Entrevista a Koldo Aldai para Fundación Ananta


Ya son algunos los viajes que he realizado con este aventurero y escritor, amante de lo humano y lo divino, seguidor y defensor de los valores universales de paz y buena voluntad. Koldo Aldai, escritor incansable, amigo verdadero, viajero y constructor de puentes indestructibles, compagina su vida de entrega y servicio hacia los demás con su pasión por la escritura. Uno de los mejores momentos que hemos vivido juntos fue haciendo de payasos en la sabana africana o en las selvas o los slums de la India… Cuando andamos preparando ya nuestro tercer viaje hacia tierras palestinas, he tenido la oportunidad de entrevistarlo para la Fundación Ananta, gracias a la siempre generosidad de Joaquin y José Luis, amigos y patrones. La entrevista la podéis ver en el siguiente enlace:

http://www.fundacionananta.org/web/index.php?option=com_content&view=article&id=237:javier-leon-entrevista-a-koldo-aldai-qhay-un-punto-de-felicidad-que-no-se-puede-alcanzar-de-espalda-a-los-hermanos-a-los-ultimos-de-la-tierraq&catid=37:g-2010&Itemid=62

Hacia la desobediencia civil


Resulta difícil valorar qué es lo más correcto en situaciones límite. El Estado del Bienestar tiene sus propias contradicciones y a veces, resulta que también es partícipe en ser creador de escasez, sobre todo en tiempos como los que vivimos. Las fórmulas keynesianas no son perfectas, se ha demostrado que el modelo de protección social sufre una crisis postmoderna que supone un reto importante. Si no existen políticas sociales adecuadas a cada tiempo, la democracia carece de sentido argumental. La redistribución de la riqueza debe atender a las necesidades de los ciudadanos para que además, estos se sientan solidarios con los demás y responsables con sus prójimos. Pero, ¿qué ocurre cuando fallan los mecanismos de solidaridad? Existen sectores muy privilegiados que no atienden a los problemas de la cada vez mayor clase desfavorecida. Su egoísmo social pasa por la ignorancia de esos problemas. Cuando el Estado, que es el regulador de los principios de solidaridad y bienes social, no solo falla sino que se convierte en un depredador para asegurar su propia supervivencia, la sociedad afectada, la sociedad civil, se convierte en un caldo de cultivo para que la desobediencia empiece a desarrollarse e incluso a organizarse. Es entonces cuando las teorías de anarquistas como Thoreau empiezan a tomar forma. Negarse a cooperar con un Sistema injusto son los principios básicos de estas ideas. Y así, como algún día dijo Martin Luther King releyendo la obra de Thoreau, “quedé convencido de que la no cooperación con el mal es una obligación moral en la misma medida que lo es la cooperación con el bien. Somos los herederos de un legado de protesta creativa”. La acción trituradora del Aparato, del Sistema, no se detiene. Necesita sobrevivir para poder alimentar a sus zánganos. Y mientras esto ocurre, una guerra oculta nace de entre esos cuatro millones de parados que ven como el Estado del Bienestar los abandonan a la mínima de cambio. Sin trabajo, pronto sin casa por no poder pagar la hipoteca, sin esperanza y sin futuro, será inevitable que la sociedad civil se organice. Y así, su desobediencia no sólo será legítima, sino que además aconsejable para que el cambio hacia algo mejor se consuma de una vez.