Rezar en Silencio


Al sol o a la luna, al viento o al mar, a la luz o a la oscuridad, al valle o al río, a Dios o a su Infinito, al Absoluto y a su Vacío, al baño de lágrimas o al manto de caricias, en las cavidades del alma o en las curvas afiladas de un cuerpo, buscando el templo en el corazón o en la coraza, en las entrañas o en las afueras, allí fuera o aquí dentro, pululando en el zen mental o en el mantra emocional, parasitando una meditación diurna o promoviendo la recapitulación vespertina, con el raja yoga o su agni, en la postura de loto o en la postura de sálvese quién pueda. Repasando la vida, ¿por qué no rezar un padre nuestro que estás en los cielos? También sirve un om mane padme aum, o simplemente un extendido silencio hacia todas partes, mirando fijamente un punto de luz en la mente de Dios. Las temperaturas del alma se afilan en las cuadrículas de lo adyacente. Un hola y un adiós pueden servir de plataforma para vislumbrar la posibilidad de hacer de hombres buenos, hombres mejores. Las mujeres ni tocarlas, que ya son perfectas, e incomprendidas. Las grietas del cielo se compensan con el yeso terrenal, y así vamos tapando huecos e improvisando caminos. No desesperemos, todo está bien, porque la ley del karma funciona, y al final, justos y pecadores seremos pagadores y cobradores del mismo frac. Me apetece rezar, de vez en cuando, no para pedir nada, sino para dar. Y rezar sin palabras, solo con silencios, para que no crea Aquel al que le llegue el rezo que exijo y demando un trato más digno, especial o VIP allí en los cielos. Tampoco demando su atención para una garantía terrenal. Sólo deseo rezar, o rezarle, para sentir que en alguna parte, la voz del silencio también puede ser una promesa, y sobre todo, una esperanza… La esperanza de que al final, todo mereció la pena, de que pagamos nuestro karma y nos recompensaron con el dharma, de que el salario fue digno y de que, como buenos obreros, vimos y contemplamos la obra bien hecha. Rezo, sin vergüenzas ni complejos, para que el mundo se atornille al sensato y divino designio de un mundo mejor…

¿Es legítima la economía sumergida?


Hay economías sumergidas que no me parecen legítimas, sobre todo las de las grandes empresas y organizaciones que tienen una caja B, C y D y defraudan con ello impuestos importantes. Necesitamos esos impuestos, queridas grandes empresas, para pagar el ejército, las autopistas de peaje, los radares, la buena vida de la casta política, los burócratas y el Aparato del Sistema, ah!, y que no se olvide, también para pagar algún hospital que otro, la justicia, los colegios y las pensiones.

Hay sin embargo otras economías informales que no me parecen tan atroces. Sobre todo aquellas que tienen que ver con la supervivencia pura y dura. Esos padres de familia que tienen que trabajar a destajo, como sea y donde sea para poder llegar a fin de mes. Esos vagabundos del sistema que hacen alguna chapuz, como diría aquel, para llevarse algo a la boca. Ese africano emigrado que vende pañuelos de papel en las esquinas de nuestras ciudades y no paga impuestos, ni nos hace facturas al comprar el pañuelo. En fin, hay economías sumergidas y economías sumergidas. Las de cuello blanco no deberían ser peores o mejores que aquellas que ni siquiera tienen cuello.