica como es la crisis mundial y del sector.
Lo hemos asumido como una enseñanza donde lo importante no consiste en tener o no tener, sino en la actitud que se tiene ante estas situaciones. Esa siempre ha sido nuestra gran enseñanza y ahora empezamos a asimilarla. Siempre la tuvimos muy integrada pero cuando las cosas van bien resulta fácil decir eso de «no soy mis cosas». La prueba verdadera es cuando dejamos de tener de todo y empezamos a perderlo todo. Es en la dureza y en la crueldad de las cosas cuando nuestros sistemas filosóficos se ponen a prueba. También nuestra dignidad y aguante, nuestra verdadera fortaleza interior.
En mi caso personal ya no me molesta vivir así. Es lo que siempre he soñado, ser un ermitaño, vivir desapegado en la riqueza y en la pobreza, feliz y alegre. Ahora estoy en un estado parecido a eso. Y realmente es una especie de estado de gracia. Las fluctuaciones emocionales forman parte del juego de apegos y desapegos hasta que dejas de identificarte con ellas. Es entonces cuando la luz del alma nos atraviesa y conmueve. Es cuando empezamos a acercarnos a nosotros mismos, a nuestra esencia más pura.
Así que agradezco el envío de los dos libros. Es un gesto ridículo, pero muy importante. Desde un punto de vista psicológico, es como si después de que se quemaran tus propiedades más queridas o vieras pasar todo ese cúmulo de desgracias empresariales, alguien te diera un abrazo y te tranquilizara de alguna forma. Yo no tengo a ese alguien, al menos, cuando llego a casa, no hay nadie físicamente que me de ese abrazo. Son los gestos, por muy ridículos que sean, de los que estáis lejos, los que me dan confianza y valor. Son esas pequeñas cosas las que alivian, dentro del desastre y la soledad, la continua lucha contra los elementos. Y ahora que lo digo en voz alta, me pregunto si la calidad del abrigo ha sido suficiente, y en cuantos momentos imprescindibles no estuve ahí, como sí lo estuve en el pasado. Los años de supervivencia pura y dura me alejaron de las cosas importantes… Y es ahora, en la calma, alejado en las profundidades de las cosas, cuando supuro quietud y entendimiento. Es ahora cuando se empieza a gestar de nuevo las grandes cosas y la avaricia de ser de nuevo uno mismo.
Soy minero
Todo el planeta está pendiente del rescate de los mineros chilenos. Un rescate esperanzador tras casi setenta días de angustiosa espera atrapados en esa cárcel a más de seiscientos metros de profundidad en las entrañas de la nuestra madre Tierra. Treinta y tres nuevos héroes para un planeta que necesita superhombres. Pero también treinta y tres motivos lo suficientemente importantes para replantearse las condiciones de vida de unos seres humanos que trabajan en un sector decadente y casi diría primitivo donde las condiciones de trabajo son totalmente infrahumanas. Hay trabajos y luego están los mineros, una de las profesiones más duras del mundo el cual está prohibido a las mujeres según el convenio número 45 de la Organización Internacional del Trabajo. Algún día, al igual que está pasando en la revolución fordista con esos robots que hacen el trabajo más duro en las fábricas, los mineros serán sustituidos por máquinas y el sector, laboral y empresarialmente hablando, deberá reconvertirse. La revolución energética y tecnológica no necesitará minas de carbón y la energía limpia hará de este otro planeta. Y entonces, algún día espero no muy lejano, los hijos de estos mineros verán la película que hicieron de su tragedia y aventura y reflexionarán sobre esos hombres-esclavos que daban su vida por un mísero salario con el que dar de comer a sus familias. Hoy me solidarizo con estos 33 héroes y con todos los héroes que anónimamente trabajan en la oscuridad y en las entrañas de este planeta doliente.
La utopía es el camino
Estimado Loco,
Sabes que mi hermana también está muy involucrada en política… y ella al igual que tú es una rebelde y aún con todos los desengaños sigue luchando…
A mí me resulta sorprendente ese desgaste personal, se puede reconducir esa energía de rebeldía y amor por otros mares de entrega al bien común…creo que sois imprescindibles para que haya pequeñas mutaciones dentro del sistema, pero yo no puedo desprenderme de la sensación de injusticia que eso provoca en los que yo amo… saber que personas como vosotros, líderes silenciosos, sois la esperanza que sigue encendida, la utopía es el camino…
Estimada C.,
Qué bonitas palabras escribes… ¿sabes cual es el mayor problema al que nos enfrentamos? A la soledad más absoluta… si al menos encontráramos a uno o dos utópicos más en el camino capaces de acompañarnos en esta travesía en el desierto, quizás las fuerzas requeridas serían menos y el sacrificio compartido nos daría alas para seguir volando con mayor eficacia y fuerza… así que anímate al club de los poetas y que el amor se expanda dulce y amable…
La isla de las flores
Qué día…
Hoy ha sido un día de locos… Por la mañana me llamó C., un autor novel con el que he reído como un descosido cuando le he explicado francamente y con el corazón en la mano lo difícil que resulta editar poesía hoy día y las penurias que se pasan cuando se vive en exceso del halo romántico de la profesión. Hemos estado casi una hora hablando y nos ha servido de auténtica terapia, a él como escritor y a mí como editor. Luego he marchado corriendo a Córdoba con trámites para la fundación y por la tarde corriendo a casa para hacer unos cambios de mobiliario, lavar sábanas y cambiar mi habitación de la segunda a la tercera planta gracias a la incondicional ayuda de F.
Desde allí espero disfrutar de las maravillosas vistas de La Montaña y sentirme más próximo a ese cielo que se yergue genuino sobre nuestras cabezas y que, de forma simbólica, nos protege y acerca cada día más a nuestros orígenes cósmicos. Esa tercera planta me ha de inspirar proyectos futuros y nuevas aventuras para el espíritu, pero sobre todo me ha de inspirar confianza y valor.
También andaba algo nervioso porque A. me ha invitado a la ópera, esta vez para disfrutar de Bertolt Brecht y su Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny en su original alemán. ¿Será esto una cita? No lo sé, pero parece interesante el dejarse fluir hasta el infinito y más allá… Espero que mi amiga locoide del norte no esté en lo cierto y no se trate de nuevo de una relación kármica. Lo que si es cierto es que ésta será la tercera cita en tres semanas y la primera a solas… Algo se mueve…
Breve antropología del fútbol
Nunca había asistido a un acontecimiento de ese tipo así que observé con detalle todos los rituales y escenificaciones de ese sociodrama tan conocido. Era mi primera vez y sentí mucha curiosidad antropológica. Estuve atento a todo lo que ocurría, pero sobre todo, al comportamiento de la gente, la gestión de sus emociones, privadas y colectivas, y la forma de racionalizar tal evento.
En el palco estaba el jefe de la oposición, Rajoy, y todas las personalidades pertinentes que asistían con emoción algunos y con expectación otros a esas instalaciones lúdicas creadas para divertir al pueblo. Supongo que su presencia daba rigor e importancia al evento y además, alguien que aspira a gobernar, debe saber hacerlo desde lo más sencillo, que es apelando a la célebre manía de dar al pueblo alimentos –hoy día llamados servicios sociales o Estado del Bienestar- y entretenimiento –de muy baja calidad, por cierto- para mantener a la masa tranquila y de paso ocultar o disimular hechos que podrían revelarse como controvertidos o incómodos.
Empezó la función con música, mucha música. Luego silencio. La gente se agolpaba en los asientos bien ordenados. Mi amiga era la única mujer del palco, cosa que contrastaba en un mundo, ese, totalmente masculino, sexista y recio. Al acto estaba permitida la entrada a mujeres y niños, pero no su participación en el juego, la cual, como en otras instituciones arcaicas como la Iglesia o la Masonería ortodoxa, está vetada. No deja de ser curioso que esto cause polémica en las instituciones religiosas pero no en las deportivas, como si fuera culturalmente aceptado que el hombre y la mujer son iguales socialmente, incluso deberían serlo a la hora de ordenar el “misterio”, la religiosidad o la espiritualidad, pero no en el deporte. Extraña esta hipocresía lúdica a no ser que la entendamos como una nueva religión que impone su patriarcado exclusivo.
Así que once hombres vestidos de rojo (allí les llamaban “la roja”) y once hombres vestidos de amarillo se enfrentaron unos a otros a la búsqueda, control y posesión de un objeto redondo que llaman “balón”. Me llamó la atención la uniformidad del vestuario, supongo que con la intención de hacer más fácil el juego y de paso alinear a los individuos en cierta cohesión grupal. Había, sin embargo, un matiz diferenciador en las botas, donde cada uno, y de forma más o menos libre, podía entronar su ego eligiendo el color y la marca preferida. Así que el control se manifiesta sutilmente no solo sobre el balón, sino sobre los individuos que lo mantienen, de los cuales se espera un comportamiento ejemplar, pero sobre todo, obediente y manifiestamente entregado a la causa, dejando el halo ilusorio –pobre expresión de libertad- a la hora de elegir sus botas. Un control que desde análisis macrosociológicos se expande hacia la sociedad total. Una especie de lavado de celebro que empieza en los “entrenamientos”, que sigue en las “concentraciones” y que termina en las ruedas –ruedos- de prensa con explicaciones vacuas, sencillas y carentes de inteligencia que la masa acepta, analiza y discute. Dicha alineación es practicada desde muy pequeñitos, pues esta es la forma que tienen nuestras sociedades de moldear al individuo en ilusiones y fantasías y mantener pasiva su creatividad o motivaciones esenciales encauzando muy sutilmente sus anhelos a meras quimeras futboleras.
El “campo”, visto en formato real, parece mucho más pequeño que esos macro espectáculos televisados que todo lo exageran tanto y donde parece que el esfuerzo de los “futbolistas” (así llaman a los hombres vestidos de multicolor) es desorbitado. Pero en realidad no hay tal esfuerzo. El campo es pequeño y no kilométrico como en la sabana africana. La yerba está bien cuidada y si caes no hay cocodrilos en ningún estanque, ni serpientes, ni escorpiones peligrosos. Como el balón sólo lo puede poseer una persona, los otros veintiún miembros se aburren o pasean de arriba abajo. Visto así, no lograba entender las cantidades astronómicas que se pagan a estos críos de veinti pocos años por jugar a un juego obscenamente estúpido, aburrido y sin ningún otro interés o función social que el de mantener a la “masa” entretenida.
Y la masa sólo se inquietaba o se emocionaba cuando en el campo había “dureza”. Una patada, un empujón, un insulto. Entonces se creaba expectación, tensión y cierta alegría colectiva acompañada de rabia, enfado o fastidio dependiendo de quién hiciera la agresión. Y entre los hinchas… bueno, esto fue lo más patético, así que mejor no comentarlo.
Violencia, mucha violencia integrada en esas emociones reprimidas. Y la violencia estaba implícita y explicita en muchos detalles. Primero, cada tres metros, había un guarda de seguridad que miraba atentamente las gradas y controlaba que todo estuviera en orden. Detrás de ellos, otra fila de policías que doblaban la “seguridad”. Por un momento pensé que estaba en una cárcel, en un campo de concentración (nunca mejor dicho) o en un auténtico y futurista circo romano, donde los gladiadores, algo más civilizados, buscaban no la sangre corporal de sus víctimas, sino la sangre vital y emocional de las mismas. Tanto monta.
El “partido” en sí me aburrió como una ostra, pero el espectáculo social me pareció alucinante y digno de estudio. El ver como nos engañan… como nos manipulan… como nos amansan… El sentir ese “pan y circo” para todos… El comprobar lo fácil que resulta dejar de pensar o fijar la atención en ese objeto redondo socialmente endiosado que necesita ser buscado, controlado y poseído para conseguir el objetivo de ser el mejor, de ser el ganador de la partida, de ser, en definitiva, el más estúpido entre los estúpidos…
Realmente me asustó lo vivido y experimentado en esas dos horas de “entretenimiento”. Me preguntaba porqué la sociedad es capaz de gastar tantos y tantos esfuerzos inútiles en espectáculos como ese y no es capaz de solucionar problemas tan complejos como el paro o el hambre en el mundo (aquí viene ahora la demanda demagógica). Hemos abandonado nuestros deberes como personas, nuestros deberes como sociedad civil, nuestros deberes como ciudadanos del mundo. Hemos abandonado nuestras obligaciones más esenciales, nuestros proyectos más vitales, a la espera, única y exclusivamente de “pan y circo”, donde nuestra única responsabilidad y nuestra única expresión de libertad se antoja en elegir “1”, “X” o “2” en las quinielas de turno. El fútbol ha sido capaz en nuestros días, en sustitución quizás de la concepción epidérmica y marxista de las religiones de antaño, de hacer soportable nuestra infeliz conciencia de servidumbre y esclavitud. Bienvenido sea el fútbol, la nueva religión social que, en boca de Heine, derrama en el amargo cáliz de la sufriente especie humana algunas dulces, soporíferas gotas de opio espiritual, algunas gotas de amor, esperanza y creencia.
Validation, una hermosa historia de amor
Residencia de Tercera Edad
Como estamos en campaña, ayer fuimos de visita todos los grupos políticos para ver la residencia de la tercera edad que se está construyendo en nuestro pueblo. Debo felicitar a todos los políticos por la generosidad expresada y por el trabajo bien hecho porque la residencia, la verdad, es que está prácticamente acabada y ha quedado muy bonita. Aún falta el remate final y será una pena que no se termine. Para eso sólo hace falta voluntad política y aprobar unos presupuestos que, en clave electoral, harían que el partido de gobierno se llevara puntos suficientes para su campaña. En clave ciudadana, nuestros abuelos ven como el proyecto no se acaba nunca y nadie puede disfrutar de esta residencia que ha llegado a nosotros por el esfuerzo continuo de todos. ¿Qué pesará más en la consciencia de nuestros políticos, la clave electoral o la clave ciudadana? Creo que habría que facilitar las cosas y no pensar tanto en nuestros egos políticos. Creo que se debería hacer un último esfuerzo para cerrar esta etapa y empezar a hablar de otras cosas. Espero que la sensatez se imponga.
Nuevo candidato al PP de Hornachuelos
El PP de Hornachuelos ya tiene un nuevo candidato: Rafael Durán Pérez. Como me consta, aunque no lo conozco personalmente, que es un buen hombre, le deseo la mejor de las suertes en su proyecto. Y aunque seamos rivales en la cancha política, espero que podamos ser aliados en la idea de construir una ciudadanía más respetuosa, más solidaria y más humana. Mis mejores deseos para los adversarios políticos y para Rafael.
Ponte guapa, hay elecciones
Nuestras ciudades y pueblos están de fiesta. Pronto habrá elecciones y los políticos se afanan para poner las ciudades guapas, para crear empleo, para resolver esos problemas que durante cuatro años han estado esperando sin solución. Pero ahora todo es posible. Ahora viene la magia de la democracia. Esa que remueve lo que haga falta para inaugurar obras, para lucir calles y edificios públicos, para cambiar farolas y mobiliario urbano. La mágica hipocresía que nos envuelve a todos y que aceptamos, pasivos, como normalidad social. Sea como sea, aprovechemos el momento para ponernos guapos, no vaya a ser que nos quedemos sin baile. Los políticos necesitan conservar su sillón, ese sillón que tanto les pierde. Nosotros necesitamos acabar con todos los sillones e intereses particulares para creer de nuevo en la buena política…
Paz, más Paz
Enseñanzas de El Tibetano en Artegoxo
Para los que no sepáis aún qué hacer este puente, y quienes sintáis cierta cercanía con las enseñanzas del Maestro Djwhal Khool, El Tibetano, el amigo K. organiza en Artaza, Navarra, unas convivencias para profundizar en su mensaje los días 9, 10, 11 y 12 de octubre. Tenéis más información en este enlace:

























