Expiración


Tierna lira, arremete cuando el espantoso viaje concluya.

La música que no llegue en ese instante será porque el silencio arrasó su tierna rozadura.

Por ello los pórticos salivarán cuando la madera cruja y el aire traspase su último aliento.

Junto a la luz amarillenta que perfume la oscuridad doliente, esa que promueve la ilusión de todo cuanto hubo pasado y ya no existe.

Y allá, en el más allá, el estruendo, increíble insensato que desnuda el añil del árbol, que provoca la retirada sutil de la esfera taciturna.

Agua, sálvate, agua, tiembla, corre, penetra.

Fuego, brillante aliado, no me dejes alejado, murmulla en el baladro final.

Tierra, húndeme.

Aire, que expiras y conspiras, llévame.

Wesak y la luna llena de Tauro


El Wesak de este año coincide con mi propia revolución solar. Es decir, la fecha de mi cumpleaños con la fiesta más importante del budismo y de los grupos de nueva consciencia desde que en 1925 el maestro Tibetano diera a conocer la importancia de esta luna llena. Ambas fechas siempre las he celebrado en retiro, en silencio, apartado del mundo, y hoy, 28 de abril, uno se hace algo más mayor y prefiere desaparecer no en un retiro espiritual como en años anteriores, sino de una forma aún más anónima.

Toca pensar con fuerza en la restauración del mundo antes de que cualquier Mefistófeles grite ese Verweile doch! y desee detener nuestras vidas. Ese es el trabajo de los diablos que nos rodean: detener nuestras vidas, detener el flujo de la vida para que las cosas no se realicen. Por eso es el ser que todo lo niega. Y por eso Goethe lo describió así en su maravilloso Fausto. Pero hay una fuerza mayor que todo eso, una fuerza que nos arrastra hacia nuestro destino inevitable, una fuerza que repara los errores y las engañifas de todo cuanto nos rodea. Una fuerza que hoy, en la luna llena de tauro, donde el ojo se abre y la visión penetra, se esforzará para llenarnos de aquello que más allá de la contradicción, nos hace productivos… Mysterium coniunctionis

El lago azul


Aún recuerdo los paseos junto al lago. Alguien me preguntaba hoy sino era al lago a quién amaba. Muchas veces pensé así, que quizás eran aquellas montañas, aquel paisaje exuberante, aquellas corrientes de aire fresco y limpio, aquellos cielos revoltosos cargados de sorpresas… quizás era aquello lo que amaba… Pero no puede ser así porque de los paseos junto al lago ni siquiera recuerdo el color de sus aguas, ni el llanto o sabor de sus olas calmas. Sin embargo, ahora, en la lejanía, puedo recordar con la intensidad de los dioses cada uno de los suspiros, alientos y sabores que sus entrañas despedían. Esa duda quedó entonces despejada. Pero aún quedaba una más. Estos dos días en la Montaña han sido duros. Producto en parte por el cansancio metafísico que llevo arrastrando y por los sinsabores de la rutina, del devenir diario. Pero la dureza iba fraguando cuando los pequeños detalles que nos hacen grandes abrían las canillas del aire y nos deja respirar profundamente. J. me escribe y me manda un hermoso regalo para mi cumpleaños… Me preguntaba como diablos había descubierto que mi cumpleaños era en estas fechas y admiraba por ese motivo el detalle, el pequeño detalle que lo hace tan grande. No el hecho de su obsequio, sino el hecho de haber pensado en ello y haber articulado ese gesto hermoso, un gesto de amor y generosidad. Y W. también tuvo su gesto al disculpar esta mañana, invitándome a una “entera con tomate”, todas mis andanzas de antropólogo invadido por el afán de descubrir el mundo. “Viajas mucho”, me repite una y otra vez… Y tienes razón querido W., pero es tan difícil el no hacerlo cuando hay tanto por descubrir… Además, mis viajes son como los de Juan Salvador Gaviota, que no comía, que no dormía, con tal de sentir ese viento liberador en sus alas. Resultaría interminable la lista de hambrunas materiales que esos viajes conllevan. Las mismas no serían soportables por cualquiera que no antepusiera sus sueños a todo lo demás. Por eso, si dejara de hacerlo sería contraproducente, porque sería como quitarle el bistec al niño o el agua al sediento. Habrá entonces que convivir con este pequeño mal y buscar fórmulas para poder entender la naturaleza del alacrán. Y por la tarde una hermosa conversación con B., que viendo todo lo ocurrido me invita a pasar un fin de semana en la playa y así abrazarnos como lo hacen los nacidos dos veces, con respeto, con amor, con desapego, con complicidad. Lo haremos mi querida B., porque aunque aún no sepamos si venimos de las Pléyades o de los mismísimos infiernos de este mundo, en cada suspiro compartido alcanzaremos la gloria del cielo que nace de la sincera amistad. Y luego también llamaron E. y C. como si intuyeran que hoy era un día para pasar con amigos aprovechando que el Wesak se aproxima y es tiempo de abrir la visión. Y así quedé pensativo, repasando en este vespertino momento todo cuando ha acontecido hoy, mientras que me alejaba poco a poco del lago azul, de sus orillas, para transportarme a lo profundo de toda esta esencia: el amor, el amor silencioso. Amar en silencio, ese es el verdadero significado de todo cuanto acontece en el universo. Es la ley de atracción, la misma ley que sostiene planetas y galaxias, en desapegada sintonía unos con otros. Allí, estrellas que flotan, amantes fortuitas de su condición estelar… aquí, hombres y mujeres que se esfuerzan por comprender la verdadera esencia de sus órbitas errantes. Amar en Silencio, lejos o cerca del lago azul, pero recordando y amando cada uno de aquellos suspiros, amando hasta que duela, porque ese es el verdadero amor, el que nos hunde y nos eleva, y en su roce produce dolor, dolor placentero, llevadero. Dolor inquieto, dolor que nos mantiene vivos, abiertos, despiertos, elevados en la máxima potencia. Sí, amor, en el lago azul, pero también en el regalo de J., en la “entera” de W., en la playa de B. y en las llamadas de E. y C. Amor en lo grande y en lo pequeño. ¿Hay algo más grande que el amor? Quizás uno: el saber perdonar a los que yerran, porque somos humanos, porque somos limitados, divinamente limitados, pero con la capacidad de perdonarlos y perdonad al que nos adolece. ¡Ah sí! El lago… era un lago azul… ahora lo recuerdo… ahora la recuerdo…

La conquista de la abundancia


Se preguntaba Feyerabend al principio de su obra por qué la gente tiene necesidad de vivir en lo oculto del más allá y desligarse con ello de la realidad. La reflexión viene al dedillo cuando lo oculto de nuestro tiempo es el mundo virtual y sus aledaños. Al parecer, todo parte del descontento sobre lo que podemos ver y sentir en el mundo real. Demócrito, cita el autor, decía que la verdad yace oculta en un abismo. Tal debe ser el abismo que sentimos cierto vértigo al pensar en términos de verdad, y tal vez de ahí la necesidad de huida hacia otras realidades, otros mundos. Pero esa necesidad también parte del inquietante empobrecimiento interno de las masas y del individuo, de la toma del poder de lo tosco y lo limitado, de lo meramente pueril y monolítico, del miedo y la superstición. Y en los tiempos que corren nos convertimos cada vez más en islas, siendo a veces incapaces de interconectar con el otro, con ese archipiélago necesario para la supervivencia humana. No olvidemos que la verdadera abundancia consiste en ser amables con el mundo, pero sobre todo, con el prójimo. No hay más talento que tener presentes a cada instante esa abundancia del ser. Lo demás siempre es provisional y aleatorio. Lo digo con la sensatez de un náufrago que ha sobrevivido a las cien mil tempestades. Seamos abundantes en amor, en amistad y cercanía.

Repsol mejor que Cepsa


Ya sé que el tema no es de una gran trascendencia metafísica pero mientras esperamos la gran revolución del coche eléctrico, no viene mal dar pequeños empujoncitos a eso que esté a punto de caer. Esta vez se me ocurre hacerlo comparando gasolinas. Como sabéis viajo más que Marco Polo y siempre que puedo lo hago en el híbrido por la libertad que ello supone. Soy consciente que lo más ecológico es no tener coche, pero las ansias de aventura me pueden. En todo caso aposté en su día por la tecnología más ecológica existente en ese momento, el Toyota Prius, y a pesar de los reveses que la marca está atravesando en USA -no deja de ser curioso que esto ocurra cuando Toyota era número uno en ese país mientras que sus competidoras nacionales estaban en banca rota- no me arrepiento de la compra.
Pero hablemos de gasolinas, ese producto de Satanás que al parecer es un importante punto cardinal para entender algunos problemas importantes de la humanidad. Llevaba tiempo comprobando que hay gasolinas que duran más que otras. De vez en cuando me gusta hacer experimentos estúpidos y esta vez ha tocado comparar la eficacia de las gasolinas. Lo he hecho en este último viaje Córdoba a Barcelona y vuelta. A la ida reposté con Cepsa y el depósito me duró no más de 600 kilómetros. A la vuelta reposto con Repsol en Lérida estando ya en Córdoba con más de 850 km. recorridos sin repostar y quedando aún un quinto de depósito. Las variables no han cambiado: mismo trayecto, clima semejante y misma velocidad de crucero controlada por el coche y no por mí. Creo que la diferencia es tanta que merece la pena denunciarla.

Entrevista con un buen hombre


Preguntas sencillas para preparar un libro suyo de próxima aparición. Preguntas que sirven como excusa para comprobar como la humanidad posee cualidades elevadas que encuentran expresión en personas sencillas y profundas. Gracias J. por compartir tantos momentos desde que llegaste, allá por los años treinta hasta ahora. Gracias por enseñarnos desde el ejemplo silencioso lo verdaderamente importante.

Desde Lübeck


Escribo desde el Aeropuerto de Lübeck. Totalmente tranquilo, ningún síntoma de caos aéreo. Bien que este es un aeropuerto pequeño, más bien diría que es un aeropuerto desértico. Quizás hoy salgan tres vuelos, y uno el que me llevará hasta Girona, de retorno al «otro lado».

Estas han sido dos semanas llenas de paz. De grata compañía, de bonitos paisajes, de silencios, reflexiones y paseos. Esta mañana A. se levantó temprano y me comunicó sus conclusiones. Me ama profundamente pero no puede vivir con una persona que no tiene un sentido cristiano en el centro de su vida. Lo he entendido y respetado, y entre lágrimas nos hemos despedido, de nuevo,  en la estación de tren de Lunneburg. Como sigo enfadado con los fundamentalismos y las creencias, de todo tipo, no se lo he tomado en cuenta. Al fin y al cabo sólo son eso, fundamentalismos y creencias que se empeñan en separarnos los unos los otros. Algún día, y para sorpresa de muchos, será entendido el verdadero mensaje de amor de ese al que crucificaron, y entenderán que ese amor está por encima de las creencias y los fundamentalismos, y además, se empieza a practicar con el prójimo, el prójimo cercano. Algún día A. lo entenderá, sino lo está haciendo ya, y sabrá del verdadero sentido de las parábolas de aquel al que tanto ama. Mientras, los herejes seguiremos caminando… hacia cualquier parte, con tal de no permanecer excesivamente tiempo durmiendo…

Burka, ¿una ofensa a la dignidad de las mujeres? Un debate abierto sobre el integrismo europeo.


La pregunta es tan absurda que parece increíble que el debate se plantee en la Europa moderna, civilizada, tolerante y abierta al mundo. Es como si de repente, en nombre de la modernidad o de los valores de unos cuantos, se prohibiera comer carne sólo porque el presidente de alguna república fuera vegetariano y pensara que la ingesta de cadáveres en público atentase contra los valores del respeto y la vida. Y que para colmo, dijera, a todos, que los “vegetarianos primero”, tal y como se escucha hoy en algunos grupúsculos a la hora de criminalizar al extranjero diciendo eso de “los españoles primero”.

Y que eso pase en países como Francia o España resulta paradójico. Pero la paradoja tiene un trasfondo que no gusta decir: la alterofobia. O más bien, la islamofobia. El miedo recurrente a la invasión de valores “extraños” o “extranjeros”, un fenómeno que ya ocurría en la antigua Grecia y en Roma. Pero dos mil años después, creo que si algo hemos aprendido es a tolerar al otro, sus manías, sus costumbres, sus culturas, sus valores, sus ideas, sus creencias. ¿Acaso el otro no es un humano de carne y hueso como nosotros? ¿Qué clase de derechos, en nombre de la herencia cultural y territorial, poseemos con respecto a “los otros”, nuestros hermanos?

Como antropólogo, el hecho que se prohíba el burka o el hiyab o cualquier otro símbolo religioso me parece un atentado hacia la dignidad de las personas que libremente deciden seguir su tradición, su cultura, sus valores o creencias. Hasta no hace mucho, en España se llevaba velo para cubrir el rostro de las viudas, y además, era obligatorio, hasta el Concilio Vaticano II, el llevarlo dentro de las iglesias católicas. ¿Acaso el velo se prohibió? La dirección de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia ha sido clara estos días: “el derecho a profesar una creencia incluye el derecho a expresar, exteriorizar o vestirse de acuerdo con éstas”.

Existe un rancio olor ideológico, -de nuevo las ideologías- que pretende poner en defensa valores antiquísimos, en nombre de occidente y su agredida cultura, la cual peligra, según algunos, por la cada vez mayor incursión de valores ajenos a los nuestros. Al menos ese parece ser el discurso. Un discurso extendido, al estudiar las estadísticas, donde el noventa por ciento de la población está de acuerdo con esta prohibición. El reciente caso, pero no único, de la joven Najwa es surrealista. Y digo surrealista e indigno porque ocurre, además, en un instituto de enseñanza… Pero, ¿enseñanza de qué? El Ministerio de Justicia sigue diciendo al respecto: “Que la alumna lleve un velo en una escuela pública no ofende los derechos fundamentales de los demás ni tampoco el orden público.” Además, “el derecho a ser escolarizado en condiciones dignas prima sobre cualquier otro tipo de consideración”, concluye.

Creo que la libertad del ser humano, siempre que sea respetuosa con el otro, está por encima de cualquier ideología religiosa, cultural o de valor. Y creo que prohibir los valores religiosos que no atentan contra nadie es algo que no se veía desde las cruzadas medievales. Y como vivimos en una sociedad hipócrita y farisea, los que se encerraron para apoyar a Garzón no sé si harán lo mismo para apoyar a la joven e inocente, esta sí, Najwa. En todo caso, quede este botón de apoyo hacia ella, sus ideas, sus creencias, sus dioses y sus costumbres.

SANTA BÁRBARA: la fábrica de Satán


El negocio de las armas es espeluznante:

Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, unos 30 millones de personas han perecido en los diferentes conflictos armados que han sucedido en el planeta, 26 millones de ellas a consecuencia del impacto de armas ligeras. Estas armas, y no los grandes buques o los sofisticados aviones de combate, son las responsables materiales de cuatro de cada cinco víctimas, que en un 90% también han sido civiles (mujeres y niños en particular).

http://www.controlarms.org/es

Miremos como se presenta una empresa de guerra española, Santa Bárbara. Espeluznante. ¿Por qué la sociedad hipócrita y farisea permite esto?

Con una gran reputación de calidad y servicio avalada por años de probado desempeño, Santa Bárbara Sistemas, unidad de negocio integrada dentro del Grupo Europeo de Sistemas Terrestres de General Dynamics, es uno de los líderes en el sector de la defensa y punto de referencia indiscutible en el mercado europeo, además de uno de los principales suministradores de sistemas y soluciones para las Fuerzas Armadas españolas.

Con sede central en Madrid y una plantilla de 1.800 trabajadores distribuidos por toda la geografía española, fabrica una gran variedad de equipamiento para la defensa, desde vehículos de combate hasta sistemas de artillería, pasando por armas ligeras y municiones. Sus productos han probado su eficacia en medio centenar de países, incluidas naciones del área OTAN.

Santa Bárbara Sistemas cuenta con cuatro líneas de negocio principales: Vehículos Blindados, que desarrolla y fabrica vehículos blindados sobre ruedas y cadenas; Sistemas de Armas Municiones y Misiles e Investigación y Desarrollo (I+D). Cofabrica, asimismo, bajo licencia el carro de combate Leopardo 2E y el vehículo antiminas RG-31 Mk5E para el Ejército español entre otros programas.

Su notable desarrollo en I+D y la experiencia acumulada durante su larga trayectoria concede a Santa Bárbara Sistemas una gran versatilidad y una importante capacidad de desarrollo de nuevos sistemas, adaptándolos a las necesidades específicas de un gran número de clientes.

http://www.gdsbs.com

Esto último es el colmo de los colmos, su respeto al Medio Ambiente y su Código de Conducta Ética:

Las actividades de GDSBS se desarrollan dentro de un sistema de Gestión del Medio Ambiente según la normativa UNE- EN ISO 14001. La compañía sostiene un compromiso de respeto y protección del Medio Ambiente todas sus áreas de actividad, dentro del marco de la Normativa Medioambiental. Del mismo modo, se promueve la formación y concienciación del personal, con una participación activa en la implantación de nuevas medidas que promuevan el respeto por el Medio Ambiente.

Santa Bárbara Sistemas tiene en marcha desde enero de 2005 un Programa de Ética empresarial, cuyos objetivos son reforzar la política de General Dynamics de actuación conforme a los más altos estándares de integridad, honradez y respeto, así como integrar en la actividad diaria de la empresa y de los que en ella trabajamos los principios del Código de Conducta de la compañía.

A los infantes de la patria


Nos preguntamos porqué las generaciones más jóvenes, -al menos la masa pensante de la misma en contraposición a esa otra masa aborregada por las videoconsolas, las videopantallas, las televisiones, etc-, siguen pensando y hablando sobre el franquismo. Es evidente que el franquismo sigue vivo en nuestra psique pues no hacemos más que hablar del mismo, como personas y como pueblo. No hay más que viajar por alguna de las comunidades que se proclama nacionalista para ver como aún allí confunden franquismo con españolismo, o Falange con España. También podemos dar una vuelta por la España no nacionalista, sino más bien patriótica o nacional, para comprobar que la confusión aún existe en algunas capas de nuestra sociedad. Y eso ocurre porque en toda la historia de España nadie, excepto los exiliados o los muertos, denunciaron la ilegalidad de un Estado fascista en nuestro país. Lo peor es la complicidad de los herederos del mismo, y hablo de la monarquía y los grandes partidos que en nombre de la transición, -comprendo que ese tiempo sólo pedía transición pacífica-, prefirieron mirar para adelante olvidando el pasado.

Eso estuvo bien, pero nosotros, los hijos de la transición, los que no vivimos la guerra, exigimos explicaciones sobre lo que está ocurriendo en nuestro país para entender lo que pasa, lo que pasó y lo que pasará si no cambiamos el rumbo errado.

La Segunda República ya fue juzgada por el franquismo y pagó caro sus errores. Ahora, a los hijos de la transición, nos toca juzgar, por derecho histórico, sin armas, sin levantamientos, sin sangre, las atrocidades del franquismo. Es una necesidad arquetípica, no-racional, más bien simbólica y que tiene que ver con el ritual social de enterrar a nuestros muertos, los de un bando y los del otro. Y de comprender, sin revanchismos de ningún tipo, el sufrimiento de una década, de una generación que ya se nos va y que poco o nada podemos hacer por ella excepto despedirla en paz. Por eso, a los infantes de la ceguera, sólo se les puede pedir que despierten a la cosmología de una historia que necesita de ellos para seguir progresando en la felicidad común.

Geometría Sagrada: la proporción áurea


Este bello video nos habla de la proporción áurea o número phi, proporción matemática considerada para muchos como sagrada ya que se manifiesta en toda la naturaleza de forma no menos misteriosa.

Programados para ser únicos


A veces nos sentimos abatidos, cansados. Pesa ante nosotros la vida, el optimismo se va, los sueños se van. Nos damos un paseo por la orilla de cualquier río y vemos la serenidad con la que el pato navega por sus aguas. Levantamos la mano y el nos contesta con un graznido suave y melancólico, porque él, igual que nosotros, navega solitario. Nos sentamos en la orilla y miramos al pato, su peculiaridad. Nos preguntamos porqué viaja hacia el mediodía y no hacia el septentrión. Porqué en un momento dado gira a la derecha y no a la izquierda. Pensamos que el pato es un ser único, que tiene cierta autonomía, cierta consciencia que le permite librarse de las ataduras del guía de la especie. Luego observamos los árboles al lado de la orilla y vemos que ninguno es idéntico al otro, que cada uno proyecta una sombra diferente, auténtica. Entonces, en esa reflexión melancólica, nos encontramos de frente con nosotros mismos, allí, solitarios en mitad de la nada, rodeados de identidades que nos observan desde los mundos invisibles, de seres que vigilan cuidadosos y atentos que nuestra originalidad no se derrumbe. Nos abrazan y nos animan, como el pato cuando nos saluda, y nos recuerdan que somos únicos y verdaderos. Entonces el optimismo rearma nuestras banderas, miramos hacia el cielo y hacia la tierra, abrazamos de nuevo la línea del horizonte futuro y emprendemos de nuevo la marcha, repitiendo constantemente la canción que nos recuerda que estamos, increíble y milagrosamente vivos. Sí, vivos, y tomamos consciencia de que somos únicos… Ahora sólo nos queda tomar consciencia de que somos verdaderos…

El reposo del guerrero



El tiempo no se detiene y pasa en exceso rápido. Uno cree, cuando es joven, que le queda toda una vida por delante. Pero esa vida pasa de forma tan vertiginosa que no somos capaces de encontrar el freno de mano para detenerla, para atraparla entre unas manos que envejecen a la velocidad de la luz. Sólo en la soledad, en la meditación del silencio, parece que algo se detiene, permitiendo con ello la contemplación desde una columna elevada que permite ver algunos rasgos del infinito universo. Entonces parece que todo está bien, que todo se mueve al ritmo necesario y que la vida no contempla paradas excepto las de la conciencia.

El jueves regreso a Barcelona si la furia del volcán islandés Eyjafjälla lo permite. Si la cosa empeora podría ser que quedara atrapado en esta isla de felicidad. No me importaría. En estas dos semanas he rendido más que en dos meses. Además, he empezado a redactar mi cuarto y quinto libro a la vez, uno sobre reflexiones antropológicas y otro sobre reflexiones filosóficas maltitulado “La Conspiración de los Iguales”. Tal vez en mayo o junio vuelva de nuevo a Alemania pues encuentro en estos lugares la paz suficiente como para concentrarme con lo que más disfruto: escribir. Además, sigue quedando pendiente el finiquitar la tesis y poder con ello pensar en otras cosas. Quizás este verano sea apropiado para todo esto. Mientras, los días pasan rápido. Por la tarde en el huerto o subido en la bicicleta, perdido entre interminables campos llenos de ciervos libres, de bosques, de prados. A veces me adentro en algún bosque, escucho el crujir de sus inmensos árboles, me tumbo en su hierba y viajo con el recuerdo a la sabana africana, a los desiertos mongoles, al pacífico mar de California, a los caminos dels bons hommes de los Pirineos, a las selvas de Bengala o los profundos valles del Rajastán, a la tierra seca mexicana o las interminables carreteras de Nevada. Reviso la lista de lugares y siento cierta ansiedad. Hay tantos lugares que esperan…

Estad siempre listos para vivir felices


Si habéis visto alguna vez la obra «Peter Pan», recordaréis cómo el jefe de los piratas siempre estaba pronunciando su discurso de despedida por temor de que cuando le llegara su hora no tuviera ya tiempo de compartirlo. Algo así me sucede a mí, y, aún cuando no me estoy muriendo en este momento, lo haré uno de estos días y quiero mandaros un mensaje de despedida. Recordad, esto es lo último que oiréis de mí, por tanto meditadlo.

He tenido una vida muy dichosa, y quiero que cada uno de vosotros la tenga también.

Creo que Dios nos puso en este mundo maravilloso para que fuéramos felices y disfrutáramos de la vida. La felicidad no procede de ser rico, ni siquiera del éxito en la propia carrera, ni de concederse uno todos los gustos. Un paso hacia la felicidad es hacerse sano y fuerte cuando niño, para poder ser útil y así gozar de la vida cuando se es un hombre.

El estudio de la naturaleza os mostrará cómo Dios ha llenado el mundo de belleza y de cosas maravillosas para que las disfrutéis. Contentaos con lo que os haya tocado y sacad el mejor partido de ello. Mirad el lado alegre de las cosas en vez del lado triste.

Pero el camino verdadero para conseguir la felicidad pasa por hacer felices a los demás. Intentad dejar este mundo un poco mejor de como os lo encontrasteis y, cuando os llegue la hora de morir, podréis morir felices sintiendo que de ningún modo habréis perdido vuestro tiempo sino que habréis hecho todo lo posible. Así, estad «Siempre Listos» para vivir felices y morir felices: aferraos siempre a vuestra promesa Scout, aún cuando hayáis dejado de ser muchachos, y que Dios os ayude a hacerlo así.

Robert Baden-Powell, creador del movimiento Scout

Garzón ante la historia: el Juicio de los Jueces


He aquí mi pobre visión del asunto, no la visión de un jurista, el Absoluto me libre, sino la de un sociólogo. Quizás sea importante remarcar esto. Es por ello que estoy más inclinado a pensar en términos de que el Sistema desea cargarse a un espécimen incómodo que no a la teoría ingenua y facilona de la independencia o no del «poder» judicial. Todo esto independientemente de qué o quién sea Garzón, lo cual me importa un pito. Por sus actos (y frutos) los reconoceréis.

Hubo en Núremberg una multitud de juicios paralelos al principal de ellos que se encargaban de juzgar a funcionarios menores del Estado, el Ejército, doctores e industriales alemanes. También hubo uno contra los jueces que colaboraron con el régimen fascista nazi conocido como el Juicio de los Jueces.

La historia de España, como el mismo pueblo español, es más enrevesada. Aquí, el único juez español que pretende juzgar al régimen heredado, al Sistema corrupto y criminal que tenemos en este momento es, paradójicamente, llevado ante un nuevo Juicio de los Jueces, pero a la inversa. Es decir, el Sistema pretende cargarse de un plumazo este agente corrosivo del statu quo, un statu quo herencia de un régimen fascista, el franquista, no depreciado del todo. El motivo del juicio: prevaricación, es decir, creerse por encima de la ley al dictar una resolución arbitraria a sabiendas de que esa resolución es injusta. La resolución: declararse competente en la investigación de los crímenes de la Guerra Civil y el franquismo. Es decir, es como si un militar alemán hubiera denunciado a Geoffrey Lawrence, presidente del tribunal de Núremberg, por investigar las atrocidades del régimen nazi, y esta denuncia hubiera sido admitida a trámite por los juzgados pertinentes.

Como estas cosas sólo ocurren en España –qué paradójico que escriba estas letras desde Alemania- nace otro interrogante: ¿es la ley justa? Quiero decir, ¿es la ley de amnistía de 1977 justa? Más aún, ¿se puede crear una ley, en este u otro país, para perdonar crímenes de guerra? Sin duda, surrealista, como España misma. Pero habría que remitirse a lo surrealista de la transición para comprender todo esto, esa transición a la que recurrimos cada vez que deseamos ignorar o no molestarnos por el pasado.

La historia está llena de singularidades difíciles de entender. Allende, que era masón, fue ajusticiado por otro masón que por sus pésimas cualidades no pasó del primer grado, el de aprendiz, de nombre Pinochet, el cual, a su vez, parodias de la vida, fue perseguido, muchos años después, por otro masón, según dicen: el juez Baltasar Garzón. Un juez que fue albañil operativo y filosófico, pero también camarero antes de poseer más de veinte honoris causa por diferentes universidades. Un juez que saltó a la fama internacional por luchar contra la impunidad de los delitos cometidos en el pasado, impunidad que bajo una suave balsa de aceite planea sobre la cabeza de todos los españoles. Y como nadie es profeta en su tierra, Garzón, que se atreve con todo, ya sean corruptos políticos de cualquier bando o calado (véase caso GAL o GÜRTEL), económicos, terroristas, criminales de guerra o narcotraficantes, es juzgado, valga la paradoja, cuando más empieza a tirar de la manta, de la manta de los que ostenta el poder, claro.

La manta corrupta en la política, primero con el caso GAL, ahora con el caso Gürtel. Y también con otra cara de la política que no gusta: la impunidad que supone el olvido de los crímenes de guerra que ocurrieron recientemente, no sólo con las dictaduras latinoamericanas, sino, y no lo olvidemos (¿por qué olvidarlos?), con la que España soportó durante más de cuarenta años.

¿Y por qué? Porque la historia, que no perdona, jamás entenderá que un golpista-revolucionario (¿?) que provocó una guerra civil con más de medio millón de bajas de ambos bandos perdurara en el poder hasta que murió, delegando en un príncipe proclamado rey, su herencia sanguinaria, totalitarista y fascista. Es como si en Alemania Hitler hubiera ganado la guerra y tras su muerte hubiera sido proclamado Jefe del Estado algún descendiente del emperador Guillermo II, creando con ello una transición pacífica, claro, pero a costa de obviar los crímenes cometidos contra lesa humanidad.

Es por ello sensato pensar que no se está juzgando a Garzón, sino que en el subconsciente colectivo español aún existe una guerra civil no culminada precisamente por no haber existido en España un juicio de Núremberg donde sentara en el banquillo a los culpables de la guerra. El día que un juez o un tribunal valiente asuma la responsabilidad civil e histórica de mostrar ante el mundo y la justicia los crímenes del régimen y las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores de dicho régimen en los diferentes abusos cometidos por el franquismo, ese día en España se terminará el linchamiento ideológico y civil al que cada día asistimos por las llamadas heridas malcuradas de la guerra reciente y su posterior posguerra.

Y no hablo con todo esto de la recuperación de ninguna memoria histórica, la cual, dicho sea de paso, suele ser interpretada como una revisión subjetiva de una de las versiones de la misma recordando las atrocidades de uno de los bandos y no las del otro. Me refiero a la interpretación objetiva de los datos históricos, de los hechos que acaecieron, independientemente de sus interpretaciones, y que pueden ser registrados objetivamente por los informes de cualquier investigación, como la que pretendía el juez Garzón.

Echar al olvido el pasado tal y como defienden los abanderados de la amnistía-somnolencia nacional, me parece un grave error para las generaciones futuras. Necesitamos, es cierto, un revisionismo de la historia, pero un revisionismo a la luz de investigaciones científicas, no de ideologías subjetivas. Y para que eso sea posible, tal vez sea necesario un juez como Garzón, exhibicionista y ególatra, como lo define el hispanista Stanley G. Payne,  pero capaz de remover una somnolencia inmerecida y un sustrato tribal de nuestra memoria colectiva.

Hablemos de sexos


El sexo crea monstruos, pero también dioses. Por eso es bueno discernir entre unos y otros, sobre todo en los tiempos que corren, para no culpar al sexo de las atrocidades que pueda provocar por su mal uso o por su mal entendimiento. Como cualquier otra cosa, el sexo es neutro, y tiene sus propias funciones bien definidas, ya sea en los planos físicos, emocionales, mentales o espirituales. El sexo en sí mismo no es bueno ni malo. A veces viene acompañado de amor y a veces no, a veces provoca emoción y a veces no. Cuando ocurre lo último, es simplemente un intercambio químico que produce una sensación placentera en varios niveles. Esto, como todo en la vida, no es malo ni es bueno, siempre que se ejerza de forma voluntaria y no violenta. Es cierto que el sexo, o la carencia del mismo, es uno de los mayores motores de estrés y violencia que existen. Pero también es válvula de escape de emociones frustradas, de energía acumulada, de pesadez existencial. Y también de creación. Crea seres, crea emociones, crea energías, crea pensamientos y crea espíritu. Quizás en esta, y no en otra, esté su verdadera grandeza. El sexo como acto creador.

En un plano más elevado, alejado de lo esencialmente físico, hay, además, intercambio de emociones. La expresión puramente física y animal, visceral, traspasa la barrera de lo anímico para agregar el añadido etérico de la emoción. Aquí se construyen puentes y lazos que van más allá del simple contacto químico. Se añade sustancia vital, protoplasmas astrales que provienen de esos mundos sutiles que tanto nos cuesta comprender. Aquí, el puro deseo se desgarra, produce risa y llanto, miedos y alegrías. Jamás quedas indiferente ante un sexo emocionado, o teñido de pintura rebelde, de pura vibración. Aquí, el sexo, de nuevo, no es ni bueno ni malo, pero ha sido tanto su poder, que ha cambiado iglesias, pensamientos, reinos y vidas. Casos extremos, locuras, enamoramientos, pero también muertes, sufrimientos, posesiones y alguna que otra guerra o maldición. La emoción que se suma al potencial energético del sexo produce grandes cosas, buenas y malas, dependiendo del sentido que les demos a cada momento. Sin duda, no nos deja indiferentes, nos toca, engendra huellas, nos confunde, nos enloquece, irrumpe en nuestras vidas y nos ciega. Provoca emoción, y dolor, y alegría. Y también arte. Los artistas son sexos andantes, porque entienden la importancia del acto creador. Y ciencia, y filosofía, y ordena la violencia en eso que llaman política, que no es más que una masturbación controlada y adornada que provoca civilización.

Pero más allá de estos estadios, del puramente físico y el puramente emocional, existe el sexo que viene acompañado de amor. Aquí la palabra como expresión sublime de la comunicación silenciosa ejerce un significado más profundo. Pues el sexo se convierte en comunicación, en compartir, no en dividir, sino en sumar y fusionar. Posiblemente sea el momento de mayor aproximación a la experiencia mística, pues este tipo de sexo, a veces, no necesita contacto, ya que la parte orgásmica de la unión no tiene que ver con los planos físicos o emocionales, sino con aquellos que se abandonan en lo invisible de la cámara de en medio. El punto donde el corazón se transforma en red de redes y amasa para sí todo cuanto desea. Una mirada, un roce, una canción, un paseo, un abrazo, pueden provocar mayores cuotas de deseo sexual que el mero y placentero roce físico. Aquí no hace falta penetración, ni fornicación, ni felación. Baste un simple pensamiento para creernos en mutua comunión con el otro. Aquí ya no hablamos de deseo, ni de querer queriendo, ni de simple enamoramiento, sino de pleno amor. Amor como entrega, amor en silencio, amor alejado del egoísmo, donde lo único que merece ser vivido es la felicidad del otro, el servicio al otro. No es un amor posesivo y no entiende de entregas personales. No divide, sino que multiplica. No esclaviza, sino que libera. No se encierra o concentra en una o dos personas, sino que es capaz de abrazar al conjunto de la humanidad en un solo y único deseo: amar amando.

Este, y no los otros, es el mayor sexo de todos, porque incluye lo físico y lo emocional, pero puede trascenderlos hasta el punto de dejar de necesitarlos. Por eso el amor verdadero prescinde de todo. Nace libre y cuando lo hace, ya nunca muere. Permanece para siempre, porque no ata, porque no presume, porque no mancilla, porque no mancha. Se mantiene flotante en las esferas de lo inescrutable. Es allí, en lo insondable, donde nace y permanece. Es allí, en lo incognoscible, donde explota en millones de esencias que bañan a todo cuanto alcanza. Allí, en el silencio, te amo amando…

El Castillo del Olvido


El reloj suena puntual a las seis y media todas las mañanas. Ella se levanta y desaparece siguiendo los designios de aquel cuyo nombre no se puede nombrar. Mi aguda pereza me permite estar algunos minutos más en la cama regodeándome en los sueños del otro mundo. Antes de las ocho ya estoy en mi puesto de trabajo: dos ordenadores en la esquina derecha del salón, a tres metros de la cocina y cuatro del baño. Contesto correos, reviso la prensa digital y empiezo a maquetar libros entre tripas e ilustraciones llenas de advertencias. Los autores se impacientan y consumo tiempo explicando la lentitud del proceso editorial. También reviso diariamente las cuentas del banco, porque la fórmula matemática dice que la impaciencia de los autores no es igual a la cuenta de resultados, pero sí tiene que ver en proporción de uno a cien con el tiempo en que se tarda en imprimir uno u otro libro. A las nueve ella ha vuelto de su práctica diaria y desayunamos juntos. Sólo tengo que girar la silla y ya estoy de vuelta en el salón, fuera de mi particular oficina. Media hora después vuelvo al trabajo hasta las dos, hora de comer. A las tres me relajo en el sillón del salón, un metro dirección septentrión, sillón que hace las veces de cama por la noche. Miro el correo, contesto algunos mails, ordeno algún libro, leo de nuevo la prensa y vuelta al trabajo. Así hasta las siete, donde intento descansar paseando con la bicicleta por los infinitos caminos que se pierden en prados y bosques. O trabajando en el jardín, o simplemente dando un paseo a pie hasta el río. Una hora de paseo, ducha, vuelta al trabajo hasta que… Hasta que a la noche olvido que estoy en Alemania, a unos tres mil kilómetros de mis libros, de mi pequeño jardín, de mi pequeña Montaña. Se está tan bien en este castillo del olvido que casi no recuerdo nada de aquel lugar, excepto que es grande y está vacío. A veces algo o alguien me recuerdan que aquello está vivo, que existe y que me espera. Que el olvido no es producto del bienestar, sino de la ensoñación que ese bienestar, alejado de problemas e infortunios, produce en la vida diaria. Podría ser que el tedio también fuera placentero y paciente alcanzara las metas de la vida común. Por eso, cuando por la noche vuelvo solo al sillón-cama, ella se marcha a su habitación, cierra las luces y el silencio, que lo invade todo, me advierte de lo indiviso. Pero a veces es un silencio tan pesado que puede con la vigilia hasta despertar el sueño… y el olvido vuelve a su castillo…

El coche eléctrico por fin en España


Ya está a la venta en España el primer coche eléctrico. Esta noticia me llena de emoción pues siempre he apostado por esta solución ecológica para el problema de la movilidad mundial, y ahora, tras años de ensoñación, parece que por fin, y quizás con algo de contundencia, el sueño se haga realidad. De momento el primer botón viene de Finlandia, donde se fabrica el Think, un utilitario que alcanza los 120 km/h y posee una autonomía de 200 km. Su precio aún es elevado, algo más de treinta mil euros, pero para todos aquellos que os lo podáis permitir, creo que es una apuesta fiable para potenciar aún más este camino inevitable. Recuerdo que cuando compré recién salido al mercado el Toyota Prius, el primer coche híbrido, no lo dudé ni un momento. Era una señal clara de que algo estaba cambiando, y había que apostar por ello. Recuerdo que el vendedor intentó convencerme para que comprara otro vehículo, pero independientemente de lo arriesgado de la novedad, había que ser pionero en ese tipo de iniciativas. Más de trescientos mil kilómetros después me alegra haber apostado en su momento por ello. Ojala pronto los mercados se llenen de esta tecnología ecológica y el materialismo, ya que no podemos prescindir de él, se reconduzca hacia parámetros lo más ecológicos posibles.  

Para más información: http://www.goinggreen.es/producto/thnk-city

La grandeza del fracaso


Estamos acostumbrados a no arriesgar. Incluso a los que lo hacen y fracasan se les critica, ignorando que en el fracaso hay una enseñanza sublime, un componente mágico que nos ha de conducir inevitablemente al éxito. Arriesgar es apostar, y debemos aprender a perder, a sentir la derrota como algo inevitable. En Silicon Valley, cada iniciativa con cierto éxito viene precedida de más de cuatro fracasos. En nuestro país apenas arriesgamos un fracaso. Por eso no nos debe abrumar ni lo uno ni lo otro, es decir, el exceso de fracaso o el exceso de éxito, pues ambas son mentiras de una realidad indulgente. Lo importante es sentirnos vivos a cada momento, creer en la posibilidad del movimiento, en la grandeza de las pequeñas cosas. No temamos a equivocarnos: en los negocios, en el amor, en las ideas… seamos partícipes de cada momento y subamos un escalón más en la rebelde posición de seguir vivos.

El Infierno Fundamentalista


Siempre ha existido una rigidez dogmática ante el cambio, ante cualquier cambio, promovida principalmente por una potestad carismática que concentra la autoridad en valores que remarcan la sumisión individual. Esa rigidez nace de ideologías teñidas de cierto origen sagrado o afectivo que produce una inmunidad temporal ante cualquier traza que pretenda desviarlas de su originalidad. En sus extremos más inquietantes, si bien por suerte no es la norma generalizada en los tiempos que corren, producen fanatismos y fundamentalismos. Y a veces, para algunos abanderados de la tolerancia, resulta extremadamente difícil ser tolerante con los intolerantes, especialmente con aquellos que por designio divino o ideológico se creen en posición de la verdad absoluta.

La sociedad posmoderna ha llegado a la conclusión tras siglos de descubrimientos científicos y humanos, muertes y guerras sanguinarias que no existe, en el plano humano, ningún tipo de verdad absoluta. Sin embargo, tan sólo se tarda un segundo en encontrar a alguien que cree poseerla. En cierta forma, incluso si aislamos esta sentencia, podríamos pensar que se trata también de una “verdad” esgrimida sutilmente por el que la redacta. Es la paradoja de la palabra como libertad, una libertad que a veces se permite como producto arbitrario. Y la arbitrariedad nace del exclusivismo que parte del filtro ideológico, el cual juzga a los otros como amigos o enemigos según su pertenencia o no al círculo o núcleo de creencias compartidas o no. Y ambas posiciones pueden ser determinadas en la transformación por la conquista o conversión, o el aislamiento de una sociedad, o parte de ella, contaminada por la no pertenencia al grupo.

Los fanáticos y divulgadores de creencias confunden la sutil frontera existente entre la creencia que intenta describir el mundo, en todo caso, interpretarlo, y aquella que pretende aplicarse a todos los mundos posibles. Y verdades fanáticas las hay de todo tipo: religiosas, políticas, económicas, pedagógicas, sociales, culturales… Y la tendencia de una sociedad madura y libre es la de sentir cierta alergia cuando se topa con alguna de ellas, no por ser una abanderada del relativismo absoluto, que esto también sería una verdadera “verdad”, sino porque la libertad madura rechaza con fuerza cualquier tipo de interpretación aleatoria o dogmática, cualquier juicio y prejuicios apriorísticos.

Pongamos como ejemplo una increíble conversación que tuve recientemente con una persona adulta, occidental, de unos treinta y pocos años, con estudios universitarios y cierta cultura. Se confesó cristiana practicante, y como cristiana tiene tres dogmas inamovibles: el primero es que sólo existe un Dios verdadero que es el Cristiano y un único camino y verdad para llegar al mismo que es mediante su hijo Jesús el Cristo libre de cualquier Iglesia o culto. La segunda verdad es que todo el que no sea cristiano en el día de su muerte irá directamente al infierno. Es decir, aquí incluimos a los budistas, ateos, musulmanes, hinduistas, animistas, taoístas, gnósticos y agnósticos, masones, judíos y todos aquellos que no abracen la fe cristiana. De ser así, el infierno se va a llenar de almas en pena por los siglos de los siglos y el cielo, estará prácticamente vacío. En un plano más personal, había una tercera verdad: según su fe cristiana, no podía mantener relaciones sexuales hasta no casarse con su pareja. Algo increíble para valores y morales de nuevo cuño.

Si bien este es un ejemplo muy individual, un caso muy concreto, parece una recurrencia normal el poder ver como partidos políticos, grupos de poder o Iglesias de cualquier calado apuestan firmemente, y socialmente, siendo esto lo verdaderamente angustioso, por defender a capa y espada sus propias verdades, las cuales, dicho sea de paso, no aceptan consensos, ni acuerdos, ni propuestas, porque las mismas invalidarían la fuerza esencial de sus principios.

Y visto desde un plano lejano, cada cual puede tener sus dogmas, creencias o fe y hacer uso de ellas a su manera y según le convenga en su vida diaria. Hasta aquí no hay problema. El problema surge cuando dichos dogmas entran en la esfera de lo público y dichas creencias intentan imponerse de una u otra forma. Entonces aquí las creencias se tornan peligrosas, ya que si el otro no es como yo, si no piensa como yo, si no cree como yo, lo mejor es exterminarlo. Y ahí nace un peligroso equilibrio entre la tolerancia, la empatía y el amor fraternal hacia el otro en contraposición de nuestras egoístas posiciones. Caro Baroja expresó su disgusto con respecto al pensamiento totalitario de la siguiente forma: “vivimos aún bajo el peso de teorías sociales e históricas, totalitarias y dogmáticas, que se nos dieron como llaves para abrir todas las puertas. Ahora bien, lo que sirve para abrir todas las puertas no es una llave, sino una ganzúa”. Quizás si cada cual, ya fuera de forma individual o colectiva, se esforzara en encontrar esa ganzúa, nuestro tiempo, nuestra sociedad, se teñiría rápidamente de valores de autoexpresión, de colaboración y de aprecio hacia lo ajeno y lo extraño. Quizás algún día eso ocurra y podamos liberarnos de nuestros infiernos personales para abrazar la verdadera vida eterna: la vida creadora y amorosa.

Un vagabundo en Dannenberg


 

Hoy ha sido un día de integración en esta pequeña ciudad de algo más de ocho mil habitantes en el lejano oriente de la Baja Sajonia y a unos diez kilómetros de la granja de Anja. Alguna vez en el pasado había visitado este lugar en bicicleta para tomar un helado o ir de compras, o quizás para visitar a los diferentes artistas que comparten su arte en la famosa semana de la Kûltûrelle Landpartie (traducido es algo así como excursión o salida cultural). Por la mañana hemos ido a desayunar a la casa de Marianne, una amiga de Anja y miembro de la comunidad cristiana a la que pertenece. Como es domingo, tras el suntuoso desayuno, había sesión de estudio bíblico. Me ha resultado, como antropólogo, interesante escuchar como aquí viven con cierta devoción la reforma que llevó a cabo Lutero. Además he podido escuchar algunas palabras en el idioma de esta tierra. Hace unos años pude escuchar a Elisabeth, la madre de Anja, relatar en Navidad un cuento típico en la lengua de este lugar, el Plattdüütsch o Bajo Sajón, un idioma que se está perdiendo y que sólo hablan los más antiguos. Anja sabe algo, y de vez en cuando me sorprende con alguna frase en esta habla extraña para nosotros, especialmente porque ignoramos su existencia, pensando que el alemán se extiende uniformemente por todo este vasto país. Mientras los siete componentes de la comunidad explicaban las hazañas de Lucas 18, miraba de vez en cuando por la ventana pues me encanta ver como en este país integran a la perfección vida humana con naturaleza. Todas las casas están divididas por grandes jardines y pequeñas columnas de bosques integrados en la ciudad como algo natural. A veces, los bosques crean pasillos que se convierten en paseos o caminos que conectan unos barrios con otros. Las casas o edificios, que nunca superan la altura de tres pisos, no están separadas por grandes muros de cemento como en España, sino por pequeñas barreras de madera o vegetales a lo máximo. Eso da una sensación de amplitud y no de claustrofobia. Hay un empeño en cuidar los jardines y todo está verde y florido. Pude observar con más detalle todo esto a eso de las tres, ya que había encuentro en la comunidad cristiana. Así que hemos ido al local donde se reúnen y mientras los mayores cantaban y hablaban sobre la Biblia yo me divertía con los pequeños de la comunidad, haciendo a la vez de padre, tutor, monitor y payaso de los mismos. Lo hemos pasado bien. De nuevo comprendo como los niños, ya sean alemanes, etíopes o indios entienden el idioma universal de la sonrisa. Y así ha sido mi primer domingo en Dannenberg, una ciudad amable de gente amable y acogedora que bromeaban con frases en español con este perdido y errante vagabundo.

Jan Christoph


 

Pasamos la tarde en la granja de Anja recuperando estiércol de caballo para repartirlo en los verdes y floridos jardines de la comunidad. Pude abrazar a Elisabeth, su madre, pero también al perro Alex y a los caballos que seguían hermosos y libres en los prados. Alguna lágrima solté en diferentes momentos porque esa granja y todo lo que allí podía ver y oler tenía un fuerte componente emocional en mi vida. Allí pasé algún frío invierno, alguna primavera, algún verano y algún otoño. Y cada estación que recordaba pasaba por mis pupilas como si de una película de ensueño se tratara. Se dibujaba en mi rostro sin voz una sonrisa acompañada de una tristeza. Consonancia de un sin sabor difícil de describir. Contradicciones, aflicciones, angustias, pero también belleza, esplendor, fortaleza. Y tras recoger el estiércol fuimos a varias casas, y en la última, allí estaba el joven Jan Christoph, once años que compartía con una dolencia psíquica que esculpía en su rostro anómalo una hermosa cara angelical. De torpe andar, vestido con su jersey amarillo acompañado de una peculiar correa a juego, sonreía curioso por la novedad extranjera. Me preguntó mi nombre, y como en Alemania resulta difícil pronunciar la jota, le contesté en catalán: Xavi. Le gustó. Así que tras descargar el estiércol en esa otra hermosa granja llena de patos y ovejas que deambulaban libres por el pequeño prado, su madre Elke nos invitó a unos sabrosos huevos de granja acompañados de café, mientras que Jan repetía mi nombre con cierta complacencia. Le respondía con cierta complicidad en la mirada, recordando tiempos pasados cuando trabajaba con aquellos niños que ajenos a la realidad, vivían en un mundo lleno de estímulos y extrañas vivencias. Jan me recordaba a todos ellos, y al abrazarlo con la mirada y la sonrisa, era como si abrazara a todos los demás. Tras la merienda, Jan Christoph preguntó como era su nombre en inglés. Lo hizo en alemán pero entendí su pregunta y le respondí. Luego se acercó y cogió un palo rematado con tiras multicolores. Le preguntó a su madre Elke si en Madagascar había palmeras como esas. Cuando lo hizo, entendí su pregunta, y sus ansias de viajar a ese o cualquier país con tal de liberarse de las limitaciones que la naturaleza le había impuesto. Viajar a cualquier parte, aunque fuera inventando una palmera que jamás sería bañada por el sol de Madagascar, pero sí por el sol de su alma… Almas que se reencuentran en la sencillez de una sonrisa, o en la complicidad de un sueño imposible… Gracias Jan, Jan Christoph, por ser tan grande, y por haberme dado la oportunidad de imaginar, de soñar, de viajar contigo…

Corrupción a todos los niveles


Decía ayer que no entendía lo que pasaba en España. Creo que la misma sorpresa se han llevado en otros países, tal y como relata un titular del New York Times (http://www.nytimes.com/2010/04/09/opinion/09fri2.html?ref=opinion) en el que, con cierto estupor, se asombra de que en nuestro país juzguemos a los jueces que persiguen el crimen organizado, la corrupción política y el terrorismo. Tal vez tan sólo se trate de una cortina de humo para que la justicia, y los ciudadanos que la soportan, no piensen en exceso en el caso Gürtel, ni en sus mafiosos artífices, algunos de los cuales, dicho sea de paso, son los que administran el dinero que todos los ciudadanos comprometemos para el bien funcionamiento de nuestro devenir. Pero creo que la reflexión no debería detenerse aquí… Algo huele a podrido en nuestra sociedad… Porque todo esto que vemos, y de lo cual, dicho sea de paso, parece que estamos en la inopia inmune, no es más que la punta de un iceberg que empieza en nosotros mismos como ciudadanos nada ejemplares y que se traslada del ámbito privado al público con una facilidad que da vértigo. Es un milagro que la sociedad moderna no se derrumbe como un castillo de naipes… Todo, incluso esto, parece normal, como si la fatalidad no tuviera nada que ver con nosotros… Lo de Garzón es surrealista, y a pesar de que no es santo de mi devoción, admito que veinte años sin jueces así supondrá la victoria de la mafia que ostenta el poder de nuestra sociedad, y que se basa, a cual pelicula de Al Capone, en la más estricta observancia de la corruptela a todos los niveles. Así que hagamos un trato: que la sociedad civil denuncie todo cuanto vea en este sentido. Si el concejal de turno, el alcalde de turno, el político de turno o quién sea malversa los fondos públicos, se aprovecha de sus privilegios o saca sustancial jugo de su puesto, denunciémoslo sin reparos, con nombres y apellidos, y que se haga justicia, pero de la buena. Así que basta de heroína a los yonkis de la política y la corrupción.

El futuro del libro


Me envía M. una noticia que no me sorprende: la supresión por parte de la Junta de Andalucía de las ayudas al libro. Son unas ayudas que por algún misterio aún no desvelado, nuestra humilde editorial nunca ha disfrutado. Algunas malas lenguas dicen que es porque quien controla esas ayudas era hasta ahora la Asociación de Editores de Andalucía y los miembros de su junta. Es decir, que ellos, las editoriales que gobernaban esa junta, eran los mayores beneficiarios de las mismas. Y supongo que esa era la mayor motivación para estar en la junta y en la asociación. Desaparecida la motivación, realmente no sé que pasará con la misma. En todo caso nuestra humilde editorial se dio de baja el año pasado por no poder pagar las excesivas cuotas, en una política de reducción de gastos y quebraderos de cabeza con tal de sobrevivir en este duro sector. Así que tal y como visualizamos al principio de la creación de Séneca, está claro que el sector va a vivir una revolución increíble, sobre todo, a raíz de la aparición del ebook y de ahora el lector de libros Ipad de Apple, el cual revoluciona sin duda el hábito de lectura. Sea como sea, se presentan años difíciles donde deberemos reinventarnos a todo momento y estar a las expectativas de lo que viene para sobrevivir dignamente. Veremos…

Desde Alemania


Acostumbrado a viajar en coche por Europa, se me hace extraño levantarme en Barcelona y estar en dos horas en Hamburgo. Así que aquí estoy, en un viaje, cosas de la posmodernidad, que me ha costado la friolera de veinte euros, mucho menos que el autobús que me ha llevado desde Barcelona al aeropuerto de Gerona. ¿Cómo es esto posible? Como digo, cosas de la posmodernidad. Y veo las ventajas de viajar sin ser tú el conductor. He leído la prensa, por ejemplo, y he visto con cierto asombro como se intenta procesar a un juez que ha luchado contra el terrorismo, los Gal, la corrupción y un largo etc. mientras que los políticos corruptos campan a sus anchas por el senado sin que sean procesados. Esto sólo ocurre en las repúblicas bananeras y en España, por supuesto. Así que he preferido cerrar el periódico y leer a Nietzsche, que me resulta más interesante, sobre todo cuando dice eso de que “quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”… Y quizás me gusta por eso mismo, porque al disponer de un profundo por qué, me resultan tolerables todos los cómos… En todo caso, en lo que queda de tarde, y desde este lugar maravilloso, intentaré reflexionar, para no alejarme en exceso de la realidad, de todo lo que ocurre en nuestro país con la distancia del viaje…

Desde Madrid


Las incógnitas sobre el viaje interior siempre encuentran respuestas en el viaje exterior. Cada vez que hacemos un movimiento, cada vez que apostamos por un camino que nace del corazón, el universo conspira de forma extraña para empujarte hasta el destino verdadero. Aquel que nace dos veces comprende el significado de los mensajes y las huellas del camino. De ahí la importancia de morir. Así que ando en Madrid, en un lugar plagado de recuerdos, en la casa de un mito viviente, camino de Barcelona. Mañana estaré en Alemania, en mi otra casa, abrigado por los abrazos del amor bravo que resiste cualquier tempestad… Y allí, dispuesto a morir de nuevo para reinventar el camino guerrero…

Gibraltar… ¿español?


El otro día fui con unos amigos a Gibraltar… Es un lugar que no me canso de visitar por su extrañeza exótica. Como antropólogo, la visita, todas las visitas, no tienen desperdicio. Un trozo de la Gran Bretaña en la Bahía de Algeciras. Eso me hace pensar que las culturas determinan el territorio, y no viceversa. Es decir, que podemos pensar que Gibraltar no es un trozo de Andalucía o de España, me refiero a su cultura, al igual que Ceuta, Melilla o las Canarias no son culturalmente hablando un trozo de África, sino un territorio geográfico, y no cultural, de ese continente. Visto así, podríamos pensar que ciudades como Badalona, Hospitalet o Cornellá de Llobregat tampoco son, culturalmente hablando, parte de Cataluña, sino de algo nuevo y diferente a los que algunos dan por llamar territorios charnegos, por decir algo. Por eso no creo en la asimilación cultural, es decir, dícese de un territorio con una cultura antigua que pretende protegerse sobre las influencias externas a costa de “obligar” a los otros a que adopten la cultura establecida. Creo que las culturas están vivas, y como seres vivientes, deben crecer y deben basar su identidad no en la herencia sino en la experiencia, o en todo caso, en la combinación de ambas. Una cultura, una identidad, debe abrirse a los tiempos y debería asimilar las influencias pasadas, pero también las presentes y las futuras. Nuestros idiomas en esta piel de toro, por poner un ejemplo, tienen un origen histórico marcado por las influencias de muchas otras culturas, la mayoría mediterráneas, pero también nórdicas y orientales. Y no renegamos de los romanos, ni de los fenicios, ni de los griegos, ni de los tartessos… No entiendo porqué en nuestro tiempo deberíamos renegar de los árabes, de los musulmanes, de los latinos, de los chinos… o de los llanitos… La cultura es algo muy personal pero también es algo que compartimos como pueblo. Pero no como pueblos muertos en una identidad arcaica, sino como entidades vivas que crecen y se renuevan en las centurias históricas… Entonces… Gibraltar, lugar donde se aposenta una de las míticas columnas de Hércules, la Columna de Kalpe… ¿es español? Que decidan libremente ellos, los gibraltareños, qué quieren ser realmente… y los vascos, y los catalanes, y los gallegos, y los castellanos, y los charnegos, y los maketos, y los… Seamos individuos libres en pueblos libres, y que cada cual tenga libertad de vivir donde quiera y con las creencias que desee…

Encrucijadas…


Esta ha sido una semana movida… Visita de familiares y amigos, grandes cambios internos y externos… La decisión de la venta de la casa para dotar de sentido los próximos años ha tenido un protagonismo especial. Una decisión dura dado como está el patio, la crisis y todo lo relacionado al sector inmobiliario. Pero sobre todo dura porque estoy ante una encrucijada en el camino donde hay que tomar decisiones difíciles y que para bien o para mal determinarán muchas cosas presentes y futuras. Pero hay que hacerlo y con valentía. Así es la vida que pretende movimiento y cambio. Así es la vida del guerrero en el campo de batalla, dispuesto en cada momento a perderlo todo, victoria y gloria, con tal de seguir avanzando.

Por eso esta parada en el camino. Cuatro o cinco días dedicados a paseos y charlas con los amigos de siempre, esos que desde la infancia han permanecido juntos, en lo bueno y en lo malo. Paseos desde donde mirar con perspectiva todo el camino trazado, el pasado y el que viene… Momentos de reflexión profunda porque hay muchas cosas en juego… no solo cuatro ladrillos, no solo una casa… también la sede de Séneca, los años invertidos, el esfuerzo sufrido, los daños colaterales, las ilusiones… No hay miedo, no hay dolor, solo optimismo por un mundo nuevo y mejor… Un mundo que surgirá de todo cuanto ahora haga… Espero que la sabiduría guíe todas mis decisiones, que la fuerza me acompañe y sostenga y que la belleza adorne todo movimiento…