Cosas del camino


Estimado M.,

Agradezco la  larga explicación nocturna. Lo que cuentas, y ya no hablo de Séneca, sino de ti, me preocupa. Cuando salimos de la cárcel teníamos un sueño y era el de dedicarnos a la vida interior, a reorganizar un poco eso que llamamos vínculos con lo esencial, despreciando, en todo caso, esas diez mil cosas de las que ahora hablamos y que se agolpan en nuestro presente. No deja de ser paradójico que esa fue mi obsesión profunda de aquel ya lejano entonces. Mi exilio a Andalucía perseguía precisamente esa concentración en las esencialidades del mundo del espíritu, no del espíritu epidérmico y enlatado que se destila como fantasía propia de modas y mejunjes, sino del otro espíritu, de ese que te estriñe y te conmueve con solo pensarlo, ese que implica, como decía el viejo adagio, de silencio, compromiso y de cierta capacidad para ser invisibles.

Séneca siempre fue una excusa y un vínculo, no te preocupes por eso. Liado como estás, a veces lo utilizo como excusa para contactar contigo o para mirarte más de cerca. Lo único que me preocupa de Séneca, sinceramente, es que nos hunda aún más en las diez mil cosas sin poder de escapatoria. De ahí mi obsesión no porque sobreviva, que lo hará, sino que lo haga inmácula y digna, es decir, sin deber nada a nadie. Esa dignidad es la que realmente me agobia y me obsesiona, y el orden que requiere Séneca pasa por finiquitar el pasado-aprendizaje y enraizarnos en el futuro-disfrute. El presente no es más que un puente hacia esos dos extremos que requiere templanza, trabajo, disciplina y solidez. Una vez saldadas las deudas, la libertad le dará alas para que siga su camino de servicio y se imponga el compromiso primero.

Mi vida sufre de nuevo de cierto paralelismo a la tuya. En mi caso me regodeo de ese estado casi eremítico en lo que respecta a la supervivencia pura y dura. Mi obsesión, en el plano más personal, sigue siendo también el de no deber nada a nadie. No es mucho lo que debo, ni siquiera la mitad de una décima parte del dinero con el que llegué desde Barcelona, pero lo siento como una derrota personal y necesito liberarme de ese sentimiento de culpa. Sea como sea, todo esto pasará con el debido respeto y aprendizaje. Entonces quedaremos con paz y calma en Los Asientos, no importa si estos están en el norte o en el sur, y volveremos a hablar de las cosas del camino que conducen a la inevitable Montaña…

Un abrazo sentido…

Es tiempo de repensar el tiempo


Será, dicen los expertos, esta noche de madrugada, exactamente el 23 de septiembre a las 3:10. No está mal la precisión. Por si acaso, me di el gusto de celebrarlo ayer tarde en un paseo por el bosque, dejándome llevar por la creciente manía humana de caminar hacia cualquier parte. Además, coincide que hoy es la luna llena de libra, con la nota clave, para aquellos que disfruten de la mística: «elijo el camino que conduce a través de dos grandes líneas de fuerza«. Ese camino es el camino del Medio que ya predicó el Buda hace algunas centurias. Ni un extremo ascetismo ni un extremo materialismo. Esas dos grandes fuerzas que siempre empujan a lo que Gurdjieff llamó el hombre despierto. Y despierto no significa levantarse a las siete o las ocho de la mañana para darse uno cuenta de que empieza el nuevo día. Ese es un despertar parcial que debe ir acompañado del otro despertar, de ese que nos dice que son las siete de la mañana y que una nueva oportunidad se brinda para actuar en la vida, para participar de la comedia y dejar el mejor de los espectáculos en esta obra escénica que nos ha de llevar hasta el aplauso final. Y hoy es un día que en el campo de los arquetipos nos invita a la reflexión. Libra es la balanza, el equilibrio. Libra no requiere de extremos ni de sobreactividad. Nuestro péndulo interior, que a veces oscila excesivamente deprisa hacia uno u otro extremo, debe apaciguarse y reencontrarse con su centro. Curiosamente, este solsticio de verano pasado he oscilado pendulante de un extremo a otro, de una paz interior increíble a un desequilibrio total, de una felicidad exquisita a un raudal de desgracias imprevisibles.  No importa. Todo es experiencia y todo nos sirve para crecer. Pero ahora la exigencia pasa por madurar las experiencias pasadas bajo el cálido manto de la luz equinoccial y el abrazo domable de la luna llena de Libra. Es momento de descanso, de reflexión, por eso esta tarde, seguiré con la doble fiesta en algún bosque encantado. Es tiempo de repensar el tiempo… es tiempo de pasear tranquilos viendo como se marchita el campo… los tonos añiles y dorados, las nuevas lluvias, la tierra húmeda que empapa las raíces y semillas… El segundo nacimiento ya está listo… Todo lo que es siempre está presente…