Horizontes lejanos


No sé qué acontecerá mañana. Ni siquiera sé qué acontece a cada segundo de existencia. A veces me contemplo a mí mismo frente al espejo de la vida y creo descifrar un ápice de algo, de un algo que se nos escapa por sutil y maravilloso. Y otras siento con desespero, como si fuera humano, como si la humanidad en la que estoy encerrado pudiera con las brasas y el ardor de lo vivido. Y otras… otras simplemente me dejo llevar por la sutileza de las cosas que acompañan el despertar, o por la sensación de querer ser uno con el otro. Y en esas ando en los instantes de ternura, de compasión, de silencios y esperas. Eso que los sufíes llaman “el desvelo del ser amado”, ese “te recuerdo, te presiento, te tengo anclado en este momento”…

Y entonces me encuentro vagando entre cielos y lunas, escribiendo en…  “un atardecer tan hermoso que me hubiera gustado robarle de ese océano en el que se encuentra para trasladarla solo dos minutos a contemplar tan hermoso espectáculo. Vago por sueños y noches mientras espero su llamada… Mándame su luz condensada en lunas, lámparas o estrellas, para que el reencuentro sea hermoso y duradero… ya siento su rumor en el horizonte de mi suerte”…