De políticas y políticos


Ya que ha salido el tema político daré algunos apuntes. Ayer vinieron a verme personas que están interesadas en que encabece algún proyecto político, o como mínimo, el que lo apoye. En meses pasados habían venido de partidos diferentes al mío para que encabezara sus listas o para que me fuera con ellos y abandonara el lío en el que estaba metido. Otros me han preguntado porqué no he dado definitivamente el “sí quiero” para encabezar alguna lista. Los motivos en contra son varios. Al contrario de lo que podrían pensar algunos sobre el que fuera yo mismo un “político de salón” que desea estar en política para “chupar del bote”, en mi caso pasa lo contrario. El meterme en política me costaría dinero. Si tenemos en cuenta que el sueldo del alcalde es la mitad de lo que pagaba hasta hace poco de hipoteca, las cuentas no me salen. Así que no tengo ningún interés económico en política. Tampoco tengo intereses vanidosos de poder porque por suerte o desgracia ya los he vivido y ese tipo de vanidad la tengo más que servida.

Además, para emprender un proyecto serio necesitas de un equipo humano serio que crea en el mismo. A día de hoy eso resulta difícil. Hay una crisis generacional profunda que puede durar años si no se corta de cuajo y se acepta, con dolor pero con generosidad el cambio necesario. Vienen momentos duros en muchos sentidos. Especialmente para la socialdemocracia y especialmente para gobernar pueblos como el nuestro que necesitarán de mucha mano izquierda, derecha y mediopensionista para poner algo de orden en tan inmenso caos municipal. Eso no sólo requerirá sacrificio en lo profesional sino en lo personal. Y lo malo de esto es que mi vida personal y profesional es completa en casi todos los sentidos y no necesita de autorrealizarse en ningún aspecto que la política pudiera ofrecer. ¿Entonces? Dejar la tesis doctoral, renunciar a dar clases en la universidad, abandonar la editorial, la fundación y los viajes antropológicos a cambio de sacrificio la verdad es que no parece una buena oferta. ¿Entonces? Me motivaría pensar, si así fuera, que la renuncia y la entrega servirían como acto de servicio a mi pueblo y a mi gente. Esa, en exclusiva, sería la única motivación que me empujaría a cualquier iniciativa política. Y sería una política combativa, de trinchera, de acción, de proyectos ambiciosos y de ruptura con el pasado. Pero sobre todo, de personas. No de cemento ni de grandes construcciones faraónicas, sino de personas.