agosto 2010

You are currently browsing the monthly archive for agosto 2010.

Horizontes lejanos

No sé qué acontecerá mañana. Ni siquiera sé qué acontece a cada segundo de existencia. A veces me contemplo a mí mismo frente al espejo de la vida y creo descifrar un ápice de algo, de un algo que se nos escapa por sutil y maravilloso. Y otras siento con desespero, como si fuera humano, como si la humanidad en la que estoy encerrado pudiera con las brasas y el ardor de lo vivido. Y otras… otras simplemente me dejo llevar por la sutileza de las cosas que acompañan el despertar, o por la sensación de querer ser uno con el otro. Y en esas ando en los instantes de ternura, de compasión, de silencios y esperas. Eso que los sufíes llaman “el desvelo del ser amado”, ese “te recuerdo, te presiento, te tengo anclado en este momento”…

Y entonces me encuentro vagando entre cielos y lunas, escribiendo en…  “un atardecer tan hermoso que me hubiera gustado robarle de ese océano en el que se encuentra para trasladarla solo dos minutos a contemplar tan hermoso espectáculo. Vago por sueños y noches mientras espero su llamada… Mándame su luz condensada en lunas, lámparas o estrellas, para que el reencuentro sea hermoso y duradero… ya siento su rumor en el horizonte de mi suerte”…

El viernes me tocó uno de los trabajos que más me gusta de este oficio de empresario editor: el de mensajero, repartidor o como queráis llamarlo. Coger el coche y llenarlo de libros y recorrer media Andalucía de un lado para otro es algo que me recuerda a mi pasado como repartidor de pizzas, uno de los mejores y más divertidos trabajos de los que haya disfrutado. Así que fui a Sevilla, Huelva y Cádiz en un maratón hermoso acompañado del “Águila Roja”, que hizo la vez de copiloto. La tarde tranquila. Me afectó la conversación que tuve con mi querida A., la cual me hablaba de lo difícil del amor tras más de veinte años de vida en común, y de cómo, por cosas banales, se puede acabar destruyendo una relación hermosa. Acompañó con despedida de mis padres que tras un mes sufriendo las calores andaluzas regresan a Barcelona.

Ayer visita por la mañana de M. para hablar de libros y otras cosas que tienden a lo mágico y lo increíble. Bonita charla sobre las influencias de las cosas que nos rodean y de cómo las fuerzas invisibles afectan a nuestra vida.

Por la tarde, C. me invitó en su hermosa casa de Córdoba a un buenísimo risotto de champiñones que estaba para chuparse los dedos. La puse al día de mis aventuras y desventuras amorosas, de lo bien y feliz que me encontraba a pesar de las circunstancias y del panorama positivo que se abría por delante. Y ella me contaba, tras hablar de Jung, Bakunin, Einstein y Freud -también de Fernando Arrabal y David Peat- el panorama apasionante que se presentaba en su vida. Tuvimos aún tiempo de hablar de su última novela, de budismo, de compromiso, de sueños y mensajes, de círculos mágicos y herméticos, de política y apolíticas, de juegos del azar y juegos del lenguaje, de misterio, magia y hasta de extraterrestres, del fin del mundo, del 2012, de Nostradamus, de psicología, de antropología, de tesis doctorales y tesis de la vida, de cárceles, de presos, de locura, de esquizofrenias y paranoias, de amigos, de muerte, de vida, dinero y de casas, astrología, filosofía y ciencia, de lecciones y aprendizajes, de Suiza y América, de Italia y el mundo, también de Barcelona, Madrid y Granada, que también son de este mundo. Y sobre todo, y ante todo, de su S. y de mi B, seres espaciales que orbitan como astros de luz en el centro de nuestras vidas.  Inclusive, cuando la noche ya golpeaba el músculo sin hueso, tuvimos tiempo de reír con las ocurrencias de unos y de otros.  Mujer hermosa, inteligente y despierta, fue un placer inmenso compartir esa velada llena de sugerentes premoniciones sobre el pasado y el futuro. Bucles y ciclos que deambularon por la conversación sellada con un sentido abrazo sincero y hermoso.

Ahora, en unas horas, mientras me peleo hoy domingo con albaranes y facturas, me marcho de nuevo al periplo viajero-mensajero. Me esperan entre hoy y mañana Almería, Granada, Jaén, Málaga y Córdoba. Bibliotecas que esperan nuestros libros y que, entrega en mano, necesitan el sello requerido que nos dará de comer. Que me vaya bonito… y que regrese con salud y más sabio.

De hace tiempo

En la lejanía que nos separa imaginamos mundos, algunos posibles y otros imposibles. El deseo se vuelve puro y se entremezcla entre la ilusión pasajera y el ardor por no poder estrechar aún más nuestros cuerpos. Pero en lo invisible todo es posible, por eso estoy paseando y tú paseas conmigo. Aprieto tu mano contra la mía. Respiro. Respiras y siento cierta melancolía. Lo admito mientras tú me miras, comprensiva y amorosa desde el espacio infinito. Y aquel globo que te llevó tan lejos se convierte en estrella. Y mientras lees estas letras decides parar, estrechar de nuevo mi mano y abrazar la infinitud. Ese que ahora cubre todo mi recuerdo y peregrina como pequeños dioses entre todo aquello que nos separa y nos aproxima. Deseo tanto estar contigo… Respiras, respiro, ahora juntos, ahora conspirando de nuevo en la noche y en el día, tal y como habíamos deseado cuando realmente suspirábamos al amanecer. Ya queda menos para el reencuentro, ya queda menos para la eternidad… Tengo ganas de ti, te dije, tengo ganas de sentirte dentro de mí, decías…

MARIO CONDE

Séneca acaba de editar un nuevo libro de Mario Conde. Economía y Espíritu. Con un precio de 16 euros, podrás disfrutar de más de cuatrocientas páginas increíbles. Más ofertas del autor en:

http://www.editorialseneca.es/MARIO-CONDE.htm

Es Voltaire, una persona doblemente despierta en la consciencia y en lo social, el que nos informa en su libro Micromegas que el 5 de julio de 1737 llegaron a la Tierra, concretamente a la orilla septentrional del mar Báltico, dos seres provenientes de Sirio y Saturno. Para estos seres, los habitantes de la Tierra resultaron diminutos átomos que seguramente, al poseer tan poca materia y por lo tanto mucho espíritu, deberían dedicar su tiempo a pensar y amar. Pero uno de los sabios de ese momento con los que se topó tan ilustres visitantes declaró que nada más de la realidad, sino que eso estaba destinado a un pequeño grupo de privilegiados y que la mayoría son una cáfila de locos, perversos y desdichados, empeñados en matarse, robarse o violarse mutuamente con tal de llenar sus egos de vanidad. Los visitantes quedaron perplejos ante tan ridículo espectáculo y pensaron que se encontraban ante unos seres tan infinitamente pequeños poseedores de una vanidad tan infinitamente grande.

Por suerte, a veces ocurre que nos visitan personas procedentes de otro planeta que entienden que el pensar y el amar son los requisitos indispensables para ser feliz. Ocurrió ayer, en esta humilde morada de la Montaña donde, atraídos quizás por esa luz que nace de los recovecos del alma, visitaron a este humilde morador de silencios y membresías. R. y J.A. llegaron a eso de las siete, puntuales, tal y como habíamos quedado en el cronómetro del tiempo mecánico, y también puntuales en ese otro tiempo que llaman de la cuarta dimensión, diría yo la quinta, referido al momento cuántico. J.A. me habló de sus fuentes, que también fueron las mías tiempo atrás, y me regaló un mapa que me dejó atónito. En el mapa había dibujado el hombre de Vitruvio, ese mismo que cuelga majestuosamente en una de las paredes más grandes de mi casa. El hombre estaba centrado dentro de un gran círculo y representaba un mapa de mí mismo, compuesto por acontecimientos que habían ocurrido en mi vida pasada. Al parecer fue un regalo del mago A.N. para mí, el cual, sin conocerme, pero utilizando unas técnicas que a partir de ahora creo como reales, había dibujado con todo lujo de detalles esos acontecimientos que marcaron mi vida pasada, observando, además, en qué forma podían afectar a mis cuerpos. Así que estos visitantes sirianos y saturninos llenaron la tarde de ayer de encuentros y reencuentros que expresaban la importancia constante de llenar el mundo de pensamiento y amor. Agradezco la visita y el regalo del mapa y la certeza del mismo. Agradezco también que existan personas notables que deseen cambiar el mundo. Así que gracias por estos encuentros tan llenos de magia y alivio.

Con esta frase expresaba su dolor y vergüenza el ex primer ministro francés Dominique de Villepin.  Deportar a gitanos es algo que no se veía desde la Alemania nazi. Lo curioso es que ocurra un hecho tan racista y xenófobo y nadie diga nada, excepto los propios gitanos o la Iglesia Católica. Ni siquiera Rumania, quizás anonadada por la pasividad del resto de países, no ha dicho ni pío. No estoy en contra de que se deporten criminales o delincuentes que no han sabido convivir en los países receptores. Me parece bien eso de “si no te portas bien en casa ajena mejor vete a la tuya”. Otra cosa es que se pretenda criminalizar a todo un colectivo por el sólo hecho de pertenecer a otra cultura, a otra raza, a otra religión o a otro país. La Francia de Sarkozy, por cierto, un presidente de ascendencia húngara, no debería errar en sus políticas migratorias ni juzgar a un pueblo entero por los actos vandálicos de unos pocos. ¿Os imagináis que a José Montilla le diera por expulsar a todos los andaluces y gallegos de Cataluña simplemente por ser andaluces y gallegos? ¿O qué pasaría si el alcalde de Melilla expulsara a todos los marroquíes de la ciudad? Pues eso… mal anda Europa si permite este tipo de actos racistas… ¿Hará Sarkozy lo mismo con los africanos, o con los descendientes españoles, o con los chinos? ¿Qué hubiera pasado si en vez de a gitanos hubiera expulsado a judíos?  Mal andamos… muy mal… Esperemos que viejas historias no se repitan, y que los fantasmas del pasado no resuciten de nuevo…

Madrid

Hemos tenido una rápida conversación para ponernos al día, para contar que tal ha ido el verano y para sugerirme, como ya hace tiempo que lo hace, que me vaya a vivir a Madrid. No solo me lo ha sugerido hoy JL, sino que desde hace meses también lo llevan haciendo M., J., L., C. y el grupo de amigos que me ven excesivamente enclaustrado y encerrado en la Montaña. Piensan que he concentrado excesivamente tiempo y esfuerzo aquí y que esa misma energía en otro lugar habría dado más frutos. Me sugieren que todos los proyectos que llevo en mente se desarrollarían más rápidamente en un lugar donde encontrara más apoyos y no tantos obstáculos. Ahora, con B. en Madrid, la verdad es que no necesitan de muchas ideas para convencerme. Sin embargo, me vine de Barcelona huyendo un poco del exceso de ruido de la gran ciudad. Y no estoy convencido de que en Madrid fuera a disminuir ese ruido, cosa que sí consigo aquí en la Montaña. Quizás sea sugerente una fórmula mixta, algo así como vivir en ambos puertos y repartir el tiempo entre Madrid y la Montaña… Creo que eso sería lo más justo, pues si bien es cierto que siempre he sido un apátrida y un culo inquieto, como dice mi madre, tengo ganas de estar tranquilo una temporada, dejarme abrazar y sentir la sutileza de un mar en calma. Veremos qué ocurre en septiembre. Lo cierto es que los proyectos continúan y la ilusión también.

Palestina

Hace unos días me llamó K. para meditar sobre nuestro viaje a Palestina y ofrecer alternativas si veíamos que las cosas allí se ponen difíciles. Las muertes de los voluntarios en Afganistán y el ataque por parte de Israel a la flota con ayuda solidaria a Palestina recrea en nuestras mentes el miedo y la obvia peligrosidad de nuestra empresa. Hoy hablaba de ello con J. precisamente cuando me mostraba las imágenes aparecidas en el New York Times de los diez voluntarios cruelmente asesinados. Cuando les pones cara a toda esta injusticia el miedo se vuelve terror. Como el universo siempre conspira de forma extraña, mientras intercambiaba mails con J. sobre este asunto, B., desde Suecia, me manda un mail que hemos recibido desde una ONG de Cisjordania dándonos la bienvenida y apoyándonos en todo lo que esté en sus manos. Lo cierto es que cuando leemos noticias sobre el gran conflicto que existe en esa zona uno se siente impotente, sobre todo ante la idea romántica de viajar hasta allí para hacer sonreír a un puñado de niños. Sin embargo, creo que no se trata tanto de esa idea romántica como de observar in situ todo lo que allí ocurre. Concienciar forma parte de nuestro trabajo, no solo del horror del hambre, de la pobreza extrema, de la sinrazón de la muerte injusta, sino también de situaciones políticas y religiosas que enturbian el panorama de paz irreductible al que toda la humanidad estamos abocados. Esa idea es la que me fortalece. Contribuir a la paz con un gesto, por muy pequeño que sea. Contribuir a la paz con una sonrisa. ¿Qué hacer? ¿Qué es más noble para el corazón?

Estimada B.,

Estaba leyendo correos de gente que me escribe a diario y de repente he mirado al cielo y he visto esa luz de estos últimos días de agosto que presagian el fin de un verano que nunca olvidaré y el principio de un otoño que espero sea inolvidable. Y he sentido el impulso de escribirte, a sabiendas de que quizás no leas este mail hasta tu vuelta. O mejor aún, he sentido el impulso de abrazarte, de mirarte a los ojos, de ver tu sonrisa de niña traviesa atravesada por un mar de emociones y un puñado de vida. Hacía tiempo que añoraba tener presente el recuerdo de alguien así, sentir la calidez de un alma capaz de abrazarte durante horas sin pedir nada a cambio, sin esperar nada a cambio.

Estas en Suecia caminando por alguna isla y repasando con tu mirada tantos y tantos recuerdos… Quizás en este viaje te estés despidiendo de un pasado que ya termina para enfrentar un futuro nuevo, un futuro esperanzador y espero que feliz, muy feliz. Algo extraño revolotea por mi estómago soñando, imaginando, deseando con fuerza que quizás yo pueda estar ahí, en ese futuro nuevo. Déjame que lo sueñe, mientras te despides. También yo me despedí en Oxford, quizás con unos meses de adelanto, del Reino Unido, de ese lugar donde empezó algo que nos separó durante algún tiempo pero que ya terminó. Y por eso ahora me siento tan libre y tan en paz, con ganas de que vuelvas para abrazarte y desearte con amor sincero y pasión ardiente.

Deseaba escribirte, deseaba abrazarte, y lo he hecho. Ha sido con estas palabras… Vendrán otras, porque son muchos los abrazos que deseo compartir contigo…

Gracias por hacerme vivir esta historia…

En el mundo del espíritu siempre ha existido una notable controversia sobre la existencia o no de los maestros espirituales. Cuando he viajado a India o Mongolia, a países de oriente, he visto que existe una tradición que asume la autoría y potestad de los gurús o maestros, los cuales se veneran y respetan como representantes divinos aquí en la Tierra. Al menos, como seres capaces de influir de forma positiva a todos los que circundan su ashram, su círculo de influencia. En occidente, más que una veneración hacia la figura de alguien que personifique algún ideal, se tiende a pensar en el maestro interior, o en aquello que nos hace plenos de maestría. En ocasiones, la búsqueda de ese ideal nos hace entender, desde la humildad y el desasosiego, que existen personas que han llegado más lejos que nosotros y que, a pesar de sus formas o aparentes imperfecciones, tienen algo que aportarnos a los que aún andamos perdidos o desorientados.

Sin duda, occidente ha demostrado estar muy lejos de la maestría de cualquier tipo. La espiritual, entendida como aquella que nos permite penetrar y entender compasivamente la consciencia de todo cuanto vive, es un camino arduo que requiere de perseverancia y trabajo.  La expansión de conciencia permite situarnos en perfecta relación con toda la existencia y con todo lo existente, algo difícil de alcanzar en una sociedad tan dispersa y distante, cegada por el paradigma de lo material.

Según explican algunas escuelas, el maestro espiritual es aquel que ha trasladado su consciencia al quinto reino, es decir, está más allá de la quinta iniciación. Ha superado la consciencia mineral, la vegetal, la animal y la humana, trasladando su visión a un plano que las supera a todas. Un maestro de sabiduría ya no vive, según nos cuentan, enfocado en el bajo vientre, sino que ha trascendido esos tres niveles elevando su energía y consciencia hacia los centros superiores, hacia todo aquello que tiene que ver con los aspectos elevados del hombre. Además, su perfección es tal que es capaz de crear cosas y dominar todo lo que ocurre en los reinos que ya ha superado. Ha contactado conscientemente con la verdadera realidad y ya no está atrapado en la ilusión de las diez mil cosas. Ha conseguido llegar por la línea de menor resistencia hacia ese lugar donde la Quietud lo preside todo. Pero sobre todo, es aquel que ha decidido dedicar su vida al servicio a los demás.

A lo largo de mi vida me he encontrado con personas que han alcanzado cierta maestría, y en ese sentido, me inclino con respeto y humildad ante ellos. He conocido gente que trabaja por los demás y hacia los demás, con una entrega que supera los límites de la resistencia humana. En ese sentido, me he encontrado ante auténticos maestros y maestras espirituales y de ahí mi mayor respeto y consideración hacia ellos. Me he convertido en un humilde discípulo y he aprendido todo cuanto he podido. Y la recompensa ha sido tan grande que seguiré buscando su luz y su experiencia allí donde se encuentren. Pero sin buscar tan lejos, sin necesidad de grandes disciplinas o viajes interiores interminables, una de las mayores grandezas de todo es ver al que tenemos al lado como al mayor de nuestros maestros, porque esa persona que tenemos cerca, ya sea amigo o familiar, vecino o conocido, siempre será nuestra mayor enseñanza. Acostumbremos a mirar al otro con reverencia, respeto y humildad. Siempre tendrá algo bueno para nosotros, algo que nos hará más grandes, más libres, más cercanos a la consciencia plena. En todo caso, siempre recordemos la certera frase: cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro.

(Foto: En un templo budista, en Mongolia, platicando con un venerable maestro).

Me levanté ayer abrazado a B., como en las últimas noches, con temor a separarnos o con la sensación de que incluso en las noches más calurosas se puede vivir permanentemente unido a un “otro”. Ella había vivido cuatro años en Suecia y quizás ese fue el motivo por el que se hizo con el cargo de la secretaría de la cámara de comercio de Suecia. También ese era el motivo por el que estos días viajaba a ese hermoso país para la entrega de unos premios en una recepción de gala con príncipes incluidos. Así que ayer nos despedimos en un eterno abrazo que no quería ser interrumpido más que por miradas de elocuente infinito. Estos días juntos han sido maravillosos, hemos conectado con una pureza hermosa y unas ganas de compartir algo más que un mundo. Progresamos a la vez que la complicidad crece entre nosotros… Quién sabe, a lo mejor a la vuelta de Suecia me pide que me deje la barba, señal de que las cosas van  bien y desean ir aún mejor…

Tras la despedida, rescaté el coche de su particular parking en la facultad de Medicina, en Moncloa, y me dirigí hacia la provincia de Toledo, en un pueblecito donde me esperaba Julián, un profesor jubilado que deseaba donar un lote importante de libros para la biblioteca de Mesas. Llegué antes de lo previsto pero pronto empezamos a cargar cajas y cajas de libros rescatados, en los tiempos cibernéticos que corren, de una muerte segura. Agradezco desde aquí a Julián su amor por los libros y el que encontrara casi de casualidad este blog donde vio el anuncio para la biblioteca que deseamos rescatar. Un acto simbólico, el rescate de una biblioteca, en un mundo culturalmente decadente. Así que una vez estaban los libros instalados en el coche seguí mi camino por hermosas carreteras secundarias que me trasportaron por valles y montañas increíbles hasta el valle de los Pedroches, siguiendo desde allí por carreteras perdidas hasta la Montaña. Casi sin pararme, escuchando música y recordando los bellos momentos junto a B., llevé los libros hasta Mesas, donde M. tuvo la gentileza de resguardarlos hasta que terminen las obras de la biblioteca. Restó algo de noche para compartir un rato agradable con M., su familia y amigos. Y restó algo de noche para cerrar los ojos complaciente por las cosas buenas y los milagros que a veces te aporta cada día. Agradecido, dormí profundamente hasta la mañana siguiente… abrazado esta vez, a mi almohada, que hacía, en las cavernas de la imaginación, las veces de amante…

Avatares

Tras dos hermosos días viajando y durmiendo en coche por bosques encantados y magias de hace tiempo, terminamos la noche de ayer en el cine viendo de nuevo una película de avatares. Al parecer, de forma conciente o inconciente, el mundo está necesitado de un avatar, de un mesías milenarista que aporte algo de luz, esperanza o ilusión a una humanidad cansada y marchita. Y no hay mayor avatar que coger las riendas de nuestras vidas con cierta emoción y responsabilidad y servir, allí donde estemos, de la mejor forma que sepamos. La humanidad adulta deberá humildemente aceptar que no hay mayor salvación que la de salvarnos a nosotros mismos. No hay mayor salvación que la de ser personas sencillas, humildes, invisibles, sensatos y con ganas de vivir en paz, felicidad y armonía. Por eso estos días solo he deseado beber agua, comer algo, abrazar a la persona que quieres y mirar el universo entero desde la ventana de un coche cargado de promesas y esperanzas. Esperanzas que deberán aguardar a que B. vuelva de Suecia, ya que mañana se marcha diez días mientras que este peregrino regresa a las tierras del sur.

Tras la ahora anécdota del viernes por la mañana, cogí el coche el sábado y me marché a Madrid. Allí me esperaban E. y X. con los que fui a pasar la noche, fría noche, por cierto, a la sierra madrileña. Fue divertido el reencuentro y nos sirvió un poco como desahogo y puesta al día. El domingo por la tarde mi querida B. volvió de Logroño y nos dimos un largo paseo por los jardines de Moncloa hasta su casa… Teníamos ganas de abrazarnos y así permanecimos toda la noche, como si fuéramos uno, como si esa ficción de la personalidad y la dualidad no existieran, como si cualquier duda existente desapareciera en esa gran paz del abrazo sentido. Me espera una semana tranquila, sin un exceso de sobresaltos. Intentando descifrar qué cosas nos depara el otoño. De momento la agenda parece cargada de presentaciones de libros y novedades. Veremos a ver hacia donde desea la diosa Fortuna que guiemos los pasos.

Aprovecho para dar gracias por todas las muestras de apoyo y estima que he recibido estos días a raíz del incidente del viernes. Ahora lo veo como algo lejano, algo anecdótico. Pero sentir vuestro calor ha sido una buena forma de sentirme en paz…

Sigue el mundo dando vueltas y nosotros seguimos soportando el peso de la gravedad. Hoy me han dicho que a J. lo internaron ayer. Como intuía, fue un arrebato, una mala pasada de una mente que a veces se cortocircuita hasta el punto de crear monstruos incontrolados… Lo peor de todo es que nos puede pasar en cualquier momento. De repente, llevamos una vida tranquila y algo se cortocircuita en nuestra mente y ocurre lo peor. Trabajé algunos años con demencias y me parecía apasionante observar como la locura campaba a sus anchas en personas que anteriormente habían tenido una vida normal. Es como si te poseyera algo ajeno a ti, un lado oscuro que todos tenemos y que, por algún fallo en la máquina humana, aparece irremediablemente. Las esquizofrenias y las paranoias son increíbles caballos desbocados a los que resulta difícil controlar cuando despuntan en una cima de incoherencias. Alguna vez resultaba difícil el control, y se requería de la fuerza de cuatro personas para mantener en calma un brote psicótico. Los renglones torcidos de Dios están ahí y pueden manifestarse en cualquier momento. El lado oscuro del corazón siempre está al acecho, así que antes de que se apodere de mí, me marcho a Madrid… Deseo amar y ser amado en los brazos de B. Deseo sentir de cerca el calor humano…

Llegué como todas las mañanas a Correos con mi carga de paquetes de libros. Estaba rellenando algún certificado cuando de repente entró J. Es un tipo que siempre me ha caído muy bien por ser diferente y pensar diferente. Despierto, intuitivo, alegre, sencillo y buena persona a pesar de sus excentricidades. Lo vi cambiado totalmente, como si fuera otro. De repente, sin motivo aparente, se abalanzó hacia mí y me cogió del cuello arrastrándome hasta un rincón de la oficina. Empecé a reírme pensando que se trataba de una broma. Eso lo encolerizó más. Empezó a gritarme y a insultarme. De nuevo pensé que se trataba de una broma hasta que lo miré a los ojos y lo vi totalmente fuera de sí. Empezó a golpearme mientras seguía insultándome, reclamándome un libro que me dejó hace unos meses. No podía creerme lo que estaba pasando hasta que entre puñetazos y forcejeos fue a coger un bolígrafo con el ademán de clavármelo en la yugular o hasta donde diera de sí el golpe brusco. No podía defenderme, ni agredirle porque era J., una persona querida por todos y por mí. Así que cuando iba, bolígrafo en mano a dar la estacada aproveché el ademán para escaparme y huir corriendo hacia el coche. El me siguió totalmente fuera de sí. Le dije que no se moviera del sitio, que iba a por su libro. Y con cierta sangre fría, eso hice. Fui hasta mi casa y volví para devolverle su libro. Estaba en la plaza del pueblo y empezó de nuevo a gritarme furioso. Le clavé la mirada a los ojos mientras seguía paso firme hacia él dispuesto a todo. Cuando llegué hasta él, tratando de tranquilizar su brote de locura le pedí perdón por el retraso en devolverle el libro. Fue entonces cuando volvió en sí, empezó a abrazarme con fuerza y a besarme en la mejilla mientras me pedía perdón por la agresión, advirtiéndome, eso sí, de que me estaba haciendo un favor ya que había mucha gente en el pueblo que deseaba agredirme. Y es cierto que ya he recibido varias amenazas sobretodo por temas políticos, pero nunca llegué a pensar que el odio visceral llegara a manifestarse con fuerza bruta. Justamente en un momento en el que me planteo seriamente si merece la pena seguir luchando o mejor retirarme al anonimato por un tiempo. En fin, aún queda algo de agosto para seguir reflexionando sobre este tema. Por cierto, como en los pueblos las noticias corren como la pólvora, agradezco de corazón y sinceramente el gesto de M., la cual, al enterarse me ha llamado y me ha invitado a dar un paseo por Córdoba para despejarme de la tensión sufrida. Por suerte, siempre aparecen ángeles para aliviar el dolor y la angustia en los momentos difíciles… otra cosa serán los moratones y cardenales que seguirán ahí unos días… Dura la profesión de un editor perdido en la montaña… si algún día os dejan un libro, devolverlo rápidamente… no vaya a ser que un viernes 13 te lo reclamen con los ojos ensangrentados y…

Ayer J. me escribió preocupado por lo que está pasando en Irán. Quizás Estados Unidos e Israel estén preparando ya una nueva guerra. No me extrañó esta noticia. Las dos mayores industrias del mundo son las de armamento y las farmacéuticas. Así que seguramente en algún oscuro despacho se esté buscando nuevos clientes para dar salida a armas y medicamentos. Y nada mejor para esto que una nueva guerra o una nueva gripe. Dicho así parece escalofriante. Pero lo más escalofriante es que nadie denuncia todo esto. Nadie advierte de los peligros de tener industrias de guerra, fábricas donde se fabrican armas de destrucción masiva, lugares donde la tecnología tiene que ver con como matar a seres humanos. Y esas fábricas necesitan cash flow y balances financieros que sólo pueden existir si hay guerras. Así que, aviso para navegantes: un nuevo conflicto se está tejiendo en alguna parte del planeta.

Ayer llegó B. con su amiga después de su periplo vacacional por Andalucía y Portugal. Me alegró mucho el reencuentro y verla tan bonita, tan coqueta, con ese moreno que la hace aún más hermosa y tierna. El bueno de mi vecino F. tuvo la gentileza de dejarme las llaves de su casa y pudimos bañarnos de noche en su piscina. El chapuzón nos vino muy bien con las calores que ayer consumíamos. Luego estuvimos hasta altas horas de la madrugada charlando sobre comunidades utópicas y urgencias, ya que la amiga de B. es médico y nos estuvo explicando algunas cosas de su profesión. Y mientras eso ocurría y más tarde nos deleitábamos con las mieles del amor, un poco más abajo, la coneja y dos de sus hijitos morían irremediablemente. Así que de los ocho conejitos que había parido la coneja enferma de mixomatosis solo han sobrevivido cuatro, los cuales hemos rescatado de la improvisada madriguera que la pobre hizo en el sótano intentando reanimarlos con nuestros cuidados. No me termino de acostumbrar a la muerte fácil, a la muerte inútil, a la muerte que te sorprende cuando no toca. Me revelo contra ella y ella se revela contra mí. No sé si el ser vegetariano repercute en algo en el hecho de que con mi actitud provoco, aunque sea mínimo, un grado menor de muertes. Ayer lo hablábamos en la cena. Quizás sea inútil, lo cierto es que cuando esta mañana me he encontrado a los animalitos muertos, la sensación ha sido frustrante.

Al sol o a la luna, al viento o al mar, a la luz o a la oscuridad, al valle o al río, a Dios o a su Infinito, al Absoluto y a su Vacío, al baño de lágrimas o al manto de caricias, en las cavidades del alma o en las curvas afiladas de un cuerpo, buscando el templo en el corazón o en la coraza, en las entrañas o en las afueras, allí fuera o aquí dentro, pululando en el zen mental o en el mantra emocional, parasitando una meditación diurna o promoviendo la recapitulación vespertina, con el raja yoga o su agni, en la postura de loto o en la postura de sálvese quién pueda. Repasando la vida, ¿por qué no rezar un padre nuestro que estás en los cielos? También sirve un om mane padme aum, o simplemente un extendido silencio hacia todas partes, mirando fijamente un punto de luz en la mente de Dios. Las temperaturas del alma se afilan en las cuadrículas de lo adyacente. Un hola y un adiós pueden servir de plataforma para vislumbrar la posibilidad de hacer de hombres buenos, hombres mejores. Las mujeres ni tocarlas, que ya son perfectas, e incomprendidas. Las grietas del cielo se compensan con el yeso terrenal, y así vamos tapando huecos e improvisando caminos. No desesperemos, todo está bien, porque la ley del karma funciona, y al final, justos y pecadores seremos pagadores y cobradores del mismo frac. Me apetece rezar, de vez en cuando, no para pedir nada, sino para dar. Y rezar sin palabras, solo con silencios, para que no crea Aquel al que le llegue el rezo que exijo y demando un trato más digno, especial o VIP allí en los cielos. Tampoco demando su atención para una garantía terrenal. Sólo deseo rezar, o rezarle, para sentir que en alguna parte, la voz del silencio también puede ser una promesa, y sobre todo, una esperanza… La esperanza de que al final, todo mereció la pena, de que pagamos nuestro karma y nos recompensaron con el dharma, de que el salario fue digno y de que, como buenos obreros, vimos y contemplamos la obra bien hecha. Rezo, sin vergüenzas ni complejos, para que el mundo se atornille al sensato y divino designio de un mundo mejor…

Hay economías sumergidas que no me parecen legítimas, sobre todo las de las grandes empresas y organizaciones que tienen una caja B, C y D y defraudan con ello impuestos importantes. Necesitamos esos impuestos, queridas grandes empresas, para pagar el ejército, las autopistas de peaje, los radares, la buena vida de la casta política, los burócratas y el Aparato del Sistema, ah!, y que no se olvide, también para pagar algún hospital que otro, la justicia, los colegios y las pensiones.

Hay sin embargo otras economías informales que no me parecen tan atroces. Sobre todo aquellas que tienen que ver con la supervivencia pura y dura. Esos padres de familia que tienen que trabajar a destajo, como sea y donde sea para poder llegar a fin de mes. Esos vagabundos del sistema que hacen alguna chapuz, como diría aquel, para llevarse algo a la boca. Ese africano emigrado que vende pañuelos de papel en las esquinas de nuestras ciudades y no paga impuestos, ni nos hace facturas al comprar el pañuelo. En fin, hay economías sumergidas y economías sumergidas. Las de cuello blanco no deberían ser peores o mejores que aquellas que ni siquiera tienen cuello.

Ayer estaba leyendo el libro de Pedro García titulado “El educador mercenario”, de la editorial amiga Brulot. Sus tesis atacan directamente al sistema educativo negándolo e invalidando sus programas. Soy una muestra viva del fracaso escolar, o mejor dicho, del fracaso del sistema escolar. Siempre fui un muy mal estudiante. En aquello que antes se llamaba Educación General Básica no daba pie con bola. Recuerdo que una vez vino a mi colegio un ejército de psicólogos para hacer un estudio exhaustivo. Pidieron que se eligiera al mejor estudiante de todo el colegio y al peor. Como mejor estudiante eligieron a Olga, una niña muy educada y hermosa que aún recuerdo. Como peor estudiante me eligieron a mí. Al terminar las pruebas que duraron meses y sacar la tabla de actitudes y aptitudes de cada uno, resulta que mis resultados fueron los mejores, dando en algunos valores aquello que por aquel entonces llamaban “inteligencia superior”. Fue un escándalo notorio. ¿Cómo aquel niño vago, perezoso y que no daba pie con bola podría tener una inteligencia superior y además dar como “superdotado” en los test psicológicos? Como por aquel entonces era muy niño no entendía nada de lo que hablaban, ni tampoco nada de sus enfados. Desde aquel día no cambió absolutamente nada. Me seguían tratando igual, seguía embobado con las musarañas, bostezando en las clases y siempre con problemas de adaptación y atención. Al terminar la EGB, sin haber recibido ningún tipo de estimulación extra, seguía siendo el peor estudiante. Recuerdo que la orientadora del instituto aconsejó a maestros y padres que estudiara formación profesional. Así lo hice sin mucho éxito. Recuerdo que por las mañanas me escapaba al instituto de al lado para ser oyente en las clases de BUP, ya que mi sueño era estudiar filosofía y eso era algo que no podía hacer desde la FP. Pasé allí siete años de mi vida de los cuales no recuerdo absolutamente nada. Nada aprendí sobre balances, ni sobre tratos comerciales, ni sobre albaranes o facturas. Un auténtico fracaso. Siete años absolutamente inútiles de los que no he podido aprovechar nada. No había motivación, y por lo tanto, no había aprendizaje. Algo ocurrió, sin embargo, en mi primer año de universidad. Como no había estudiado nada en la EGB ni en la FP, no sabía ni siquiera hacer un comentario de texto. El primer año en la universidad fue un auténtico fracaso. No aprobé ninguna asignatura en un sistema que primaba la memoria y no la crítica o la deducción o la imaginación o… Gracias a la buena voluntad de un profesor que me aprobó una asignatura para evitar que me echaran de la universidad, pude seguir estudiando. Y seguí hasta que comprendí que la motivación tendría que salir de mí mismo si quería llegar a alguna parte. Y así aprobé mi primera carrera universitaria con cierto éxito, la segunda con mejor éxito y pude entrar gracias a mis expedientes en los programas de doctorado. He querido relatar esta historia personal para alabar las tesis de Pedro García. El sistema educacional es un auténtico fracaso. No nos hace más libres, sino que nos adoctrina y nos alinea en un sistema perverso donde la competitividad está por encima de la colaboración o el apoyo mutuo, donde la memoria es la reina de todos los saberes en contra de la espontánea imaginación o el cultivo de nuestras propias capacidades. Realmente, con mi propia experiencia, no puedo creer en el sistema educativo actual, a pesar de que una de mis vocaciones es la de ser profesor, o quizás, aún mejor, como Pedro García, un antieducador, que es lo que siempre he sido cada vez que he dado alguna clase en el instituto o en la universidad. Un antieducador que enseña a sus alumnos a ser independientes y libres, a pensar por ellos mismos y a ser críticos con la realidad. Por eso creo en la desobediencia educacional. Si tuviera hijos, me encantaría poder educarlos en un entorno totalmente diferente. Me seducen las escuelas Waldorf por su pedagogía totalmente diferente, o incluso, me seduce esa pedagogía que nace en casa, en el hogar, fuera de las aulas. Esa pedagogía insumisa que pretende educar a los hijos, hasta cierta edad, en casa, y no en las escuelas, proveyendo al niño de un ambiente no competitivo sino cooperador, altruista y generoso. Quiero niños que piensen, no quiero niños que respondan como autómatas o loritos a entornos vacíos de contenido y motivación… El arte de hacer pensar tendría que ser una asignatura no solo para los niños, sino también para sus educadores. El arte de inculcar nuevos valores de libertad y fraternidad, de igualdad y solidaridad tendría que ser asignaturas obligadas.

« Older entries