Me levanté ayer abrazado a B., como en las últimas noches, con temor a separarnos o con la sensación de que incluso en las noches más calurosas se puede vivir permanentemente unido a un “otro”. Ella había vivido cuatro años en Suecia y quizás ese fue el motivo por el que se hizo con el cargo de la secretaría de la cámara de comercio de Suecia. También ese era el motivo por el que estos días viajaba a ese hermoso país para la entrega de unos premios en una recepción de gala con príncipes incluidos. Así que ayer nos despedimos en un eterno abrazo que no quería ser interrumpido más que por miradas de elocuente infinito. Estos días juntos han sido maravillosos, hemos conectado con una pureza hermosa y unas ganas de compartir algo más que un mundo. Progresamos a la vez que la complicidad crece entre nosotros… Quién sabe, a lo mejor a la vuelta de Suecia me pide que me deje la barba, señal de que las cosas van bien y desean ir aún mejor…
Tras la despedida, rescaté el coche de su particular parking en la facultad de Medicina, en Moncloa, y me dirigí hacia la provincia de Toledo, en un pueblecito donde me esperaba Julián, un profesor jubilado que deseaba donar un lote importante de libros para la biblioteca de Mesas. Llegué antes de lo previsto pero pronto empezamos a cargar cajas y cajas de libros rescatados, en los tiempos cibernéticos que corren, de una muerte segura. Agradezco desde aquí a Julián su amor por los libros y el que encontrara casi de casualidad este blog donde vio el anuncio para la biblioteca que deseamos rescatar. Un acto simbólico, el rescate de una biblioteca, en un mundo culturalmente decadente. Así que una vez estaban los libros instalados en el coche seguí mi camino por hermosas carreteras secundarias que me trasportaron por valles y montañas increíbles hasta el valle de los Pedroches, siguiendo desde allí por carreteras perdidas hasta la Montaña. Casi sin pararme, escuchando música y recordando los bellos momentos junto a B., llevé los libros hasta Mesas, donde M. tuvo la gentileza de resguardarlos hasta que terminen las obras de la biblioteca. Restó algo de noche para compartir un rato agradable con M., su familia y amigos. Y restó algo de noche para cerrar los ojos complaciente por las cosas buenas y los milagros que a veces te aporta cada día. Agradecido, dormí profundamente hasta la mañana siguiente… abrazado esta vez, a mi almohada, que hacía, en las cavernas de la imaginación, las veces de amante…
